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martes, 11 de octubre de 2016

Tambores de guerra

A pesar de la anestesia generalizada que los MM imperiales administran, con sus maravillosos programas y artículos estúpidos, el mundo sigue girando y lo que ocurre se sabe y fluye.

Mientras la anestesia entre otras cosas consiste en saber quién está más tarado entre los dos psicópatas candidatos a la casa blanca,  Rusia está destrozando aviones judíos sobrevolando Siria, naves Qataríes en las costas yemenitas y desplegando sus fuerzas por toda la zona donde EEUU con sus locos candidatos quieren seguir matando y campando a sus anchas.

Lo de Siria, brilla con nombre propio cada vez más. El enemigo nº1 de Israel de toda la vida.
El pais laico que no se doblega al imperio. El amigo de los Rusos, en fin demasiadas cosas que "molestan" al sionismo imperial como para dejarlo pasar.

Cayó Afghanistan, cayó Libia, pero en Siria y Yemen,  a pesar de todo el daño y el sufrimiento infligido a los civiles y a las naciones, se ve a Rusia dispuesta ya no sólo a agotar su paciencia diplomática, sino de jugarle el juego a EEUU.

No habrá enfrentamientos abiertos, como nunca los hubo ( por lo menos reconocidos), pero habrá accidentes y muchas cosas sorprendentes que a más de uno le dejará sin saber qué decir.

El miedo a lo nuclear es una tontería porque las cosas no se pueden degradar tanto, por lo tanto la disuasión no va a ser a ese nivel.

Las muestras del poderío militar ruso ya han hecho mella en EEUU y en Israel.
Muchas veces comentado en este blog, en balística y misiles rusia lleva la delantera.
Y en armas convencionales aún más.

Por mucho que digan, no hay ni habrá tercera guerra mundial nuclear, porque no es viable para nadie.
Pero la tercera guerra mundial ya está en marcha y va a ser convencional y de cuarta y quinta generación.
Ya está en curso. Falta china que aún no aparenta haber movido ficha, pero todo el acoso imperial hacia el continente euroasiatico, ha generado un cinturón de guerras y conflictos. China puede que esté haciendo un trabajo fundamental en el desarrollo de los paises desamparados y  empobrecidos por el capitalismo animal.
Quizás no por buena voluntad, sino como consecuencia de un negocio y beneficio mutuo.
Por lo que el eje sino ruso está fomentando ya posturas anti imperialistas que hace tiempo que no se veían.
No se verán en los medios imperiales, por descontado, pero poblaciones enteras de todas las naciones victimas de la política sionista norteamericana, no se las puede acallar a base de bombazos y de terrorismo "islámico".

Europa vive un letargo que pagará caro mientras intenta darse cuenta de que seguir a su amo americano le va salir más que caro.
Los ingleses ya se han dado cuenta, se han marcado su Brexit, y verán como se las apañan con su hija-mamá AMERICA.

Pero esta deriva bestial y belicosa, con tanta sangre y sufrimiento no es casual.

Cayó el comunismo, y se ha visto que el sistema materialista del capitalismo sino es igual es aún peor que ese al que se supone que se enfrentaba.

Ya hemos visto cómo se desarrolla el capitalismo como sociedad y como sistema degenerado a todos los niveles.
Si a eso le sumamos que el concepto de deuda en el que se basa ya no es un concepto sin una tara que lo carcome por dentro, donde las deudas son impagables y donde la huída hacia adelante no lleva más que al abismo.
Certificarlo sería reconocer el fracaso de la "democracia y la libertad " que representa este inmundo sistema.
Y se mantiene la ilusión con las guerras, y el sistema industrial militar, estilo las guerras mundiales anteriores.
La economía no resiste, o mejor dicho, la gente ya no aguanta tanta mierda, y las explosiones sociales pueden ser incontroladas, aunque volveríamos al principio. El letargo y la anestesia.


lunes, 26 de septiembre de 2016

La candidata sionista

por Manlio Dinucci

Los anglosajones son expertos en “lavado” de la memoria colectiva. Les basta con presentar excusas a quienes no tienen cómo castigarlos por los errores cometidos y, partir de ahí, ¡borrón y cuenta nueva! Por supuesto, las excusas nunca van dirigidas a los organismos a los que mintieron.

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De vez en cuando, Occidente saca del armario algunos esqueletos, en lo que constituye un ejercicio de «limpieza moral de verano» con objetivos político-mediáticos.

En Gran Bretaña, una comisión de la Cámara de los Comunes criticó a David Cameron por la intervención militar de 2011 en Libia, emprendida bajo su mandato como primer ministro. Pero la comisión no criticó a Cameron por la agresión militar que destruyó un Estado soberano sino por haber emprendido esa guerra sin «inteligencia» adecuada y sin plan para la «reconstrucción» [1].

Lo mismo hizo Barack Obama en abril de este año 2016, cuando declaró haber cometido en el caso de Libia el «peor error», pero no por haber destruido ese país utilizando las fuerzas de la OTAN bajo las órdenes de Estados Unidos sino por no haber planificado «The Day after», o sea lo que vendría después. Al mismo tiempo, Obama reiteró su apoyo a Hillary Clinton, hoy candidata a la presidencia. O sea, la misma Hillary Clinton que, como secretaria de Estado, lo convenció para que autorizara una operación secreta contra Libia –incluyendo el envío de fuerzas especiales y la entrega de armamento a grupos terroristas– para preparar el asalto aeronaval de Estados Unidos y la OTAN contra ese país.

Los correos electrónicos de Hillary Clinton, posteriormente revelados, demuestran cuál fue el verdadero objetivo de la guerra contra Libia: impedir el proyecto de creación de organismos financieros autónomos de la Unión Africana y de una moneda africana alternativa al dólar y al franco CFA, que Kadhafi pensaba concretar gracias a los multimillonarios fondos soberanos de Libia.

Después de haber destruido el Estado libio, Estados Unidos y la OTAN, junto a las monarquías del Golfo, emprendieron la operación secreta que debía acabar con el Estado sirio, infiltrando en Siria fuerzas especiales y grupos terroristas que acabaron pariendo el Emirato Islámico (Daesh, también designado como Estado Islámico o con siglas como EI, EIIL, ISIL o ISIS).

Uno de los numerosos correos electrónicos de Hillary Clinton que el Departamento de Estado tuvo que desclasificar a raíz del escándalo provocado por las revelaciones de Wikileaks menciona uno de los objetivos fundamentales de la operación, aún en marcha, contra Siria. En el correo electrónico desclasificado como «case number F-2014-20439, Doc No. C05794498» [2], la secretaria de Estado Hillary Clinton escribe, el 31 de diciembre de 2012:


«Es la relación estratégica entre Irán y el régimen de Bachar al-Assad lo que permite a Irán socavar la seguridad de Israel, no a través de un ataque directo sino a través de sus aliados en Líbano, como el Hezbollah.»

La señora Clinton subraya entonces que «la mejor manera de ayudar a Israel es ayudar a la rebelión en Siria que ya dura desde hace más de un año», o sea desde 2011, y sostiene que para poner de rodillas a Bachar al-Assad hay que recurrir «al uso de la fuerza» para «poner en peligro su vida y la de su familia».

En ese correo electrónico, Hillary Clinton concluye:


«El derrocamiento de Assad sería no sólo una inmensa ganancia para la seguridad de Israel, sino que también haría disminuir el temor israelí comprensible de perder el monopolio nuclear.»

O sea, en ese correo electrónico la secretaria de Estado reconoce lo que nadie dice oficialmente: el hecho que Israel es el único país del Medio Oriente que posee armas nuclearees [Desde aquella época, Arabia Saudita compró la bomba atómica [3].]

El apoyo de la administración Obama a Israel, más allá de alguna que otra disensión más bien formales, acaba de ser ampliamente confirmado por el acuerdo, firmado en Washington el 14 de septiembre de 2016, donde Estados Unidos se compromete a equipar a Israel con el armamento más moderno de sus arsenales por un valor total de 38 000 millones de dólares en 10 años, con un financiamiento anual de 3 300 millones más medio millón para la «defensa antimisiles».

