Mostrando entradas con la etiqueta terroristas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta terroristas. Mostrar todas las entradas

lunes, 3 de agosto de 2015

Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK

por Thierry Meyssan
La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

Publicado en 2013, el plan Wright retoma elementos del plan del ex ministro francés Alain Juppé para Libia, Siria e Irak. Pero Robin Wright va más lejos, incluyendo proyectos para Arabia Saudita y Yemen.



Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.

Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.

Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.

En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.

Fue entonces cuando todo cambió…


Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando


Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.

Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el`PKK.

La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.

Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.

Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom [1] cuando el comandante de este último entró en rebelión [2].

De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli [3].

Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.


La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).

Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial [4]. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.

El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.

En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.

Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.

Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa [5] –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse [6].

Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.

Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja “al borde de la carretera”. Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoductoTurkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.

Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.

Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisión A Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.

El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.

El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.

Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.

Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil


Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.

Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.

En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.

Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.

La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.

Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.




[1] El AfriCom, con sede en Stuttgart, Alemania, es el Mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos responsable de las operaciones militares estadounidenses en África. Nota de la Red Voltaire.


[2] Inicialmente denominada «Amanecer de la Odisea», la operación militar contra Libia comenzó bajo las órdenes del general Carter Ham, comandante del AfriCom. Pero este general estadounidense protestó vehemente al ver que se asignaba a al-Qaeda el papel de fuerza terrestre para acabar con la Yamahiriya Árabe Libia, mientras que la coalición anti-Kadhafi decía limitarse únicamente a garantizar la protección de los civiles. Al general Carter Ham se le retiró entonces el mando de la operación militar contra Libia, que pasó a manos de la OTAN bajo la denominación «Protector Unificado».

[3] Después de obtener su independencia de facto, la población de Bengazi se negó a marchar sobre Trípoli. Los ya mencionados habitantes de Misurata estuvieron encabezados por los hombres de al-Qaeda.

[4] Para ser más precisos, París se retiró de la guerra en Siria en marzo de 2012, después de la caída del emirato islámico de Baba Amro y de la entrega a Francia de los miembros de la Legión Extranjera que allí habían caído prisioneros del Ejército Árabe Sirio. Pero, en mayo, el presidente Sarkozy no logró la reelección y su sucesor, Francois Hollande, reanudó la guerra en julio de ese año.

[5] Las operaciones «bajo bandera falsa» o «false flag» son operaciones de inteligencia organizadas de manera que el verdadero organizador pueda atribuir su autoría a otro país o adversario, frecuentemente con intenciones de utilizarla como pretexto o justificación para una represalia ulterior. Nota de la Red Voltaire.

[6] El primer ministro británico, David Cameron, escenificó con el jefe de la oposición un debate en la Cámara de los Comunes, donde ambos líderes “debatieron” leyendo un mismo guión escrito de antemano. El Reino Unido se las arregló así para retirarse del conflicto sirio sin tener que acusar públicamente a Turquía. Estados Unidos optó por la misma solución.

lunes, 25 de agosto de 2014

Terroristas de todas partes

Odio a los terroristas.
Los odio de cualquier tipo que sean.
Y odio más a los que se piensan que voy a odiar a unos más que a otros por intentar manipularme. O que voy a odiar más a los que llevan barba que a los que llevan kappa. O peor, no odiar a los de traje y corbata.

Aquí unos terroristas destruyen una mezquita:



Aquí otros terroristas destruyen otra mezquita:



Para mi son iguales. Para el mundo debería serlo.
Para la ONU NO.
No se inmuta ante las masacres continuas que lleva cometiendo Israel en la palestina ocupada, y hoy en día en Gaza, pero sí es capaz de echar el grito en el cielo diciendo que los de Daesh (ISIS, ahora IS) son unos criminales que masacran a civiles.
Cogiendo con pinzas a Reuters:


La ONU tiene la realidad, la actualidad y los criminales donde le da la gana a EE.UU.


domingo, 20 de julio de 2014

MH17 vs UA93

O los aviones se comportan de otra forma al cabo de los años, o los muertos son los que lo hacen.
Sin entrar en disquisiciones de quién hizo qué y cómo, lo que llama la atención es que las imágenes que hay del MH17 supuestamente derribado, no concuerdan con otro derribo o estancamiento del UA93.

Para los faltos de memoria, ese era el avión que misteriosamente desapareció en Pennsilvania, sin dejar rastro alguno de pasaportes, cadáveres, maletas, ropa colas de avión, motores, alas, etc.
Era el que llamaron el avión de los héroes porque la leyenda dice que fueron los ocupantes los que atacaron a los terroristas y se estamparon contra el suelo evitando otro atentado ( apesta a hollywood).

Aquí lo que dijeron que fue:



Y aquí, lo que dicen que hay del MH17:




Hay coas que me chocan.
Si a un avión le alcanza un misil a una altitud de crucero, y le alcanza de lleno, a la velocidad que va, los impactos y sólo por las leyes físicas tendrían que estar desperdigados en un radio enorme.
Si un avión impacta en picado casi sobre el suelo, a alta velocidad, el cráter y sus alrededores tendrían que estar llenos de fragmentos de todo tipo.

Rizando un poco, claro que no sé cuando se ha filmado este video del MH17, y pensando en el MH370, igual esta es la mejor forma de dar salida a unos cuerpos que nunca fueron?
Más que atacados por un misíl parece que han salido del mar, ahogados.
Acostumbrados deberíamos estar a la manipulación y propaganda, más cuando todos los medios se han apresurado en hacerse eco de la casa blanca acusando a Rusia de estar detrás de esta catástrofe.

He aquí la cuestión: acaso estos dos aviones caídos son realmente lo que dicen los medios?
Estamos ante otro ataque de falsa bandera como ha quedado patente con el 11S?
Que cada uno se lo piense y se lo haga mirar si todo está tan claro como parece.

lunes, 2 de junio de 2014

Carta abierta a los europeos atrapados tras la cortina de hierro israelo-estadounidense

por Hassan Hamadé

Desde la perspectiva de Occidente, la OTAN lucha contra el terrorismo. Fuera de ese mundo bien ordenado, la verdad es muy diferente: la OTAN es el amo del terrorismo internacional, protege campos de entrenamiento de al-Qaeda en Libia e instala otros en el territorio de Turquía, país miembro de la OTAN. Al-Qaeda nunca ha derrocado un gobierno ni conquistado ningún país. Lo que ha hecho es destruir sociedades aplicando, en beneficio de Washington, la doctrina straussiana del «caos constructor». Para Hassan Hamadé, la civilización comenzó en Siria, mientras que Europa, Norteamérica e Israel todavía siguen en la fase de la barbarie. ¿Se creen ustedes superiores? Hassan Hamadé les invita a que abran los ojos.



Voy a contarles varias cosas muy graves que la cortina de hierro impuesta a la Unión Europea no permite que ustedes sepan. Voy a hablarles de la peligrosa relación que los une a ustedes los europeos, sin que ustedes mismos lo sepan, con la más temible de las nebulosas terroristas que operan en la escena internacional: ¡al-Qaeda!

Sí. Me refiero esa misma al-Qaeda que el diccionario político-securitario del «Occidente» donde ustedes viven define como la madre de la más cruel de todas las tendencias terroristas que se dicen seguidoras del islam.

Al-Qaeda está considerada como el enemigo estratégico del «mundo civilizado», aunque constituye a la vez una amenaza constante para todos los países que ustedes se imaginan como «en vías de desarrollo». Y para que esos países puedan seguir la vía de ustedes es necesario protegerlos de ese peligro terrorista que los acecha. Es por eso que todo contacto con al-Qaeda o con sus ramificaciones, con sus redes o sus derivados está estrictamente prohibido, condenado y, de ser necesario, hay que reprimirlo. Es este un principio indiscutible establecido por Estados Unidos, país que se ha arrogado el derecho –que además monopoliza– de velar por el estricto respeto de ese principio y de controlar su aplicación. Pero ese respeto nunca ha sobrepasado los límites del discurso político-mediático, o sea no ha ido más allá de la propaganda en su expresión más simple y ordinaria porque en los países de ustedes, en el espacio atlantista, ya no se puede hablar de medios de prensa libres sino más bien de herramientas de propaganda.

Esa propaganda ha resultado más falsa que nunca en el teatro de operaciones sirio, donde ciertas ramas y grupos derivados de al-Qaeda –como el Frente al-Nusra y el Emirato Islámico en Irak y el Levante [conocido como EIIL o Daesh]– han obtenido notoriedad mundial participando en la guerra de exterminio que el eje israelo-estadounidense ha desatado contra el país más antiguo del mundo, que es Siria.

Durante estos 3 años de guerra de agresión, la nebulosa al-Qaeda ha demostrado una disciplina ejemplar en la aplicación más estricta y rigurosa de los planes trazados por el mando estadounidense. Ha demostrado ser la más capaz en la ejecución de la estrategia del «caos constructor», que exige la destrucción de la sociedad siria así como la destrucción de la infraestructura económica y del Estado mismo de ese país. Se trata de una invasión de la barbarie para destruir la civilización.

La OTAN, en escrupulosa aplicación de las directivas de Washington, aporta su protección inmediata a la formación y funcionamiento del frente armado implicado en el proyecto israelo-estadounidense de destrucción de Siria, transformando esa cuna compartida de la cristiandad y del imperio árabe en «campos de carnicería donde triunfa la muerte» [1]. Esta obra apocalíptica se inscribe en la categoría de los crímenes supremos que forman parte del sanguinario orgullo anglosajón, como Hiroshima y Nagasaki (1945), la Palestina posterior a 1948, la guerra de Vietnam (de 1962 a 1975) y la guerra de Irak (desde 1991), por citar solamente algunos ejemplos escogidos en las décadas más recientes.

La mentira, siempre la mentira, principal instrumento de la propaganda de Estados Unidos, tanto en materia de política como de seguridad o en el sector económico, se manifiesta a través de la técnica puesta en manos del famoso Observatorio de la mentira orwelliana en esta implacable empresa guerrerista que se ha puesto en marcha agitando las banderas de la «Democracia» y de los «Derechos Humanos». Los gobiernos que actúan como contratistas a cargo de hacer funcionar esta empresa se hacen llamar «los amigos de Siria». Los combatientes de a pie, decenas de miles de yihadistas de 80 nacionalidades diferentes, son designados como «opositores armados» o «combatientes de la libertad». ¡Imposible ser más mentiroso!

