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martes, 11 de julio de 2017

¿Beneficiaría la paz en Siria a Israel y Turquía?

por  Thierry Meyssan

El fin de la guerra contra Siria se acerca sin que los anglosajones hayan podido completar ninguno de los objetivos que se habían trazado. La Hermandad Musulmana no sólo fracasó con las primaveras árabes sino que hoy aparece como perdedora en todos los países de la región, con excepción de Qatar y Turquía. Como país, Siria ha sufrido una destrucción tremenda pero la sociedad siria y su modelo multiconfesional han resistido. Y todo indica que por fin se va a restablecer la «ruta de la seda». En cuanto a Israel y Turquía, esos dos países parecen estar a punto de lograr sacar las castañas del fuego y beneficiarse, a su manera, con la agresión contra Siria.




Todos preveían que la crisis surgida entre Arabia Saudita y Qatar facilitaría el resurgimiento del eje Riad-Damasco-El Cairo, que dominó la vida política del mundo árabe hasta el inicio de las «primaveras árabes». Pero no ha sido así.

Es posible que el príncipe Mohammed ben Salman conserve aún la esperanza de lograr la victoria en Yemen y que por eso crea inútil intentar un acercamiento a Siria. También es posible que los sauditas, que en el pasado encabezaron la rebelión árabe contra los otomanos, consideren que hoy resulta demasiado peligroso ponerse del lado de Siria, en contra de Turquía. Lo cierto es que la semana pasada, en las negociaciones de Crans-Montana, la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea de hecho respaldaron la ocupación militar turca en el norte de Chipre, a pesar de ser esta totalmente ilegal. Aunque en Occidente se ha puesto de moda criticar la dictadura de Erdogan, es evidente que la OTAN apoya sin reservas el despliegue militar turco en Chipre, en Siria y en Qatar.

Según la sabiduría popular, «a la Naturaleza le horroriza el vacío» y parece ser cierto porque fue Qatar el que acabó por ponerse en contacto con Damasco. Para el presidente sirio Bachar al Assad, el acercamiento de Qatar es menos importante que si hubiese sido Arabia Saudita… pero aún así es un logro porque siempre será un Estado menos en contra de Siria, cuando en realidad en este momento ya sólo se mantienen en guerra contra Siria –además de algunas transnacionales estadounidenses– el Reino Unido, Turquía e Israel.

El encuentro del 7 de julio de 2017, en la cumbre del G20 realizada en Hamburgo, entre los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump parece haber cambiado muchas cosas. La reunión entre Trump y Putin, que debía durar sólo media hora, finalmente duró 4 veces ese tiempo, obligando a los demás jefes de Estado y de gobierno a esperar a que Putin y Trump terminaran su conversación. Todavía no se conocen las decisiones que tomaron los dos presidentes y sus respectivos ministros de Relaciones Exteriores… pero sí se sabe lo que negociaron.

Israel, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos han propuesto poner fin a la guerra contra Siria, lo cual corrobora la victoria de Tel Aviv sobre la resistencia palestina. Esta última se ve actualmente dividida entre al Fatah, que gobierna Ramalah, y el Hamas, al mando en Gaza.

Pero al Fatah, hoy encabezado por Mahmud Abbas, ha ido hundiéndose en la corrupción y está colaborando abiertamente con Israel, mientras que el Hamas, creado por la Hermandad Musulmana, con la bendición inicial de los servicios secretos israelíes para debilitar a al-Fatah, se ha desacreditado, primeramente por sus actos de terrorismo contra los civiles, así como por su increíble comportamiento en la guerra contra Siria. De hecho, sólo Turquía e Irán mantienen su apoyo al Hamas, ahora rechazado por todos los demas Estados.

Sin ningún pudor, el Hamas, que ya en 2012 se alió a los servicios secretos israelíes y a al-Qaeda para masacrar a los dirigentes del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) en el campamento palestino de Yarmuk, en Damasco, ha implorado nuevamente el perdón de Tel Aviv.

Es ese el origen del increíble plan que consiste en reunir a las dos principales facciones palestinas, quitar el mando al viejo Mahmud Abbas –de 82 años–, reconocer un Estado palestino títere y ponerlo bajo la dirección… del general Mohammed Dahlan.

