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sábado, 19 de agosto de 2017

Barcelona: otra prueba

No sorprende lo de Barcelona.
Que nadie se tire de los pelos pensando en que es un castigo divino, o que Cataluña ha pecado.

No.

Quien ha pecado es la España de Felipe González que entró en la OTAN, y la España de los siguientes electos.

España hasta hace nada es amiga del mundo Arabe. Los Saud siguen yendo a Marbella? Porque Felipe 6 sigue viajando a la Meca.


A esos niveles está claro que no hay conflicto.
El Rey hace sus movidas, el ministro de defensa hace las suyas y como dice Marijuano, ya si eso.

Podríamos situar lo de Barna en una coyuntura chunga para la OTAN y para sus anti OTAN. Todo ello en el marco del independentismo y nacionalismo anacrónico.

El 11M de Madrid fue una muestra de afecto a Aznar.
Esto de Barcelona hay que verlo también como una muestra de afecto de unos contra otros.

Es increíble hasta qué punto los mass mierdas repiten lo mismo sin aportar nada.
Mismo tópicos, mismos esquemas, mismas imágenes, y mismos comentarios.

Que se rompa ese circulo vicioso, que el tema no es que haya unos "yihadistas muy jóvenes"-
Eso es una cortina de humo, es como decir, que aún hay familias muy numerosas católicas.
Tampoco es que sea la invasión legalizada por la OTAN de todos los emigrados de los frentes que ella misma ha generado.
Es más que increíble que a estas alturas haya "células" terroristas, dispersas curiosamente en territorio OTAN.
Pero la información que existe en el mundo es que se están masacrando blancos, cristianos y laicos, allá donde ha pisado la OTAN y EEUU.
Quizás alguien debería pensar que estamos pervirtiendo todos los hechos y la información relacionada.
Quizás alguien debería pensar que el terrorismo actual es el terrorismo de estado de siempre.
Quizás alguien debería pensar que ya no hay URSS y que ya no hay enemigo a abatir.
Quizás alguien quiera sacar a la luz, que mientras haya miedo y terror hay todo un sistema empresarial que funciona por eso mismo.
Quizás todo el sistema capitalista basado en el militarismo y belicismo y la compra venta de armas se base en que haya terror entre la gente y las naciones.
Quizás si la codicia de unos pocos no fuese tanta...

No simplifiquemos Barcelona. Es una más de las victimas del mundialismo.

Antes fueron todas las brigadas rojas de la Europa "Occidental" , ahora en zona OTAN toca el enemigo musulmán, que legalmente se ha incorporado al sistema.



sábado, 8 de abril de 2017

Y Trump riza el rizo

En cuanto me enteré del supuesto ataque químico en Siria, me preparé a toda la payasada que se ha montado alrededor, y a leer auténticas burradas de la prensa atlantista.

Se ha montado el mismo revuelo que el que hubo en Ghouta hace 4 años.
Quedó patente que fue un falso atentado hecho por los terroristas para movilizar a la OTAN.
Todos recordamos la reacción de Obama, sus lineas rojas, y lo cerca que estuvo todo de la guerra abierta.
Salió Rusia a la palestra y mandó su flota.
El calentón de Obma quedó en nada pero los civiles habían muerto.
Los terroristas habían conseguido movilizar así a sus aliados para sus intereses.
Fue muy claro ese ataque de falsa bandera, y acusar a Siria.

Desde entonces con dinero americano, patrocinio ruso, y supervisión de la ONU, Siria ha destruido su arsenal químico.

Pero además Rusia se desplegó en Siria, y además se desplegó un sistema anti misiles quizás invencible por ahora comparado con las capacidades estadounidenses.

Una cúpula de s-300 y s-400 que cubre sobre todo áreas críticas de Siria, y además interferencias en todas las comunicaciones que se puedan dar.

Dicho lo anterior, de cara al público, esto no deja de ser una operación de justicia Yanki al más puro estilo Clinton, Obama o Bush.

En el fondo, el jugador de poker Trump, se la está jugando a todos, sobre todo a sus enemigos internos.


Es necesario recordar que todos los medios que aplauden ahora la actitud de EEUU alias Trump con este bombardeo, son les que le han puesto a parir desde que era candidato.

Dilucidar ahora el atentando como ha sido, es inviable. Quedaría saber esta falsa bandera si ha sido realmente falsa en el sentido que se quería o ha sido al revés aprovechada.

Estos juegos donde mueren inocentes, dan asco, aunque pretendan destronar a unos malvados.
Si este es el precio actual a pagar para tranquilizar este mundo, quizás sea un precio menor.
Si escala a más sin visos más que de servir a los intereses de siempre, todo habrá sido otra farsa.

La declaración de Trump es para escucharla varias veces y para leer entre lineas: revelador


Este ataque que todos se han apresurado en comentar como justo, apropiado proporcionado y un largo etc deja patente los lacayos que son todos cuando no se enteran.







miércoles, 6 de abril de 2016

Mossad Fonseca?



Casualidades?
El Logo de la Otan se parece y mucho.
Además es muy curioso que salga esto ahora que salpique a tantos, y todos además más o menos enemistados con EEUU.

lunes, 3 de agosto de 2015

Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK

por Thierry Meyssan
La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

Publicado en 2013, el plan Wright retoma elementos del plan del ex ministro francés Alain Juppé para Libia, Siria e Irak. Pero Robin Wright va más lejos, incluyendo proyectos para Arabia Saudita y Yemen.



Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.

Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.

Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.

En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.

Fue entonces cuando todo cambió…


Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando


Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.

Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el`PKK.

La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.

Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.

Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom [1] cuando el comandante de este último entró en rebelión [2].

De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli [3].

Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.


La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).

Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial [4]. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.

El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.

En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.

Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.

Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa [5] –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse [6].

Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.

Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja “al borde de la carretera”. Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoductoTurkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.

Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.

Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisión A Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.

El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.

El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.

Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.

Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil


Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.

Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.

En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.

Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.

La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.

Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.




[1] El AfriCom, con sede en Stuttgart, Alemania, es el Mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos responsable de las operaciones militares estadounidenses en África. Nota de la Red Voltaire.


[2] Inicialmente denominada «Amanecer de la Odisea», la operación militar contra Libia comenzó bajo las órdenes del general Carter Ham, comandante del AfriCom. Pero este general estadounidense protestó vehemente al ver que se asignaba a al-Qaeda el papel de fuerza terrestre para acabar con la Yamahiriya Árabe Libia, mientras que la coalición anti-Kadhafi decía limitarse únicamente a garantizar la protección de los civiles. Al general Carter Ham se le retiró entonces el mando de la operación militar contra Libia, que pasó a manos de la OTAN bajo la denominación «Protector Unificado».

[3] Después de obtener su independencia de facto, la población de Bengazi se negó a marchar sobre Trípoli. Los ya mencionados habitantes de Misurata estuvieron encabezados por los hombres de al-Qaeda.

[4] Para ser más precisos, París se retiró de la guerra en Siria en marzo de 2012, después de la caída del emirato islámico de Baba Amro y de la entrega a Francia de los miembros de la Legión Extranjera que allí habían caído prisioneros del Ejército Árabe Sirio. Pero, en mayo, el presidente Sarkozy no logró la reelección y su sucesor, Francois Hollande, reanudó la guerra en julio de ese año.

[5] Las operaciones «bajo bandera falsa» o «false flag» son operaciones de inteligencia organizadas de manera que el verdadero organizador pueda atribuir su autoría a otro país o adversario, frecuentemente con intenciones de utilizarla como pretexto o justificación para una represalia ulterior. Nota de la Red Voltaire.

[6] El primer ministro británico, David Cameron, escenificó con el jefe de la oposición un debate en la Cámara de los Comunes, donde ambos líderes “debatieron” leyendo un mismo guión escrito de antemano. El Reino Unido se las arregló así para retirarse del conflicto sirio sin tener que acusar públicamente a Turquía. Estados Unidos optó por la misma solución.

jueves, 26 de febrero de 2015

¿Existió un Estado en Libia?

por Manlio Dinucci

Como de costumbre, los vencedores de la OTAN pretenden reescribir la Historia. Según afirman, Libia nunca fue un Estado y Muammar el-Kadhafi fue un sanguinario dictador. En realidad, la Yamahiriya Árabe Libia fue creada según el modelo de los socialistas utópicos del siglo XIX, de quienes Kadhafi siempre fue un gran admirador. Se trataba, por consiguiente, de un Estado mínimo que resultó desgraciadamente incapaz de defenderse ante la agresión de la coalición imperialista.

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La Yamahiriya Árabe Libia disponía de infraestructuras importantes. Entre ellas se cuenta el «Gran Río Artificial», clasificada como la red de irrigación más grande del mundo.


Según el ahora presidente emérito de la República Italiana, Giorgio Napolitano, no es cierto que la guerra de 2011 destruyó el Estado libio. «Yo considero que nunca hubo en Libia un Estado, en el sentido moderno de la expresión», declaró Napolitano al hacer uso de la palabra en el Senado.

Hace sólo unos meses, el propio Napolitano había calificado Libia de «Estado fallido», un concepto creado por el Fondo para la Paz estadounidense. Pero ahora parece que lo ha pensado mejor: «Que se pueda hablar hoy de Estado fallido es algo que me deja perplejo. El ejercicio del poder autocrático y personal del presidente Kadhafi basado en un sistema de equilibrio entre la multitud de tribus no era un Estado.»

Así que, según Giorgio Napolitano, lo que había en la costa sur del Mediterráneo no era un Estado: la República Árabe de Libia, nacida en 1969 después de más de 30 años de dominación colonial italiana y de casi 20 años de monarquía espuria, inventada por Gran Bretaña y Estados Unidos. Estado que, después de abolir la monarquía, cerró en 1970 las bases estadounidenses y británicas y nacionalizó las propiedades de British Petroleum. Estado que –según reconocía el Banco Mundial en 2010– disponía de «un alto nivel de crecimiento económico», garantizando así –a pesar de las diferencias de desarrollo– el más alto nivel de vida en África y que proporcionaba trabajo a unos 2 millones de inmigrantes africanos. Estado que registraba «fuertes indicadores de desarrollo humano», entre los que se podía citar el acceso universal a la enseñanza primaria y secundaria y, para el 46% de la población, el acceso a la enseñanza universitaria. Un Estado cuyas inversiones hicieron posible el nacimiento de organismos que hubiesen podido hacer realidad la autonomía financiera de África: el Banco Africano de Inversiones (en Libia), el Banco Central Africano (en Nigeria) y el Fondo Monetario Africano (en Camerún).