En todo caso, luego de la intervención rusa que dio al traste con el plan tendiente a destruir Siria desde adentro imponiéndole una guerra, Estados Unidos se las arregló para obtener una «tregua» (que inmediatamente viola) mientras emprende en Libia una nueva ofensiva disfrazada de operación humanitaria, con la participación de los “mili-humanitarios” de Italia.



Mientras tanto, Israel, en la sombra, sigue fortaleciendo su ventaja nuclear, que tanto estima Hillary Clinton.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Vulnerabilidades de Rusia ante las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y la rapiña militar de la OTAN

por James Petras

La recuperación del poderío económico y militar de Rusia lograda bajo el mandato de Vladimir Putin se ve comprometida hoy por la guerra económica que le imponen Estados Unidos y la Unión Europea, observa el profesor James Petras. Esta confrontación obligará al poder ruso a cuestionar sus relaciones con el sistema oligárquico heredado de la era Yelsin, sistema que Putin reformó y controló en parte, pero en el que también se apoyó y que incluso preservó para sacar a Rusia del marasmo económico en que se hallaba. Frente a la agresión occidental, ese viejo sistema no basta. O Putin elimina el modelo oligárquico y abre una nueva fase innovadora de la economía rusa implicando a las fuerzas productivas, las diversas clases sociales –ricas en científicos y técnicos– con los dinámicos y prósperos mercados emergentes de Asia, o mantiene con el viejo sistema oligárquico un statu quo que lo llevaría a la derrota, analiza Petras.

El golpe de estado patrocinado por Estados Unidos y la Unión Europea en Ucrania por un lado, el intento de transformar a Ucrania de socio comercial histórico y estable de Rusia en uno más de la devastada economía de la Unión Europea, para que sirva además de plataforma de lanzamiento de misiles de la OTAN apuntando contra Rusia, así como las sanciones económicas posteriores lanzadas en contra de Rusia por el bloque (Estados Unidos-Unión Europea) por apoyar a la minoría étnica ucraniana de lengua rusa viviendo desde siglos en la región del Donbas y de Crimea, ilustran la peligrosa vulnerabilidad en la que se puede encontrar la economía y la seguridad del Estado ruso frente a la agresión occidental.
Para tener un panorama real y concreto de los esfuerzos necesarios que debe realizar Rusia para su viabilidad económica, para su seguridad en materia de defensa, para que Rusia pueda encontrar la solución a estos desafíos, se requiere entonces de un análisis crítico de las políticas y estructuras emergentes en Rusia después de la era post-soviética.


Saqueo como Privatización

Durante el último cuarto de siglo, varios billones de dólares de valor de la propiedad pública estatal en todos los sectores de la economía rusa fueron transferidos ilegalmente o fueron violentamente incautados por grupos mafiosos o gángsteriles oligarcas que actuaban a través de bandas armadas [grupos de poder], especialmente durante la fase del derrumbre del sistema comunista de la Unión Soviética a la fase de «transición al capitalismo» emergente, desapareciendo la Unión Soviética, apareciendo el nuevo Estado: la Federación de Repúblicas de Rusia.

De 1990 a 1999, más de 6 millones de ciudadanos rusos murieron prematuramente [o a fuego lento] a consecuencia del colapso catastrófico de la economía; la esperanza de vida para los hombres disminuyó de 67 años durante la era soviética a 55 años durante el período del presidente Borís Yeltsin. El PIB [producto interior bruto] de Rusia se redujo en sesenta por ciento (-60%) –una primicia histórica para un país que no estaba en guerra. Después de tomar violentamente el poder con el bombardeo del parlamento ruso, el régimen de Yelsin procedió a «priorizar» la privatización de la economía, la venta de la energía, de los recursos naturales, de la banca, los transportes y las comunicaciones a una décima parte o incluso menos que eso de su verdadero valor económico, esto fue vendido por nada a los compinches bien conectados y otras entidades extranjeras.

En esa época era costumbre ver matones armados, organizados por los mismos oligarcas arribistas “completando” el programa de privatización mediante agresiones, asesinatos y otras formas de violencia. Cientos de miles de pensionistas (jubilados) de edad avanzada fueron expulsados de sus casas y apartamentos en un vicioso comercio de superficies y terrenos por especuladores inmobiliarios violentos. Consultores y otros consejeros financieros académicos de Estados Unidos y de Europa «aconsejaban» a diversos oligarcas rivales y a los ministros del nuevo gobierno ruso como utilizar las mejores técnicas de mercado “eficientes” para saquear la economía, «aconsejando» pues, mientras tocaban lucrativas y cuantiosas comisiones generando así enormes fortunas para la gente «bien relacionada».

Mientras tanto, los niveles de vida se derrumbaron en esta nueva Rusia Federal, empobreciendo a las dos terceras partes de los hogares rusos, los suicidios se cuadruplicaron y las muertes por alcoholismo, adicción a las drogas, el VIH (SIDA) y las enfermedades venéreas se tornó incontrolable. La sífilis y la tuberculosis alcanzaron proporciones epidémicas –enfermedades totalmente controlados durante la era soviética– volvieron aparecer con furia a consecuencia del cierre de clínicas y hospitales públicos que no teniendo fondos dejaron de funcionar.



Documental sobre los acontecimientos de octubre de 1993, el bombardeo de la Casa Blanca en Moscú por Yeltsin.


Por supuesto, para los medios de comunicación occidentales, para la respetable prensa comercial haciendo uso del noble don de la libertad de expresión, celebraron el saqueo de Rusia como siendo una buena transición hacia la democracia y «elecciones libres en una economía de libre mercado». Ellos escribieron brillantes artículos donde alababan la inteligencia del nuevo poder político; el control de la economía por oligarcas mafiosos fue descrito como el reflejo de un aumento de la «democracia liberal». El Estado ruso pasó así, de la noche a la mañana, del rol de Superpotencia Mundial al de Estado abyecto, convirtiéndose en un régimen cliente, penetrado por las agencias de inteligencia occidentales e incapaz de gobernarse y hacer respetar los acuerdos y sus intereses frente a las potencias occidentales. Estados Unidos y la Unión Europea desplazaron rápidamente la influencia rusa-soviética de Europa del Este y rápidamente se hicieron con el control de las ex-empresas estatales, los medios de comunicación y las instituciones financieras [tanto de Rusia como del bloque socialista de Europa del este].


Los antiguos funcionarios comunistas y de izquierda e incluso ejecutivos nacionalistas fueron expulsados y sustituidos por políticos pro-OTAN dóciles y serviles al «libre mercado». Estados Unidos y la Unión Europea violaron todos los acuerdos históricos firmados por Gorbachov con Occidente: los regímenes de Europa del Este se convirtieron en miembros de la OTAN; Alemania Occidental anexó el este y las bases militares de la OTAN se ampliaron hasta las fronteras con Rusia.


Los pro-OTAN implantaron «think tanks» [1] suministrando propaganda e inteligencia anti-rusa en la sociedad. Cientos de organizaciones no gubernamentales [ONGs], financiadas por Estados Unidos, operando dentro de Rusia con propaganda y otros medios de instrumentalización para crear y fomentar una nueva raza de políticos «serviles» neo-liberales. En el Cáucaso soviético y el Extremo Oriente, Occidente fomentó movimientos sectarios separatistas y levantamientos armados, especialmente en Chechenia; Estados Unidos patronó dictadores lacayos útiles a su imperialismo, un buen ejemplo es el payaso títere neoliberal y corrupto, hablamos del presidente Saakashvili en la ex-República Soviética de Georgia.


De esta manera el Estado ruso fue colonizado y su gobernante putativo, es decir el presidente de Rusia en aquella época, Boris Yeltsin –a menudo completamente ebrio–, gobernaba por decreto y gracias a la corrupción ganaba la obediencia de los funcionarios públicos y administradores del país, desintegrando aún más al Estado y la sociedad rusa.