Mohammed Dahlan, es el líder de al-Fatah que se convirtió secretamente en agente de Israel, luchó contra el Hamas de forma salvaje y luego envenenó a Yasser Arafat. Al ser descubierto, Dahlan fue excluido de al-Fatah, huyó a Montenegro y la justicia palestina lo condenó en ausencia. Durante los últimos años, Dahlan residió en los Emiratos Árabes Unidos, donde administraba una fortuna de 120 millones de dólares malversados de los fondos de la Autoridad Palestina. En Gaza, ahora lo recibirían sus enemigos históricos miembros del Hamas, como Yahya Sinwar, el nuevo «primer ministro» de esa organización, un amigo de la infancia del propio Dhalan. Olvidando el pasado, el Hamas pondría a Dhalan, para empezar, a la cabeza de la lucha contra el Ejército del Islam, la rama palestina del Emirato Islámico (Daesh).

Si realmente llega a ponerse en práctica, ese plan marcaría la liquidación definitiva de la resistencia palestina, al cabo de 70 años de lucha.

Es en ese contexto que tenemos que ver el anuncio del acuerdo entre Putin y Trump sobre 3 regiones del sur de Siria. Se autorizaría en ellas el despliegue de tropas estadounidenses, supuestamente para mantener la paz, pero sería en realidad para crear una zona desmilitarizada entre el Golán sirio y el resto del país. Las tropas iraníes no estarían autorizadas a acercarse a Israel. De esa manera, el Golán, territorio sirio que Israel ocupa ilegalmente desde hace 40 años, sería considerado de hecho, y aunque nadie pronuncie esa palabra, como territorio anexado por la potencia ocupante. En octubre de 2018, se eligirían allí los consejos locales de las poblaciones, según la legislación de Israel. Rusia no se opondría… a cambio de que Estados Unidos olvide su actual obsesión con la cuestión de Crimea.

En el resto de Siria podría concluirse la paz, exceptuando la franja que los kurdos han arrebatado al Emirato Islámico y la que ocupan los turcos. Washington y Moscú permitirían que los turcos ajustaran cuentas a los kurdos, lo cual implica que estos últimos serían masacrados. Sucedería entonces exactamente lo mismo que cuando Henry Kissinger apoyó a los kurdos iraquíes contra Saddam Hussein… para acabar abandonándolos de la noche a la mañana, echando por tierra el sueño de creación de un Kurdistán. En definitiva, el ejército turco mantendría la ocupación de la región siria de Al-Bab, como ya ocupa el norte de Chipre y la región de Baachiqa en Irak.

Palestinos y kurdos pagarían así el error de haber luchado por obtener territorios que están fuera de sus tierras históricas –en Jordania y en Líbano, en vez de Palestina, y en Irak y Siria, en vez del Kurdistán.

Israel y Turquía serían así los dos únicos países en sacar alguna ganancia de los 6 años de guerra contra el pueblo sirio.


lunes, 25 de abril de 2016

Mientras nos marean con cortinas de humo...

Cosas que ocurren mientras se destapa la corrupción de los papeles de Panamá y empiezan a verse los ricos cómo defraudan:


  1. EEUU en plena tregua sigue armando a los terroristas en Siria a través de Turquía y Jordania, con armamento estilo ruso, para poder confundirlo con las armas que usa el EAS.
  2. Turquía se va islamizando mientras Erdogan suelta querellas por cientos a todo el que no le gusta. Eso sí cobrando de la UE por gestionar a la invasión inmigrante.
  3. De Siria se habla poco pero el ejército Sirio con la ayuda de los rusos se va defendiendo sólo y recobrando terreno.
  4. En Libia sigue el caos y la destrucción ahora con las caretas caidas: EEUU e Inglaterra se lo quieren repartir nada amigablemente y quieren enviar ya tropas.
  5. Este años cumplen 10 años los cascos azules en el sur del Libano después de la guerra de Israel de 2006. Viven la vida loca, mientras Israel campa a sus anchas y sigue haciendo lo que le da la gana.
  6. Rusia es ya la primera industria militar fiable que muchos paises prefieren frente a las armas norteamericanas. El caza americano F-35 sigue sin ver la luz mientras Rusia ha sacado varios modelos de cazas polivalentes que superan con creces las capacidades de su contrincante.
  7. Del Egipto del SISI se sabe que sigue recibiendo ayuda de Arabia saudí, pero nadie deja claro a qué juega ese presidente. China financia la ampliación del canal de Suez.
  8. Arabia Saudí está en la picota amenazada desde dentro por muchos bandos, y por fuera por EEUU. Aliada de Israel pero con lazos con rusia para comprar armas en caso de que EEUU dejara de ser un socio fiable ( nunca lo fue) y bajo la amenaza fantasma de Irán.
  9. En nuevo pacto con Irán de EEUU no deja de ser una jugarreta muy lucrante. Se han disparado las ventas de armas por el temor hacia los persas. Además las petroleras se van a forrar con la producción persa a precio bajo, y con contratos multimillonarios para renovar instalaciones.
  10. Israel sigue matando palestinos indiscriminadamente, destruyendo sus casa, y robando sus tierras. Sigue sin acatar todas las resoluciones de la ONU. Pero por lo demás es un gran aliado del mundo libre.
De lo demás... pan y circo.


