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lunes, 25 de abril de 2016

Mientras nos marean con cortinas de humo...

Cosas que ocurren mientras se destapa la corrupción de los papeles de Panamá y empiezan a verse los ricos cómo defraudan:


  1. EEUU en plena tregua sigue armando a los terroristas en Siria a través de Turquía y Jordania, con armamento estilo ruso, para poder confundirlo con las armas que usa el EAS.
  2. Turquía se va islamizando mientras Erdogan suelta querellas por cientos a todo el que no le gusta. Eso sí cobrando de la UE por gestionar a la invasión inmigrante.
  3. De Siria se habla poco pero el ejército Sirio con la ayuda de los rusos se va defendiendo sólo y recobrando terreno.
  4. En Libia sigue el caos y la destrucción ahora con las caretas caidas: EEUU e Inglaterra se lo quieren repartir nada amigablemente y quieren enviar ya tropas.
  5. Este años cumplen 10 años los cascos azules en el sur del Libano después de la guerra de Israel de 2006. Viven la vida loca, mientras Israel campa a sus anchas y sigue haciendo lo que le da la gana.
  6. Rusia es ya la primera industria militar fiable que muchos paises prefieren frente a las armas norteamericanas. El caza americano F-35 sigue sin ver la luz mientras Rusia ha sacado varios modelos de cazas polivalentes que superan con creces las capacidades de su contrincante.
  7. Del Egipto del SISI se sabe que sigue recibiendo ayuda de Arabia saudí, pero nadie deja claro a qué juega ese presidente. China financia la ampliación del canal de Suez.
  8. Arabia Saudí está en la picota amenazada desde dentro por muchos bandos, y por fuera por EEUU. Aliada de Israel pero con lazos con rusia para comprar armas en caso de que EEUU dejara de ser un socio fiable ( nunca lo fue) y bajo la amenaza fantasma de Irán.
  9. En nuevo pacto con Irán de EEUU no deja de ser una jugarreta muy lucrante. Se han disparado las ventas de armas por el temor hacia los persas. Además las petroleras se van a forrar con la producción persa a precio bajo, y con contratos multimillonarios para renovar instalaciones.
  10. Israel sigue matando palestinos indiscriminadamente, destruyendo sus casa, y robando sus tierras. Sigue sin acatar todas las resoluciones de la ONU. Pero por lo demás es un gran aliado del mundo libre.
De lo demás... pan y circo.


jueves, 10 de julio de 2014

Da asco

Da asco.
Incluso da la sensación de que aún sabiendo que nos mienten nos sorprendemos.

Hace poco comentaba con un compañero que los judíos son muy propensos a liarla en verano.
Eso venía al cuento de los 3 supuestos secuestrados que  aparecieron muertos por supuestamente Hamas.
Da igual quien o como fuera de cara a los insensatos que pensamos: el culpable ya tenía nombre y ya estaba condenado: Gaza, y palestina.

No hay que ser muy listo para saber primero que para los judíos, cualquier razón es valida para matar a gente. Incluso son capaces de matar a los suyos para matar a otros.
Antes preferían no matar para justificar sus exacciones, pero ahora hay que pujar más. Bastaba con decir que un coche bomba, o una mina les había atacado y se desataba el infierno.
Eso era cuando estaban fuera, dando una vuelta invasiva en el Libano.
Ahora que queda todo en casa, y palestina reducida a cenizas, no queda mucha carne en el asador para montar unas operaciones criminales cuyo nombre cada vez es menos creativo.

Pero a parte de las bombas, también se encargan de monopolizar y hacer propaganda de lo suyo, en cualquier foro ( obviando El País).