La década de Yeltsin es recordada por el pueblo ruso como siendo un verdadero desastre; en cambio ese mismo período es para Estados Unidos, la Unión Europea, para los oligarcas rusos y sus seguidores la Edad de Oro... del saqueo. Para la inmensa mayoría de rusos, fue una Edad Oscura, cuando la ciencia y la cultura rusa fueron destrozadas; toda una clase de científicos, artistas e ingenieros de alto nivel y rango mundial murieron de inanición, a «fuego lento» ya que sus paupérrimos ingresos de pensión los conducieron a la desesperación, precaridad, miseria y muerte.

Para Estados Unidos, la Unión Europea y los oligarcas esto fue la era de la «presa fácil»: el pillaje económico, cultural e intelectual, miles de millones de dólares de fortuna fueron a parar en los bolsillos de la mafia oligárquica; impunidad política, criminalidad desenfrenada y la sumisión del gobierno ruso a los dictados de Occidente. Los Acuerdos Internacionales con el Estado ruso se violaban incluso antes de que la tinta este seca. Era la época del mundo unipolar centrado en Estados Unidos, el «Nuevo Orden Mundial», donde Washington podría influir e invadir a los adversarios nacionalistas y a los aliados de Rusia con toda impunidad.


La «Época de Oro» de la dominación del mundo se convirtió en el indiscutible modelo «estándar» occidental, dicho modelo serviría para juzgar a Rusia después de la era Yeltsin. Cada decisión de política interior y exterior [de Estados Unidos y la Unión Europea], adoptada durante los años de gobierno de Putin, es decir entre 2000 y 2014, ha sido diseñada especialmente por Washington para juzgar a Rusia, en función de si [las nuevas políticas impulsadas por Putin] se ajustaban o desviaban de la década Yeltsin, década de pillaje y manipulación de Rusia sin que ésta de signos de respuesta en su defensa.


La Era Putin: reconstrucción económica del Estado ruso y la creciente beligerancia de Estados Unidos y la Unión Europea


La primera y principal tarea del presidente Putin fue la de hacer terminar el colapso en la que Rusia se encontraba sumergida. Con el tiempo, el Estado y la economía rusa se fueron recuperando y una cierta apariencia de orden y legalidad llegó a todo el país. La economía comenzó a recuperar y crecer; igual para el empleo, mejores salarios así como un mejor nivel de vida y de bienestar general se fue generalizando, la tasa de mortalidad dejó de crecer.
Comercio, inversión y transacciones financieras con Occidente se normalizaron –se frenó el pillaje que fue denunciado como siendo criminal y procesado ante la justicia. La recuperación de Rusia fue visto por Occidente (Unión Europea y Estados Unidos) con ambigüedad: Muchas personas legítimas y honestas en negocios, las multinacionales comerciales legales dieron la bienvenida al restablecimiento de la ley, del orden y el fin del gangsterismo en Rusia; en contraste, los políticos en Washington y Bruselas, así como los capitalistas buitres deWall Street y la City de Londres rápidamente condenaron a Putin que lo calificaron de «dictador emergente lleno de autoritarismo» y «estatismo», porque las nuevas autoridades rusas comenzaron a investigar a los oligarcas mafiosos por evasión de impuestos, lavado de dinero a gran escala, corrupción de funcionarios públicos e incluso por el asesinato de burócratas que se opusieron al antiguo orden legado por Yelsin.

El ascenso de Putin al poder coincidió con el auge [demanda] de los productos básicos [materias primas] en todo el mundo. El espectacular aumento del precio del petróleo, del gas ruso y otros metales (2003-2013) permitió a la economía rusa de crecer a un ritmo rápido, mientras que el Estado ruso aumentaba la regulación y control de su economía, entonces pudo comenzar a restaurar también sus fuerzas armadas.
El éxito de Putin para poner fin a las formas más salvajes de saqueo de la economía y el restablecimiento de la soberanía de Rusia le hizo popular entre el electorado: fue entonces repetidamente reelegido por una amplia y sólida mayoría popular en el país.
Como Rusia se fue distanciando de las políticas dominadoras y colonizadoras que Occidente le imponía, como Rusia fue cambiando a los funcionarios corruptos o vendidos y eliminando todas los vicios y prácticas corruptas de la era Yeltsin, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) lanzaron una estrategia política hostil hacia Rusia de Putin, dicha estrategia diseñada con múltiples puntas de ataque, tenía como objetivo socavar la reputación y gobernanza del presidente Putin. Estados Unidos y la Unión Europea soñaban poder restaurar clones neoliberales al estilo Yeltsin, que sean dóciles y obedientes al poder Occidental para poder continuar con el saqueo.

Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) rusas financiadas por fundaciones estadounidenses que actuaban en realidad de manera encubierta para la CIA, lograron generar protestas callejeras masivas, esto para recrutar y fundar organizaciones electorales de oposición. Partidos políticos ultraliberales apoyados por Occidente compitieron sin éxito contra otros partidos locales en las elecciones nacionales en Rusia.
El Centro Carnegie una instituto financiado por Estados Unidos, conocido por ser un antro de la propaganda yanqui [2], produjo una extensa cantidad de folletos, revistas y otras publicaciones donde describía la política de Putin como «demoníacas», «autoritarias», de «persecución» contra los buenos oligárcas opositores y que Putin estaba planeando el regreso a una «economía de órden y mando estilo soviético».

Mientras Occidente trataba de restaurar la «Edad de Oro» del saqueo a través de otros sustitutos de manipulación interna, por otro lado proseguía con su agresiva política exterior destinada a eliminar a los aliados y socios comerciales de Rusia, especialmente en el Medio Oriente.
Estados Unidos invadió Irak, asesinó a Saddam Hussein y desmanteló el liderazgo del Partido Baas, poniendo en su lugar un régimen títere sectario pro-Washington, así eliminaron un aliado tradicional clave nacionalista de Moscú en la región.
Estados Unidos decretaró sanciones económicas contra Irán, un importante y lucrativo socio comercial petrolero de Rusia. Estados Unidos y la Unión Europea financian una insurgencia armada [terroristas islámicos] a gran escala para derrocar al presidente Bachar al-Assad en Siria, otro aliado importante de Rusia, y para privar a la Armada rusa de un puerto amigo en el Mediterráneo. Estados Unidos y la Unión Europea bombardearon a Libia, un importante socio petrólero y comercial de Rusia (y China), instalando allí un régimen cliente pro-occidental de tendencia islamista radical [Libia está actualmente sumergida en un total caos y anarquía, los grupos de fundamentalistas islámicos terroristas han tomado el poder con el apoyo de la OTAN, nota de la redacción].

La presión estadounidense contra Rusia se hizo sentir en el Cáucaso y en el Mar Negro, cuando el régimen de Georgia bajo la órbita de Washington invadió por sorpresa Osetia del Sur en 2008, un protectorado de Rusia, el ataque nocturno de Georgia mató a decenas de fuerzas de paz rusas y a cientos de civiles, este ataque fue repelido por una contraofensiva eficaz y aplastante por parte de Moscú.

En 2014, los ataques occidentales contra Rusia empezaron de nuevo, esta vez la estrategia es de aislar, cercar y eventualmente socavar cualquier posibilidad de un Estado independiente ruso [mediantes castigos económicos].
Estados Unidos financió entones un golpe de Estado cívico-militar en Ucrania para derrocar al gobierno elegido del presidente Viktor Yanukovitch, quien se había opuesto a la anexión [o incorporación] de Ucrania a la Unión Europea y su eventual afiliciación como miembro de la OTAN.
Washington impuso un nuevo régimen [fascista-neonazi] títere en Kiev, régimen profundamente hostil a Rusia y a los ciudadanos de origen étnico ruso-ucraniano en la región este del país donde son históricamente mayoría como en Crimea.
El no reconocimiento de Rusia a este golpe de Estado, el respaldo de Moscú a los ciudadanos rusos-ucranianos pero tambien ucrano-ucranianos que están a favor de un nuevo sistema político federalista y democrático [y que exigen eso al régimen fantoche de Kiev] en las regiones del este de Ucrania y Crimea sirvió de pretexto a Occidente para imponer sanciones comerciales contra Rusia, en un intento de socavar su industria, principalmente en los sectores del petróleo [energía], los bancos, los sectores manufactureros y paralizar así su economía.