Al reescribir la historia se está tratando de borrar todo eso y la Libia que existió de 1969 a 2011 se ve representada ahora como un no Estado, como una «multitud de tribus» –definición digna de una postal colonial– que se mantenían juntas únicamente por el poder de Kadhafi. Un poder que indudablemente existía, resultado de las fases históricas que Libia había atravesado, pero que se había relajado y descentralizado abriendo así la posibilidad de una evolución ulterior de la sociedad libia. Una Libia que, a raíz del levantamiento –en 2004– del embargo decretado por Estados Unidos y la Unión Europea, había reconquistado un espacio a nivel internacional.

En abril de 2009, en Washington, la secretaria de Estado Hillary Clinton estrechaba calurosamente la mano a uno de los hijos de Kadhafi mientras decía querer «profundizar y ampliar nuestra cooperación». Menos de 2 años más tarde, aquella misma Hillary Clinton iniciaba la campaña internacional contra Kadhafi, preparando así la posterior guerra.

Pero ahora, en el marco de la competencia por la próxima elección presidencial [estadounidense], los esqueletos comienzan a salir de los armarios.

Pruebas documentales, publicadas por el Washington Times y analizadas por la comisión del Congreso que investiga el asesinato del embajador de Estados Unidos perpetrado en Bengazi en 2012, demuestran que fue Hillary Clinton quien empujó la administración Obama a la guerra contra Libia «con pretextos falsos e ignorando los consejos de los comandantes militares».

En efecto, mientras la señora Clinton acusaba a Kadhafi de genocidio, las agencias de inteligencia estadounidenses indicaban en sus informes internos que «Kadhafi había dado la orden de no atacar a los civiles y de concentrarse en los rebeldes armados». Descubrimos así un informe, enviado por las autoridades libias a varios miembros del Congreso estadounidense en 2011, donde se documentan las entregas a los yihadistas libios de armas provenientes de Qatar con «la autorización de la OTAN».

En aquella época, el presidente Giorgio Napolitano declaraba que, «al no poder mantenernos indiferentes ante la reacción sanguinaria de Kadhafi», Italia se sumaba al «plan de intervención de la coalición bajo la conducción de la OTAN».

domingo, 30 de noviembre de 2014

Vulnerabilidades de Rusia ante las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y la rapiña militar de la OTAN

por James Petras

La recuperación del poderío económico y militar de Rusia lograda bajo el mandato de Vladimir Putin se ve comprometida hoy por la guerra económica que le imponen Estados Unidos y la Unión Europea, observa el profesor James Petras. Esta confrontación obligará al poder ruso a cuestionar sus relaciones con el sistema oligárquico heredado de la era Yelsin, sistema que Putin reformó y controló en parte, pero en el que también se apoyó y que incluso preservó para sacar a Rusia del marasmo económico en que se hallaba. Frente a la agresión occidental, ese viejo sistema no basta. O Putin elimina el modelo oligárquico y abre una nueva fase innovadora de la economía rusa implicando a las fuerzas productivas, las diversas clases sociales –ricas en científicos y técnicos– con los dinámicos y prósperos mercados emergentes de Asia, o mantiene con el viejo sistema oligárquico un statu quo que lo llevaría a la derrota, analiza Petras.

El golpe de estado patrocinado por Estados Unidos y la Unión Europea en Ucrania por un lado, el intento de transformar a Ucrania de socio comercial histórico y estable de Rusia en uno más de la devastada economía de la Unión Europea, para que sirva además de plataforma de lanzamiento de misiles de la OTAN apuntando contra Rusia, así como las sanciones económicas posteriores lanzadas en contra de Rusia por el bloque (Estados Unidos-Unión Europea) por apoyar a la minoría étnica ucraniana de lengua rusa viviendo desde siglos en la región del Donbas y de Crimea, ilustran la peligrosa vulnerabilidad en la que se puede encontrar la economía y la seguridad del Estado ruso frente a la agresión occidental.
Para tener un panorama real y concreto de los esfuerzos necesarios que debe realizar Rusia para su viabilidad económica, para su seguridad en materia de defensa, para que Rusia pueda encontrar la solución a estos desafíos, se requiere entonces de un análisis crítico de las políticas y estructuras emergentes en Rusia después de la era post-soviética.


Saqueo como Privatización

Durante el último cuarto de siglo, varios billones de dólares de valor de la propiedad pública estatal en todos los sectores de la economía rusa fueron transferidos ilegalmente o fueron violentamente incautados por grupos mafiosos o gángsteriles oligarcas que actuaban a través de bandas armadas [grupos de poder], especialmente durante la fase del derrumbre del sistema comunista de la Unión Soviética a la fase de «transición al capitalismo» emergente, desapareciendo la Unión Soviética, apareciendo el nuevo Estado: la Federación de Repúblicas de Rusia.

De 1990 a 1999, más de 6 millones de ciudadanos rusos murieron prematuramente [o a fuego lento] a consecuencia del colapso catastrófico de la economía; la esperanza de vida para los hombres disminuyó de 67 años durante la era soviética a 55 años durante el período del presidente Borís Yeltsin. El PIB [producto interior bruto] de Rusia se redujo en sesenta por ciento (-60%) –una primicia histórica para un país que no estaba en guerra. Después de tomar violentamente el poder con el bombardeo del parlamento ruso, el régimen de Yelsin procedió a «priorizar» la privatización de la economía, la venta de la energía, de los recursos naturales, de la banca, los transportes y las comunicaciones a una décima parte o incluso menos que eso de su verdadero valor económico, esto fue vendido por nada a los compinches bien conectados y otras entidades extranjeras.

En esa época era costumbre ver matones armados, organizados por los mismos oligarcas arribistas “completando” el programa de privatización mediante agresiones, asesinatos y otras formas de violencia. Cientos de miles de pensionistas (jubilados) de edad avanzada fueron expulsados de sus casas y apartamentos en un vicioso comercio de superficies y terrenos por especuladores inmobiliarios violentos. Consultores y otros consejeros financieros académicos de Estados Unidos y de Europa «aconsejaban» a diversos oligarcas rivales y a los ministros del nuevo gobierno ruso como utilizar las mejores técnicas de mercado “eficientes” para saquear la economía, «aconsejando» pues, mientras tocaban lucrativas y cuantiosas comisiones generando así enormes fortunas para la gente «bien relacionada».

Mientras tanto, los niveles de vida se derrumbaron en esta nueva Rusia Federal, empobreciendo a las dos terceras partes de los hogares rusos, los suicidios se cuadruplicaron y las muertes por alcoholismo, adicción a las drogas, el VIH (SIDA) y las enfermedades venéreas se tornó incontrolable. La sífilis y la tuberculosis alcanzaron proporciones epidémicas –enfermedades totalmente controlados durante la era soviética– volvieron aparecer con furia a consecuencia del cierre de clínicas y hospitales públicos que no teniendo fondos dejaron de funcionar.



Documental sobre los acontecimientos de octubre de 1993, el bombardeo de la Casa Blanca en Moscú por Yeltsin.


Por supuesto, para los medios de comunicación occidentales, para la respetable prensa comercial haciendo uso del noble don de la libertad de expresión, celebraron el saqueo de Rusia como siendo una buena transición hacia la democracia y «elecciones libres en una economía de libre mercado». Ellos escribieron brillantes artículos donde alababan la inteligencia del nuevo poder político; el control de la economía por oligarcas mafiosos fue descrito como el reflejo de un aumento de la «democracia liberal». El Estado ruso pasó así, de la noche a la mañana, del rol de Superpotencia Mundial al de Estado abyecto, convirtiéndose en un régimen cliente, penetrado por las agencias de inteligencia occidentales e incapaz de gobernarse y hacer respetar los acuerdos y sus intereses frente a las potencias occidentales. Estados Unidos y la Unión Europea desplazaron rápidamente la influencia rusa-soviética de Europa del Este y rápidamente se hicieron con el control de las ex-empresas estatales, los medios de comunicación y las instituciones financieras [tanto de Rusia como del bloque socialista de Europa del este].


Los antiguos funcionarios comunistas y de izquierda e incluso ejecutivos nacionalistas fueron expulsados y sustituidos por políticos pro-OTAN dóciles y serviles al «libre mercado». Estados Unidos y la Unión Europea violaron todos los acuerdos históricos firmados por Gorbachov con Occidente: los regímenes de Europa del Este se convirtieron en miembros de la OTAN; Alemania Occidental anexó el este y las bases militares de la OTAN se ampliaron hasta las fronteras con Rusia.


Los pro-OTAN implantaron «think tanks» [1] suministrando propaganda e inteligencia anti-rusa en la sociedad. Cientos de organizaciones no gubernamentales [ONGs], financiadas por Estados Unidos, operando dentro de Rusia con propaganda y otros medios de instrumentalización para crear y fomentar una nueva raza de políticos «serviles» neo-liberales. En el Cáucaso soviético y el Extremo Oriente, Occidente fomentó movimientos sectarios separatistas y levantamientos armados, especialmente en Chechenia; Estados Unidos patronó dictadores lacayos útiles a su imperialismo, un buen ejemplo es el payaso títere neoliberal y corrupto, hablamos del presidente Saakashvili en la ex-República Soviética de Georgia.


De esta manera el Estado ruso fue colonizado y su gobernante putativo, es decir el presidente de Rusia en aquella época, Boris Yeltsin –a menudo completamente ebrio–, gobernaba por decreto y gracias a la corrupción ganaba la obediencia de los funcionarios públicos y administradores del país, desintegrando aún más al Estado y la sociedad rusa.