Ya antes fue también con la mentira que se designó este gigantesco movimiento de desestabilización contra el mundo árabe con la apelación de «primavera árabe». Los hechos han demostrado que por donde pasa esa «primavera» se instala la Hermandad Musulmana. A su sombra se desarrollan las organizaciones terroristas más violentas y se inicia el proceso de destrucción de la sociedad.

Son numerosos los ejemplos que así lo demuestran, comenzando por el de Libia, cuya parte sur –la región de Fezzan– se ha convertido en un santuario de campamentos militares de al-Qaeda, entre las ciudades de Ghat (cerca de la frontera argelina) y de Sabbah (cerca de Níger). Según los servicios atlantistas existen allí 3 campamentos de formación de terroristas especializados (expertos en explosivos y en la preparación de coches-bomba, etc.) en función de las necesidades del entorno africano (Mali, Níger, Chad, Argelia, Nigeria). Estos terroristas de un estilo muy particular mantienen relaciones muy sólidas con organizaciones extremistas como Aqmi y Boko Haram. Sus universidades del terrorismo cubren las «necesidades» de otros países, como Siria, convertida en estos tiempos en destino preferido de los «alumnos». A cargo de los cursos de formación hay «profesores» pakistaníes, egipcios, sauditas, yemenitas y de otras nacionalidades. Sólo en diciembre de 2013 y enero de 2014, esta prestigiosa universidad del terrorismo envió a Siria 5 000 yihadistas de numerosas nacionalidades diferentes [2].

El almirante Edouard Guillaud, ex jefe de Estado Mayor de las fuerzas armadas de Francia, ofreció un panorama de la situación existente en esa zona durante un encuentro que sostuvo en París con una veintena de periodistas el 26 de enero de 2014, una semana antes de su paso a retiro. Según el almirante Guillaud:
«El sur de Libia se ha convertido en un verdadero hueco negro (…) en un espacio de regeneración, de abastecimiento de armas para los terroristas. Es el nuevo centro gravitacional del terrorismo.»


Graves revelaciones, sobre viniendo de un hombre que no vaciló ante la misión que se le confió en Libia, la cual ejecutó en estrecha coordinación con su homólogo británico. Pero, por muy chocantes que puedan parecer, sus revelaciones tienen al menos el mérito de ser ciertas. Pero no terminan ahí sus confesiones. El almirante Guillaud va mucho más lejos y llega incluso a proponer una nueva intervención militar (lo cual quiere decir una nueva campaña de destrucción de lo que todavía no quedado totalmente destruido en Libia). El almirante Guillaud declara, y citamos fielmente sus palabras:


«Lo ideal sería montar una operación internacional con el consentimiento de las autoridades [libias]. Y algún día no tendremos otra salida que plantearnos la posibilidad de una intervención. El problema es que primero tendría que existir un Estado en el norte del país.» [3].

La OTAN y la «comodidad de la mentira»


Al escuchar las confesiones del almirante Guillaud tal parece que Francia no tuvo nada que ver con la guerra de agresión desatada contra Libia en 2011, ni con la destrucción del Estado libio y la transformación de su vasto territorio en un «nuevo centro gravitacional del terrorismo». ¿No fue acaso la participación [de Francia] en una de las operaciones de guerra más sucias, más criminales y más mentirosas presentada de forma deshonesta como una noble contribución de Francia y del Reino Unido a la supuesta «primavera árabe»? Sin hablar de las 160 víctimas de las innumerables masacres y matanzas que acompañaron aquella guerra de agresión [4].

Hablemos un poco de la «comodidad de la mentira» [5], característica del discurso atlantista sobre la gigantesca campaña de desestabilización que hoy está afectando varios países seleccionados como blancos para la aplicación de la estrategia estadounidense del «caos constructor». Esta «comodidad de la mentira», amplificada por el terrorismo intelectual del sistema mediático, pretende hacerles creer a ustedes –y también a nosotros– que la OTAN no tiene cómo paralizar esas fábricas de terroristas y que la única manera de hacerlo sería destruyéndolas físicamente. La realidad de los hechos, en el terreno, desmiente de manera categórica e indiscutible esas mentiras, por demás grotescas cuando sabemos que la aviación franco-británica domina perfectamente el espacio aéreo de Libia y que el sur de ese país está bajo constante vigilancia de los satélites «occidentales», a los que no escapa el menor movimiento ni el menor ruido que se producen en la inmensidad del Sahara y que prestan especial atención a los «3 centros de entrenamiento acelerado para la yihad». Nadie ignora las condiciones extremadamente precarias de esas academias del terrorismo, situadas a cielo abierto, en pleno desierto, sin la menor posibilidad de enmascaramiento, lo cual las convierte en blanco fácil de cualquier enemigo que venga del cielo.

Cuando se sabe lo anterior, es fácil comprender que la aviación franco-británica en realidad garantiza la verdadera protección de esas 3 bases de al-Qaeda en el sur de Libia. Esa realidad, por muy perversa que pueda parecer –realidad que la cortina de hierro israelo-estadounidense oculta al conocimiento de ustedes– constituye el mejor desmentido a las mezquinas alegaciones de París, de Londres y de las demás capitales de Alianza de la Mentira Cómoda, que siguen afirmando que el bloque «occidental» está decidido a cumplir con la enorme y pesada tarea de aterrorizar a los terroristas, de «destruirlos», según la expresión del presidente francés Francois Hollande.

Propongo que tratemos de sobrevolar juntos el vacío de la placidez, dejándonos guiar por los pedagógicos discursos de los dirigentes atlantistas de ustedes y orientados siempre por el pensamiento único que propagan los medios de prensa... de ustedes, según el código de conducta definido en el diccionario de lo políticamente correcto, y que imaginemos al presidente francés asumiendo seriamente su voluntad de «destruir» ese terrorismo. Si lo hiciese, nosotros seríamos los primeros en aplaudirlo.

El presidente está entonces ante 3 blancos fáciles de destruir. Un verdadero juego de niños, ya que cuenta con perfecto dominio del aire. Cualquiera sabe que en una zona geográfica desértica, como el Fezzan libio, quien cuenta con dominio aéreo controla también el suelo. Conclusión: ¡El presidente tiene que pasar al ataque! Y sin perder más tiempo. Tiene todo a su favor para hacerlo, sobre todo sabiendo que en esas temibles fábricas de terroristas se entrenan los combatientes más peligrosos que amenazan los «intereses franceses» en Mali, en toda la región del Sahel y en otras regiones del continente africano.

            Boko Haram, Alepo y «Damasco en escena»

El caso de Boko Haram [6], al agregarse al panorama, pone de relieve una vez más la perversión de los gobiernos totalmente sometidos a Washington.

En primer lugar, Boko Haram, que no pasa de ser un movimiento de imbéciles y criminales, encuentra los «terroristas calificados» que puede necesitar en la ya mencionada “Academia de Altos Estudio de Terrorismo” del Fezzan libio.

¿A qué vienen entonces todas estas declaraciones teatrales –la farsa más burda de todas fue la que se organizó en París, en forma de conferencia que reunió, alrededor de un personaje excesivamente mediocre, 5 presidentes africanos directamente afectados por el problema en cuestión, todo ello bajo estricto control de Estados Unidos– en vez de atacar directamente la fuente misma del problema, en el Fezzan libio?

Habría que ser totalmente estúpido para tomar en serio el repentino ataque de humanismo de la Casa Blanca, del presidente de Francia y del primer ministro británico. O para creer que son reales las lágrimas –de cocodrilo– de las esposas y amantes de los jefes de Estado de los países miembros de la OTAN.

Mientras tanto, esas mismas personas –todas y todos– no solo se mantienen insensibles a los pedidos de auxilio de los habitantes de la ciudad mártir de Alepo –cuya población, rehén de los terroristas takfiristas, sufre por la escasez de agua y de alimento, además del derramamiento de sangre– sino que incluso expresan públicamente su más enérgico respaldo a los terroristas que, como declarara el ministro francés de Relaciones Exteriores Laurent Fabius, «están haciendo un buen trabajo» [7].


El jefe de la “diplomacia” francesa, Laurent Fabius, exhorta a asesinar al presidente sirio Bachar al-Assad.
Traducción íntegra de su declaración en la siguiente nota al pie [8].

No olviden ustedes que Boko Haram, el Frente al-Nusra, el Emirato Islámico en Irak y el Levante, el Frente Islámico y otros más son todos hermanos gemelos en el árbol genealógico de la Hermandad Musulmana, amamantados desde su nacimiento por las monarquías del Golfo, siempre bajo las órdenes de los anglosajones. Y todos esos hermanos gemelos reconocen a al-Qaeda el derecho que se otorga a todo hermano mayor, derecho confirmado por una hoja de servicios que se remonta a la famosa guerra de Afganistán contra la URSS, en los años 1980.

Lo que explica la excepcional fuerza de inercia del presidente francés Hollande, al igual que la del primer ministro británico David Cameron, es el hecho que donde se toman las decisiones es única y exclusivamente en Washington. O sea, para hacer uso de la fuerza hay que tener permiso de Washington. En efecto, ha leído usted bien: permiso de Washington.

«Tenemos que esperar la decisión del Congreso [de Estados Unidos]», eso dijo el presidente francés Hollande. Fue el 6 de septiembre de 2013. La Casa Blanca acababa de retroceder… sin avisar previamente a sus aliados, ante la advertencia del presidente ruso Vladimir Putin, quien no había vacilado en calificar solemnemente a su visitante, el secretario de Estado John Kerry, de «mentiroso» cuando Kerry acusó al gobierno sirio de haber utilizado armas químicas contra su propia población. Así que es pronto, incluso demasiado pronto, para que olvidemos esa famosa declaración del presidente Hollande, que denotaba su evidente relación de vasallaje hacia su superior jerárquico otanesco. Es el tipo de declaraciones que queda grabado en los anales de las relaciones internacionales porque dice mucho sobre la verdadera naturaleza de las relaciones transatlánticas, sería mejor decir de las relaciones que existen entre el ocupante estadounidense y el ocupado europeo. El primero da las órdenes, en función de sus intereses, por supuesto. Y el segundo, obedece. Y, ¿qué pasa con los intereses de los europeos?