Ahora se ha desatado el infierno, otra vez, con armas prohibidas, y con Gaza, una cárcel a cielo abierto, que sirve de campo de tiro para Tsahal.
La comunidad internacional calla. La ONU calla. Todos callan.
Las resoluciones de la ONU, sólo sirven cuando interesa. Para Israel no aplican. Estan por encima del bien y del mal.
Tienen la bendición y le control.
El que diga lo contrario corre el riesgo de ser tildado de "antisemita", que es algo peor que ser un criminal, pederasta, violador y todos los crímenes posibles habidos y por haber.
Ya se encargan ellos de que sea así y que nadie se atreva a quejarse de que "su derecho a la auto defensa" corra a cargo de crímenes de guerra, crímenes contra la humanidad, saltarse todas las legislaciones y todas las resoluciones de la ONU, que a estas alturas yo no sé si alguien aún se cree que ese organismo es imparcial, justo, y reparte "legalidad" por el mundo.

Pobre Palestina, y pobre mundo.

En Afghanistán, salvo los bombazos de vez en cuando, apenas se habla.
En Pakistán los drones yankis campan a sus anchas matando a civiles.
En Siria, el ejercito es el malo, porque masacra a su población.
En Ukrania, el ejercito es bueno porque masacra a su población.
En Irak el ejercito es malo porque no masacra a su población.
En Arabia Saudí..... ( tampoco se puede decir nada como con Israel: son los intocables) y además son amigos íntimos de sus supuestos enemigos.
En Tailandia, el ejercito es bueno porque masacra a su pueblo.
En EEUU el ejercito es lo mejor que hay porque masacra a su pueblo y a todos los que se pongan en medio, y reparte muerte por todo el globo, cual mesias repartiendo mensajes.

Estas son las famosas primaveras no? La árabes y las multicolores?
A sangre y fuego.
Qué pena. Qué desastre. Qué vergüenza. Pero mientras tanto, que viva el opio del pueblo, y viva el mundial. Eso es lo más importante ahora.




domingo, 22 de diciembre de 2013

Syria's War: The Next Phase

"Moderate" myth is dropped as West prepares to leverage terror threat to end war in their favor.
December 13, 2013 (Tony Cartalucci) - The alleged fleeing of General Selim Idriss of the so-called "Free Syrian Army" (FSA), was more symbolic than anything else. Whether or not he really fled, and whether he is in Turkey or Qatar is of little consequence. The so-called "moderates" he commanded were nothing more than a smokescreen, a cheap veneer applied to the hardcore Wahabist extremists of Al Qaeda's Al Nusra franchise and similar fronts that have formed the core of foreign-backed militancy turned against the Syrian people from the very beginning of the conflict.




Image (AFP Photo/Daniel Leal-Olivas): The West has abandoned the "moderate" myth to fully embrace the terror menace it itself has created in Syria. By threatening Syria's allies with a prolonged Iraq-style terror threat, and the possibility of it being used as a springboard for operations elsewhere, it hopes to pressure the end of their support for the Syrian government and an end to the conflict favorable for Western interests. Instead, this new "terror threat" gives Syria's allies a chance to more openly and extensively support Syria to combat what is truly a "war on terror."
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It was as early as 2007 when it was revealed that the US, Israel, and Saudi Arabia were planning on building up extremists within and around Syria for the purpose of eventually overthrowing the government. Pulitzer Prize-winning journalist Seymour Hersh warned about this in his extensive report titled, "The Redirection: Is the Administration's new policy benefiting our enemies in the war on terrorism?" which prophetically stated (emphasis added):

"To undermine Iran, which is predominantly Shiite, the Bush Administration has decided, in effect, to reconfigure its priorities in the Middle East. In Lebanon, the Administration has coöperated with Saudi Arabia’s government, which is Sunni, in clandestine operations that are intended to weaken Hezbollah, the Shiite organization that is backed by Iran. The U.S. has also taken part in clandestine operations aimed at Iran and its ally Syria. A by-product of these activities has been the bolstering of Sunni extremist groups that espouse a militant vision of Islam and are hostile to America and sympathetic to Al Qaeda."While the initial conflict was disingenuously portrayed as the spontaneous militarization of unarmed protesters fighting against a "brutal regime," in reality Al Nusra was already inside the country and operating on a national scale. The US State Department itself would reveal this in its December 2012 "Terrorist Designations of the al-Nusrah Front as an Alias for al-Qa'ida in Iraq," which stated:

Since November 2011, al-Nusrah Front has claimed nearly 600 attacks – ranging from more than 40 suicide attacks to small arms and improvised explosive device operations – in major city centers including Damascus, Aleppo, Hamah, Dara, Homs, Idlib, and Dayr al-Zawr. During these attacks numerous innocent Syrians have been killed. And while the West has attempted to portray these extremist groups as entities entirely separate from the "moderates" they have claimed to be openly training, funding, arming, and equipping to the tune of billions of dollars, there is no other logical explanation for Al Nusra's ability to rise above these Western-backed "moderates," unless of course they never existed and the West was, as was planned in 2007, simply arming Al Qaeda all along.

In Hersh's 2007 report, it was noted that the West could not directly arm or fund the militant groups and that the US and Israel would have to funnel weapons and cash through nations like Saudi Arabia and Lebanon instead. Since 2011 when these plans went fully operational, Qatar and Turkey have also entered the fray. When questions are raised about Al Nusra's rising prominence in the conflict, the West has been increasingly unsuccessful in convincing the world of its own plausible deniability.

As the Syrian government began early this year to decisively turn the tide against the West's proxy invasion, and after several abortive attempts to directly intervene militarily, the West appears to have resigned the myth of "moderates" and as of this week, symbolically ended its so-called "non-lethal aid" to terrorists operating in Syria. In fact, the myth of "moderates" was perpetuated solely to justify intervening directly on their behalf. With direct intervention taken off the table, it appears a new phase in the war has begun.


Indeed, the West has claimed it has stopped the flow of aid to its "moderate" proxies, however, in practice, billions of dollars of equipment, weapons, and other forms of support will continue to flow so long as there are forces of any kind fighting inside of Syria against the government and its people.

Geopolitical maneuvering reveals the framework for this next phase.

During the West's disingenuous nuclear negotiations with Iran, a feigned rift was opened between the US and Saudi Arabia. In Reuters' report titled, "Saudi Arabia warns of shift away from U.S. over Syria, Iran," it stated:

Upset at President Barack Obama's policies on Iran and Syria, members of Saudi Arabia's ruling family are threatening a rift with the United States that could take the alliance between Washington and the kingdom to its lowest point in years.Of course, Saudi Arabia owes its entire existence to the United States - from its oil infrastructure, its military, and even its brutal internal security forces - any real rift between the US and the Saudis would be a gust of wind upon a shaky house of cards.

In reality, the rift is nothing more than political cover for the West as Saudi Arabia plans a more open and aggressive proxy campaign against Syria. As it directly arms and builds up legions of Al Qaeda, this rift will afford the United States who will in fact still be assisting Saudi Arabia in its proxy war, a degree of plausible deniability.

In Foreign Policy's article, "Why Is Saudi Arabia Buying 15,000 U.S. Anti-Tank Missiles for a War It Will Never Fight? Hint: Syria," it states:

No one is expecting a tank invasion of Saudi Arabia anytime soon, but the kingdom just put in a huge order for U.S.-made anti-tank missiles that has Saudi-watchers scratching their heads and wondering whether the deal is related to Riyadh's support for the Syrian rebels.
The proposed weapons deal, which the Pentagon notified Congress of in early December, would provide Riyadh with more than 15,000 Raytheon anti-tank missiles at a cost of over $1 billion.Foreign Policy would go on to explain how the scheme would work, with the US replacing Saudi Arabia's current arsenal while Saudi Arabia unloaded its older weapons onto terrorist armies invading Syria. FP reports:

But while the latest American anti-tank weapons might not be showing up in Aleppo anytime soon, that doesn't mean the deal is totally disconnected from Saudi efforts to arm the Syrian rebels. What may be happening, analysts say, is that the Saudis are sending their stockpiles of anti-tank weapons bought from elsewhere to Syria and are purchasing U.S. missiles to replenish their own stockpiles. "I would speculate that with an order of this size, the Saudis were flushing their current stocks in the direction of the opposition and replacing them with new munitions," said Charles Freeman, a former U.S. ambassador to Saudi Arabia.Saudis' Terror Legions Not Enough to Win War - West Has Another Plan

Of course, with Syria's army already decisively on the offensive, restoring order to large swaths of Syrian territory and with the West's terrorist proxies in many cases surrounded and cut off completely by Syrian forces, simply increasing arms shipments will not make much of a difference - it will only prolong the inevitable and leave a lower intensity terror campaign like that seen currently in Iraq.

With the West dumping the "moderate" narrative and acknowledging that Al Qaeda is all that is left fighting in Syria, it is preparing to leverage that terror threat and the possibility of its ally Saudi Arabia enhancing that threat as leverage with the Russians to cut ties and support for the Syrian government and bring the conflict to an end favorable to the West which started it in the first place.

This was revealed in Foreign Policy's article, "Obama Advisor: 'Extremism' Could Be Key to Ending Syrian Civil War," which stated (emphasis added):

For the past two and a half years, as the civil war in Syria has descended into brutal bloodletting and spilled over its borders, Obama administration officials have consistently decried the growing presence of Islamist extremists in the conflict. But on Wednesday, Deputy National Security Advisor Antony Blinken turned that logic on its head: The growing role of extremist groups may actually be a good thing for bringing the conflict to a close, he said.
Speaking at Transformational Trends, a conference co-hosted by Foreign Policy and the Policy Planning Staff of the U.S. State Department, Blinken said that the radicalization of the conflict may create a shared interest among world powers to bring the war to an end. The growing prominence of radical groups has "begun to concentrate the minds of critical actors outside of Syria" and may strip the Bashar al-Assad regime of the key international backing that has so far helped to keep him in power.If anything, however, such a move should be perceived by the world as the West conceding defeat and the resignation of its "global order" that once constituted hegemonic superiority. Syria's allies should take this new designation of the conflict in Syria as a "terror threat" as an opportunity to expand open support for the Syrian government to carry out sweeping anti-terror operations. Russia, China, Iran, and all other nations of good will should go to the UN seeking binding resolutions to help the Syrian government fight what is admitted now even by the West as a "war on terror."

The arrogance of the West may have just dealt the final blow to their global power and influence through this last attempt to leverage their own terror-front to end the conflict in their favor. Syria and its allies should take this opportunity to both expose the West and its regional axis of terror, and stop the war in Syria not with conditions favorable for the West and their regional ambitions, but with conditions favorable for the Syrian people.


lunes, 28 de octubre de 2013

Suicidio saudita

por Thierry Meyssan

Arabia Saudita retomó el plan qatarí tendiente a derrocar el régimen laico en Siria pero Riad parece incapaz de adaptarse al brusco retroceso de Estados Unidos. No sólo rechaza el acuerdo ruso-estadounidense sino que incluso prosigue la guerra y está anunciando diversas represalias para «castigar» a Estados Unidos. En opinión de Thierry Meyssan, esa obstinación equivale a un suicidio colectivo de la familia Saud.

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Abandonada en Siria por Estados Unidos, ¿se suicidará Arabia Saudita a falta de lograr llevarse la victoria? Eso es lo que puede pensarse al ver los siguientes acontecimientos:

El 30 de septiembre pasado, el príncipe Bandar Ben Sultan viajó a Rusia, donde no sólo fue recibido por su homólogo, el jefe de los servicios secretos, sino por el presidente Vladimir Putin. Hay dos versiones de ese encuentro. Según los sauditas, Bandar se expresó en nombre del reino y de Estados Unidos. Propuso comprar armamento ruso por una suma ascendente a 15 000 millones de dólares si Moscú abandonaba Siria. Según los rusos, Bandar se expresó con arrogancia, amenazando con el envío de yihadistas que pondrían en crisis la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi si Moscú persistía en su respaldo al régimen laico de Damasco y proponiendo un verdadero soborno. Sea cual sea la verdad, lo cierto es que el presidente Putin vio las palabras del príncipe saudita como un insulto a Rusia.