lunes, 30 de noviembre de 2015

Ataque deliberado de la Otan al avión SU-24 ruso

por Valentin Vasilescu

Los registros de los radares presentados en Moscú por el jefe del estado mayor de la fuerza aérea rusa no dejan lugar a dudas: la aviación turca, que en aplicación de los acuerdos de coordinación había recibido previamente el plan de vuelo del Su-24 ruso, tenía órdenes de posicionarse para derribarlo. La información radar revelada en Moscú deja muy mal parada la versión de la OTAN.

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El general Viktor Bondarev, jefe del estado mayor de la fuerza aérea rusa.


Dos días después del ataque contra el Su-24 ruso por parte de un F-16 turco en el espacio aéreo sirio, el general Viktor Bondarev, jefe del estado mayor de la fuerza aérea rusa, hizo una sorprendente declaración que modifica totalmente la imagen que ofrecían los medios de prensa occidentales, empeñados en reflejar únicamente la versión turca.

En aplicación del memorándum sobre la campaña en Siria firmado el 26 de octubre entre Moscú y Washington, la parte rusa había informado a sus homólogos estadounidenses… 12 horas antes de la misión de los dos bombarderos Su-24 en el norte de Siria.

La parte rusa entregó todos los detalles de la misión, incluyendo la hora de despegue (las 09h40), la altitud (entre 5 600 y 6 000 metros) y los blancos que serían bombardeados: los alrededores de la región de Chefir, Mortlu y Zahia, cerca de la frontera con la región turca de Hatay. Los bombarderos tácticos rusos Su-24 despegaron desde la base aérea de Hmeymim a las 09h40, conforme al horario previsto, llevando cada uno 4 bombas OFAB-250. Entre las 09h51 y las 10h11, los bombarderos rusos se movieron en una zona de espera a 5 657 y 5 800 metros de altitud respectivamente, al sur de la ciudad siria de Idlib. A las 10h11, los dos bombarderos tácticos rusos recibieron las coordenadas GPS de los blancos e hicieron una primera pasada sobre el objetivo a las 10h16 largando las primeras bombas. Después de maniobrar para volver sobre el blanco para el segundo ataque, uno de los aviones rusos fue alcanzado por un misil aire-aire disparado por el F-16 turco a las 10h24.
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Un análisis de los datos de control sobre los objetivos, análisis corroborado por la dinámica de los blancos, muestra que la red de radares que vigila el conjunto del espacio aéreo sirio detectó –entre las 09h08 y las 10h20– la presencia de 2 aviones F-16 turcos que maniobraban a 4 200 metros de altitud en el espacio aéreo de la región turca de Hatay, fronteriza con Siria. Los aviones turcos habían despegado a las 08h40 y aterrizaron a las 11h00

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Conociendo el lapso de tiempo que necesitan dos F-16para echar a andar sus motores, rodar sobre la pista, despegar desde la base aérea de Diyarbakir y alcanzar la zona situada a 410 kilómetros de su base, es evidente que los dos F-16 turcos recibieron su misión una hora antes del despegue de los bombarderos rusos. Esto demuestra que los pilotos turcos sabían que se hallaban ante avionesSu-24 rusos, y que conocían los detalles de la misión de dichos bombarderos, detalles que utilizaron en la preparación de su propia acción para posicionarse y derribar uno de los aviones rusos de manera que pudiesen presentar el hecho como si los bombarderos rusos hubiesen penetrado en el espacio aéreo turco. Por consiguiente, los pilotos turcos seguramente habían recibido instrucciones de no aplicar el procedimiento previsto en los tratados internacionales –tratados firmados por Turquía–, donde se prevé la intercepción, seguida por la obligación de establecer un contacto visual [entre el interceptor y el avión interceptado] y la obligación de hacer un disparo de advertencia con el cañón de abordo antes de pasar, finalmente, a la destrucción.