Francois Hollande, presidente de Francia, anuncia que no intervendrá en Siria sin aval… del Congreso de Estados Unidos.
Traducción íntegra de su declaración en la nota al pie [9].

Surge en esa coyuntura la combinación diabólica entre el dirigente europeo y la violencia de la cortina de hierro, cuya función fundamental es evitar que el público tenga acceso a la verdad. Se trata de un continuo acto de prestidigitación que nos regala la máquina mediática. A través de la «info-flación» [10] el público es sometido a un trabajo de descerebramiento masivo con el cual el sistema mediático alcanza su más alto grado de terrorismo aplicado a la opinión. Es precisamente en ese plano que se sitúa la dimensión invisible que caracteriza la cortina de hierro israelo-estadounidense y la diferencia de la que existió en el antiguo bloque del este.

El papel de esta cortina de hierro es ocultar las importantes contradicciones estratégicas que existen entre los intereses de los europeos y los intereses de Estados Unidos para que ustedes –el público [europeo] atrapado tras esa cortina de hierro– no puedan ver que sus propios dirigentes están al servicio de los intereses del Imperio [estadounidense] en vez de defender los intereses de los europeos.

Es por culpa de esos mediocres personajes que los gobiernan a ustedes [los europeos] que desde hace 3 años están ustedes metidos –sin saberlo– en una relación vergonzosa y criminal con al-Qaeda y sus ramificaciones, es por culpa de esos gobernantes que están ustedes en el mismo bando que individuos que se dedican a decapitar niños, abrirles el vientre a mujeres, que cometen actos de canibalismo, y que se ven ustedes [europeos] marchando codo con codo con la Hermandad Musulmana y participando cada vez más activamente en la destrucción de Siria, nuestra madre-nación, cuna de la cristiandad, tierra que siempre ha dado un insólito ejemplo de convivencia entre diversas religiones, confesiones y etnias. Es así como los gobiernos atlantistas siguen exonerando a los organizaciones terroristas de todas las masacres que sus decenas de miles de combatientes extranjeros están perpetrando en suelo sirio y como atribuyen esas matanzas a las fuerzas del gobierno.
Un yihadista se come el hígado de un soldado sirio


Misiones sospechosas de las 3 bases de al-Qaeda en Turquía


La propaganda atlantista es tan primitiva que sus autores y depositarios se indignan cada vez que su versión oficial se pone en duda. Así sucedió con el embajador de Francia ante la ONU, Gerard Araud, individuo con vocación de mentiroso, ultrasionista por adopción, personaje carente de convicciones, quien no encontró otro calificativo que el término «agente» para tratar de hacer callar al muy serio corresponsal del canal panárabe Al-Mayadeen, Nizar Abboud, cuando este último cometió el gravísimo crimen de atreverse a pedirle muy cortésmente al diplomático francés una aclaración sobre las relaciones triangulares Qatar-Francia-al-Qaeda.

Es exactamente la misma mediocridad abrupta y arrogante que despliega con soberbia el ministro francés de Relaciones Exteriores Laurent Fabius, quien no vacila en expresar públicamente su afecto por el Frente al-Nusra al calificar sus abominables crímenes de «buen trabajo» [11]. Y lo hizo además precisamente en momentos en que al-Nusra anunciaba una «buena noticia a los hermanos yihadistas del mundo entero»: la fusión total de sus estructuras organizativas con las del tan temido al-Qaeda Fi Bilad Ar-Rafidein (al-Qaeda en Mesopotamia), que no es otra cosa que la versión iraquí del Aqmi (al-Qaeda en el Magreb Islámico) y del Boko Haram nigeriano. Yo siento mucho tener que volver a mencionar esas declaraciones, pero se hace necesario en aras de defender la verdad que la info-inflación trata de ocultarles a ustedes.

Gerard Araud, embajador de Francia en la ONU, califica de «agente» al periodista Nizar Abboud. 


Traducción íntegra del intercambio en la siguiente nota al pie [12].

Esa declaración del jefe de la diplomacia francesa, reveladora de un absoluto sadismo, significa que los graduados de la “Academia Terrorista” del Fezzan libio están haciendo un «buen trabajo» cuando se van derechitos a Siria pero que su «trabajo» es «malo» si se unen a Boko Haram en el norte de Nigeria y si actúan en los alrededores del Sahel. Pero la “prestigiosa academia” sigue enviando “graduados” a ambos destinos, siguiendo así las directivas de Washington, las mismas directivas que los gobiernos de ustedes [europeos] se empeñan en seguir aplicando al pie de la letra.

También en el marco de las directivas de Washington se mantiene el flujo de petrodólares de las monarquías del Golfo que financia la enorme logística desplegada para garantizar el transporte de los yihadistas de un país a otro, o de un continente a otro –transporte que también goza de total fluidez, libre de obstáculos, por vía aérea, marítima y terrestre–, así como la necesaria organización de su acogida y albergue. Porque hay que tener en cuenta que estamos hablando de decenas de miles de feroces combatientes provenientes del Cáucaso, del Magreb, de Egipto, de Pakistán, Afganistán, Arabia Saudita, etc. En abril de 2013, el enviado especial del secretario general de la ONU Lakhdar Brahimi mencionaba una cifra aproximativa de entre 30 000 y 40 000 combatientes extranjeros [13]. Pero estimados mucho más serios hablan de más de 100 000 combatientes que son enviados al país que se quiere destruir. El caso más ilustrativo y elocuente es el de Siria.

Agredido por estos «combatientes de la libertad», infiltrados a través de las 5 fronteras terrestres de Siria con Líbano, Israel, Jordania, Irak y Turquía, e incluso por las costas del Mediterráneo, el Estado sirio resiste desde hace más de 3 años. Es precisamente gracias a esa resistencia que han ido cayendo las máscaras ante la opinión pública internacional y que se está produciendo además el derrumbe final en el plano ideológico.

El «Occidente» donde ustedes viven ya no tiene ningún derecho a opinar en materia de terrorismo. El «Occidente» de ustedes ya no puede seguir ocultando su verdadero rostro de principal fabricante de terroristas. Es «Occidente» quien los protege, los financia, les da órdenes y los dirige. ¡Triste realidad!

El terrorismo constituye uno de los principales componentes del arsenal militar de la OTAN de ustedes. Otra realidad constantemente probada y certificada. La existencia del eje OTAN-al-Qaeda salta a la vista de cualquiera que tenga ojos para ver y oídos para oír. En este mismo momento existen en pleno centro del territorio turco, o sea en medio del escudo oriental de la alianza atlántica, 3 campamentos militares de al-Qaeda con varios miles de combatientes cada uno, repartidos en 3 regiones de gran importancia [14]:

1. El campamento de Sanhurfa, en la zona fronteriza con Siria. Sirve de punto de partida y base de retaguardia para las incursiones de al-Qaeda en territorio sirio. De ese campamento partieron las tropas de choque que atacaron recientemente la tan simbólica región de Kassab, uno de los bastiones de la resistencia armenia en Siria y ejemplo vivo de la apertura sociocultural de la que tanto se enorgullece el patriotismo sirio [15].

2. El campamento de Osmaniye merece particular atención ya que demuestra cosas que la cortina de hierro oculta cuidadosamente. Su emplazamiento mismo resulta tan extraño como revelador del nivel de intimidad que existe entre la CIA y al-Qaeda ya que este campamento se encuentra dentro de una zona altamente protegida donde se halla la gigantesca base militar que posee la US Air Force en Incirlik. Se trata, por tanto, de una relación de vecindad altamente significativa. Pero eso no es todo.

No lejos de estas 2 bases de una entidad que supuestamente es el enemigo número 1 del «mundo cvilizado» se encuentran además las intersecciones de los oleoductos y gasoductos provenientes de Irak y del Asia Central y que desembocan en el puerto turco de Ceyhan, en el litoral mediterráneo.

¡Un momento! Al-Qaeda, oleoductos, gasoductos… esta combinación debe traernos a la mente algo que la cortina de hierro no quiere que ustedes recuerden: la Argelia de los años 1990.

¿Recuerdan ustedes, amigos europeos, que en momentos en que los intereses de ustedes eran constantemente blanco de ataques y sufrían daños, los miles de kilómetros de pipeline que pasaban –y que siguen pasando– por el inmenso territorio de Argelia nunca fueron atacados ni dañados? De hecho, fueron incluso protegidos. No es por casualidad que reina la confianza entre el Imperio estadounidense y sus supuestos enemigos. El Imperio los responsabiliza con la seguridad de su arteria vital. Así, amigos europeos, no confíen ustedes en la belleza del discurso oficial y busquen la verdad que se esconde entre lo que no se dice oficialmente.

3. El campamento de Karaman, en la noroeste de la provincia turca de Adana, considerado como una academia de estudios avanzados en materia de terrorismo aplicado. Este campamento está más cerca de Estambul que de la frontera siria. Parece menos implicado en la guerra que los otros dos. Lo cual plantea varias interrogantes sobre el verdadero objetivo de su implantación en territorio turco. En todo caso, lo que debe servirnos de brújula en toda investigación sobre al-Qaeda y sus “hijos” es la convicción de que no podemos esperar nada bueno de esa nebulosa infernal.

En el caso de las bases instaladas en territorio turco sería interesante saber qué papel tendrá en el futuro Turquía en la lógica del «caos constructor» que actualmente se está aplicando en la región. Y para averiguarlo no debemos excluir ninguna hipótesis, ni siquiera los escenarios más catastróficos ni las comparaciones que puedan venirnos a la mente, dada la violencia de lo que ya estamos viendo en Pakistán y en Ucrania. ¿No fue acaso la extrema gravedad de lo que está en juego lo que llevó a Kemal Kilicdaroglu, presidente del Partido Republicano del Pueblo, organización kemalista y principal fuerza la oposición turca, a advertir al primer ministro Recep Tayyip Erdogan, durante la reciente batalla de las municipales, que debería romper de inmediato sus relaciones con al-Qaeda para evitar a Turquía consecuencias que pueden ser nefastas para su propia seguridad nacional? Este dirigente político declaró:




«Hemos pedido a Erdogan que se separe de al-Qaeda porque puede resultar peligroso para la seguridad nacional de Turquía.»