La década de Yeltsin es recordada por el pueblo ruso como siendo un verdadero desastre; en cambio ese mismo período es para Estados Unidos, la Unión Europea, para los oligarcas rusos y sus seguidores la Edad de Oro... del saqueo. Para la inmensa mayoría de rusos, fue una Edad Oscura, cuando la ciencia y la cultura rusa fueron destrozadas; toda una clase de científicos, artistas e ingenieros de alto nivel y rango mundial murieron de inanición, a «fuego lento» ya que sus paupérrimos ingresos de pensión los conducieron a la desesperación, precaridad, miseria y muerte.

Para Estados Unidos, la Unión Europea y los oligarcas esto fue la era de la «presa fácil»: el pillaje económico, cultural e intelectual, miles de millones de dólares de fortuna fueron a parar en los bolsillos de la mafia oligárquica; impunidad política, criminalidad desenfrenada y la sumisión del gobierno ruso a los dictados de Occidente. Los Acuerdos Internacionales con el Estado ruso se violaban incluso antes de que la tinta este seca. Era la época del mundo unipolar centrado en Estados Unidos, el «Nuevo Orden Mundial», donde Washington podría influir e invadir a los adversarios nacionalistas y a los aliados de Rusia con toda impunidad.


La «Época de Oro» de la dominación del mundo se convirtió en el indiscutible modelo «estándar» occidental, dicho modelo serviría para juzgar a Rusia después de la era Yeltsin. Cada decisión de política interior y exterior [de Estados Unidos y la Unión Europea], adoptada durante los años de gobierno de Putin, es decir entre 2000 y 2014, ha sido diseñada especialmente por Washington para juzgar a Rusia, en función de si [las nuevas políticas impulsadas por Putin] se ajustaban o desviaban de la década Yeltsin, década de pillaje y manipulación de Rusia sin que ésta de signos de respuesta en su defensa.


La Era Putin: reconstrucción económica del Estado ruso y la creciente beligerancia de Estados Unidos y la Unión Europea


La primera y principal tarea del presidente Putin fue la de hacer terminar el colapso en la que Rusia se encontraba sumergida. Con el tiempo, el Estado y la economía rusa se fueron recuperando y una cierta apariencia de orden y legalidad llegó a todo el país. La economía comenzó a recuperar y crecer; igual para el empleo, mejores salarios así como un mejor nivel de vida y de bienestar general se fue generalizando, la tasa de mortalidad dejó de crecer.
Comercio, inversión y transacciones financieras con Occidente se normalizaron –se frenó el pillaje que fue denunciado como siendo criminal y procesado ante la justicia. La recuperación de Rusia fue visto por Occidente (Unión Europea y Estados Unidos) con ambigüedad: Muchas personas legítimas y honestas en negocios, las multinacionales comerciales legales dieron la bienvenida al restablecimiento de la ley, del orden y el fin del gangsterismo en Rusia; en contraste, los políticos en Washington y Bruselas, así como los capitalistas buitres deWall Street y la City de Londres rápidamente condenaron a Putin que lo calificaron de «dictador emergente lleno de autoritarismo» y «estatismo», porque las nuevas autoridades rusas comenzaron a investigar a los oligarcas mafiosos por evasión de impuestos, lavado de dinero a gran escala, corrupción de funcionarios públicos e incluso por el asesinato de burócratas que se opusieron al antiguo orden legado por Yelsin.

El ascenso de Putin al poder coincidió con el auge [demanda] de los productos básicos [materias primas] en todo el mundo. El espectacular aumento del precio del petróleo, del gas ruso y otros metales (2003-2013) permitió a la economía rusa de crecer a un ritmo rápido, mientras que el Estado ruso aumentaba la regulación y control de su economía, entonces pudo comenzar a restaurar también sus fuerzas armadas.
El éxito de Putin para poner fin a las formas más salvajes de saqueo de la economía y el restablecimiento de la soberanía de Rusia le hizo popular entre el electorado: fue entonces repetidamente reelegido por una amplia y sólida mayoría popular en el país.
Como Rusia se fue distanciando de las políticas dominadoras y colonizadoras que Occidente le imponía, como Rusia fue cambiando a los funcionarios corruptos o vendidos y eliminando todas los vicios y prácticas corruptas de la era Yeltsin, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) lanzaron una estrategia política hostil hacia Rusia de Putin, dicha estrategia diseñada con múltiples puntas de ataque, tenía como objetivo socavar la reputación y gobernanza del presidente Putin. Estados Unidos y la Unión Europea soñaban poder restaurar clones neoliberales al estilo Yeltsin, que sean dóciles y obedientes al poder Occidental para poder continuar con el saqueo.

Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) rusas financiadas por fundaciones estadounidenses que actuaban en realidad de manera encubierta para la CIA, lograron generar protestas callejeras masivas, esto para recrutar y fundar organizaciones electorales de oposición. Partidos políticos ultraliberales apoyados por Occidente compitieron sin éxito contra otros partidos locales en las elecciones nacionales en Rusia.
El Centro Carnegie una instituto financiado por Estados Unidos, conocido por ser un antro de la propaganda yanqui [2], produjo una extensa cantidad de folletos, revistas y otras publicaciones donde describía la política de Putin como «demoníacas», «autoritarias», de «persecución» contra los buenos oligárcas opositores y que Putin estaba planeando el regreso a una «economía de órden y mando estilo soviético».

Mientras Occidente trataba de restaurar la «Edad de Oro» del saqueo a través de otros sustitutos de manipulación interna, por otro lado proseguía con su agresiva política exterior destinada a eliminar a los aliados y socios comerciales de Rusia, especialmente en el Medio Oriente.
Estados Unidos invadió Irak, asesinó a Saddam Hussein y desmanteló el liderazgo del Partido Baas, poniendo en su lugar un régimen títere sectario pro-Washington, así eliminaron un aliado tradicional clave nacionalista de Moscú en la región.
Estados Unidos decretaró sanciones económicas contra Irán, un importante y lucrativo socio comercial petrolero de Rusia. Estados Unidos y la Unión Europea financian una insurgencia armada [terroristas islámicos] a gran escala para derrocar al presidente Bachar al-Assad en Siria, otro aliado importante de Rusia, y para privar a la Armada rusa de un puerto amigo en el Mediterráneo. Estados Unidos y la Unión Europea bombardearon a Libia, un importante socio petrólero y comercial de Rusia (y China), instalando allí un régimen cliente pro-occidental de tendencia islamista radical [Libia está actualmente sumergida en un total caos y anarquía, los grupos de fundamentalistas islámicos terroristas han tomado el poder con el apoyo de la OTAN, nota de la redacción].

La presión estadounidense contra Rusia se hizo sentir en el Cáucaso y en el Mar Negro, cuando el régimen de Georgia bajo la órbita de Washington invadió por sorpresa Osetia del Sur en 2008, un protectorado de Rusia, el ataque nocturno de Georgia mató a decenas de fuerzas de paz rusas y a cientos de civiles, este ataque fue repelido por una contraofensiva eficaz y aplastante por parte de Moscú.

En 2014, los ataques occidentales contra Rusia empezaron de nuevo, esta vez la estrategia es de aislar, cercar y eventualmente socavar cualquier posibilidad de un Estado independiente ruso [mediantes castigos económicos].
Estados Unidos financió entones un golpe de Estado cívico-militar en Ucrania para derrocar al gobierno elegido del presidente Viktor Yanukovitch, quien se había opuesto a la anexión [o incorporación] de Ucrania a la Unión Europea y su eventual afiliciación como miembro de la OTAN.
Washington impuso un nuevo régimen [fascista-neonazi] títere en Kiev, régimen profundamente hostil a Rusia y a los ciudadanos de origen étnico ruso-ucraniano en la región este del país donde son históricamente mayoría como en Crimea.
El no reconocimiento de Rusia a este golpe de Estado, el respaldo de Moscú a los ciudadanos rusos-ucranianos pero tambien ucrano-ucranianos que están a favor de un nuevo sistema político federalista y democrático [y que exigen eso al régimen fantoche de Kiev] en las regiones del este de Ucrania y Crimea sirvió de pretexto a Occidente para imponer sanciones comerciales contra Rusia, en un intento de socavar su industria, principalmente en los sectores del petróleo [energía], los bancos, los sectores manufactureros y paralizar así su economía.

Los estrategas imperialistas de Washington y Bruselas no respetaron y rompieron todos los acuerdos previos firmados con la Administración rusa del gobierno de Putin; por otro lado trataron de convencer y convertir a los oligarcas aliados cercanos de Putin para que se pongan encontra del presidente ruso, para ello amenazaron a dichos oligarcas de congelar, confiscar (pretextos no faltan cuando el dinero no es limpio o no declarado) sus tenencias, posesiones y otras fortunas personales colocadas en Occidente (generalmente fortunas invertidas en negocios en la Unión Europea) –especialmente sus cuentas bancarias, sus lavados de dinero y otras propiedades ocultas o bajo nombres de terceros. En lo que respecta a las empresas petroleras estatales rusas, que participaban conjuntamente con otras empresas petroleras multinacionales como lo son Chevron, Exxon y Total, fueron repentinamente aisladas de los mercados de capitales occidentales.

El impacto acumulativo de esta ola de sanciones de la ofensiva occidental –que ya tiene una década con estos objetivos– es decir el punto culminante buscado por Estados Unidos y la Unión Europea era provocar una recesión en Rusia, socavar su moneda (el rublo se redujo 23% en 2014), aumentar el costo de las importaciones rusas y causar el mayor daño posible a los consumidores locales .

La industria rusa, que depende de equipos y piezas extranjeras, así como las empresas petroleras rusas que dependen de la tecnología importada para efectuar la explotación de pozos de las reservas del Ártico se vieron afectadas por este embargo-bloqueo y guerra económica llena de sanciones impuestas por Occidente, todo esto a causa de la «intransigencia de Putin», quien se niega a doblegarse ante el dictado de Occidente.

A pesar de los éxitos a corto plazo de la guerra económica lanzada por Estados Unidos y la Unión Europea contra la economía rusa, la Administración Putin ha seguido siendo muy popular entre el electorado ruso, con índices de aprobación superior al 80%.