Los estrategas imperialistas de Washington y Bruselas no respetaron y rompieron todos los acuerdos previos firmados con la Administración rusa del gobierno de Putin; por otro lado trataron de convencer y convertir a los oligarcas aliados cercanos de Putin para que se pongan encontra del presidente ruso, para ello amenazaron a dichos oligarcas de congelar, confiscar (pretextos no faltan cuando el dinero no es limpio o no declarado) sus tenencias, posesiones y otras fortunas personales colocadas en Occidente (generalmente fortunas invertidas en negocios en la Unión Europea) –especialmente sus cuentas bancarias, sus lavados de dinero y otras propiedades ocultas o bajo nombres de terceros. En lo que respecta a las empresas petroleras estatales rusas, que participaban conjuntamente con otras empresas petroleras multinacionales como lo son Chevron, Exxon y Total, fueron repentinamente aisladas de los mercados de capitales occidentales.

El impacto acumulativo de esta ola de sanciones de la ofensiva occidental –que ya tiene una década con estos objetivos– es decir el punto culminante buscado por Estados Unidos y la Unión Europea era provocar una recesión en Rusia, socavar su moneda (el rublo se redujo 23% en 2014), aumentar el costo de las importaciones rusas y causar el mayor daño posible a los consumidores locales .

La industria rusa, que depende de equipos y piezas extranjeras, así como las empresas petroleras rusas que dependen de la tecnología importada para efectuar la explotación de pozos de las reservas del Ártico se vieron afectadas por este embargo-bloqueo y guerra económica llena de sanciones impuestas por Occidente, todo esto a causa de la «intransigencia de Putin», quien se niega a doblegarse ante el dictado de Occidente.

A pesar de los éxitos a corto plazo de la guerra económica lanzada por Estados Unidos y la Unión Europea contra la economía rusa, la Administración Putin ha seguido siendo muy popular entre el electorado ruso, con índices de aprobación superior al 80%.

Las agrupaciones políticas rusas de oposición al presidente Putin, –es decir los grupos o líderes políticos pro-occidentales al interior de Rusia– han perdido toda credibilidad y sus panfletos acaban en la basura y sus discursos también pero en la basura de la historia.
Sin embargo, la política de sanciones occidentales y la política agresiva, es decir el cerco militar que la OTAN está implementando en las fronteras de Rusia, ha puesto a la luz las vulnerabilidades de Moscú.

La vulnerabilidad rusa: Las limitaciones que Putin enfrenta para proseguir con la restauración de la soberanía de Rusia



Después del saqueo de la economía rusa tanto por la oligarquía moscovita nacional como occidental y la degradación salvaje en la que se encontraba la sociedad rusa, el presidente Putin emprendió una estrategia compleja.

En primer lugar, hizo una diferencia entre oligarcas, aquellos oligarcas que son «políticos» [o que hacen política para sus propios intereses] y oligarcas que son «económicos»: en estos últimos encontró muchos oligarcas ricachones que estaban dispuestos a cooperar con su gobierno [con el nuevo gobierno de Putin] en la reconstrucción de la economía rusa, y estaban dispuestos a seguir complacientemente las directivas impuestas por el presidente Putin y meter la mano al bolsillo para ello.

Estos oligarcas «económicos» comprometidos con Putin conservaron su enorme poder económico y recibieron muchos beneficios y ganancias por su contribución a la reconstrucción de la economía rusa, pero a cambio de esto abdicaron a tener algún poder político. A todos ellos, Putin permitió que estos oligarcas «económicos» conservaran sus imperios empresariales dudosamente adquiridos.
Por el contrario, los oligarcas que buscaban el poder político y financiaban a los políticos de la era Yeltsin estuvieron en la mira de la administración Putin –algunos fueron despojados de sus fortunas– y otros fueron procesados por delitos que van desde el lavado de dinero, evasión de impuestos, estafas y transferencia ilegal de fondos en el extranjero, e incluso perseguidos por la justicia por el asesinato de sus rivales.

El segundo lugar, la estrategia económica-política de Putin a principios de su mandato fue la de profundizar la cooperación de Rusia con los Estados y las economías occidentales, sobre la base de un intercambio recípocro en los mercados comerciales y no sólo en beneficio de una parte, porque durante la era Yelsin la apropiación de los recursos rusos fue acaparada por Occidente. Putin buscaba asegurar una mayor integración política-militar con Estados Unidos y la Unión Europea para asegurar las fronteras y zonas de influencia de Rusia.

Con esta finalidad, el presidente Putin permitió la circulación sobre las rutas del territorio ruso de los suministros expedidos y destinados para las bases militares de las fuerzas armadas de Estados Unidos y la Unión Europea que participaban en la invasión y ocupación de Afganistán. Tampoco se opuso a las sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos contra Irán. Putin tampoco hizo mayor cosa cuando Estados Unidos invadió y ocupó Irak, a pesar de los estrechos lazos económicos permanentes entre Moscú y Bagdad. Por otro lado se unió a las 5 potencias que supervisan las conversaciones de «paz» en Palestina-Israel y se puso por un buen tiempo del lado de Washington e Israel. Incluso dio ingenuamente luz verde a los bombardeos de la OTAN en Libia, suponiendo que sería un asunto limitado, una intervención «humanitaria».

Como resultado de esta colusión [compañerismo] político y diplomático de Putin con la expansión militar de Washington y de la OTAN, el comercio de Rusia, la inversión y las finanzas con Occidente prosperaron. Empresas rusas levantaron préstamos en los mercados de capitales occidentales; los inversores extranjeros acudieron en masa a la bolsa de valores de Rusia y multinacionales formaron empresas mixtas con las empresas rusas. Las principales compañías de petróleo y gas florecieron. La economía rusa recuperó los niveles de vida de la era soviética; el gasto de los consumidores aumentó; el desempleo pasó de una cifra de dos dígitos a un solo dígito; sueldos y salarios atrasados se pagaron y centros de investigación, universidades, escuelas e instituciones culturales comenzaron a recuperarse.

En el tercer lugar de la estrategia de Putin viene la recuperación del Estado (renacionalización) del sector energético –petróleo y gas– un sector importante y estratégico para Moscú. Por compra y recompra directa de acciones y [de empresas], a través de auditorías financieras y la confiscación de los activos de los oligarcas mafiosos. Moscú volvió a tomar nuevamente el control de manera estatal del petróleo y gas ruso, esto fue una operación realizada con gran éxito. Estos sectores renacionalizado formaron empresas conjuntas con los gigantes petroleros occidentales y llevaron cuantiosas exportaciones de petróleo ruso en el transcurso del periódo de alta demanda mundial. Con el aumento de los precios del petróleo en la década de Putin, Rusia conoció un aumento de las importaciones impulsada por los consumidores rusos, importaciones de productos agrícolas, de joyería de lujo y autos ... Putin consolidó su posición política dentro de Rusia gracias al apoyo electoral popular y profundizó la «integración» de Rusia en los mercados occidentales.

La estrategia de expansión y de crecimiento económico de Putin estaba conectada exclusivamente hacia los mercados Occidentales, es decir la Unión Europea y Estados Unidos, no miraba hacia el este: Asia/China, ni tampoco miraba hacia el sur: América Latina.

Con este enfoque inicial del presidente ruso hacia «Occidente» enfoque táctico y exitoso en un principio, Putin comenzó a exponer sin querer las vulnerabilidades estratégicas de Rusia.

Las primeras señales evidentes de agresividad occidental fueron cuando estos lanzaron una campaña de apoyo a los oligarcas corruptos rusos, es decir una campaña anti-Putin, y los medios de comunicación comerciales de Occidente comenzaron a demonizar el sistema judicial ruso que procesaba y condenaba en justicia a un oligarca mafioso y gansteril como lo es Mijaíl Jodorkovski.
La segunda señal de agresividad de Occidente fue el apoyo financiero y político de Estados Unidos y de la Unión Europea a los neoliberales de la era Yeltsin, que comenzaron a competir polticamente contra los candidatos del partido Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin... Se hizo evidente que el esfuerzo de Putin para restaurar la soberanía rusa entraba en conflicto con los planes de Occidente que busca mantener a Rusia como un Estado vasallo.
Occidente sigue añorando los años dorados de pillaje desenfrenado y de dominación de la economía rusa de la era Yeltsin y por eso detestan la era Putin, aquella de una Rusia independiente y dinámica, por tal razón tratan de desprestigiar constantemente al presidente de Rusia comparándolo a la extinta Unión Soviética y al KGB.