La ambigüedad alrededor de la existencia de esos campamentos en Turquía exige una vigilancia constante y justifica todos los temores sobre esta presencia de al-Qaeda en la línea del frente de la OTAN, cuando este bloque militar dice estar a la cabeza de la «guerra contra el terrorismo».
JPEG - 21.9 KB
En junio de 2010, la Hermandad Musulmana organiza la Flotilla de la Libertad hacia Gaza y esta es blanco de un ataque israelí en medio del Mediterráneo. El primer ministro turco visita entonces a uno de los heridos, Mahdi al-Harati, presentado a la prensa como un militante turco-islandés. En realidad era un agente de la CIA y miembro de al-Qaeda. En 2011, este mismo Mahdi al-Harati dirige, junto a varios oficiales franceses, el asedio del hotel Rixos de la capital libia, donde Muammar el Kadhafi había buscado refugio. En 2012, Mahdi al-Harati dirige una unidad del Frente al-Nusra en Siria.


Esto un pequeño ejemplo, entre los muchos que existen, sobre cómo han ido cayendo las máscaras y sobre el derrumbe del castillo de mentiras que durante décadas se ha construido alrededor de la OTAN. El «Occidente» que ustedes creen conocer y sus peligrosas amistades amenazan la paz del mundo y el futuro de la humanidad. La extrema ligereza de los dirigentes de ustedes [europeos] así como sus engañifas y su codicia criminal transforman sus regímenes políticos en dictaduras depredadoras incompatibles con la existencia misma de un Estado de derecho. La política que esos individuos están aplicando en nombre de ustedes conduce inevitablemente hacia el totalitarismo.

Es duro oír esta verdad, pero tiene el mérito de ser sincera.

miércoles, 7 de mayo de 2014

El terrorismo visto desde Washington

por Thierry Meyssan

El informe anual del Departamento de Estado sobre el terrorismo en el mundo está lleno de contradicciones y sobre todo de omisiones. Al leerlo parece que Siria es el centro mundial del terrorismo, pero no se menciona que ningún sirio haya sido víctima del terrorismo durante el año analizado (2013). Por cierto, según ese informe Siria no es un país afectado por el terrorismo sino, por el contrario, el principal y más antiguo patrocinador del terrorismo en el mundo entero. Thierry Meyssan analiza este sorprendente trabajo de propaganda.

La embajadora estadounidense Tina S. Kaidanow, coordinadora para la lucha antiterrorista, durante la presentación de su informe anual.




El Departamento de Estado dio a conocer, el 30 de abril de 2014, su informe anual sobre el terrorismo en el mundo.

Para las Naciones Unidas, el terrorismo es, según la definición del investigador holandés Alex P. Schmid:


«un método de acción violenta repetida que inspira ansiedad, utilizado por actores clandestinos individuales, colectivos o estatales (semi)clandestinos, por razones de idiosincrasia, de orden criminal o políticas, según el cual –por oposición al asesinato– los blancos directos de la violencia no son los blancos principales. Las víctimas humanas inmediatas de la violencia son escogidas generalmente al azar (blancos de oportunidad) o de forma selectiva (blancos representativos o simbólicos) dentro de una población utilizada como blanco y sirven para generar un mensaje. Los procesos de comunicación basados en la violencia o en la amenaza entre los (las organizaciones) terroristas, las víctimas (potenciales) y los blancos principales son utilizados para manipular el blanco principal (el público) haciendo de este un blanco del terror, un blanco de exigencias o un blanco de atención, según que el primer objetivo sea la intimidación, la coerción o la propaganda.» [1].

Sin embargo, desde 2004 la ley estadounidense define el terrorismo como «actos premeditados de violencia política contra no combatientes [cometidos] por grupos infranacionales o agentes clandestinos» [2].

Esta definición apunta a condenar como acto criminal toda acción de resistencia contra el colonialismo o el imperialismo mientras que justifica los crímenes perpetrados por el Estado colonial de Israel y los Estados imperialistas occidentales, comenzando por Estados Unidos.

Es una ley que califica la resistencia como terrorismo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, el término «resistencia» designaba las fuerzas reaccionarias que se oponían al progreso. Pero a partir de esa guerra, cuando se habla de «resistencia» ese término designa «todo movimiento que se opone a las fuerzas extranjeras que ocupan un país», tomando como referencia la lucha de la Resistencia francesa contra la ocupación nazi y contra los elementos franceses que colaboraban con las fuerzas ocupantes y con los funcionarios civiles o militares del Reich.
Al-Qaeda según el Departamento de Estado

Así que el informe del Departamento de Estado mete en el mismo saco los crímenes cometidos indiscriminadamente contra los civiles –exceptuando, claro está, los cometidos por el Imperio– y los actos de resistencia. Como el documento reconoce que el centro del terrorismo mundial se halla actualmente en la región MENA (siglas en inglés para Medio Oriente y Norte de África) y que gira alrededor de al-Qaeda y sus afiliados, presté particular atención a la presentación de cada uno de los países de esa zona. Si bien el informe reconoce que en 2013 hubo en Irak 8 800 víctimas del terrorismo, el resto del documento está lleno de omisiones.

El informe no menciona que el ex número 2 de al-Qaeda, Abdelhakim Belhaj, se convirtió en gobernador militar de Trípoli –la capital libia– y en jefe del partido Al-Watan, de donde provenía el primer ministro Ali Zeidan.

El informe tampoco menciona la calurosa acogida de Israel a los combatientes heridos de al-Qaeda ni las felicitaciones que estos recibieron personalmente del primer ministro israelí Benyamin Netanyahu, quien se tomó el trabajo de ir a visitarlos en sus hospitales.

Turquía, clasificada como país europeo en vez de asiático, es presentada como un viejo socio de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo. El informe se extiende sobre las acciones del PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán) pero no dice ni una palabra sobre la existencia de 3 campos de entrenamiento de al-Qaeda en territorio turco –dos cerca de la frontera con Siria y un tercero en las afueras de Estambul. Por supuesto, tampoco menciona la investigación de la justicia turca que muestra que el primer ministro Recep Tayyip Erdogan recibía secretamente al banquero de al-Qaeda para financiar sus operaciones en Siria [3], a pesar de que esta información fue la noticia más importante del año 2013 en materia de terrorismo.

El informe estadounidense no contiene ni una palabra sobre la nominación de Nayif Muhammad al-Ajmi como ministro de Justicia y Asuntos Religiosos de Kuwait, a pesar de que el propio Departamento del Tesoro estadounidense lo acusa de ser uno de los principales recaudadores de fondos para al-Qaeda [4]. Como eso se supo el 5 de enero de 2014, pudiéramos considerar que no entra en el periodo de tiempo considerado en el informe de 2013, pero el documento menciona otros hechos que datan de febrero de 2014.

Tampoco aparece en el informe ni una palabra sobre Arabia Saudita, país cuyo consejero de seguridad nacional y jefe de los servicios secretos era en 2013 nada más y nada menos que el príncipe Bandar Ben Sultan, considerado como el verdadero jefe de al-Qaeda desde que Osama Ben Laden tuvo que jubilarse por razones de salud en agosto de 2011.
Los patrocinadores del terrorismo,
según el Departamento de Estado

El informe pasa en revista los diferentes países afectados por el terrorismo, con excepción de 4 que Washington considera responsables del terrorismo internacional, o sea que no los considera víctimas sino verdugos: Cuba (desde 1982), Irán (desde 1984), Sudán (desde 1993) y Siria (desde 1979).

Cuba es acusada de dar albergue a terroristas estadounidenses fugitivos a los que da alojamiento, alimentación y atención médica. En realidad se trata de ¡sobrevivientes de los Panteras Negras!

Irán es acusado de respaldar la Resistencia (cosa que Irán no oculta) en la región del Levante, o sea el Hezbollah libanés, la Yihad Islámica Palestina y el Frente Popular de Liberación de Palestina (FPLP), y en Yemen. Y sobre todo afirma que en Irán hay bases de al-Qaeda (?) dirigidas por Muhsin al-Fadhli. El informe asegura que Teherán autoriza envíos de fondos y de yihadistas a través del territorio iraní… hacia Siria (?). Según el informe del Departamento de Estado, Irán es por lo tanto aliado de al-Qaeda en Siria y lucha junto al Estado sirio y los terroristas contra la «oposición pacífica». El informe no contiene ni una palabra sobre los asesinatos de científicos iraníes ni los atentados de los Muyahidines del Pueblo.

Según el informe, el gobierno sudanés colabora con Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo pero se obstina en respaldar al Hamas y por eso sigue bajo «sanciones». Los redactores del informe parecen no saber que el Hamas es dirigido desde el fiel y ejemplar emirato de Qatar.

Se acusa a Siria de apoyar la Resistencia en el Levante (de lo cual Siria se enorgullece). El informe subraya que, a pesar de su adhesión a la MENAFATF [5], Siria es incapaz de controlar el financiamiento del terrorismo porque el 80% de sus ciudadanos realizan sus transacciones en efectivo, escapando así a la vigilancia bancaria. También se menciona que Siria se comprometió a destruir su armamento químico, sobre el cual ya se sabe que podría haber sido utilizado por grupos terroristas. Y nada más.

En 2013, según el Departamento de Estado, no hubo terrorismo en Siria, a pesar de ser este país el principal destino de al-Qaeda y de que esa afluencia de miles de yihadistas plantea un problema para Estados Unidos y sus aliados. Al contrario, «el régimen ha tratado durante todo el año de presentar el país como víctima del terrorismo, caracterizando a todos sus opositores armados como terroristas». A Washington no le interesan las cabezas cortadas que se exhiben en las entradas y las plazas centrales de las «zonas liberadas» por esa «oposición» a la que tanto respalda la OTAN. Por el contrario, le regocija que al-Nusra y el Emirato Islámico de Irak y el Levante digan que no tienen nada que ver con la Coalición Nacional, que Washington patrocina oficialmente.

Es evidente que, con esa lógica negacionista, la administración Obama no podía aceptar las demandas de la delegación siria en las negociaciones de Ginebra.