Las agrupaciones políticas rusas de oposición al presidente Putin, –es decir los grupos o líderes políticos pro-occidentales al interior de Rusia– han perdido toda credibilidad y sus panfletos acaban en la basura y sus discursos también pero en la basura de la historia.
Sin embargo, la política de sanciones occidentales y la política agresiva, es decir el cerco militar que la OTAN está implementando en las fronteras de Rusia, ha puesto a la luz las vulnerabilidades de Moscú.

La vulnerabilidad rusa: Las limitaciones que Putin enfrenta para proseguir con la restauración de la soberanía de Rusia



Después del saqueo de la economía rusa tanto por la oligarquía moscovita nacional como occidental y la degradación salvaje en la que se encontraba la sociedad rusa, el presidente Putin emprendió una estrategia compleja.

En primer lugar, hizo una diferencia entre oligarcas, aquellos oligarcas que son «políticos» [o que hacen política para sus propios intereses] y oligarcas que son «económicos»: en estos últimos encontró muchos oligarcas ricachones que estaban dispuestos a cooperar con su gobierno [con el nuevo gobierno de Putin] en la reconstrucción de la economía rusa, y estaban dispuestos a seguir complacientemente las directivas impuestas por el presidente Putin y meter la mano al bolsillo para ello.

Estos oligarcas «económicos» comprometidos con Putin conservaron su enorme poder económico y recibieron muchos beneficios y ganancias por su contribución a la reconstrucción de la economía rusa, pero a cambio de esto abdicaron a tener algún poder político. A todos ellos, Putin permitió que estos oligarcas «económicos» conservaran sus imperios empresariales dudosamente adquiridos.
Por el contrario, los oligarcas que buscaban el poder político y financiaban a los políticos de la era Yeltsin estuvieron en la mira de la administración Putin –algunos fueron despojados de sus fortunas– y otros fueron procesados por delitos que van desde el lavado de dinero, evasión de impuestos, estafas y transferencia ilegal de fondos en el extranjero, e incluso perseguidos por la justicia por el asesinato de sus rivales.

El segundo lugar, la estrategia económica-política de Putin a principios de su mandato fue la de profundizar la cooperación de Rusia con los Estados y las economías occidentales, sobre la base de un intercambio recípocro en los mercados comerciales y no sólo en beneficio de una parte, porque durante la era Yelsin la apropiación de los recursos rusos fue acaparada por Occidente. Putin buscaba asegurar una mayor integración política-militar con Estados Unidos y la Unión Europea para asegurar las fronteras y zonas de influencia de Rusia.

Con esta finalidad, el presidente Putin permitió la circulación sobre las rutas del territorio ruso de los suministros expedidos y destinados para las bases militares de las fuerzas armadas de Estados Unidos y la Unión Europea que participaban en la invasión y ocupación de Afganistán. Tampoco se opuso a las sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos contra Irán. Putin tampoco hizo mayor cosa cuando Estados Unidos invadió y ocupó Irak, a pesar de los estrechos lazos económicos permanentes entre Moscú y Bagdad. Por otro lado se unió a las 5 potencias que supervisan las conversaciones de «paz» en Palestina-Israel y se puso por un buen tiempo del lado de Washington e Israel. Incluso dio ingenuamente luz verde a los bombardeos de la OTAN en Libia, suponiendo que sería un asunto limitado, una intervención «humanitaria».

Como resultado de esta colusión [compañerismo] político y diplomático de Putin con la expansión militar de Washington y de la OTAN, el comercio de Rusia, la inversión y las finanzas con Occidente prosperaron. Empresas rusas levantaron préstamos en los mercados de capitales occidentales; los inversores extranjeros acudieron en masa a la bolsa de valores de Rusia y multinacionales formaron empresas mixtas con las empresas rusas. Las principales compañías de petróleo y gas florecieron. La economía rusa recuperó los niveles de vida de la era soviética; el gasto de los consumidores aumentó; el desempleo pasó de una cifra de dos dígitos a un solo dígito; sueldos y salarios atrasados se pagaron y centros de investigación, universidades, escuelas e instituciones culturales comenzaron a recuperarse.

En el tercer lugar de la estrategia de Putin viene la recuperación del Estado (renacionalización) del sector energético –petróleo y gas– un sector importante y estratégico para Moscú. Por compra y recompra directa de acciones y [de empresas], a través de auditorías financieras y la confiscación de los activos de los oligarcas mafiosos. Moscú volvió a tomar nuevamente el control de manera estatal del petróleo y gas ruso, esto fue una operación realizada con gran éxito. Estos sectores renacionalizado formaron empresas conjuntas con los gigantes petroleros occidentales y llevaron cuantiosas exportaciones de petróleo ruso en el transcurso del periódo de alta demanda mundial. Con el aumento de los precios del petróleo en la década de Putin, Rusia conoció un aumento de las importaciones impulsada por los consumidores rusos, importaciones de productos agrícolas, de joyería de lujo y autos ... Putin consolidó su posición política dentro de Rusia gracias al apoyo electoral popular y profundizó la «integración» de Rusia en los mercados occidentales.

La estrategia de expansión y de crecimiento económico de Putin estaba conectada exclusivamente hacia los mercados Occidentales, es decir la Unión Europea y Estados Unidos, no miraba hacia el este: Asia/China, ni tampoco miraba hacia el sur: América Latina.

Con este enfoque inicial del presidente ruso hacia «Occidente» enfoque táctico y exitoso en un principio, Putin comenzó a exponer sin querer las vulnerabilidades estratégicas de Rusia.

Las primeras señales evidentes de agresividad occidental fueron cuando estos lanzaron una campaña de apoyo a los oligarcas corruptos rusos, es decir una campaña anti-Putin, y los medios de comunicación comerciales de Occidente comenzaron a demonizar el sistema judicial ruso que procesaba y condenaba en justicia a un oligarca mafioso y gansteril como lo es Mijaíl Jodorkovski.
La segunda señal de agresividad de Occidente fue el apoyo financiero y político de Estados Unidos y de la Unión Europea a los neoliberales de la era Yeltsin, que comenzaron a competir polticamente contra los candidatos del partido Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin... Se hizo evidente que el esfuerzo de Putin para restaurar la soberanía rusa entraba en conflicto con los planes de Occidente que busca mantener a Rusia como un Estado vasallo.
Occidente sigue añorando los años dorados de pillaje desenfrenado y de dominación de la economía rusa de la era Yeltsin y por eso detestan la era Putin, aquella de una Rusia independiente y dinámica, por tal razón tratan de desprestigiar constantemente al presidente de Rusia comparándolo a la extinta Unión Soviética y al KGB.

En 2010, Estados Unidos apoyó y empujó a uno de los presidentes-clientes que controla, el presidente georgiano Saakashvili de Georgia, para que invadiera militarmente Osetia del Sur, un protectorado [territorial] de Rusia. Esta fue la primera indicación o señal importante que la interacción de Putin con Occidente era también contraproducente. Las fronteras territoriales de Rusia, la de sus aliados y las zonas de influencia rusas se han transformado en objetivos codiciados por Occidente. Estados Unidos y la Unión Europea condenaron la respuesta defensiva de Rusia, incluso después que Moscú retirara sus tropas de Georgia y aplicarle una buena paliza.

La corta guerra de Rusia contra Georgia fue un ensayo militar de Occidente, una especie de ensayo bélico de varios disparos y bombas financiada, aprobada, planificada por Estados Unidos y la Unión Europea; otras veces estos tipos de intervenciones militares reciben el nombre de «revoluciones de color» y otras veces de «intervenciones humanitarias» de la OTAN.
Yugoslavia, país en los Balcanes, fue desmantelada como República Federal por los bombardeos de la OTAN y Ucrania ha experimentado estos últimos tiempos varias «revoluciones de color» para llegar hoy a una sangrienta guerra civil.
Washington y Bruselas han interpretado erroneamente las diversas medidas de conciliación propuestas por el presidente Putin como signos de debilidad de parte de Rusia y se han sentido con las manos libres y el permiso necesario para invadir [controlar] más territorios cerca de la frontera rusao o para derrocar a los gobiernos amigos de Rusia.

A mediados de la segunda década del nuevo siglo XXI, los Estados Unidos y la Unión Europea tomaron una importante decisión estratégica para debilitar la seguridad de Rusia y su soberanía económica: tomar el control de Ucrania, expulsar a Rusia de su base naval del Mar Negro en Crimea y convertir a Ucrania en un puesto de avanzada militar de la OTAN; por otro lado cortar los vínculos económicos de este de Ucrania [región étnicamete rusofona] con Rusia — especialmente el mercado estratégico de armamento militar ruso para con Ucrania.
Este golpe fue financiado por Occidente, mientras que las bandas armadas de extrema derecha y grupos de choque neonazis las proporcionaron los radicales de Ucrania [en colaboración con los servicios secretos occidentales]. La junta [gobernante neofascista] de Kiev organizó una guerra de conquista dirigida para eliminar a los anti-golpistas, a los federalistas, a las fuerzas pro-democracia en la región sureste [y este de Ucrania],en la rica región del Donbas con su mayoría étnica rusa y sus lazos [económicos] con la industria pesada a Rusia.

Cuando Putin reconoce finalmente el grave peligro para la seguridad nacional de Rusia, su gobierno respondió con la anexión de Crimea después de un referéndum popular y comenzó a ofrecer corredores y otras líneas de ayuda y de suministros para los federalistas asediados en el este de Ucrania que se oponen al régimen [neofascista] de Kiev.
Entonces Occidente comenzó aprovecharse de las vulnerabilidades de la economía rusa, vulnerabilidades que resultan del modelo de desarrollo económico de Putin, e impuso a Moscú una amplio lista de sanciones económicas destinadas a paralizar la economía de Rusia.