Según el general Viktor Bondarev, durante todo su vuelo el bombardero se mantuvo a una distancia de más de 5 kilómetros de la frontera sirio-turca, antes de entrar en la posible zona de tiro del misil aire-aire guiado por el calor disparado por uno de los aviones F-16 turcos, avión que voló casi perpendicularmente a la dirección del vuelo de los bombarderos rusos Su-24. El avión turco efectuó un viraje de 110 grados, que duró 1 minuto y 40 segundos, para alcanzar el bombardero ruso en su parte trasera.


A causa de ese viraje, el F-16 turco se internó 2 kilómetros en el espacio aéreo de Siria –donde permaneció alrededor de 40 segundos, mientras que elSu-24 sólo estuvo 17 segundos en el espacio aéreo turco. Esos 40 segundos fueron suficientes para el F-16 fuera visible en las pantallas de los radares de la base aérea de Hmeymim, mientras cerraba la maniobra de ataque, descendiendo bruscamente a menos de 2 500 metros de altitud.
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Esta maniobra posicionó el F-16 turco detrás de uno de los dos bombarderos Su-24 rusos, a una distancia de 5 a 7 kilómetros y con una velocidad de acercamiento que le permitía lanzar su misil aire-aire. Antes del ataque, nunca hubo en ningún canal de radio, ni siquiera en la frecuencia especialmente habilitada para la cooperación, ninguna grabación de algún llamado de advertencia proveniente ni de los pilotos, ni de los órganos de control del ejército turco.

La conclusión del general Bondarev es que los pilotos turcos se prepararon durante varias semanas específicamente para derribar un bombardero ruso sobre la frontera con Siria y que los últimos detalles de la emboscada fueron ultimados por los turcos –probablemente con sus aliados de la OTAN– durante las 12 horas posteriores a la recepción de la información enviada por los rusos antes del despegue.

lunes, 3 de agosto de 2015

Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK

por Thierry Meyssan
La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

Publicado en 2013, el plan Wright retoma elementos del plan del ex ministro francés Alain Juppé para Libia, Siria e Irak. Pero Robin Wright va más lejos, incluyendo proyectos para Arabia Saudita y Yemen.



Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.

Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.

Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.

En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.

Fue entonces cuando todo cambió…


Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando


Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.

Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el`PKK.

La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.

Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.

Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom [1] cuando el comandante de este último entró en rebelión [2].

De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli [3].

Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.


La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).

Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial [4]. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.

El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.

En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.

Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.

Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa [5] –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse [6].

Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.

Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja “al borde de la carretera”. Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoductoTurkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.

Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.

Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisión A Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.

El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.

El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.

Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.

Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil


Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.

Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.

En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.

Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.

La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.

Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.




[1] El AfriCom, con sede en Stuttgart, Alemania, es el Mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos responsable de las operaciones militares estadounidenses en África. Nota de la Red Voltaire.


[2] Inicialmente denominada «Amanecer de la Odisea», la operación militar contra Libia comenzó bajo las órdenes del general Carter Ham, comandante del AfriCom. Pero este general estadounidense protestó vehemente al ver que se asignaba a al-Qaeda el papel de fuerza terrestre para acabar con la Yamahiriya Árabe Libia, mientras que la coalición anti-Kadhafi decía limitarse únicamente a garantizar la protección de los civiles. Al general Carter Ham se le retiró entonces el mando de la operación militar contra Libia, que pasó a manos de la OTAN bajo la denominación «Protector Unificado».

[3] Después de obtener su independencia de facto, la población de Bengazi se negó a marchar sobre Trípoli. Los ya mencionados habitantes de Misurata estuvieron encabezados por los hombres de al-Qaeda.

[4] Para ser más precisos, París se retiró de la guerra en Siria en marzo de 2012, después de la caída del emirato islámico de Baba Amro y de la entrega a Francia de los miembros de la Legión Extranjera que allí habían caído prisioneros del Ejército Árabe Sirio. Pero, en mayo, el presidente Sarkozy no logró la reelección y su sucesor, Francois Hollande, reanudó la guerra en julio de ese año.

[5] Las operaciones «bajo bandera falsa» o «false flag» son operaciones de inteligencia organizadas de manera que el verdadero organizador pueda atribuir su autoría a otro país o adversario, frecuentemente con intenciones de utilizarla como pretexto o justificación para una represalia ulterior. Nota de la Red Voltaire.

[6] El primer ministro británico, David Cameron, escenificó con el jefe de la oposición un debate en la Cámara de los Comunes, donde ambos líderes “debatieron” leyendo un mismo guión escrito de antemano. El Reino Unido se las arregló así para retirarse del conflicto sirio sin tener que acusar públicamente a Turquía. Estados Unidos optó por la misma solución.