Siria es el Estado que más se menciona en el informe. El documento observa que la yihad en Siria se ha convertido en un problema para 26 países que envían combatientes y que ahora temen verlos regresar y hacer en sus territorios lo mismo que hacen en Siria. Eso se menciona en las presentaciones sobre los principales Estados europeos y árabes, pero en el resto del mundo sólo se menciona Kirguistán a pesar de tratarse de un problema ampliamente discutido en muchos otros países, sobre todo en Indonesia. Sin embargo, en otra parte del informe nos enteramos de que ese problema también se plantea en todas las repúblicas de la antigua Unión Soviética.
Las contradicciones del
Departamento de Estado

En definitiva, el informe está tan lleno de contradicciones que cualquiera puede darse cuenta de que Washington ya no logra seguir ocultando su juego.

¿Por qué no se menciona el papel de Abdelhakim Belhaj en Libia? Porque hay que ocultar su participación junto a la OTAN en la conquista de ese país. ¿Por qué no se menciona el financiamiento de al-Qaeda con fondos públicos turcos malversados por el primer ministro? Porque Turquía es un país de la OTAN. ¿Por qué se acusa al Hamas de ser una organización terrorista hostil a Israel sin decir que es una organización domiciliada en el amable emirato de Qatar? Porque la política de Washington hacia la Hermandad Musulmana no está bien definida. ¿Por qué no se mencionan las colectas del ministro de Justicia de Kuwait a favor de al-Qaeda? Porque así se financia al-Qaeda en Siria. ¿Por qué no se menciona el papel del príncipe saudita Bandar Ben Sultan, más conocido como «Bandar Bush»? Porque actuaba por cuenta de la CIA.

Si alguien duda todavía que la «guerra contra el terrorismo» es una patraña, que el terrorismo en general y al-Qaeda en particular son instrumentos de la política estadounidense, este informe es una prueba más.

lunes, 17 de febrero de 2014

¿El sarín de quién?

por Seymour M. Hersh

En agosto y septiembre de 2013, Barack Obama, Francois Hollande y David Cameron acusaban al gobierno sirio de haber utilizado armas químicas cerca de Damasco causando la muerte de 1 400 opositores. Afirmando que Siria había violado «la línea roja», los tres dirigentes de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña anunciaban la preparación de una expedición militar punitiva contra el régimen acusado de haber usado armas químicas. Poco después, Londres se retiraba del plan de ataque, lo mismo hacía Washington y París se veía en la imposibilidad de seguir adelante sin el respaldo de sus socios. Al analizar los hechos, el conocido periodista estadounidense Seymour Hersh demuestra que el presidente Obama en realidad no sabía lo que había pasado en la periferia de Damasco y que mintió cuando dijo tener pruebas de la culpabilidad del gobierno sirio.
Seymour Hersh realizó este artículo excepcional a pedido del semanario The New Yorker, que finalmente lo rechazó. El autor lo propuso entonces alWashington Post, que también lo rechazó. Finalmente fue publicado en el Reino Unido por la London Review of Books.



Lejos de basarse en hechos comprobados por sus servicios de inteligencia, la convicción de Barack Obama sobre la culpabilidad del gobierno sirio en el ataque químico del 21 de agosto de 2013 era fruto de simples especulaciones.

Este otoño cuando Barack Obama trató de convencernos de que Bachar al-Assad era responsable de los ataques con armas químicas del 21 de agosto en los alrededores de Damasco, no contó toda la historia. En algunos casos, omitió importantes datos de inteligencia y en otros presentó suposiciones como hechos.

Lo más significativo es que falló en reconocer algo que era conocido por la comunidad de inteligencia de Estados Unidos: que el ejército sirio no era el único protagonista en la guerra civil siria con acceso al gas sarín, el agente neurotóxico que un estudio de la ONU concluyó había sido utilizado -sin precisar la responsabilidad- en el ataque con cohetes.

En los meses previos al ataque, las agencias de inteligencia de Estados Unidos produjeron una serie de informes altamente secretos, que culminaron en una Orden de Operaciones formal -un documento de planificación que precede a una invasión terrestre- citando evidencia de que el Frente al-Nusra, grupo yihadista afiliado a al-Qaeda, había llegado a dominar la técnica de fabricación del gas sarín y que era capaz de producirlo en cantidades. Cuando se produjo el ataque al-Nusra debió haber sido uno de los sospechosos, pero la administración estadounidense seleccionó los datos de inteligencia para justificar un ataque contra Assad.

En la alocución televisiva sobre Siria que dirigió a la nación el 10 de septiembre de 2013 [1], Obama culpó firmemente al gobierno de Assad por el ataque con gas neurotóxico en el vecindario de Ghouta controlado por los rebeldes, y dejó en claro que estaba dispuesto a respaldar sus advertencias públicas hechas con anterioridad de que, cualquier uso de armas químicas cruzaría una “línea roja”:“El gobierno de Assad mató con gases a más de 1 000 personas”, dijo.


“Sabemos que el régimen de Assad es responsable (…) es por eso que, luego de una cuidadosa reflexión, he decidido que es interés de la seguridad nacional de Estados Unidos responder al uso de armas químicas con un ataque militar selectivo.”.

Obama iba a la guerra para concretar una amenaza hecha en público, pero lo hacía sin saber a ciencia cierta quién hizo qué en la madrugada del 21 de agosto.
La administración Obama había deformado la información disponible

Obama citó una lista de lo que parecían ser pruebas arduamente obtenidas de la culpabilidad de Assad:


“Sabemos que en los días previos al 21 de agosto, el personal de armas químicas de Assad se preparó para un ataque cerca de una zona donde mezclan el gas sarín. Distribuyeron máscaras antigases a sus tropas, luego dispararon cohetes desde una zona controlada por el régimen a 11 vecindarios que el régimen ha estado tratando de limpiar de fuerzas de oposición”.

La convicción de Obama fue confirmada en aquel momento por el jefe de su equipo, Denis McDonough, quien declaró al New York Times: “Nadie con quien he hablado duda de los datos de inteligencia” que conectan directamente a Assad y a su régimen con los ataques con gas sarín.

Pero en recientes entrevistas con oficiales de inteligencia y militares activos o ya retirados, comprobé la existencia de una fuerte preocupación, y a veces de cólera, sobre lo que percibieron en varias ocasiones como una manipulación deliberada de la información.

Un oficial de inteligencia de alto nivel, en un correo electrónico enviado a un colega, calificó las aseveraciones de la administración sobre la responsabilidad de Assad de“ardid”. El ataque, escribe, “no fue obra del régimen actual”.

Un ex alto funcionario de inteligencia me dijo que la administración Obama había alterado la información disponible -en términos de momento y secuencia- para que el presidente y sus asesores hicieran parecer la inteligencia recuperada después del ataque como si hubiese sido recogida y analizada en tiempo real, en el momento que el ataque estaba ocurriendo. La distorsión, dijo el oficial, le recordaba el incidente del Golfo de Tonkín en 1964, cuando el gobierno de Johnson invirtió la secuencia de las interceptaciones de la NSA [La hoy célebre National Security Agency. Nota de la Red Voltaire.] para justificar uno de los primeros bombardeos contra Vietnam del Norte. El mismo funcionario dijo que había una inmensa frustración dentro de la burocracia militar y de inteligencia: “Los muchachos levantan los brazos al cielo diciendo: “¿Cómo podemos ayudar a este tipo -Obama- si él y sus socios de la Casa Blanca van inventando la información sobre la marcha?””
La administración no tenía más información que el público

Las quejas se centran en lo que Washington no tenía: ningún aviso previo de la supuesta fuente del ataque. La comunidad de inteligencia militar produce desde hace años un resumen matutino de inteligencia altamente confidencial, conocido como el Morning Report, destinado al Secretario de Defensa y al jefe del Estado Mayor Conjunto, una copia también va al asesor de seguridad nacional y al director nacional de inteligencia. El Morning Report no incluye ninguna información política o económica, sino que proporciona un resumen de importantes acontecimientos militares en todo el mundo, con toda la inteligencia disponible sobre ellos. Un consultor de inteligencia me dijo que en algún momento después del ataque él mismo examinó los informes desde el 20 hasta el 23 de agosto. Durante dos días -20 y 21 de agosto- no hubo ninguna mención de Siria. El 22 de agosto el tema principal en el Morning Report era Egipto; un artículo posterior mencionaba un cambio interno en la estructura de mando de uno de los grupos rebeldes en Siria. Ese día, nada se observó sobre el uso de gas neurotóxico en Damasco. No fue sino hasta el 23 de agosto que el uso de sarín se convirtió en tema dominante, a pesar de que cientos de fotografías y vídeos de la masacre se difundieron viralmente en cuestión de horas en YouTube, Facebook y otros sitios de las redes sociales. En aquel momento, la administración no sabía más de lo que sabía el público.

El 21 de agosto Obama salió temprano de Washington para una agitada gira de conferencias de dos días en Nueva York y Pennsylvania. Según la oficina de prensa de Casa Blanca, fue informado más tarde ese día sobre el ataque y el creciente furor público y de los medios. La falta de inteligencia interna inmediata se hizo evidente el 22 de agosto cuando Jen Psaki, portavoz del Departamento de Estado, dijo a los periodistas:


“No podemos determinar de manera concluyente el uso [de armas químicas]. Pero estamos concentrados cada minuto y cada día, desde que estos acontecimientos sucedieron... en hacer todo lo que está a nuestro alcance por comprobar los hechos”.

Para el 27 de agosto el tono de la administración se había endurecido, cuando Jay Carney, secretario de prensa de Obama, dijo a la prensa -sin proporcionar ninguna información precisa- que cualquier sugerencia de que el gobierno sirio no era responsable “es tan absurda como las sugerencias de que el ataque mismo no ocurrió”.
No existía información sobre las intenciones sirias en los días previos al ataque

La ausencia de alerta inmediata dentro de la comunidad de inteligencia estadounidense demuestra que no había información de inteligencia sobre las intenciones de Siria en los días previos al ataque. Y hay por lo menos dos maneras de que Estados Unidos tuviese de antemano ese tipo de información. Las dos aparecen mencionadas en uno de los documentos estadounidenses de inteligencia altamente confidenciales publicados en los últimos meses por el ex contratista de la NSA Edward Snowden,.

El 29 de agosto, el Washington Post publicó fragmentos del presupuesto anual para todos los programas nacionales de inteligencia, agencia por agencia, proporcionados por Snowden. Luego de consultar con la administración Obama, el periódico decidió publicar sólo una pequeña parte del documento de 178 páginas, cuya clasificación está por encima de top secret, pero resumió y publicó un artículo que abordaba ciertas problemáticas.