Las sanciones de Occidente 
y los puntos débiles de Rusia: 
Repensar el enfoque estratégico de Putin



La agresividad militar de Occidente y las sanciones contra Rusia han puesto a la vista varias vulnerabilidades o puntos débiles de la estrategia económica y política de Putin.
Estos incluyen:
Su dependencia exclusiva en los mercados occidentales conducida por los «oligarcas económicos» para promover su estrategia de crecimiento económico de Rusia;
Su aceptación de la mayoría de las privatizaciones de la era Yeltsin;
Su decisión de centrarse en el comercio con Occidente, ignorando el mercado de China;
Su aceptación de adoptar principalmente una estrategia de exportación de gas y petróleo en lugar de desarrollar una economía diversificada;
Su dependencia hacia sus aliados los oligarcas barones ladrones –sin experiencia real en el desarrollo de la industria, que no cuentan con verdaderas habilidades financieras ni técnicas, con escasa experiencia tecnológica, sin conocimientos en conceptos de marketing –para poder restaurar, renovar, innovar y ejecutar un sector manufacturero de avanzada. A diferencia de los chinos, los oligarcas rusos han sido totalmente dependientes de los mercados occidentales, sea para las finanzas [colocar sus millones en bancos en Occidente], sea para la tecnología y han hecho muy poco para desarrollar el mercado [interior] nacional ruso; nada han hecho para implementar la autofinanciación mediante la reinversión de sus utilidades o mejorar la productividad a través de la tecnología rusa y la investigación. Nada de esto han hecho los oligarcas.

Frente a las sanciones occidentales, el punto más débil de Putin para poder dar una respuesta contundente curiosamente son oligarcas-aliados, y este punto débil incapacita a Rusia en la formulación de una respuesta eficaz a la agresión occidental.
Estos oligarcas-aliados presionan a Putin para que ceda y acepte lo que Washington está exigiendo; al mismo tiempo suplican a los bancos occidentales para que sus cuentas y propiedades estén libres o exentas de las sanciones occidentales. Están desesperados por proteger sus bienes en Londres y Nueva York. En una palabra, están apurados y desesperados por que el presidente Putin llegue rápidamente a un acuerdo con la Junta [neofascista] de Kiev y abandone a los luchadores federalistas rusos-ucranianos que exiguen libertad y democracia en el sureste y este de Ucrania. Y presionan a Putin para ello.

Esto pone en relieve la contradicción dentro de la estrategia de Putin de trabajar con los oligarcas «económicos», que estuvieron de acuerdo desde un principio en no oponerse a Putin en Rusia, mientras que iban transferiendo sus riquezas masivamente a los bancos occidentales, invirtiendo sus millones en bienes raíces de lujo en Londres, París y Manhattan y creando vínculos, amistades y lealtades [con grupos de poder] fuera de Rusia.

En efecto, estos «oligarcas económicos» están hoy en día estrechamente vinculados a los enemigos políticos actuales de Rusia [los banqueros y otros grupos de poder occidentales que están lanzando las sanciones económicas contra Rusia actualmente].
Fue un éxito táctico de Putin en un principio el de aprovechar la «ayuda» de los oligarcas en su proyecto de crecimiento a través de la estabilidad pero paradójicamente esto se ha convertido hoy en una debilidad estratégica en la defensa del país contra las represalias económicas occidentales agobiantes.

La decisión de Putin de aceptar las privatizaciones [gángsteres] de la era Yeltsin proporcionó una cierta estabilidad en el corto plazo, pero también provocó la huida masiva de capital privado ruso al extranjero en lugar que estos fondos permanecieran en el país para ser invertidos en proyectos destinados a asegurar una mayor autosuficiencia.
Hoy en día la capacidad del gobierno ruso para movilizar y convertir su economía en un motor de crecimiento para soportar la presión imperial de las sanciones económicas impuestas abusivamente a Rusia es mucho más débil porque la totalidad de la economía ya no está bajo un mayor control estatal.
Putin pasará por momentos difíciles, tratando de convencer a los propietarios privados de las principales industrias rusas de que deben hacer sacrificios –están demasiado acostumbrados a recibir favores, subvenciones y contratos gubernamentales. Además, como sus contrapartes financieras [socios o asociados] en Occidente hacen presión, apuran los rusos para los pagos de deudas y niegan al mismo tiempo nuevos créditos, las élites privadas rusas amenazan con declararse en quiebra o despedir trabajadores para reducir gastos o simplemente recortar la producción.

La creciente ola de intervenciones militares occidentales en las fronteras de Rusia, la larga lista de promesas incumplidas de Estados Unidos y la Unión Europea sobre la no incorporación de los países de Europa del Este al bloque militar de la OTAN, el bombardeo y destrucción de Yugoslavia en la década de los 90, todo esto debió haber demostrado y servido de ejemplo al presidente Putin para que darse cuenta de que ninguna cantidad de concesiones unilaterales hechas a favor de Occidente iba permitir que Rusia fuese aceptada o considerada como un buen socio.
Washington y Bruselas han estado siempre firmes en su estrategia para rodearla militarmente y mantener a Rusia como un Estado-cliente.

En lugar de seguir desarrollando exclusivamente relaciones con Occidente (es decir con el oeste de Europa (esencialmente la Unión Europea y Estados Unidos) y de ofrecer apoyo indirectamnte a las guerras estadounidenses de la OTAN, Rusia habría estado en una posición mucho mejor para resistir hoy las sanciones y amenazas militares actuales si hubiese diversificado y orientado su economía también hacia los mercados de Asia, especialmente hacia China, con su dinámico crecimiento económico y la expansión del mercado interno, la capacidad de inversión y la creciente competencia técnica.
Es evidente que la política exterior de China no ha tenido los mismos problemas que afronta Rusia; China no ha tenido agresiones militares cerca de sus fronteras y los aliados de China tampoco han sido atacados, ni invadidos, ni implicados en guerras, como lo han sido los aliados de Rusia.
A pesar que Rusia ha reaccionado ahora para aumentar los lazos económicos con Asia frente a las crecientes amenazas de la OTAN, una gran cantidad de tiempo y de resultados se han perdido en los últimos 15 años.
Tomará otra década para reorientar la economía rusa, con sus principales industrias todavía controladas en gran parte por los oligarcas mediocres y cleptócratas, vestigios de la época de Yeltsin.

Con el cierre de los mercados occidentales (europeos de la Unión Europea y de los Estados Unidos principalmente), Putin ha tenido que “volverse” hacia China y también hacia otros países de Asia y América Latina para encontrar nuevos mercados y socios económicos.
Pero su estrategia de crecimiento sigue dependiendo sbre todo de las exportaciones de petróleo y gas y hoy la mayor parte de los líderes empresariales de Rusia, managers, ejecutivos-dueños no son verdaderos empresarios emprendedores capaces de desarrollar nuevos productos innovadores y competitivos, de implantar nueva tecnología e insumos de Rusia y la capacidad para identificar nuevos mercados rentables. Esta generación de líderes empresariales rusos no construyó sus imperios o conglomerados económicos del «abajo hacia arriba» –sino que se apoderaron y saquearon los activos del sector público estatal, y su riqueza creció gracias a contratos con el Estado y la protección de este.
Moscú les pide ahora encontrar nuevos mercados alternativos en el extranjero, para innovar, competir y sustituir su dependencia de la maquinaria alemana.

La mayor parte de la «casta capitalista industrial» de Rusia no es de verdaderos empresarios. Son más bien como una banda de compinches coleccionistas adinerados que no saben que hacer con sus millones, orientados y seducidos exclusivamente por Occidente.
Sus orígenes son a menudo el sector mafioso-gansgteríl, como «señores de la guerra», «fuertes en negocios por la fuerza» y que desde un principio supieron muy bien como eliminar a sus rivales de los sorteos de bienes públicos y estatales de la década de los años 1990.
Si bien estos oligarcas han tratado de ganar respetabilidad después de consolidar sus imperios económicos gracias a los servicios de agencias de relaciones públicas contratadas para pulir sus imágenes y dotarse de consultores económicos para asesorarles sobre las inversiones, nunca demostraron ninguna capacidad para hacer crecer sus empresas o transformarlas en empresas competitivas.
En vez de ello, se mantuvieron totalmente dependientes del capital, la tecnología y las importaciones provenientes de Occidente y de las subvenciones de la administración de Putin, que ellos controlaban o beneficiaban.

Los llamados «capitalistas» rentistas rusos contrastan agudamente con los empresarios públicos y privados chinos dinámicos –que pidieron prestada la tecnología del extranjero, tomaron eso prestado de Estados Unidos, Japón, Taiwán y Alemania, adaptando y mejorando la tecnología y ahora están produciendo equipamiento altamente competitivo y avanzado. Cuando las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea entraron en vigor, la industria rusa resultó incapaz de sustituir la importación extranjera por la producción local y el presidente Putin tuvo que concertar acuerdos comerciales de importación con China y con otras fuentes para obtener los insumos que Rusia necesita.

El mayor defecto estratégico en la estrategia económica de Putin fue su decisión de concentrarse mayoritariamente en las exportaciones de gas y petróleo hacia el mercado de Occidente como su «motor de crecimiento». Esto dio lugar a la dependencia rusa de los altos precios de las exportaciones de materias primas y de productos energéticos hacia los mercados occidentales. Teniendo eso en la mente, Estados Unidos y la Unión Europea explotaron la vulnerabilidad de Rusia favoreciendo la caída del precio del petróleo y su dependencia de la tecnología occidental para la extracción de petróleo, así como la paralización de creación de empresas mixtas (rusas con occidentales).

La política de Putin se ha basado en una visión de integración económica con Occidente junto con una mayor cooperación de relaciones políticas con las potencias de la OTAN. Estos proyectos de Putin se han desmoronado ante la marcha de los acontecimientos:

La cooperación de Estados Unidos y la Unión Europea fue por su lado táctica y calculadora, dependiendo de las concesiones asimétricas hechas unilateralmente por parte de Rusia hacia ellos –especialmente la constante disposición de Rusia a sacrificar a sus aliados tradicionales en los Balcanes, Oriente Medio, norte de África y especialmente en el Cáucaso– únicamente para seguir manteniendo buenas relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea.
En cuanto Rusia comenzó a hacer valer sus propios intereses, Occidente se volvió hostil y se dispuso a empezar una confrontación. Desde que Rusia se opuso al régimen golpista en Kiev, el objetivo principal de Occidente ha sido el derrocamiento de Putin en Rusia.
La ofensiva Occidental en curso contra Rusia actualmente no es una fase pasajera, o algo que se va a terminar pronto, no! Es el comienzo de una prolongada e intensificada confrontación económica y política.