El pasado 30 de septiembre, el príncipe Saud Al-Faisal estaba inscrito como orador en el orden del día del debate general de 68ª Asamblea General de la ONU. Sin embargo, furioso ante el acercamiento entre Irán y Estados Unidos, este otro príncipe saudita –que funge como ministro de Relaciones Exteriores– simplemente abandonó la sede de la ONU, sin excusarse siquiera. Tan grande era su cólera que incluso se negó a que el discurso que iba a pronunciar, ya preparado e impreso de antemano, fuese distribuido a las delegaciones de los demás países.

El 11 de octubre, el secretario general adjunto de la ONU y ex responsable del Departamento de Estado para el Medio Oriente, Jeffrey Feltman, recibía a una delegación libanesa. Al hablar, en nombre del secretario general de la ONU Ban Ki-moon, Feltman no encontró palabras lo suficientemente duras para criticar la política exterior de Arabia Saudita, basada en «rencores» e incapaz de adaptarse a un mundo cambiante.

El 18 de octubre, la Asamblea General de la ONU elegía –193 votos a favor y 176 en contra– a Arabia Saudita para ocupar un puesto de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad por un periodo de 2 años, que comenzaría el 1º de enero de 2014. El embajador saudita Abdallah El-Muallemi se felicitaba entonces por esa victoria que, según él, era un reflejo de «la eficacia de la política saudita caracterizada por la moderación» (sic). Sin embargo, unas pocas horas más tarde el príncipe Saud Al-Faisal publicaba un comunicado –de tono nasserista– sobre la incapacidad del Consejo de Seguridad y la negativa del reino a ocupar el puesto en ese órgano. Aunque mencionó el tema de Siria como motivo principal de esa decisión, el ministro saudita se dio el lujo de denunciar también la cuestión palestina y el tema de las armas de destrucción masiva en el Medio Oriente, o sea de designar simultáneamente como enemigos de la paz a Irán e Israel. Dado el hecho que la crítica contra la política de la ONU en Siria equivale a una denuncia directa contra Rusia y China, que recurrieron por 3 veces a su derecho de veto, el comunicado saudita era un insulto a Pekín, cuando China es actualmente el principal comprador del petróleo saudita. Ese viraje, que provocó consternación en las Naciones Unidas, fue sin embargo ruidosamente saludado por Turquía y Francia, países que dicen compartir la «frustración» de Arabia Saudita sobre el tema de Siria.

El 21 de octubre, el Wall Street Journal revelaba que el príncipe Bandar Ben Sultan había invitado varios diplomáticos europeos acreditados en Riad a visitarlo en su domicilio, donde les narró el furor saudita ante el acercamiento entre Irán y Estados Unidos y el retroceso estadounidense en Siria. Ante sus atónitos interlocutores, el jefe de los servicios secretos sauditas anunció que el reino piensa vengarse retirando sus inversiones de Estados Unidos. Retomando el episodio del asiento en el Consejo de Seguridad, el Wall Street Journal precisó que –según el príncipe Bandar– el comunicado no estaba dirigido contra la actitud de Pekín sino contra Washington, precisión que resulta tanto más interesante cuanto que no corresponde a la situación.

Ante la incredulidad que suscitaron esas declaraciones y los comentarios conciliadores del Departamento de Estado, el príncipe saudita Turki Ben Faisal explicó a la agencia Reuters que su enemigo personal Bandar había hablado en nombre del reino y que esa nueva política no será objeto de revisión. Lo cual quiere decir que no existen divergencias al respecto entre las dos ramas rivales de la familia reinante en Arabia Saudita –los Sudairi y los Shuraim– sino una visión común que comparten los dos bandos.