Una de esos problemas era la ausencia de vigilancia sobre la oficina de Assad. El documento dice que la red mundial de escuchas electrónicas de la NSA fue “capaz de controlar las comunicaciones cifradas entre los funcionarios militares de alto rango al inicio de la guerra civil”. Pero fue “una vulnerabilidad que las fuerzas del presidente Bachar al-Assad, aparentemente detectaron más tarde”. En otras palabras, la NSA ya no tenía acceso a las conversaciones de la dirección militar de alto rango en Siria, que habría incluido las comunicaciones cruciales de Assad, como las órdenes para un ataque con gas neurotóxico. (En sus declaraciones públicas posteriores al 21 de agosto, la administración Obama nunca dijo tener información específica conectando personalmente al propio Assad con el ataque.)
Sensores NRO fueron sembrados cerca de todas las instalaciones de almacenamiento de armas químicas conocidas en Siria

El informe del Washington Post también proporciona la primera indicación sobre la existencia de un sistema [estadounidense] de sensores secretos dentro de Siria, sistema diseñado para proporcionar una alerta temprana sobre cualquier cambio en el estado del arsenal de armas químicas por parte del régimen. Los sensores son supervisados ​​por la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO, por sus siglas en inglés), la agencia que controla todos los satélites de inteligencia estadounidenses en órbita.

De acuerdo con el resumen del Washington Post, la NRO también se encarga de “recopilar los datos de los sensores colocados en el terreno” dentro de Siria. El ex funcionario de inteligencia, quien tenía un conocimiento directo del programa, me dijo que los sensores de la NRO se han implantado cerca de todos los sitios de almacenamiento de armas químicas conocidos en Siria. Esos sensores están diseñados para proporcionar un monitoreo constante del movimiento de ojivas químicas almacenadas por los militares.

Pero mucho más importante, en términos de alerta temprana, es la capacidad de los sensores para alertar a la inteligencia de Estados Unidos e Israel, cuando las ojivas están siendo cargadas con gas sarín. (Como país vecino, Israel siempre ha estado alerta de los cambios en el arsenal químico sirio, y colabora estrechamente con la inteligencia estadounidense en materia de alertas tempranas.)

Una ojiva química, una vez cargada con gas sarín, tiene una vida útil de unos pocos días -el agente neurotóxico comienza a corroer el cohete casi de inmediato. Es un arma de destrucción masiva que se usa o se pierde. “El ejército sirio no dispone de 3 días para preparar un ataque químico”, me dijo el ex funcionario de inteligencia.“Creamos el sistema de sensores para poder lanzar una alerta temprana, como una alarma aérea o una alarma de incendio. No se puede esperar 3 días para lanzar la alerta porque todos los involucrados estarían muertos. O se hace ahora o eres historia. No puedes pasar 3 días preparándote para disparar gas neurotóxico”.

Los sensores no detectaron ningún movimiento en los meses y días anteriores al 21 de agosto, dijo el ex funcionario. Por supuesto, es posible que el sarín se suministrara al ejército sirio por otros medios, pero la ausencia de alerta significa que Washington fue incapaz de monitorear los eventos en Ghouta Oriental en el momento que estaban ocurriendo.

Los sensores habían funcionado en el pasado, y la dirección siria lo sabía demasiado bien. En diciembre pasado, el sistema de sensores recogió muestras de lo que parecía ser la producción de sarín en un depósito de armas químicas. No estaba inmediatamente claro si el ejército sirio estaba haciendo un simulacro de producción de sarín como parte de un ejercicio (todos los ejércitos constantemente llevan a cabo ese tipo de ejercicios) o si realmente estaban preparando un ataque. En aquel momento, Obama advirtió públicamente a Siria que el uso de sarín era “totalmente inaceptable”, un mensaje similar también fue transmitido por vía diplomática. Posteriormente se determinó que se trataba de una serie de ejercicios, según el ex funcionario de inteligencia: “Si lo que los sensores detectaron en diciembre pasado fue tan importante que el presidente tuvo que llamar y decir “Ya basta", ¿por qué el presidente no emitió la misma advertencia 3 días antes del ataque con gas en agosto?”

Si pudiese hacerlo, la NSA vigilaría, por supuesto, la oficina de Assad durante todo el día, dijo el ex funcionario. Otras comunicaciones -de distintas unidades del ejército en combate en toda Siria- serían mucho menos importantes y no se analizarían en tiempo real.“Hay, literalmente, miles de frecuencias de radio tácticas utilizadas por las unidades de campo en Siria para las comunicaciones rutinarias banales”, dijo. “Se necesitaría un gran número de técnicos criptológos de la NSA para escucharlas -y la utilidad sería nula”, pero la “charla”se almacena habitualmente en los ordenadores. Cuando se percibió la magnitud de los acontecimientos del 21 de agosto, la NSA montó un esfuerzo integral para buscar cualquier vínculo con el ataque, buscando en el archivo completo de comunicaciones almacenadas. Se seleccionan entonces una o dos palabras claves y se emplea un filtro para encontrar las conversaciones relevantes.

“Lo qué pasó aquí es que los vagos de la inteligencia de la NSA comenzaron con un hecho -el uso de sarín- y llegaron a encontrar la charla que pudiera tener algo que ver con eso”, dijo el ex funcionario. “Eso no conduce a una evaluación de alta fiabilidad, a menos que se empiece con la seguridad absoluta de que Bachar al-Assad dio la orden y se comience entonces a buscar algo que respalde esa creencia”. El proceso de selección fue similar al utilizado para justificar la guerra contra Irak.
Ningún periodista crítico fue invitado

La Casa Blanca necesitó 9 días para encontrar sus argumentos contra el gobierno sirio. El 30 de agosto se invitó un selecto grupo de periodistas de Washington (no fue invitado al menos el reportero a menudo crítico, Jonathan Landay, corresponsal de seguridad nacional delMcClatchy Newspapers) y se les entregó un documento cuidadosamente etiquetado como una "evaluación del gobierno”, en vez de una evaluación de la comunidad de inteligencia. Lo que se exponía en aquel documento eran esencialmente factores políticos para respaldar la argumentación de la administración [estadounidense] contra el gobierno de Assad. Pero era más específico de lo que sería Obama más tarde en su discurso del 10 de septiembre: la inteligencia estadounidense, afirmaba, sabía que Siria había comenzado la “preparación de municiones químicas” 3 días antes del ataque.

En un agresivo discurso pronunciado más tarde ese mismo día, John Kerry proporcionó más detalles. Dijo que el “personal de armas químicas” de Siria “estaba en el terreno, en la zona, haciendo los preparativos” antes del 18 de agosto. “Sabemos que a los elementos del régimen sirio se les dijo que se prepararan para el ataque, que se pusieran las máscaras antigases y que tomaran las precauciones asociadas con las armas químicas.”

La evaluación de la administración y los comentarios de Kerry hacían pensar que la administración había estado siguiendo la pista del ataque con gas sarín en el momento en que estaba sucediendo. Es esa versión falsa pero no impugnada, la que recibió amplia difusión en aquel momento.
El número de muertos fluctúa considerablemente

Una reacción imprevista llegó en forma de quejas del Ejército Sirio Libre y de otros, sobre la ausencia de aviso.“Es increíble que no hayan hecho nada para advertir a la gente o tratar de detener al régimen antes del crimen”, le dijo a Foreing Policy, Razan Zaituneh, miembro de la oposición, que vivía en una de las ciudades afectadas por el gas sarín.

El Daily Mail fue más contundente:


“Informes de inteligencia dicen que funcionarios estadounidenses sabían sobre el ataque con gas neurotóxico en Siria 3 días antes de que este acto matara a más de 1 400 personas –incluyendo más de 400 niños.”

El número de muertes atribuibles al ataque varió considerablemente, desde por lo menos 1 429, como anunció inicialmente la administración Obama, a cifras mucho más bajas. Un grupo de derechos humanos sirio informó de 502 muertes; la asociación Médicos Sin Fronteras los situó en 355 y un reporte francés enumera 281 muertes conocidas.

La cifra sorprendentemente precisa de Estados Unidos, según informó más tarde el Wall Street Journal, no se basaba en un recuento de cadáveres reales sino en una extrapolación de los analistas de la CIA, que escanearon más de cien vídeos de YouTube de Ghouta Oriental utilizando un sistema informático y buscaron imágenes de los muertos. Dicho de otra manera, era poco más que una conjetura.
La prensa estadounidense casi no menciona la modificación de la versión inicial

Cinco días más tarde, un portavoz de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional respondió a las quejas. En una declaración a la Associated Press se dijo que los datos de inteligencia sobre las anteriores afirmaciones de la administración no se conocían en el momento del ataque sino que se obtuvieron sólo después:


“Seamos claros, Estados Unidos no observó en tiempo real cuando este horrible ataque se llevó a cabo. La comunidad de inteligencia pudo reunir y analizar la información después de los hechos y determinar que elementos del régimen de Assad de hecho habían dado pasos para preparar el uso de armas químicas.”

Pero la prensa estadounidense ya tenía su historia y el cambio de versión recibió escasa atención. El 31 de agosto, el Washington Post, basándose en la evaluación del gobierno, había informado vívidamente en su primera plana que la inteligencia estadounidense había podido grabar “cada paso” del ataque del ejército sirio en tiempo real, “desde los intensos preparativos para el lanzamiento de los cohetes hasta las evaluaciones posteriores a la acción por parte de funcionarios sirios”. El Washington Post no publicó la corrección de la AP y la Casa Blanca mantuvo el control de la narrativa.
La conclusión de Obama fue apresurada

Así que, el 10 de septiembre, cuando Obama dijo que su gobierno sabía que el personal de armas químicas de Assad había preparado el ataque con antelación, no estaba basando su declaración en una observación previa de lo que iba sucediendo sino en comunicaciones analizadas días después del 21 de agosto.

El ex funcionario de inteligencia explicó que la búsqueda de la charla relevante condujo al ejercicio detectado en diciembre [de 2012], en el que, como Obama dijo más tarde al público, el ejército sirio movilizó personal de armas químicas y máscaras antigases fueron distribuidas a sus tropas.