En 2010, Estados Unidos apoyó y empujó a uno de los presidentes-clientes que controla, el presidente georgiano Saakashvili de Georgia, para que invadiera militarmente Osetia del Sur, un protectorado [territorial] de Rusia. Esta fue la primera indicación o señal importante que la interacción de Putin con Occidente era también contraproducente. Las fronteras territoriales de Rusia, la de sus aliados y las zonas de influencia rusas se han transformado en objetivos codiciados por Occidente. Estados Unidos y la Unión Europea condenaron la respuesta defensiva de Rusia, incluso después que Moscú retirara sus tropas de Georgia y aplicarle una buena paliza.

La corta guerra de Rusia contra Georgia fue un ensayo militar de Occidente, una especie de ensayo bélico de varios disparos y bombas financiada, aprobada, planificada por Estados Unidos y la Unión Europea; otras veces estos tipos de intervenciones militares reciben el nombre de «revoluciones de color» y otras veces de «intervenciones humanitarias» de la OTAN.
Yugoslavia, país en los Balcanes, fue desmantelada como República Federal por los bombardeos de la OTAN y Ucrania ha experimentado estos últimos tiempos varias «revoluciones de color» para llegar hoy a una sangrienta guerra civil.
Washington y Bruselas han interpretado erroneamente las diversas medidas de conciliación propuestas por el presidente Putin como signos de debilidad de parte de Rusia y se han sentido con las manos libres y el permiso necesario para invadir [controlar] más territorios cerca de la frontera rusao o para derrocar a los gobiernos amigos de Rusia.

A mediados de la segunda década del nuevo siglo XXI, los Estados Unidos y la Unión Europea tomaron una importante decisión estratégica para debilitar la seguridad de Rusia y su soberanía económica: tomar el control de Ucrania, expulsar a Rusia de su base naval del Mar Negro en Crimea y convertir a Ucrania en un puesto de avanzada militar de la OTAN; por otro lado cortar los vínculos económicos de este de Ucrania [región étnicamete rusofona] con Rusia — especialmente el mercado estratégico de armamento militar ruso para con Ucrania.
Este golpe fue financiado por Occidente, mientras que las bandas armadas de extrema derecha y grupos de choque neonazis las proporcionaron los radicales de Ucrania [en colaboración con los servicios secretos occidentales]. La junta [gobernante neofascista] de Kiev organizó una guerra de conquista dirigida para eliminar a los anti-golpistas, a los federalistas, a las fuerzas pro-democracia en la región sureste [y este de Ucrania],en la rica región del Donbas con su mayoría étnica rusa y sus lazos [económicos] con la industria pesada a Rusia.

Cuando Putin reconoce finalmente el grave peligro para la seguridad nacional de Rusia, su gobierno respondió con la anexión de Crimea después de un referéndum popular y comenzó a ofrecer corredores y otras líneas de ayuda y de suministros para los federalistas asediados en el este de Ucrania que se oponen al régimen [neofascista] de Kiev.
Entonces Occidente comenzó aprovecharse de las vulnerabilidades de la economía rusa, vulnerabilidades que resultan del modelo de desarrollo económico de Putin, e impuso a Moscú una amplio lista de sanciones económicas destinadas a paralizar la economía de Rusia.


Las sanciones de Occidente 
y los puntos débiles de Rusia: 
Repensar el enfoque estratégico de Putin



La agresividad militar de Occidente y las sanciones contra Rusia han puesto a la vista varias vulnerabilidades o puntos débiles de la estrategia económica y política de Putin.
Estos incluyen:
Su dependencia exclusiva en los mercados occidentales conducida por los «oligarcas económicos» para promover su estrategia de crecimiento económico de Rusia;
Su aceptación de la mayoría de las privatizaciones de la era Yeltsin;
Su decisión de centrarse en el comercio con Occidente, ignorando el mercado de China;
Su aceptación de adoptar principalmente una estrategia de exportación de gas y petróleo en lugar de desarrollar una economía diversificada;
Su dependencia hacia sus aliados los oligarcas barones ladrones –sin experiencia real en el desarrollo de la industria, que no cuentan con verdaderas habilidades financieras ni técnicas, con escasa experiencia tecnológica, sin conocimientos en conceptos de marketing –para poder restaurar, renovar, innovar y ejecutar un sector manufacturero de avanzada. A diferencia de los chinos, los oligarcas rusos han sido totalmente dependientes de los mercados occidentales, sea para las finanzas [colocar sus millones en bancos en Occidente], sea para la tecnología y han hecho muy poco para desarrollar el mercado [interior] nacional ruso; nada han hecho para implementar la autofinanciación mediante la reinversión de sus utilidades o mejorar la productividad a través de la tecnología rusa y la investigación. Nada de esto han hecho los oligarcas.

Frente a las sanciones occidentales, el punto más débil de Putin para poder dar una respuesta contundente curiosamente son oligarcas-aliados, y este punto débil incapacita a Rusia en la formulación de una respuesta eficaz a la agresión occidental.
Estos oligarcas-aliados presionan a Putin para que ceda y acepte lo que Washington está exigiendo; al mismo tiempo suplican a los bancos occidentales para que sus cuentas y propiedades estén libres o exentas de las sanciones occidentales. Están desesperados por proteger sus bienes en Londres y Nueva York. En una palabra, están apurados y desesperados por que el presidente Putin llegue rápidamente a un acuerdo con la Junta [neofascista] de Kiev y abandone a los luchadores federalistas rusos-ucranianos que exiguen libertad y democracia en el sureste y este de Ucrania. Y presionan a Putin para ello.

Esto pone en relieve la contradicción dentro de la estrategia de Putin de trabajar con los oligarcas «económicos», que estuvieron de acuerdo desde un principio en no oponerse a Putin en Rusia, mientras que iban transferiendo sus riquezas masivamente a los bancos occidentales, invirtiendo sus millones en bienes raíces de lujo en Londres, París y Manhattan y creando vínculos, amistades y lealtades [con grupos de poder] fuera de Rusia.

En efecto, estos «oligarcas económicos» están hoy en día estrechamente vinculados a los enemigos políticos actuales de Rusia [los banqueros y otros grupos de poder occidentales que están lanzando las sanciones económicas contra Rusia actualmente].
Fue un éxito táctico de Putin en un principio el de aprovechar la «ayuda» de los oligarcas en su proyecto de crecimiento a través de la estabilidad pero paradójicamente esto se ha convertido hoy en una debilidad estratégica en la defensa del país contra las represalias económicas occidentales agobiantes.

La decisión de Putin de aceptar las privatizaciones [gángsteres] de la era Yeltsin proporcionó una cierta estabilidad en el corto plazo, pero también provocó la huida masiva de capital privado ruso al extranjero en lugar que estos fondos permanecieran en el país para ser invertidos en proyectos destinados a asegurar una mayor autosuficiencia.
Hoy en día la capacidad del gobierno ruso para movilizar y convertir su economía en un motor de crecimiento para soportar la presión imperial de las sanciones económicas impuestas abusivamente a Rusia es mucho más débil porque la totalidad de la economía ya no está bajo un mayor control estatal.
Putin pasará por momentos difíciles, tratando de convencer a los propietarios privados de las principales industrias rusas de que deben hacer sacrificios –están demasiado acostumbrados a recibir favores, subvenciones y contratos gubernamentales. Además, como sus contrapartes financieras [socios o asociados] en Occidente hacen presión, apuran los rusos para los pagos de deudas y niegan al mismo tiempo nuevos créditos, las élites privadas rusas amenazan con declararse en quiebra o despedir trabajadores para reducir gastos o simplemente recortar la producción.