En resumen, Arabia Saudita insultó a Rusia en julio pasado, insultó a China hace 2 semanas. Y ahora insulta a Estados Unidos. El reino anuncia que va a retirar sus inversiones de este último país, probablemente para volverse hacia Turquía y Francia, aunque ningún experto ve cómo pudiera ser eso posible. Ese comportamiento puede tener dos explicaciones: Riad finge cólera para que Washington pueda continuar la guerra en Siria sin responsabilizarse con ella o la familia Saud está cometiendo un suicidio político.

La primera hipótesis parece estar en contradicción con las palabras de Bandar ante los embajadores europeos. Si estuviese jugando a favor de Estados Unidos por debajo de la mesa, el jefe de los servicios secretos sauditas tendría especial cuidado en no ponerse a predicar revoluciones a sus aliados.

La segunda hipótesis recuerda el comportamiento de los camellos, animal preferido de los beduinos sauditas. Esos cuadrúpedos tienen la reputación de alimentar sus rencores durante largos años y de ser incapaces de vivir en paz mientras no hayan logrado concretar su venganza, sea cual sea el precio a pagar por ello.

Pero Riad parece haber olvidado que la supervivencia de Arabia Saudita está en juego desde que John O. Brennan fue nombrado director de la CIA, en marzo de 2013. Brennan, quien estuvo destacado en Arabia Saudita, es un resuelto adversario del dispositivo que sus predecesores montaron en el pasado con Riad: el yihadismo internacional. Brennan estima que si bien esos elementos hicieron un buen trabajo en su momento –en Afganistán, Yugoslavia y Chechenia–, hoy se han hecho demasiado numerosos e incontrolables. Lo que empezó siendo una banda de extremistas árabes enviados a combatir contra el Ejército Rojo se ha convertido con el tiempo en una constelación de grupos, presentes desde Marruecos hasta China, que hoy luchan más con la perspectiva de imponer el modelo de sociedad saudita que para vencer a los adversarios de Estados Unidos.

Ya en 2001, Estados Unidos había planeado liquidar al-Qaeda atribuyéndole los atentados del 11 de septiembre. Pero, con el asesinato oficial de Osama ben Laden en mayo de 2011, Washington prefirió rehabilitar esa red y la utilizó profusamente en Libia y en Siria. Sin al-Qaeda nunca hubiese sido posible el derrocamiento de Muammar el-Kadhafi, como ha quedado demostrado con la llegada de Abdelhakim Belhaj –ex número 2 de al-Qaeda en Libia– al cargo de gobernador militar de Trípoli. Según la visión de Brennan, es necesario reducir el yihadismo a su mínima expresión y conservarlo únicamente para su uso como fuerza de apoyo de la CIA en ciertas circunstancias.

El yihadismo no sólo es la única fuerza efectiva de Arabia Saudita, cuyo ejército se divide en dos unidades que obedecen cada una a uno de los clanes de la familia Saud, sino que además se ha convertido en la única razón de ser del reino en la medida en que Washington ya no necesita a Arabia Saudita para que le garantice el petróleo ni tampoco para que predique la causa de la paz con Israel. Lo anterior explica el regreso del Pentágono al viejo plan de los neoconservadores: «Expulsar de Arabia a los Saud», según el título de un PowerPoint proyectado en julio de 2002 a los miembros del Consejo Político del Departamento de Defensa. Ese proyecto prevé el desmantelamiento de Arabia Saudita en 5 zonas, 3 de las cuales estarían llamadas a convertirse en Estados independientes entre sí mientras que las otras 2 pasarían a formar parte de otros países.

Al optar por probar fuerza con Estados Unidos, la familia Saud no deja opción a los estadounidenses. Es poco probable que Washington permita que unos cuantos beduinos adinerados le digan lo que tiene que hacer, lo cual hace muy previsible que decida meterlos en cintura. En 1975, Washington no vaciló en ordenar el asesinato del rey Faisal. Esta vez, es muy probable que actúe de forma aún más radical.