La evaluación de la Casa Blanca y el discurso de Obama no fueron descripciones de los acontecimientos concretos que terminaron con el ataque el 21 de agosto sino el relato de la secuencia que los militares sirios habrían seguido para cualquier ataque químico. “Armaron una historia de fondo”, dijo el ex funcionario, “y hay un montón de piezas y partes diferentes. El patrón que utilizaron se remonta a diciembre”.

Es posible, desde luego, que Obama no estuviese al tanto de que este recuento se obtuvo de un análisis del protocolo del ejército sirio para llevar a cabo un ataque con gas, en vez de utilizar evidencias directas. De cualquier forma, Obama había hecho un juicio apresurado.
Evidencia potencial desplazada y posiblemente manipulada

La prensa haría lo mismo. El informe de la ONU del 16 de septiembre [2], que confirmaba el uso de sarín, fue cuidadoso en señalar que el acceso de sus investigadores a los puntos atacados, 5 días después del ataque con gas, se había desarrollado bajo control de las fuerzas rebeldes. El informe de la ONU advierte:


“Al igual que en otros sitios, los puntos han sido muy transitados por otras personas antes de la llegada de la misión (...) Mientras estuvimos en esos lugares, llegaron individuos acarreando otras municiones sospechosas, indicando que la evidencia potencial estaba siendo movida y posiblemente manipulada.”

Sin embargo, el New York Times utilizó ese informe, al igual que lo hicieron funcionarios estadounidenses y británicos, para afirmar que proporcionaba evidencia crucial que respaldaba las afirmaciones de la administración. Un anexo del informe de la ONU reprodujo fotografías de YouTube de algunas municiones recuperadas, incluyendo un cohete cuyas características“coinciden” con las características de un cohete de 330 mm. El New York Times escribió que la presencia de esos cohetes demostraba esencialmente que el gobierno sirio fue el responsable del ataque “porque las armas en cuestión no habían sido previamente documentadas o reportadas [como armas] en poder de la insurgencia”.
Análisis de trayectoria «completamente descabellados»

Theodore Postol, profesor de tecnología y seguridad nacional en el MIT, revisó las fotos de la ONU con un grupo de sus colegas y llegó a la conclusión de que el cohete de gran calibre era una munición improvisada que fue muy probablemente fabricada localmente [3]. Me dijo que era "algo que se podía producir en un taller mecánico de modesta capacidad”. El cohete de las fotos, agregó, no coincide con las especificaciones de un cohete similar, pero más pequeño, que se sabe forma parte del arsenal sirio.

El New York Times, de nuevo basándose en los datos del informe de la ONU, también analizó la trayectoria de vuelo de 2 de los cohetes usados que se creía que contenían sarín. Y llegó a la conclusión de que el ángulo de tiro “indica directamente” que el disparo se hizo desde una base del ejército sirio a más de 9 kilómetros del punto de impacto.

Postol, quien se ha desempeñado como asesor científico del jefe de operaciones navales en el Pentágono, dijo que las afirmaciones efectuadas en el New York Timesy en otros medios “no se basaron en observaciones reales”. Él llegó a la conclusión de que los análisis de la trayectoria de vuelo en particular, fueron, como él mismo dijo en un correo electrónico, “totalmente descabellados”, ya que un estudio minucioso del alcance de los cohetes improvisados demostró que era “improbable” que fuera de más allá de 2 kilómetros.

Dos semanas después del 21 de agosto, Postol y un colega, Richard M. Lloyd, publicaron un análisis donde estimaron correctamente que los cohetes implicados llevaban una carga de gas sarín mucho mayor que lo estimado previamente. El New York Times informó detalladamente sobre ese análisis, describiendo a Postol y Lloyd como “reconocidos expertos en armas”. El estudio posterior de Postol y Lloyd sobre las trayectorias y el rango de vuelo de los cohetes, que contradecían reportes anteriores del New York Times, fue enviado por correo electrónico la semana pasada a ese diario, que hasta ahora sigue sin publicar nada al respecto.
La Casa Blanca no tenía ninguna prueba directa que implicara al ejército ni al gobierno sirios

La tergiversación de la Casa Blanca de lo que sabía sobre el ataque fue similar a su disposición a ignorar los datos de inteligencia que podían contradecir su narración. Esa información se refería al Frente al-Nusra, grupo rebelde islamista clasificado por Estados Unidos y la ONU como organización terrorista. Al-Nusra es conocido por haber llevado a cabo decenas de atentados suicidas contra los cristianos y otras sectas musulmanas no sunitas dentro de Siria, y por haber atacado a su supuesto aliado en la guerra civil, el Ejército Libre Sirio (ELS). Su objetivo declarado es derrocar el régimen de Assad e instaurar lasharia. (El 25 de septiembre al-Nusra se unió a otros grupos rebeldes islamistas para repudiar el ELS y otra facción secular, la Coalición Nacional Siria.) [4]

La avalancha de interés estadounidense en al-Nusra y el gas sarín surgió de una serie de ataques con armas químicas en pequeña escala, en marzo y abril. En aquel momento, el gobierno sirio y los rebeldes insistieron cada uno en que el otro era el responsable. La ONU finalmente llegó a la conclusión de que 4 ataques químicos se habían llevado a cabo, pero no asignó responsabilidades. Un funcionario de la Casa Blanca dijo a la prensa a finales de abril que la comunidad de inteligencia había evaluado“con distintos grados de confiabilidad” que el gobierno sirio era responsable de los ataques. Assad había cruzado la “línea roja” de Obama.

La evaluación de abril llegó a los titulares, pero algunas advertencias importantes se perdieron en el camino. El funcionario no identificado que estuvo en el contacto con la prensa reconoció que las evaluaciones de la comunidad de inteligencia “no son suficientes por sí mismas”. Dijo:


“Queremos investigar más allá de esas evaluaciones de inteligencia para recabar los hechos para que podamos establecer un conjunto de información creíble y corroborada que luego puede guiar nuestra toma de decisiones.”

En otras palabras, la Casa Blanca no tenía evidencia directa de la participación del ejército sirio o del gobierno, hecho sólo ocasionalmente señalado en la cobertura de la prensa. El duro discurso de Obama hizo efecto en el público y el Congreso, que ven a Assad como un asesino despiadado.

Dos meses más tarde, un comunicado de la Casa Blanca anunció un cambio en la evaluación de la culpabilidad de Siria y declaró que la comunidad de inteligencia tenía ahora “alto grado de confianza” en que el gobierno de Assad era responsable de por lo menos 150 muertes por ataques con gas sarín. Se generaron más titulares y se le dijo a la prensa que Obama, en respuesta a la nueva información de inteligencia, había ordenado un incremento de la ayuda no letal a la oposición siria. Pero una vez más hubo advertencias significativas. Los nuevos datos de inteligencia incluyeron un informe de que las autoridades sirias habían planeado y ejecutado los ataques. No se proporcionaron detalles, ni se identificaron las fuentes. La declaración de la Casa Blanca dijo que el análisis de laboratorio había confirmado el uso de gas sarín, pero también dijo que un hallazgo positivo del agente neurotóxico “no nos dice cómo o dónde fueron expuestos los individuos ni quienes fueron los responsables de la diseminación”. La Casa Blanca adicionalmente declaró:


“No tenemos ninguna información corroborada confiable que indique que la oposición en Siria ha adquirido o utilizado armas químicas.”

Esa declaración contradijo la evidencia que estaba llegando en aquel momento a las agencias de inteligencia de Estados Unidos.
Al-Nusra y su uso de gas sarín

Desde finales de mayo, me dijo el consultor de inteligencia, la CIA ya había informado a la administración Obama sobre el Frente al-Nusra y su trabajo con el gas sarín, y había enviado informes alarmantes de que otro grupo fundamentalista sunita activo en Siria, al-Qaeda en Irak (AQI), también conocía la ciencia de la producción de gas sarín.

En aquel momento, al-Nusra estaba operando en zonas cercanas a Damasco, incluyendo la Ghouta Oriental. Un documento de inteligencia emitido a mediados del verano mencionaba extensamente a Ziyaad Tariq Ahmed, experto en armas químicas anteriormente al servicio de los militares iraquíes, de quien se decía que se había trasladado a Siria y que estaba operando en la Ghouta Oriental. El asesor me dijo que Tariq había sido identificado “como un elemento de al-Nusra con un historial de fabricar gas mostaza en Irak e implicado en la fabricación y uso de sarín”. El ejército de Estados Unidos lo considera un blanco de alto perfil.
Al-Nusra era capaz de obtener gas sarín y utilizarlo

El 20 de junio un cable altamente confidencial de 4 páginas resumiendo lo que se había podido saber acerca de las capacidades de al-Nusra en materia de gases neurotóxicos fue transmitido a David R. Shedd, director adjunto de la Agencia de Inteligencia de Defensa. “Lo que se informó a Shedd era extenso y exhaustivo”, dijo el consultor. “No era un montón de “creemos que””. Me dijo que el cable no hizo ninguna valoración de si los rebeldes o el ejército sirio habían iniciado los ataques en marzo y abril, pero sí confirmó los informes anteriores de que al-Nusra era capaz de obtener y utilizar el gas sarín. También se obtuvo -con ayuda de un agente israelí- una muestra del sarín que había sido utilizado.

Según el consultor, aquella muestra no volvió a mencionarse nunca más en los cables.
Las fuerzas rebeldes podían atacar a las tropas estadounidenses con gas sarín

Independientemente de aquellas evaluaciones, el Estado Mayor Conjunto, previendo que las tropas estadounidenses podían recibir la orden de entrar en Siria para apoderarse del arsenal de agentes químicos del gobierno, pidió un análisis de todas las fuentes potenciales de amenaza. “La Orden de Operaciones (Op Order) proporciona lo que va a servir de base en la ejecución de una misión militar, si se ordena realizarla”, explicó el ex funcionario de inteligencia.


