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jueves, 4 de junio de 2015

Los yihadistas al servicio del imperialismo

por Thierry Meyssan

Los gobiernos occidentales ya ni siquiera tratan de esconder el uso de yihadistas. ¿Ejemplos? La OTAN derrocó a Kadhafi utilizando a al-Qaeda como fuerza terrestre; Israel sacó a los “cascos azules” del Golán y los reemplazó por los hombres de al-Nusra; la coalición internacional contra el Emirato Islámico permitió que los yihadistas tomaran Palmira para perjudicar al gobierno de Siria. Es fácil entender los intereses de las potencias occidentales, pero resulta menos evidente entender por qué y de qué manera los yihadistas prestan servicio al Tío Sam en nombre del Corán.

l jeque Yussuf al-Qaradawi, gurú de la Hermandad Musulmana y predicador estelar del Corán en la televisión qatarí Al-Jazeera, bendice a los yihadistas que operan en Siria e Irak y afirma, muy seriamente, que si Mahoma viviese, hoy sería aliado de la OTAN.




A menudo nos preguntamos cómo se las arreglan el Pentágono y la CIA para manipular a millones de musulmanes y lograr que luchen por los intereses del Tío Sam. Si bien es cierto que algunos líderes son agentes pagados, también es verdad que la mayoría de los yihadistas creen que luchan y mueren por ir al paraíso. La respuesta es extremadamente simple: partiendo de la retórica de la Hermandad Musulmana es posible apartarse de la realidad humana y enviarlos a matar a cualquiera, como agitando un trapo rojo ante un toro.

Oficialmente, el Emirato Islámico se separó de al-Qaeda y no reconoce la autoridad de Ayman al-Zawahiri. Sin embargo, en muchos lugares, como en la región siria de Qalamun, es imposible diferenciar a los seguidores del Emirato Islámico de los de al-Qaeda: los mismos yihadistas utilizan simultáneamente las dos etiquetas.

Por supuesto, siempre habrá quien responda que todo no pasa de ser una diferencia de orden personal surgida simplemente porque Abu Bakr al-Baghdadi quiere ser jefe en lugar del jefe. Pero el hecho es que el Emirato Islámico y al-Qaeda, aunque utilizan retóricas muy diferentes, recurren exactamente a las mismas prácticas.

Tienen en común las consignas de la Hermandad Musulmana: «Nuestra Constitución es el Corán», «La solución es el islam». La vida piadosa se hace así extremadamente simple. No importa que el Creador nos haya hecho inteligentes, invariablemente y sin importar las circunstancias, hay que aplicar la palabra divina como si fuésemos máquinas. Y si la situación no aparece en El Libro… la solución es destruirlo todo. Por supuesto, los resultados de esa forma de actuar son catastróficos y esas organizaciones han sido incapaces de instaurar en ningún lugar nada que se parezca al inicio de la sociedad perfecta que dicen desear.

La diferencia reside en la historia de ambos grupos:
Desde 1979 hasta 1995, o sea desde la operación de la CIA en Afganistán hasta la Conferencia Árabe Popular e Islámica de Khartum, los mercenarios de Osama ben Laden luchaban contra la Unión Soviética con ayuda pública de Estados Unidos.
Desde 1995 hasta 2011, o sea desde la Conferencia de Khartum hasta la operación «Tridente de Neptuno», al-Qaeda exponía una retórica contra «los judíos y los cruzados» mientras seguía luchando contra Rusia en Yugoslavia y Chechenia.
Y a partir de 2011, o sea desde la «primavera árabe», al-Qaeda ha apoyado a la OTAN, en Libia, y a Israel, en la frontera del Golán ocupado.

Pero la opinión pública occidental no ha seguido esa evolución. Está convencida del peligro de un mítico expansionismo ruso, se obstina en atribuir a los yihadistas los atentados del 11 de septiembre, no ve la realidad sobre lo sucedido en Libia y en la frontera del Golán ocupado por Israel y se aferra por ello a la errónea idea que presenta a al-Qaeda como una organización terrorista antiimperialista. Los árabes, mientras tanto, no se basan en los hechos sino que eligen –según los casos– la realidad o la propaganda occidental para inventarse así una narración romántica sobre al-Qaeda.

El Emirato Islámico, por su parte, se aleja del Corán y se acerca a los neoconservadores. Asegura que los principales enemigos son… otros musulmanes: los chiitas y sus aliados. Prefiere olvidar la época de la guerra en Bosnia, donde la Legión Árabe de ben Laden gozaba del respaldo simultaneo de Estados Unidos, Arabia Saudita e Irán. Pero, ¿quiénes son los aliados de los chiitas? La República Árabe Siria (Estado laico) y la Yihad Islámica palestina (sunnita). En otras palabras, el Emirato Islámico lucha prioritariamente contra el Eje de la Resistencia, que se opone al imperialismo. De hecho, el Emirato Islámico asume su papel como aliado objetivo de Estados Unidos y de Israel en el «Medio Oriente ampliado», aunque dice ser –teóricamente– enemigo de ambos.