La creciente ola de intervenciones militares occidentales en las fronteras de Rusia, la larga lista de promesas incumplidas de Estados Unidos y la Unión Europea sobre la no incorporación de los países de Europa del Este al bloque militar de la OTAN, el bombardeo y destrucción de Yugoslavia en la década de los 90, todo esto debió haber demostrado y servido de ejemplo al presidente Putin para que darse cuenta de que ninguna cantidad de concesiones unilaterales hechas a favor de Occidente iba permitir que Rusia fuese aceptada o considerada como un buen socio.
Washington y Bruselas han estado siempre firmes en su estrategia para rodearla militarmente y mantener a Rusia como un Estado-cliente.

En lugar de seguir desarrollando exclusivamente relaciones con Occidente (es decir con el oeste de Europa (esencialmente la Unión Europea y Estados Unidos) y de ofrecer apoyo indirectamnte a las guerras estadounidenses de la OTAN, Rusia habría estado en una posición mucho mejor para resistir hoy las sanciones y amenazas militares actuales si hubiese diversificado y orientado su economía también hacia los mercados de Asia, especialmente hacia China, con su dinámico crecimiento económico y la expansión del mercado interno, la capacidad de inversión y la creciente competencia técnica.
Es evidente que la política exterior de China no ha tenido los mismos problemas que afronta Rusia; China no ha tenido agresiones militares cerca de sus fronteras y los aliados de China tampoco han sido atacados, ni invadidos, ni implicados en guerras, como lo han sido los aliados de Rusia.
A pesar que Rusia ha reaccionado ahora para aumentar los lazos económicos con Asia frente a las crecientes amenazas de la OTAN, una gran cantidad de tiempo y de resultados se han perdido en los últimos 15 años.
Tomará otra década para reorientar la economía rusa, con sus principales industrias todavía controladas en gran parte por los oligarcas mediocres y cleptócratas, vestigios de la época de Yeltsin.

Con el cierre de los mercados occidentales (europeos de la Unión Europea y de los Estados Unidos principalmente), Putin ha tenido que “volverse” hacia China y también hacia otros países de Asia y América Latina para encontrar nuevos mercados y socios económicos.
Pero su estrategia de crecimiento sigue dependiendo sbre todo de las exportaciones de petróleo y gas y hoy la mayor parte de los líderes empresariales de Rusia, managers, ejecutivos-dueños no son verdaderos empresarios emprendedores capaces de desarrollar nuevos productos innovadores y competitivos, de implantar nueva tecnología e insumos de Rusia y la capacidad para identificar nuevos mercados rentables. Esta generación de líderes empresariales rusos no construyó sus imperios o conglomerados económicos del «abajo hacia arriba» –sino que se apoderaron y saquearon los activos del sector público estatal, y su riqueza creció gracias a contratos con el Estado y la protección de este.
Moscú les pide ahora encontrar nuevos mercados alternativos en el extranjero, para innovar, competir y sustituir su dependencia de la maquinaria alemana.

La mayor parte de la «casta capitalista industrial» de Rusia no es de verdaderos empresarios. Son más bien como una banda de compinches coleccionistas adinerados que no saben que hacer con sus millones, orientados y seducidos exclusivamente por Occidente.
Sus orígenes son a menudo el sector mafioso-gansgteríl, como «señores de la guerra», «fuertes en negocios por la fuerza» y que desde un principio supieron muy bien como eliminar a sus rivales de los sorteos de bienes públicos y estatales de la década de los años 1990.
Si bien estos oligarcas han tratado de ganar respetabilidad después de consolidar sus imperios económicos gracias a los servicios de agencias de relaciones públicas contratadas para pulir sus imágenes y dotarse de consultores económicos para asesorarles sobre las inversiones, nunca demostraron ninguna capacidad para hacer crecer sus empresas o transformarlas en empresas competitivas.
En vez de ello, se mantuvieron totalmente dependientes del capital, la tecnología y las importaciones provenientes de Occidente y de las subvenciones de la administración de Putin, que ellos controlaban o beneficiaban.

Los llamados «capitalistas» rentistas rusos contrastan agudamente con los empresarios públicos y privados chinos dinámicos –que pidieron prestada la tecnología del extranjero, tomaron eso prestado de Estados Unidos, Japón, Taiwán y Alemania, adaptando y mejorando la tecnología y ahora están produciendo equipamiento altamente competitivo y avanzado. Cuando las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea entraron en vigor, la industria rusa resultó incapaz de sustituir la importación extranjera por la producción local y el presidente Putin tuvo que concertar acuerdos comerciales de importación con China y con otras fuentes para obtener los insumos que Rusia necesita.

El mayor defecto estratégico en la estrategia económica de Putin fue su decisión de concentrarse mayoritariamente en las exportaciones de gas y petróleo hacia el mercado de Occidente como su «motor de crecimiento». Esto dio lugar a la dependencia rusa de los altos precios de las exportaciones de materias primas y de productos energéticos hacia los mercados occidentales. Teniendo eso en la mente, Estados Unidos y la Unión Europea explotaron la vulnerabilidad de Rusia favoreciendo la caída del precio del petróleo y su dependencia de la tecnología occidental para la extracción de petróleo, así como la paralización de creación de empresas mixtas (rusas con occidentales).

La política de Putin se ha basado en una visión de integración económica con Occidente junto con una mayor cooperación de relaciones políticas con las potencias de la OTAN. Estos proyectos de Putin se han desmoronado ante la marcha de los acontecimientos:

La cooperación de Estados Unidos y la Unión Europea fue por su lado táctica y calculadora, dependiendo de las concesiones asimétricas hechas unilateralmente por parte de Rusia hacia ellos –especialmente la constante disposición de Rusia a sacrificar a sus aliados tradicionales en los Balcanes, Oriente Medio, norte de África y especialmente en el Cáucaso– únicamente para seguir manteniendo buenas relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea.
En cuanto Rusia comenzó a hacer valer sus propios intereses, Occidente se volvió hostil y se dispuso a empezar una confrontación. Desde que Rusia se opuso al régimen golpista en Kiev, el objetivo principal de Occidente ha sido el derrocamiento de Putin en Rusia.
La ofensiva Occidental en curso contra Rusia actualmente no es una fase pasajera, o algo que se va a terminar pronto, no! Es el comienzo de una prolongada e intensificada confrontación económica y política.

Aunque Rusia es vulnerable, lo cierto es que dispone de los medios, de los recursos y de la capacidad para resistir, de defender y promover su seguridad nacional así como su economía.

¿Qué se debe hacer?



 En primer lugar y ante todo Rusia debe diversificar su economía; debe industrializar sus propias materias primas e inyectar grandes inversiones para sustituir las importaciones occidentales con productos manufacturados locales. Si bien el intercambio comercial firmado recientemente con China es un paso positivo, no deben repetirse los mismos errores cometidos con Occidente, es decir convertirse en un simple proveedor de energía (gas y petróleo) porque sería repetir el msmo patrón comercial que ha hecho con Estados Unidos y la Unión Europea.

 En segundo lugar, Rusia debe volver a nacionalizar su sistema bancario, el comercio exterior y las industrias estratégicas del país, eliminando todas las lealtades politico-económicas dudosas de cierta clase social, poniendo fin al comportamiento rentista de la clase actual con graves signos de disfunción «capitalista» privada. El gobierno de Putin debe pasar de la era de los oligarcas a la era de los tecnócratas; pasar de la era de pensionistas a la era de los empresarios (modernos, innovadores y buenos admistradores creativos); pasar de los especuladores que ganan su dinero en Rusia –pero lo invierten o lo gastan en Occidente– para crear en lo adelante empresas co-particitivas entre trabajadores-técnicos e inversores, en una palabra, debe profundizar el carácter nacional, público, y productivo de la economía.

Sobre los oligarcas que permanecen en Rusia, no podemos creer que sus simples declararaciones de lealtad hacia la administración del presidente Putin bastan para verlos como verdaderos y legítimos agentes económicos de los intereses rusos en el apís. Por lo general, los oligarcas han dejado de invertir en Rusia, transfirieron su riqueza y con ello han puesto en tela de juicio la autoridad legítima del Estado ruso en el extranjero, bajo la presión de las sanciones económicas occidentales.