Aunque Rusia es vulnerable, lo cierto es que dispone de los medios, de los recursos y de la capacidad para resistir, de defender y promover su seguridad nacional así como su economía.

¿Qué se debe hacer?



 En primer lugar y ante todo Rusia debe diversificar su economía; debe industrializar sus propias materias primas e inyectar grandes inversiones para sustituir las importaciones occidentales con productos manufacturados locales. Si bien el intercambio comercial firmado recientemente con China es un paso positivo, no deben repetirse los mismos errores cometidos con Occidente, es decir convertirse en un simple proveedor de energía (gas y petróleo) porque sería repetir el msmo patrón comercial que ha hecho con Estados Unidos y la Unión Europea.

 En segundo lugar, Rusia debe volver a nacionalizar su sistema bancario, el comercio exterior y las industrias estratégicas del país, eliminando todas las lealtades politico-económicas dudosas de cierta clase social, poniendo fin al comportamiento rentista de la clase actual con graves signos de disfunción «capitalista» privada. El gobierno de Putin debe pasar de la era de los oligarcas a la era de los tecnócratas; pasar de la era de pensionistas a la era de los empresarios (modernos, innovadores y buenos admistradores creativos); pasar de los especuladores que ganan su dinero en Rusia –pero lo invierten o lo gastan en Occidente– para crear en lo adelante empresas co-particitivas entre trabajadores-técnicos e inversores, en una palabra, debe profundizar el carácter nacional, público, y productivo de la economía.

Sobre los oligarcas que permanecen en Rusia, no podemos creer que sus simples declararaciones de lealtad hacia la administración del presidente Putin bastan para verlos como verdaderos y legítimos agentes económicos de los intereses rusos en el apís. Por lo general, los oligarcas han dejado de invertir en Rusia, transfirieron su riqueza y con ello han puesto en tela de juicio la autoridad legítima del Estado ruso en el extranjero, bajo la presión de las sanciones económicas occidentales.

Rusia necesita una nueva revolución económica y política –en la que el gobierno reconoce a Occidente como una grave amenaza imperial y pueda apoyarse sobre una clase obrera rusa organizada y capacitada, no en una banda de dudosos oligarcas.

La administración de Putin demostró tener la capacidad para sacar a Rusia del abismo donde se estaba sumergida en los años 1990 y ha sabido también inculcar la dignidad y la autoestima entre los rusos, tanto al interior del país como en el extranjero. También se ha enfrentado inteligentemente a la agresión de Occidente en Ucrania. A la luz de estos hechos, el presidente Putin tienen todo el interés de avanzar y comenzar a desmantelar el Estado cleptómano que todavía subsiste de la era Yeltsin en la economía rusa y debe comenzar a reindustrializar, diversificar y desarrollar la economía nacional rusa, con alta tecnología para gozar de una economía diversificada.
Pero sobre todo Rusia necesita crear nuevas formas democráticas populares de democracia para sustentar la transición a un Estado seguro, antiimperialista y soberano.
El presidente Putin cuenta con el respaldo de la gran mayoría del pueblo ruso; Putin cuenta con extraordinarios científicos y profesionales; Putin tiene aliados en China y entre los países del movimiento de los BRICS; y sobre todo, Putin tiene la voluntad y cuenta con el poder, con la bendición de la población [y la aprobación ética y moral] de «hacer lo correcto».

La pregunta sigue siendo si Putin tendrá éxito en esta nueva misión histórica, o si, por miedo o indecisión, Putin capitularía ante las amenazas agresivas de un Occidente decadente y peligroso.


sábado, 5 de abril de 2014

Captagón: alimento extremista




Mientras la prensa de Occidente y de las monarquías del Golfo sugieren que los yihadistas se inspiran fundamentalmente en la lectura del Corán, en Siria los hechos están demostrando que se drogan con Captagón.

En 2 días, el Ejército Árabe Sirio ha interceptado un auto repleto de pastillas de Captagón y un camión cisterna que transportaba una tonelada de tabletas de esa droga.

El Captagón (fenetilina) es una anfetamina que provoca un estado de euforia e insensibilidad al dolor. Mezclado con otras drogas, como el hachís, el Captagón forma parte de la ración alimenticia básica de los yihadistas, quienesse vuelven así insensibles a su propio sufrimiento y al que causan a los demás. Su uso los vuelve capaces de enfrentar las peores privaciones y de cometer las peores atrocidades.

Contrariamente a una idea muy extendida, la motivación fundamental de los yihadistas no es de índole religiosa sino la búsqueda de placeres inmediatos. Las principales fuentes de reclutamiento son la delincuencia de poca monta y las cárceles.

Fabricado en 2011 por la OTAN en un laboratorio situado en Bulgaria, el Captagón se produce actualmente en todo el Medio Oriente, incluso en territorio sirio.

jueves, 20 de marzo de 2014

Nuevo Gladio en Ukrania

por Manlio Dinucci

Haciendo un rápido recuento sobre el golpe de Estado de Kiev y las informaciones que hemos venido publicando durante el desarrollo de los acontecimientos, Manlio Dinucci describe el dispositivo de Estados Unidos y la OTAN tal y como se perfila en este momento: un nuevo «Gladio», o sea una estructura militar secreta capaz de manipular los acontecimientos políticos.
Parafraseando una célebre serie estadounidense: «El Pentágono negará tener conocimiento de lo que usted haga…»



Haciéndose llamar «Delta», este veterano de las fuerzas armadas israelíes dirige un comando militar durante el golpe de Estado de Kiev.


u nombre de guerra es «Delta». Es uno de los jefes militares de la «revolución ucraniana» aunque, como él mismo declara, no se siente ucraniano. Bajo el casco lleva la kipá. La historia nos la cuenta la agencia de prensa judía –con sede en Nueva York– después de haberlo entrevistado bajo condiciones de anonimato, fotografiándolo en uniforme de camuflaje y chaleco blindado, con el rostro cubierto por gafas oscuras y una bufanda negra [1].

Delta es un veterano del ejército de Israel, especializado en combate urbano en la brigada de infantería Givati, fuerza que participó en la operación «Plomo Fundido» y en otras acciones contra Gaza, como la masacre de civiles perpetrada en el barrio Tel el-Hawa. A su regreso a Ucrania, hace varios años y como hombre de negocios, formó y entrenó –con otros ex militares israelíes el pelotón «Cascos azules de Maidan», aplicando en Kiev las técnicas de combate urbano ya puestas a prueba en Gaza.

Su pelotón, según declara Delta a la JTA, está a las órdenes de Svoboda, un partido que detrás de su nueva fachada conserva su matriz neonazi. Precisamente para tranquilizar a los judíos ucranianos que se sienten amenazados por los neonazis, Delta afirma que la acusación de antisemitismo que pesa sobre Svoboda es una «idiotez».

La presencia en Ucrania de especialistas militares israelíes se confirma con la información, proveniente de la JTA y de otras agencias judías, de que varios heridos en los enfrentamientos con la policía en Kiev fueron enviados de inmediato a hospitales israelíes, por supuesto, para impedir que alguien pudiera revelar identidades incómodas. Como las identidades de la gente que entrenó y armó a los francotiradores que, con los mismos fusiles de precisión, dispararon en la plaza Maidan contra los manifestantes al mismo tiempo que contra los policías –alcanzados casi todos en la cabeza.

Estos hechos arrojan una luz nueva sobre la manera como se preparó y se realizó el golpe de Estado de Kiev. Bajo la dirección de Estados Unidos y la OTAN, a través de la CIA y de otros servicios secretos, se procedió al reclutamiento, financiamiento, entrenamiento y entrega de armas a los militantes neonazis que asaltaron los edificios gubernamentales en Kiev, antes de pasar a ser institucionalizados como «Guardia Nacional».

Documentos fotográficos que circulan en estos días muestran a jóvenes militantes neonazis ucranianos de UNA-UNSO entrenados en 2006 en Estonia por instructores de la OTAN que les enseñan técnicas de combate urbano y utilización de explosivos para la realización de sabotajes y atentados. [2].

Es exactamente lo mismo que ya hizo la OTAN en tiempos de la guerra fría para garantizar la formación de la estructura paramilitar secreta que hoy se conoce como «stay-behind », bajo el código «Gladio» [3]. Esa estructura también estuvo activa en Italia, donde se entrenaron –en Camp Darby, base estadounidense cercana a la ciudad de Pisa, y en otras bases– diversos grupos neofascistas que se prepararon para la realización de atentados y de un posible golpe de Estado. Una estructura militar análoga fue creada y utilizada ahora en Ucrania, recurriendo también a la participación de especialistas israelíes.

Pero el golpe de Estado no habría tenido éxito si la OTAN no hubiese garantizado previamente la complicidad de la jerarquía militar ucraniana formándola durante años en el NATO Defense College y en el marco de «operaciones de paz» dirigidas por la alianza atlántica. No es difícil intuir que, detrás de la red oficial, se haya conformado una red secreta. Y fue así como las fuerzas armadas ucranianas obedecieron la orden de la OTAN de «mantenerse neutrales» mientras se desarrollaba el golpe de Estado. Posteriormente, quienes asumieron la dirección de esas fuerzas armadas fueron Andrei Parubiy, cofundador del partido nacional socialista rebautizadoSvoboda, quien fue nombrado secretario del Comité de Defensa Nacional y, ahora en traje de ministro de Defensa, el contralmirante Igor Tenjukh, vinculado a Svoboda.

Lo más probable es que ya esté en marcha la campaña de depuración (o de eliminación) de los oficiales considerados no confiables. Mientras tanto, la OTAN, que de hecho ya se anexó Ucrania, declara que el referéndum en Crimea es «ilegal e ilegítimo».