La maleabilidad de ambas organizaciones reside en su ideología de base, que es la de la Hermandad Musulmana. Por eso resulta lógico el hecho que casi todos los jefes yihadistas han sido miembros en algún momento de alguna rama de la Hermandad Musulmana. Por eso es también totalmente lógico el hecho que la CIA ha respaldado no sólo la Hermandad Musulmana egipcia, desde que esta fue recibida en la Casa Blanca por el presidente Eisenhower –en 1955–, sino también todas sus ramas extranjeras y todos sus grupos disidentes. En definitiva, el califato que soñaba Hassan el-Bana, el mismo que dicen querer Ayman al-Zawahiri y Abu Bakr al-Baghdadi, no busca volver a la Edad de Oro del Islam sino instaurar el reino del oscurantismo.

Así lo confirmó, el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, Laurent Fabius, en 2012 –o sea antes de la escisión entre al-Qaeda y el Emirato Islámico– cuando declaraba: «En el terreno, ¡están haciendo un buen trabajo!»

jueves, 26 de febrero de 2015

¿Existió un Estado en Libia?

por Manlio Dinucci

Como de costumbre, los vencedores de la OTAN pretenden reescribir la Historia. Según afirman, Libia nunca fue un Estado y Muammar el-Kadhafi fue un sanguinario dictador. En realidad, la Yamahiriya Árabe Libia fue creada según el modelo de los socialistas utópicos del siglo XIX, de quienes Kadhafi siempre fue un gran admirador. Se trataba, por consiguiente, de un Estado mínimo que resultó desgraciadamente incapaz de defenderse ante la agresión de la coalición imperialista.

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La Yamahiriya Árabe Libia disponía de infraestructuras importantes. Entre ellas se cuenta el «Gran Río Artificial», clasificada como la red de irrigación más grande del mundo.


Según el ahora presidente emérito de la República Italiana, Giorgio Napolitano, no es cierto que la guerra de 2011 destruyó el Estado libio. «Yo considero que nunca hubo en Libia un Estado, en el sentido moderno de la expresión», declaró Napolitano al hacer uso de la palabra en el Senado.

Hace sólo unos meses, el propio Napolitano había calificado Libia de «Estado fallido», un concepto creado por el Fondo para la Paz estadounidense. Pero ahora parece que lo ha pensado mejor: «Que se pueda hablar hoy de Estado fallido es algo que me deja perplejo. El ejercicio del poder autocrático y personal del presidente Kadhafi basado en un sistema de equilibrio entre la multitud de tribus no era un Estado.»

Así que, según Giorgio Napolitano, lo que había en la costa sur del Mediterráneo no era un Estado: la República Árabe de Libia, nacida en 1969 después de más de 30 años de dominación colonial italiana y de casi 20 años de monarquía espuria, inventada por Gran Bretaña y Estados Unidos. Estado que, después de abolir la monarquía, cerró en 1970 las bases estadounidenses y británicas y nacionalizó las propiedades de British Petroleum. Estado que –según reconocía el Banco Mundial en 2010– disponía de «un alto nivel de crecimiento económico», garantizando así –a pesar de las diferencias de desarrollo– el más alto nivel de vida en África y que proporcionaba trabajo a unos 2 millones de inmigrantes africanos. Estado que registraba «fuertes indicadores de desarrollo humano», entre los que se podía citar el acceso universal a la enseñanza primaria y secundaria y, para el 46% de la población, el acceso a la enseñanza universitaria. Un Estado cuyas inversiones hicieron posible el nacimiento de organismos que hubiesen podido hacer realidad la autonomía financiera de África: el Banco Africano de Inversiones (en Libia), el Banco Central Africano (en Nigeria) y el Fondo Monetario Africano (en Camerún).

Al reescribir la historia se está tratando de borrar todo eso y la Libia que existió de 1969 a 2011 se ve representada ahora como un no Estado, como una «multitud de tribus» –definición digna de una postal colonial– que se mantenían juntas únicamente por el poder de Kadhafi. Un poder que indudablemente existía, resultado de las fases históricas que Libia había atravesado, pero que se había relajado y descentralizado abriendo así la posibilidad de una evolución ulterior de la sociedad libia. Una Libia que, a raíz del levantamiento –en 2004– del embargo decretado por Estados Unidos y la Unión Europea, había reconquistado un espacio a nivel internacional.

En abril de 2009, en Washington, la secretaria de Estado Hillary Clinton estrechaba calurosamente la mano a uno de los hijos de Kadhafi mientras decía querer «profundizar y ampliar nuestra cooperación». Menos de 2 años más tarde, aquella misma Hillary Clinton iniciaba la campaña internacional contra Kadhafi, preparando así la posterior guerra.