Rusia necesita una nueva revolución económica y política –en la que el gobierno reconoce a Occidente como una grave amenaza imperial y pueda apoyarse sobre una clase obrera rusa organizada y capacitada, no en una banda de dudosos oligarcas.

La administración de Putin demostró tener la capacidad para sacar a Rusia del abismo donde se estaba sumergida en los años 1990 y ha sabido también inculcar la dignidad y la autoestima entre los rusos, tanto al interior del país como en el extranjero. También se ha enfrentado inteligentemente a la agresión de Occidente en Ucrania. A la luz de estos hechos, el presidente Putin tienen todo el interés de avanzar y comenzar a desmantelar el Estado cleptómano que todavía subsiste de la era Yeltsin en la economía rusa y debe comenzar a reindustrializar, diversificar y desarrollar la economía nacional rusa, con alta tecnología para gozar de una economía diversificada.
Pero sobre todo Rusia necesita crear nuevas formas democráticas populares de democracia para sustentar la transición a un Estado seguro, antiimperialista y soberano.
El presidente Putin cuenta con el respaldo de la gran mayoría del pueblo ruso; Putin cuenta con extraordinarios científicos y profesionales; Putin tiene aliados en China y entre los países del movimiento de los BRICS; y sobre todo, Putin tiene la voluntad y cuenta con el poder, con la bendición de la población [y la aprobación ética y moral] de «hacer lo correcto».

La pregunta sigue siendo si Putin tendrá éxito en esta nueva misión histórica, o si, por miedo o indecisión, Putin capitularía ante las amenazas agresivas de un Occidente decadente y peligroso.


viernes, 17 de octubre de 2014

Iran hace jaque con los kurdos

por Eric Draitser




In the midst of the war against ISIS (Islamic State) now taking place in both Iraq and Syria, a possible shifting of alliances that could fundamentally alter the balance of power in the region is taking place, and no one seems to have noticed. Specifically, the burgeoning relationship between the Islamic Republic of Iran and the semi-autonomous Kurdistan region of Northern Iraq has the potential to remake the political landscape of the Middle East. Naturally, such a development is part of a broader geopolitical gambit by Iran, and it will have significant ramifications for all regional actors. However, it is Turkey, the gulf monarchies, and Israel that potentially have the most to lose from such a development.

While Iran has long-standing disputes with elements of its own Kurdish minority, it has demonstrably taken the lead in aiding Iraqi Kurds in their war against extremist fighters loyal to ISIS. As Kurdish President Massud Barzani explained in late August, “The Islamic Republic of Iran was the first state to help us…and it provided us with weapons and equipment.” This fact alone, coupled with the plausible, though unconfirmed, allegations of Iranian military involvement on the ground in Kurdish Iraq, demonstrates clearly the high priority Tehran has placed on cooperation with Barzani’s government and the Kurdish people in the fight against the Saudi and Qatari-backed militants of ISIS. The question is, why? What is it that Iran hopes to gain from its involvement in this fight? Who stands to lose? And how could this change the region?

The Iran Equation

While many eyebrows have been raised at Iranian involvement on the side of the Kurds in the fight against ISIS, perhaps it should not come as a much of a surprise. Tehran has steadily been shoring up its relations with Erbil, both out of a genuine desire to form an alliance, and as a counter-measure against the ouster of their close ally and partner, former Iraqi Prime Minister Nouri al-Maliki.

Since the US war on Iraq began in 2003, and especially after US troops left in 2011, Iran had positioned itself as a key, and in some ways dominant, actor in Iraq. Not only did it have significant influence with Maliki and his government, it also saw in Iraq an opportunity to break out of the isolation imposed upon it by the US, EU and Israel over its disputed nuclear program. For Iran, Iraq under Maliki was a bridge both physically (linking Iran with its allies in Syria and Southern Lebanon) and politically (serving as an intermediary with the West in negotiations). In addition, Maliki’s Iraq was to be the linchpin of a new economic strategy which included the proposed Iran-Iraq-Syria pipeline, a project which would have provided Iran overland access to the European energy market, thereby allowing the Islamic Republic to overtake Qatar as the region’s dominant gas exporter to Europe.


Additionally, Iraq was in many ways the front line in Iran’s continued struggle against western-backed terror groups, the most infamous of which is the Mujahideen-e-Khalq (MEK). It was Maliki’s government which closed down Camp Ashraf, the notorious base from which the MEK operated, conducting their continued terror war against Iran. It is of course no secret that MEK is the darling of the neocon establishment, lauded by nearly every architect, supporter, and enabler of Bush’s Iraq War.

Seen in this way, Iraq was both an economic and political necessity for Iran, one that could not simply be allowed to slip back into the orbit of Washington. And so, with the emergence of ISIS, and the subsequent toppling of the Maliki government through behind-the-scenes pressure and a comprehensive propaganda campaign that portrayed him as a brutal dictator on par with Saddam Hussein, Iran clearly needed to recalculate its strategy. Knowing that it could not trust the new government in Baghdad, which was more or less handpicked by the US, Tehran clearly saw a new opportunity in Kurdistan.

Why Kurdistan?

While the imperatives for Iran to engage in Iraq are clear, the question remains as to what specifically Kurdistan offers Tehran both in terms of strategic necessity and geopolitical power projection. To understand the Iranian motive, one must examine how Kurds and Kurdistan fit into Iran’s national and international relations.

First and foremost is the fact that Iran, like Iraq, Syria and Turkey, is home to a considerable Kurdish minority, one that has consistently been manipulated by the US and Israel, and used as a pawn in the geopolitical chess match with the Islamic Republic. With the chaos in Iraq and Syria, and the continued oppression and marginalization of the Kurdish minority in Turkey, it seems that an independent Kurdistan, one that could fundamentally alter the map of the region, is becoming an ever more viable possibility. So, in order to prevent any possible destabilization of Iran and its government from the Kurds, Tehran seems to have begun the process of allying with, as opposed to aligning against, Kurdish interests in Iraq. Likely, Iran sees in such an alliance a tacit, if not overt, agreement that any Kurdish independence will not be used as a weapon against Tehran.

Secondly, by siding with Barzani’s government and providing material and tactical support, Iran is clearly jockeying for position against its regional rivals. On the one hand, Iran recognizes the threat posed by NATO member Turkey whose government, led by Erdogan and Davutoglu, has been intimately involved in the war on Syria and the arming and financing of ISIS and the other terror groups inside the country. While Ankara haspublicly proclaimed its refusal to participate in military action in Syria, its actions have shown otherwise. Fromhosting terrorists to providing space to CIA and other intelligence agencies involved in fomenting civil war in Syria, Turkey has shown itself to be integral to the US-NATO-GCC attempt to effect regime change.

It is, of course, not lost on the Kurds precisely what Turkey has done, and continues to do. Not only has Turkey waged a decades-long war against the Kurdish Workers Party (PKK), it has steadfastly refused to treat its Kurdish minority as anything other than second class citizens. And now, given the central role that Erdogan, Davutoglu & Co. have played in fomenting the war in Syria, they allow their terrorist proxies of ISIS to massacre still more Kurds. It should therefore come as no surprise that many Kurds view Turkey, not Syria or Iran, as the great threat and enemy of their people. And so, Iran steps into the vacuum, offering the Kurds not only material, but political and diplomatic support.

From Tehran’s perspective, Turkey continues to be the representative of the US-NATO-GCC agenda; Ankara has played a key role in blocking Iranian economic development, particularly in regard to energy exports. It should be remembered that Turkey is one of the principal players in the Caspian energy race, providing the requisite pipeline routes for both the TANAP (Trans-Anatolian Pipeline) and Nabucco West pipeline project, among a basket of others. These projects are supported by the US as competition to both Russia’s South Stream (a pipeline which would bring Russian gas to Southern Europe) and the proposed Iran-Iraq-Syria pipeline. Essentially then, Turkey should be understood as a powerful chess piece used to block Iranian moves toward economic independence and regional hegemony.

Iranian overtures toward the Kurds, and involvement in the fight against ISIS generally, must also be interpreted as a check against Iran’s other regional rivals in Saudi Arabia and Qatar. Both countries have been implicated in organizing and financing many of the terror groups and networks that now operate under the “ISIS” banner, using them as proxies to break the “Resistance Axis” that includes Hezbollah, Syria’s Baath Party, and Iran.