[1] «Militares israelíes en Maidan», Red Voltaire, 3 de marzo de 2014.

[2] «Manifestantes de Maidan fueron entrenados por la OTAN en 2006», Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.

[3] Ver el libro de referencia Les Armées Secrètes de l’OTAN, por Daniele Ganser, Editions Demi-lune. Disponible (en francés) para sucompra por correspondencia en librería de la Red Voltaire. Igualmente disponible (en español) por capítulos en Voltairenet.org

sábado, 15 de marzo de 2014

Resolución del Parlamento Europeo sobre la invasión de Ucrania por Rusia; otro ejercicio de hipocresía cínica extrema

Si esto no es una declaración de enemistad contra Rusia, por no llamarlo de preámbulo de guerra o de chantaje, no sé qué es:


Invasión de Ucrania por Rusia

El Parlamento Europeo,

Vistas sus anteriores Resoluciones sobre la política europea de vecindad, sobre la Asociación Oriental y sobre Ucrania, en particular la de 27 de febrero de 2014 sobre la situación en Ucrania ,
Vista su Resolución, de 12 de diciembre de 2013, sobre los resultados de la Cumbre de Vilna y el futuro de la Asociación Oriental, en particular en relación con Ucrania ,
Vista su Resolución, de 6 de febrero de 2014, sobre la Cumbre UE-Rusia ,
Vistas las conclusiones de la reunión extraordinaria del Consejo de Asuntos Exteriores sobre Ucrania, celebrada el 3 de marzo de 2014,
Vista la declaración del Consejo del Atlántico Norte de 4 de marzo de 2014,
Vista la declaración de los Jefes de Estado o de Gobierno sobre Ucrania tras la reunión extraordinaria del Consejo Europeo sobre Ucrania el 6 de marzo de 2014,
Visto el artículo 2, apartado 4, de la Carta de las Naciones Unidas,
Visto el artículo 110, apartados 2 y 4, de su Reglamento,

A. Considerando que el acto de agresión por parte de Rusia al invadir Crimea constituye una violación de la soberanía y de la integridad territorial de Ucrania, es contrario al Derecho internacional y contraviene las obligaciones de Rusia como firmante del Memorando de Budapest sobre garantías de seguridad para Ucrania, que garantiza el respeto de la integridad territorial y la soberanía de Ucrania;

B. Considerando que individuos armados prorrusos y soldados rusos han ocupado edificios clave en Simferopol, capital de Crimea, así como importantes instalaciones ucranianas y objetivos estratégicos en Crimea, entre ellos, al menos, tres aeropuertos; que la mayoría de las unidades militares ucranianas en la península han sido rodeadas pero se han negado a entregar sus armas; que desde el inicio de la crisis se ha desplegado en Ucrania un número importante de soldados rusos;

C. Considerando que los argumentos esgrimidos por los dirigentes rusos para justificar esta agresión carecen de todo fundamento y no guardan relación alguna con la situación sobre el terreno pues no se han producido casos de ataque o de intimidación a ciudadanos rusos o de etnia rusa en Crimea;

D. Considerando que las autoridades autoproclamadas e ilegítimas de Crimea decidieron el 6 de marzo de 2014 solicitar la incorporación de Crimea a la Federación de Rusia y convocaron un referendo para el 16 de marzo de 2014 sobre la secesión de Crimea de Ucrania, con lo que vulneran tanto la Constitución de Ucrania como la de Crimea;

E. Considerando que el Primer Ministro ruso ha anunciado planes para aplicar procedimientos rápidos a fin de que los habitantes de habla rusa en países extranjeros obtengan la nacionalidad rusa;

F. Considerando que el 1 de marzo de 2014, el Consejo de la Federación de la Federación de Rusia autorizó el despliegue de sus fuerzas armadas en Ucrania con el fin de proteger los intereses de Rusia y de los habitantes de habla rusa en Crimea y en todo el país;

G. Considerando que son necesarios una enérgica acción diplomática internacional a todos los niveles y un proceso negociado para calmar la situación, rebajar tensiones, evitar que la crisis se agrave hasta quedar fuera de control y garantizar una salida pacífica; que la UE debe responder de forma eficaz a fin de permitir que Ucrania ejerza plenamente su soberanía y su integridad territorial libre de presiones exteriores;

H. Considerando que los veintiocho Jefes de Estado y de Gobierno de la UE lanzaron una seria advertencia acerca de las consecuencias de las acciones rusas y tomaron la decisión de interrumpir las conversaciones bilaterales con Rusia en materia de visados y las negociaciones sobre un nuevo Acuerdo de Colaboración y Cooperación, así como de suspender la participación de las instituciones de la UE en los preparativos de la Cumbre del G-8 que ha de tener lugar en Sochi en junio de 2014;

1. Condena firmemente el acto de agresión por parte de Rusia al invadir Crimea, que forma parte inseparable de Ucrania, tal y como reconocen la Federación de Rusia y la comunidad internacional; pide una rápida disminución de la tensión mediante la retirada inmediata de todas las fuerzas militares presentes de forma ilegal en el territorio de Ucrania y exige el pleno respeto del Derecho internacional y de las obligaciones contraídas vigentes;

2. Recuerda que estas acciones son una clara vulneración de la Carta de las Naciones Unidas, del Acta Final de Helsinki de la OSCE, del Estatuto del Consejo de Europa, del Memorando de Budapest de 1994 sobre garantías de seguridad, del Tratado bilateral de 1997 sobre Amistad, Cooperación y Asociación, del Acuerdo de 1997 sobre el estatuto y las condiciones para la presencia de la flota rusa del mar Negro en territorio de Ucrania y de las obligaciones internacionales de Rusia; considera que las acciones emprendidas por Rusia suponen una amenaza para la seguridad de la UE; lamenta la decisión de la Federación de Rusia de no asistir a la reunión sobre la seguridad de Ucrania convocada por los firmantes del Memorando y prevista para el 5 de marzo de 2014 en París;

3. Destaca que la integridad territorial de Ucrania ha sido garantizada por Rusia, los Estados Unidos y Gran Bretaña en el Memorando de Budapest firmado con Ucrania, y señala que, en virtud de la Constitución de Ucrania, la República Autónoma de Crimea solo puede organizar referendos sobre asuntos locales y no sobre la modificación de las fronteras de Ucrania reconocidas internacionalmente; subraya que un referendo sobre la cuestión de la adhesión a la Federación de Rusia se consideraría, por consiguiente, ilegítimo e ilegal, como lo sería cualquier otro referendo que contraviniese la Constitución de Ucrania y el Derecho internacional; adopta la misma posición con respecto a la decisión de las autoridades ilegítimas y autoproclamadas de Crimea de proclamar la independencia el 11 de marzo de 2014;

4. Destaca la necesidad de que la UE y sus Estados miembros se dirijan a Rusia con una sola voz y apoyen el derecho de una Ucrania unida a decidir libremente su futuro; celebra, por tanto, y apoya firmemente la Declaración conjunta de la Cumbre Europea extraordinaria de 6 de marzo de 2014, que condenó los actos de agresión de Rusia y apoyó la integridad territorial, la unidad, la soberanía y la independencia de Ucrania; pide una cooperación transatlántica estrecha en lo que se refiere a los pasos que conduzcan a una resolución de la crisis;

5. Condena, por ser contraria al Derecho internacional a los códigos de conducta, la doctrina oficial rusa con arreglo a la cual el Kremlin reclama el derecho de intervenir por la fuerza en Estados soberanos vecinos a fin de «proteger» la seguridad de los compatriotas rusos que viven en ellos; señala que tal doctrina equivale a usurpar unilateralmente la posición de árbitro supremo del Derecho internacional y se ha utilizado como justificación para múltiples actos de intervención política, económica y militar;

6. Recuerda que en el referendo nacional sobre la independencia celebrado en Ucrania en 1991, la mayoría de la población de Crimea votó a favor de la independencia;

7. Reafirma su convicción de que el establecimiento de un diálogo constructivo es la mejor forma de avanzar hacia la solución de cualquier conflicto y de lograr una estabilidad a largo plazo en Ucrania; elogia la gestión responsable, moderada y contenida del Gobierno ucraniano en esta grave crisis, en la que están en juego la integridad territorial y la soberanía del país; pide a la comunidad internacional que respalde y apoye enérgicamente a Ucrania;

8. Rechaza el objetivo aducido por Rusia de proteger a la población de habla rusa de Crimea pues carece de todo fundamento, ya que no corría ni corre peligro alguno ni se enfrenta a ningún tipo de discriminación; rechaza firmemente la difamación de los manifestantes contra la política de Yanukóvich, tildados de fascistas por la propaganda rusa;

9. Aboga por una solución pacífica a la actual crisis y por el pleno respeto a los principios del Derecho internacional y a las obligaciones contraídas en virtud de este; estima que la situación debe moderarse y seguir apaciguándose con el fin de evitar una confrontación militar en Crimea;

10. Destaca la importancia fundamental que revisten la observación y la mediación internacionales; pide a las instituciones de la UE y a los Estados miembros que estén preparados para agotar todas las vías diplomáticas y políticas posibles y para trabajar sin descanso con todas las organizaciones internacionales pertinentes, tales como las Naciones Unidas, la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa y el Consejo de Europa, a fin de garantizar una solución pacífica, que debe basarse en la soberanía y la integridad territorial de Ucrania; pide, por tanto, el despliegue de una misión de observación de la OSCE en toda regla en Crimea;

11. Saluda la iniciativa de establecer un grupo de contacto bajo los auspicios de la OSCE, pero lamenta que grupos armados hayan impedido la entrada en Crimea de la misión de observación de la OSCE el 6 de marzo de 2014; critica a las autoridades de Rusia y a las autoproclamadas autoridades de Crimea por no colaborar con la misión de observación de la OSCE ni permitir a sus miembros el pleno acceso a la región en condiciones de seguridad;

12. Lamenta que el Enviado Especial del Secretario General de las Naciones Unidas a Crimea se viera obligado a poner fin a su misión de forma prematura tras las violentas amenazas de las que fue objeto;