Pero ahora, en el marco de la competencia por la próxima elección presidencial [estadounidense], los esqueletos comienzan a salir de los armarios.

Pruebas documentales, publicadas por el Washington Times y analizadas por la comisión del Congreso que investiga el asesinato del embajador de Estados Unidos perpetrado en Bengazi en 2012, demuestran que fue Hillary Clinton quien empujó la administración Obama a la guerra contra Libia «con pretextos falsos e ignorando los consejos de los comandantes militares».

En efecto, mientras la señora Clinton acusaba a Kadhafi de genocidio, las agencias de inteligencia estadounidenses indicaban en sus informes internos que «Kadhafi había dado la orden de no atacar a los civiles y de concentrarse en los rebeldes armados». Descubrimos así un informe, enviado por las autoridades libias a varios miembros del Congreso estadounidense en 2011, donde se documentan las entregas a los yihadistas libios de armas provenientes de Qatar con «la autorización de la OTAN».

En aquella época, el presidente Giorgio Napolitano declaraba que, «al no poder mantenernos indiferentes ante la reacción sanguinaria de Kadhafi», Italia se sumaba al «plan de intervención de la coalición bajo la conducción de la OTAN».

jueves, 10 de octubre de 2013

Libia hoy

por Polina Lavrentieva

La desintegración

En el verano de 2011, Thierry Meyssan aseguraba que no había en Libia ninguna primavera árabe y que la población de ese país no se había rebelado contra Muammar el-Kadhafi sino que los países occidentales estaban instrumentalizando el movimiento separatista de la región libia de Cirenaica. Dos años más tarde, ahí están los resultados: Trípoli ha perdido totalmente el control no sólo de Cirenaica sino también de la región de Fezzan, como han podido comprobarlo los enviados especiales de la ONU. Las riquezas de Libia están ahora en manos de diferentes pandillas y de las transnacionales estadounidenses.
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No se logra detener el proceso de desintegración de Libia desatado por el asesinato del Muammar el-Kadhafi. Así lo demuestra un nuevo informe de la ONU. En un contexto de separación de las provincias en la Libia «liberada del dictador» están registrándose ejecuciones expeditivas, una opresión política masiva y torturas.

Según el informe común de la Misión de Apoyo de la ONU en Libia (MANUL) [1] y del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, al menos 27 personas habían muerto en las cárceles de ese país a finales de 2011 [2] y había 8 000 detenidos. Estos últimos fueron encarcelados en 2011 como «partidarios de Kadhafi». La mayoría de esas personas ni siquiera han sido investigadas y nadie sabe por cuánto tiempo estarán en la cárcel ya que el sistema judicial prácticamente ha dejado de funcionar.

El New York Times indica que en la nueva Libia se arresta a la gente por motivos religiosos y étnicos o por la simple sospecha de que no son leales a «la democracia». Los prisioneros a los que tuvieron acceso los inspectores de la ONU relataron que habían sido golpeados y torturados con fuego y con privación de alimentos en las cárceles.

En abril de este año se votó en Libia una ley que prohíbe la tortura y condena los secuestros pero esa ley no tiene ningún efecto real, lo cual es solamente otro aspecto de la desintegración del Estado libio. Las regiones van retirándose poco a poco –como habíamos previsto hace 2 años en esta misma columna–, proceso que además no está exento de derramamiento de sangre.

De ese modo, el 27 de septiembre [de 2013] la región de Fezzan proclamó su independencia, o al menos su total autonomía [3], decisión que tomaron los jefes tribales «por el mal trabajo del Congreso». En junio, la región [rica en petróleo] de Cirenaica [4] tomó una decisión similar. De las tres regiones históricas de Libia, únicamente la Tripolitania sigue formando parte del país. Por el momento, no hay fuerza capaz de reunir de nuevo a esos tres Estados históricos que conformaban la nación libia desde 1951.

[1] Sitio web de la Manul en inglés y árabe.

[2] “Torture and Deaths in Detention in Libya”, Unismil Report, octubre de 2013.

[3] «Libye "nouvelle": la région de Fezzan proclame son indépendance», Irib, 27 de septiembre de 2013.

[4] «Ливии официально больше нет. Восток объявил "нефтяное государство"» [Oficialmente, Libia ya no existe. El este se declara petroEstado], Odnako, 7 de marzo de 2012.


Secuestro del primer ministro libio Ali Zeidan




Un grupo armado secuestró al primer ministro libio, Ali Zeidan [a la izquierda en la foto], en Trípoli el 10 de octubre de 2013, en el hotel Corinthia, donde reside desde que regresó a Libia.