“Esto incluye la posible necesidad de enviar soldados estadounidenses a una instalación química siria para que no cayese en manos de los rebeldes.
Si los rebeldes yihadistas fuesen a invadir el lugar, se suponía que Assad no nos atacaría porque estaríamos protegiendo las sustancias químicas para que no cayesen en manos de los rebeldes.
Todas las Op Orders incluyen datos de inteligencia sobre las posibles amenazas. Tuvimos técnicos analistas de la Agencia Central de Inteligencia [CIA], la Agencia de Inteligencia de Defensa [DIA], la gente de armas y personal de I&W [Indicios y Alarmas] trabajando en aquel problema (...)
Y llegaron a la conclusión de que las fuerzas rebeldes eran capaces de atacar a una fuerza estadounidense con gas sarín porque eran capaces de producir ese gas letal.
El análisis se basó en datos de reconocimiento y datos de inteligencia de origen humano, así como en la intención manifestada y en la capacidad técnica de los rebeldes.”

Hay pruebas de que en el verano algunos miembros del Estado Mayor Conjunto estaban preocupados ante la posibilidad de una invasión terrestre contra Siria, así como por el aparente deseo de Obama de dar apoyo no letal a las facciones rebeldes.

En julio, el general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto, presentó una sombría evaluación, diciéndole al Comité de Servicios Armados del Senado en un testimonio público, que se necesitarían “miles de miembros de las fuerzas especiales y de otras fuerzas terrestres para incautar el ampliamente disperso arsenal de armas químicas de Siria, junto con “cientos de aviones, barcos, submarinos y otros agentes””. Estimados del Pentágono hablaban de 70 000 hombres, en parte porque las fuerzas estadounidenses tendrían que vigilar también los arsenales coheteriles de Siria ya que el acceso a grandes volúmenes de productos químicos para hacer gas sarín sin los medios para lanzarlos sería de poco valor para una fuerza rebelde. En carta al senador Carl Levin, el general Dempsey advirtió que la decisión de apoderarse del arsenal sirio podía tener consecuencias no deseadas:


“Hemos aprendido en los últimos 10 años, sin embargo, que no basta simplemente alterar el equilibrio de poder militar sin la cuidadosa evaluación de lo que hace falta para preservar un Estado que funcione (...) Si las instituciones del régimen colapsan en ausencia de una oposición viable, podríamos provocar involuntariamente la llegada de extremistas al poder o que se pierda el control de las armas químicas que queremos controlar.”

La CIA se negó a hacer comentarios para este artículo. Los voceros de la DIA y de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional dijeron que no estaban al tanto del informe de Shedd y, cuando les comunicamos las coordenadas específicas del documento, dijeron que no lograban encontrarlo. Shawn Turner, director de asuntos públicos de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, dijo que ninguna agencia de inteligencia estadounidense, incluida la DIA, “ha evaluado que el Frente al-Nusra haya logrado desarrollar una capacidad técnica para la fabricación de sarín”.
«El Frente al Nusra es (…) el más eficaz y está ganando fuerza»

Funcionarios de asuntos públicos de la administración no están tan preocupados por el potencial militar de al-Nusra como lo ha estado Shedd en sus declaraciones públicas. A finales de julio, en el Foro Anual de Seguridad de Aspen, en Colorado, Shedd hizo un alarmante recuento de las fuerzas de al-Nusra. En la grabación de su presentación, Shedd dice: “He contado no menos de 1 200 grupos diferentes en la oposición.” “Y dentro de la oposición, el Frente al-Nusra es (...) el más eficaz y está ganando fuerza.” Esto, dijo, “es muy preocupante para nosotros. Estoy muy preocupado de que si no se controla, los elementos más radicales” -también citó a al-Qaeda en Irak- “tomarán el control”. La guerra civil, prosiguió, “sólo puede empeorar con el tiempo (...) la violencia por venir es aún inconmensurable”.

Shedd no habló de las armas químicas en su discurso. No podía hacerlo porque los informes que su oficina recibió eran altamente clasificados.

Una serie de despachos secretos provenientes de Siria informaban durante el verano que miembros del ESL se quejaban ante los agentes de inteligencia estadounidenses sobre los repetidos ataques de los combatientes de al-Nusra y de al-Qaeda contra sus fuerzas. Los informes, según los consultores de inteligencia que los leen, presentaban pruebas de que al ESL “le preocupan más los locos que Assad”. El ESL se compone en gran parte de desertores del ejército sirio. El gobierno de Obama, comprometido con el fin del régimen de Assad y con su continuo apoyo a los rebeldes, ha tratado en sus declaraciones públicas posteriores al ataque de restar importancia a la influencia de las facciones salafistas y wahabitas. A principios de septiembre, John Kerry asombró en una audiencia ante el Congreso con una afirmación repentina de que al-Nusra y otros grupos islamistas eran protagonistas menores en la oposición siria. Y luego se retractó.

En sus declaracones públicas y privadas posteriores al 21 de agosto, la administración desestimó la inteligencia disponible sobre el posible acceso de al-Nusra al gas sarín y siguió afirmando que sólo el gobierno de Assad estaba en posesión de armas químicas. Ese fue el mensaje transmitido en las diferentes sesiones secretas con los miembros del Congreso en los días posteriores al ataque, cuando Obama estaba buscando apoyo para su planeada ofensiva con misiles contra instalaciones militares sirias. Un legislador con más de dos décadas de experiencia en asuntos militares me dijo que él salió de una de esas sesiones informativas convencido de que “sólo el gobierno de Assad estaba en posesión del gas sarín y no los rebeldes”.

Del mismo modo, tras la publicación del informe de la ONU el 16 de septiembre, confirmando que el gas sarín fue utilizado el 21 de agosto, Samantha Power, la embajadora de Estados Unidos en la ONU, dijo en una conferencia de prensa: “Es muy importante tener en cuenta que sólo el régimen [Assad] posee sarín y no tenemos ninguna evidencia de que la oposición cuenta con sarín.”

No se sabe si la información altamente clasificada sobre al-Nusra fue puesta a disposición de la oficina de Power, pero su comentario es un reflejo de la actitud que se extendió a través de la administración.

“La suposición inmediata fue que Assad lo había hecho”, me dijo el ex funcionario de inteligencia.


“El nuevo director de la CIA, [John] Brennan, se abalanzó sobre esa conclusión (...) conduce hasta la Casa Blanca y dice: “¡Miren lo que traigo!”
Todo fue verbal, ellos sólo agitaron la camisa ensangrentada. Había una enorme presión política para llevar a Obama (...) a ayudar a los rebeldes y existía la ilusión de que esto [vincular a Assad con el ataque con sarín] forzaría la mano de Obama: “Este es el telegrama Zimmermann de la rebelión siria y ahora Obama puede reaccionar”. Voluntarismo a ultranza por el grupo de Samantha Power dentro de la administración.
Desafortunadamente, algunos miembros del Estado Mayor Conjunto, que fueron alertados de que Obama iba a atacar, no estaban tan seguros de que eso fuese nada bueno.”
La idea de un ataque estadounidense con misiles contra Siria nunca convenció a la opinión pública

La proposición de ataque estadounidense con misiles contra Siria nunca obtuvo el apoyo del público y Obama dio un rápido giro hacia la ONU y la propuesta de Rusia para el desmantelamiento de las armas químicas de Siria. Cualquier posibilidad de acción militar se evitó definitivamente el 26 de septiembre, cuando la administración Obama se unió a Rusia en la aprobación de un proyecto de resolución de la ONU llamando al gobierno de Assad a deshacerse de su arsenal químico.

El retroceso de Obama trajo alivio a muchos oficiales militares de alto rango. (Un asesor de alto nivel de operaciones especiales me dijo que el mal concebido ataque estadounidense con misiles sobre aeródromos militares sirios y emplazamientos de misiles, como en un principio estaba previsto por la Casa Blanca, habría sido“como proporcionar apoyo aéreo a favor de al-Nusra”.)

La distorsión por parte de administración de los hechos que rodearon el ataque con gas sarín plantea una pregunta inevitable: ¿conocemos realmente toda la historia de la voluntad de Obama de alejarse de su amenaza de bombardear Siria por haber cruzado la “línea roja”?

Obama había dicho tener argumentos sólidos. Pero de repente prefirió llevar el asunto al Congreso y luego aceptar la oferta de Assad de renunciar a sus armas químicas. Parece posible que en algún momento Obama se haya visto directamente ante información contradictoria, ante evidencia lo suficientemente convincente como para llevarlo a cancelar su plan de ataque y a enfrentar las críticas que seguramente vendrían de los republicanos.
Las fuerzas rebeldes como al-Nusra también tendrían que desarmarse

La resolución de la ONU, adoptada el 27 de septiembre por el Consejo de Seguridad, maneja indirectamente la idea de que las fuerzas rebeldes, como al-Nusra, también estarían obligadas a desarmarse:


“ninguna de las partes en Siria debe emplear, desarrollar, producir, adquirir, almacenar, conservar o transferir armas [químicas].”

La resolución también pide la inmediata notificación al Consejo de Seguridad en caso de que cualquier “actor no estatal” adquiera armas químicas. Ningún grupo aparece citado por su nombre.

Mientras que régimen sirio continúa el proceso de eliminación de su arsenal químico, la ironía es que, después de que el arsenal de agentes precursores de Assad sea destruido, al-Nusra y sus aliados islamistas podrían terminar como la única facción dentro de Siria con acceso a los ingredientes que permiten la fabricación de gas sarín, un arma estratégica única en la zona de guerra. Puede que haya más que negociar.
Seymour M. Hersh




Artículo original publicado en la London Review of Books, vol. 35 no 24, el 19 de diciembre de 2013, p. 9–12.
Traducido del inglés por Marvin Najarro



[1] [1] «Discurso de Barack Obama a la Nación sobre Siria]», por Barack Obama, Red Voltaire, 10 de septiembre de 2013.

[2] “Report of the investigation into the alleged use of chemical weapons in the Syrian Arab Republic, concerning the incident which occurred in the Ghouta area of Damascus on 21 August 2013”,Voltaire Network, 16 de septiembre de 2013.

[3] [3] «Los errores de Estados Unidos sobre la masacre de la Ghoutta», Red Voltaire, 18 de enero de 2014.

[4] NdlR: El autor define el ESL y la Coalición Nacional Siria (CNS) como laicos porque sus instancias no se definen a sí mismas en el plano religioso. Pero ninguno de los dos se ha declarado nunca favorable a un Estado laico en el sentido latino de ese término, o sea un Estado que no interviene en la esfera religiosa. Hasta fines de 2012, las unidades de al-Qaeda estuvieron luchando en Siria bajo la etiqueta del ESL mientras que la CNS se halla bajo control de Arabia Saudita.