13. Opina que determinados aspectos del acuerdo del 21 de febrero de 2014, que negociaron tres Ministros de Asuntos Exteriores en nombre de la UE pero fue incumplido por Yanukóvich, que no lo respetó al firmar la nueva ley constitucional, podrían todavía ayudar a salir de la situación actual de bloqueo; estima, no obstante, que nadie puede negociar ni aceptar soluciones que menoscaben la soberanía y la integridad territorial de Ucrania, y reafirma el derecho fundamental del pueblo de Ucrania a decidir libremente el futuro de su país;

14. Toma nota con gran preocupación de los informes que indican que individuos armados están marcando las casas de los tártaros ucranianos en zonas de Crimea donde conviven tártaros y rusos; señala que los tártaros de Crimea, que volvieron a su patria a raíz de la independencia de Ucrania tras haber sido deportados por Stalin, han estado pidiendo a la comunidad internacional que apoyara la integridad territorial de Ucrania y un acuerdo jurídico y político global sobre la restablecimiento de sus derechos como pueblo indígena de Crimea; pide a la comunidad internacional, a la Comisión y al Consejo, a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y al Representante Especial de la Unión Europea para los Derechos Humanos que protejan los derechos de esta y de otras comunidades minoritarias de la península de Crimea; exige una investigación completa de la intimidación a judíos y de los ataques a lugares religiosos judíos tras la invasión de Crimea;

15. Celebra el compromiso del Gobierno ucraniano con un ambicioso programa de reformas que incluye cambios políticos, económicos y sociales; acoge, por tanto, con satisfacción la decisión de la Comisión de conceder a Ucrania un paquete de apoyo financiero a corto y medio plazo por valor de 11 000 millones EUR con el fin de ayudar a estabilizar la situación económica y financiera del país; espera que el Consejo y la Comisión presenten en el plazo más breve posible, junto con el FMI, el Banco Mundial, el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, el Banco Europeo de Inversiones y otros países, un paquete de apoyo financiero sólido a largo plazo a fin de ayudar a Ucrania a hacer frente al deterioro de su situación económica y social, y que faciliten apoyo económico para acometer las necesarias reformas exhaustivas y profundas de la economía ucraniana; recuerda la necesidad de organizar y coordinar una conferencia internacional de donantes que debe convocar la Comisión y que debe reunirse en el plazo más breve posible; pide al FMI que evite la imposición de medidas de austeridad insoportables, por ejemplo rebajar el nivel de las subvenciones a la energía, que agravarían aún más la ya difícil situación socioeconómica del país;

16. Pide a la Comisión y a los Estados miembros, junto con el Consejo de Europa y la Comisión de Venecia, que faciliten, además de ayuda financiera, asistencia técnica en lo que respecta a la reforma constitucional, el fortalecimiento del Estado de Derecho y la lucha contra la corrupción en Ucrania; confía en que se cree un historial favorable en este sentido, y subraya que el Maidán y todos los ucranianos están esperando un cambio radical y un sistema de gobierno adecuado;

17. Solicita que se organicen elecciones libres, justas y transparentes a escala nacional con observadores de la OSCE/OIDDH y reafirma su disposición a establecer su propia misión con el mismo fin; invita a las autoridades ucranianas a hacer cuanto esté en su mano para favorecer una alta participación en las elecciones presidenciales, también en las zonas este y sur del país; insiste en su petición a las autoridades ucranianas de que lleven a cabo elecciones legislativas con arreglo a las recomendaciones de la Comisión de Venecia y apoya la adopción de un sistema electoral proporcional que favorecería una representación adecuada de las circunstancias locales del país; destaca la importancia de que el Parlamento y sus diputados, tanto a escala central como local, respeten el Estado de Derecho;

18. Pide a Ucrania que no ceda a la presión para aplazar las elecciones presidenciales previstas para el 25 de mayo de 2014;

19. Aboga por un Gobierno de Ucrania que sea tan amplio e integrador como sea posible a fin de minimizar el riesgo de un rebrote de la violencia y de fragmentación del territorio; lanza una seria advertencia a Rusia respecto a las acciones que pudieran contribuir a un aumento de la polarización étnica o lingüística; destaca la necesidad de garantizar el respeto y la protección plenos de los derechos de las personas que pertenecen a minorías nacionales, de conformidad con las normas internacionales, incluidos los derechos de los ucranianos de habla rusa, colaborando estrechamente con la OSCE y el Consejo de Europa; reitera su llamamiento a favor de un nuevo régimen lingüístico amplio en apoyo de todas las lenguas minoritarias;

20. Celebra la decisión del Presidente en funciones de vetar el proyecto de ley destinado a revocar la Ley en materia de política lingüística de 3 de julio de 2012; recuerda que, en cualquier caso, esta ley no se aplicaría en Crimea; pide a la Rada Suprema que reforme la legislación en vigor para armonizarla con las obligaciones de Ucrania en virtud de la Carta Europea de las Lenguas Regionales y Minoritarias;

21. Celebra la disposición de los veintiocho Jefes de Estado o de Gobierno de la UE a firmar los capítulos políticos del Acuerdo de Asociación tan pronto como sea posible, y antes de las elecciones presidenciales del 25 de mayo de 2014, y a adoptar medidas unilaterales que permitan a Ucrania acogerse a las disposiciones del Acuerdo de libre comercio de alcance amplio y profundo, tal como propuso la Comisión el 11 de marzo de 2014; señala que la UE está dispuesta a celebrar el Acuerdo de Asociación / Acuerdo de libre comercio de alcance amplio y profundo completo en cuanto el Gobierno ucraniano esté listo para dar este paso; insiste en enviar mensajes claros que demuestren a Rusia que ningún elemento de dicho acuerdo pone en peligro ni daña unas futuras relaciones de cooperación en el ámbito político y económico entre Ucrania y Rusia; señala asimismo que, de conformidad con el artículo 49 del Tratado UE, Ucrania, como cualquier otro Estado europeo, tiene una perspectiva europea y puede solicitar su adhesión a la Unión siempre que suscriba los principios de la democracia, respete las libertades fundamentales y los derechos humanos y de las minorías, y garantice el Estado de Derecho;

22. Recuerda, a este respecto, que la exportación de armas y de tecnología militar puede poner en peligro la estabilidad y la paz en toda la región y debe cesar inmediatamente; lamenta profundamente que los Estados miembros de la UE hayan exportado armas y tecnología militar sin límite a Rusia, incluidos importantes medios estratégicos convencionales;

23. Celebra la decisión del Consejo Europeo, de 6 de marzo de 2014, sobre una primera serie de medidas selectivas respecto a Rusia, tales como suspender las conversaciones bilaterales en materia de visados y el nuevo acuerdo, así como la decisión de los Estados miembros y de las instituciones de la UE de suspender su participación en la cumbre del G-8 en Sochi; advierte, no obstante, que en el caso de que no se reduzca la tensión o si esta aumenta con la anexión de Crimea, la UE debe adoptar rápidamente medidas pertinentes, que deben incluir un embargo de armas y de tecnologías de doble uso, restricciones en materia de visados, la congelación de bienes, la aplicación de la legislación contra el blanqueo de capitales respecto a quienes participaron en el proceso de toma de decisiones en la invasión de Ucrania y medidas contra las empresas rusas y sus filiales, especialmente en el sector de la energía, para cumplir plenamente con el Derecho de la UE, y tener consecuencias para los actuales vínculos políticos y económicos con Rusia;

24. Subraya que la colaboración parlamentaria entre el Parlamento Europeo y la Duma estatal y el Consejo de la Federación rusos no puede llevarse a cabo como si no hubiera pasado nada;

25. Celebra la decisión del Consejo de adoptar sanciones centradas en la congelación y la recuperación de fondos ucranianos sustraídos, dirigidas a 18 personas, Yanukóvich entre ellas;

26. Pide a la Comisión, en este sentido, que apoye proyectos en el Corredor Meridional que diversifiquen efectivamente el abastecimiento de energía, e insta a los Estados miembros a que no hagan participar a sus empresas públicas en proyectos con empresas rusas que aumenten la vulnerabilidad europea;

27. Hace hincapié en la importancia de un suministro de energía seguro, diversificado y asequible para Ucrania; destaca, en este sentido, el papel estratégico de la Comunidad de la Energía, cuya presidencia ocupa Ucrania en 2014, y de sumarse a la resistencia del país frente a las amenazas de Rusia en materia de energía; recuerda la necesidad de aumentar la capacidad de almacenamiento de la UE y facilitar un flujo inverso de gas desde los Estados miembros de la UE a Ucrania; celebra la propuesta de la Comisión de modernizar el sistema de tránsito de gas de Ucrania y de ayudarlo en el pago de sus deudas con Gazprom; pone de relieve la urgente necesidad de seguir avanzando hacia una política de seguridad energética común con un mercado interior sólido y unos suministros energéticos diversificados, y de trabajar en favor de la plena aplicación del Tercer paquete energético, con lo que se reduciría la dependencia de la UE del petróleo y el gas rusos;

28. Pide al Consejo que autorice inmediatamente a la Comisión a acelerar la liberalización de visados con Ucrania, a fin de avanzar en la introducción de un régimen de exención de visados, siguiendo el ejemplo de Moldavia; solicita, por el momento, la introducción inmediata de procedimientos de visado temporales, muy sencillos y de bajo coste, en el ámbito de la UE y de los Estados miembros;

29. Tiene la firme convicción de que los acontecimientos en Ucrania resaltan la necesidad de que la UE redoble su compromiso y su apoyo a la opción europea y la integridad territorial de Moldavia y Georgia, cuando estos países se disponen a firmar los Acuerdos de Asociación y de libre comercio de alcance amplio y profundo con la UE durante el presente año;

30. Encarga a su Presidente que transmita la presente Resolución al Consejo, a la Comisión, a los Gobiernos de los Estados miembros, al Presidente en funciones, al Gobierno y al Parlamento de Ucrania, al Consejo de Europa y al Presidente, al Gobierno y al Parlamento de la Federación de Rusia.