El ex diplomático libio Ali Zeidan había desertado en los años 1980. El 7 de octubre de 1981 fundó en Khartum elFrente Nacional de Salvación de Libia, junto al actual jefe de Estado Mohamed Magariaf. Esa formación, que es sólo una fachada de la Hermandad Musulmana, organizó varios intentos de golpes de Estado –como el del 8 de mayo de 1984– financiados por Arabia Saudita y Estados Unidos. Con sus sucesivas intentonas golpistas el Frente Nacional de Salvación de Libia mató en realidad muchos más libios que el régimen de Muammar el-Kadhafi en su 41 años de gobierno.

Refugiado en Suiza, Ali Zeidan estuvo además entre los fundadores de la Liga Libia de Derechos Humanos. En 2011, esa estructura presentó al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, un informe falso donde acusaba a Muammar el-Kadhafi de haber asesinado a más de 6 000 opositores. Fue en base a ese falso informe que el Consejo de Derechos Humanos puso «el caso de Libia» en manos del Consejo de Seguridad de la ONU, que a su vez dio a la OTAN la misión de imponer una zona de exclusión aérea sobre el territorio libio para proteger a la población de la represión [1]. Y lo que hizo la OTAN fue derrocar el régimen. Mohamed Magariaf se convirtió entonces en presidente y Ali Zeidan en primer ministro.

Durante la guerra contra Libia, Ali Zeidan fue uno de los miembros más influyentes del Consejo Nacional de Transición (CNT), reconocido como único representante del pueblo libio por los mismos países que desataron la guerra contra Libia. Sin embargo, según un documento presentado por Estados Unidos al Comité de Sanciones de la ONU y revelado por la Red Voltaire, el CNT era financiado en secreto por el Libyan Information Exchange Mechanism (LIEM), un órgano informal creado en Nápoles únicamente por Estados Unidos [2].

En resumen, el señor Zeidan es un miembro de la Hermandad Musulmana y fue pagado por Estados Unidos para engañar a la comunidad internacional y ayudar a la OTAN a derrocar el régimen de Muammar el-Kadhafi.

El secuestro de Aliz Zeidan parece ser una respuesta de al-Qaeda al reciente secuestro –también en Trípoli– de Abu Anas al-Libi por un comando estadounidense [3].

[1] Entrevistado en Ginebra por la Red Voltaire, el secretario general de la Liga Libia de Derechos Humanos, Silman Buchuiguir, reconoció ante una cámara la manipulación de aquel informe. Esa entrevista, realizada por Julien Teil, aparece en su film La Guerre humanitaire en Libye.

[2] «Washington tente de voler 1,5 milliard de dollars pour payer ses salariés du CNT», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 16 de agosto de 2011.

[3] «Estados Unidos secuestra uno de sus ex agentes en Libia»,Red Voltaire, 8 de octubre de 2013.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Lo que realmente está ocurriendo ahora en Libia y la prensa calla.

Me ha llegado un mensaje urgente por el cual los señores Dr. Abuzaid Omar Dorda, ex embajador de Libia en la ONU






 y Dr. Mohammed Zidan están detenidos en Tripoli por el CNT.


El mensaje de la familai del doctor Abuzaid, asegura que el Lunes que viene 14/11 el CNT va adecidir la suerte de su suerte, puesto que lleva 16 dias en le hospital con una pierna y cadera rota, y rechazan tratarle por un derrame interno que tiene.
Por ello reclaman y nos piden ayuda urgente para salvarle la vida ante una situación límite, y estarían infinítamente agradecidos.
Para contactar y ayudar tf  UK +447813293275.


 o 


http://libyasos.blogspot.com/2011/10/important-campaign-concerning-libya.html


o publicar este PDF


http://libyanfreepress.files.wordpress.com/2011/10/dr-abuzaid-omar-dorda.pdf


Además el Dr.Mohammed Zidan, jefe de Fact Finding Commission está desaparecido y aparentemente capturado por el CNT también.
Lógico, estos videos que recopilan mucho no pueden salir a la luz, la amenaza terrorista, el secuestro y el chantaje es la linea de la OTAN y sus mercenarios de la CNT:
















En estos momentos se están moviendo algunos senadores, la cruz roja y algunas ONGs para intentar presionar y salvar esas vidas.


Mientras eso ocurre el sur de Libia está siendo fuertemente bombardeado por la OTAN y sus mercenarios, en concreto GHAT y los campamentos Tuaregs con la frontera de Niger.


Todo esto y más coas que siguen ocurriendo en Libia no aparecen en la prensa atlantista ni saldrán a la luz. Hay un silencio sepulcral que parece pactado para hacer olvidar a la gente que ese conflicto se acabó, cuando es todo lo contrario. Ni la Otan se ha retirado, ni las exacciones han cesado, y peor aún, la resistencia ahora está poniendo las coas patas arriba, e inclusos hay conflictos muy severos entre las distintas facciones mercenarias en el seno del CNT.