The economic and political interests of Saudi Arabia and Qatar, more specifically the families ruling those countries, are self-evident; maintaining their grip on power is only possible by maintaining dominance over the energy trade. In Iran, the gulf monarchies see a powerful, resource-rich nation that, given the opportunity to develop economically, would likely displace them as the regional leader. And so, naturally, they must activate their jihadi networks to deprive Iran of its two strategic allies in Iraq and Syria, thereby severing the link with Hezbollah and breaking the arc of Shia dominance. It is basic power politics, only it is now Kurds paying with their lives for the petty aspirations of gulf monarchs.

Finally, Iranian moves in Kurdistan represent a new phase of the long-standing proxy war between Iran and Israel. It is no secret that, as mentioned above, certain Kurdish factions and organizations have long been quite close with Tel Aviv. In fact, the decades-long relationship between the two is one of the primary reasons for Kurdish acquiescence to western designs against both Iraq and Iran. As pro-Israeli blogger and self-proclaimed “prodigious savant” Daniel Bart wrote:

There was very close cooperation between Israel and the KDP in the years 1965-75. During most of that time there were usually some 20 military specialists stationed in a secret location in southern Kurdistan. Rehavam Zeevi and Moshe Dayan were among Israeli generals who served in Kurdistan…The Israelis trained the large Kurdish army of Mustafa Barzani and even led Kurdish troops in battle…The “secret” cooperation between Kurdistan and Israel is mainly in two fields. The first is in intelligence cooperation and this is hardly remarkable as half the world including many Muslim states have such relationships with Israel. The second is influence in Washington.Bart, relying on the work of noted Israeli author and researcher Shlomo Nakdimon, is quite correct to point out that Israeli intelligence, including some of the most celebrated (or infamous, depending on one’s perspective) Israeli leaders, have had intimate ties with the Kurdish leadership for more than half a century. Though the documented evidence is scanty, those who follow the relationship closely generally believe that the level of cooperation between Tel Aviv and Erbil has increased dramatically, particularly since the US invasion of Iraq in 2003. Indeed, Israel likely has covert operatives and intelligence officers on the ground in Kurdistan, and has for some time. This is certainly no secret to the Iranians who are convinced (and are likely correct) that many of the assassinations, bombings, and other terrorist acts perpetrated by Israel have been planned and organized from Kurdish territory.

Such thinking is backed up by the investigative reporting of Pulitzer Prize-winning journalist Seymour Hersh who noted in 2004:

“The Israelis have had long standing ties to the Talibani and Barzani clans [in] Kurdistan and there are many Kurdish Jews that emigrated to Israel and there are still a lot of connection. But at some time before the end of the year [2004], and I’m not clear exactly when, certainly I would say a good six, eight months ago, Israel began to work with some trained Kurdish commandoes, ostensibly the idea was the Israelis — some of the Israeli elite commander units, counter-terror or terror units, depending on your point of view, began training — getting the Kurds up to speed.”Iran’s leaders have been keenly aware of the presence of Israeli Special Forces and intelligence on the ground in Kurdistan, knowing that ultimately it is Tehran in the crosshairs. And so, Iran has clearly taken this brief window as an opportunity to assert its own influence in Kurdistan, inserting itself into what had been, until now, the domain of the Israelis. It remains to be seen how Tel Aviv will respond.

While the world watches with horror the continued advance of ISIS in both Iraq and Syria, there is another story unfolding. It is the story of how Iran, long since demonized as the regional pariah, has turned the chaos meant to destroy it and its allies into a possible springboard for future cooperation. It is the story of how terrorism and proxy war has brought former enemies closer together, while exposing before the world the treachery of governments once seen as Iranian allies. It is the story of alliances shifting like desert sands. But in this story, the next chapter has yet to be written.

sábado, 26 de abril de 2014

Blackstone y Jacob Rothschild, beneficiados con la desaparición del MH370

por Alfredo Jalife-Rahme

La búsqueda del vuelo MH 370 ha mostrado que Washington disponía de medios para seguir el desplazamiento del avión, que esos medios iban mucho más allá de lo que habían dicho las autoridades estadounidenses y que estas últimas demoraron además una semana en revelar lo que sabían sobre la desaparición del avión de la Malaysia Airlines. La búsqueda internacional del avión desaparecido también ha permitido saber que China no dispone de puertos de abastecimiento que le permitan desplegar su marina de guerra en una zona tan amplia. Pero, más allá de la desaparición del avión y de lo que esta ha permitido saber sobre las capacidades estratégicas de los participantes en la búsqueda, no podemos olvidar que este extraño incidente deja dos felices beneficiarios: Blackstone y Jacob Rothschild.

Jacob Rothschild, presidente de RIT Capital Partners plc y administrador de Blackstone. Es también presidente del Institute for Jewish Policy Research.




En la era tripolar geoestratégica del «mundo post Crimea» entre Estados Unidos, Rusia y China, es imperativo contrastar la avasallante desinformación de «Occidente» mediante la imprescindible consulta del portal multimediático ruso Russia Today (22/3/14).


Como suele suceder en los «accidentes» misteriosos, la insólita desaparición del vuelo MH 370 de la Malaysia Airlines –cuya explicación no satisface a nadie, y mucho menos a la mayoría de los afectados chinos– ha provocado infinidad de interpretaciones, algunas descabelladas y otras perturbadoras.

Mientras arreciaba la «guerra de sanciones» de Estados Unidos y la Unión Europea contra Vlady Putin, Russia Today publicaba en forma estrujante que «a los 4 días(¡supersic!) de que el vuelo MH 370 desapareciese, una patente de semiconductores fue aprobada por la oficina de patentes de Estados Unidos» [1]. ¿Se desató la «guerra de patentes»?




A juicio de Russia Today, el beneficiado con la patente de semiconductores de marras es Jacob Rothschild, de la polémica y cuan legendaria dinastía bancaria.

La patente estaba compartida entre 5 titulares con un 20% cada uno: la empresa Freescale Semiconductor, con sede en Austin (Texas), y otros 4 titulares, oriundos de la ciudad de Suzhou (China), empleados de la empresa texana, quienes se encontraban a bordo del avión extraviado.

El portal ruso señala que «si un titular de la patente muere, los demás titulares compartirán equitativamente(sic) los dividendos de la persona fallecida, siempre y cuando no se dispu­te en su testamento». «Desaparecidos" y/o "muertos» los 4 copropietarios chinos de la patente, «quien quede con vida consigue el 100% de la patente», como sucedió en este caso con la texana Freescale Semiconductor, que pertenece a la controvertida empresa invisible Blackstone, cuyo propietario es el banquero israelo-británico Jacob Rothschild [2].

Los «inventores» y «aplicantes» fueron los cuatro chinos «desaparecidos» y el «asignado» nada menos que Freescale Semiconductor. ¡Vaya suerte!

Destaca en forma inquietante la identidad invisible de Blackstone y su interconectividad con BlackRock y Evercore Partnership las que, coincidentemente, se encuentran detrás de la privatización de Pemex [3].


Resalta que Blackstone gestó a Black­Rock, dirigido por el israelí-estadounidense Larry Fink [4]. Más allá de la interconectividad cupular de Blackstone/BlackRock/Rothschild/GeorgeSoros/Scotia bank/Evercore Partnership/Protego con Kissinger Associates y la polémica aseguradora AIG que preside el israelo-estadounidense Maurice Hank Greenberg, vale la pena escudriñar la identidad empresarial de Freescale Semiconductor.




Resulta extraño que entre los 239 pasajeros, «20 pasajeros eran empleados del Pentágono» y además que «4 pasajeros tenían pasaportes falsos».

Por encima de las inevitables conjeturas, lo relevante radica en la profesión en electrónica de los 20 empleados del Pentágono muy versados en el arte de la «guerra electrónica» para evitar los sistemas de radares militares [5].

Curioso: de los 20 empleados «desaparecidos» de Freescale Semiconductor, 12 eran oriundos de Malasia y 8 de China.

Freescale Semiconductor se jacta de que sus productos tienen aplicaciones en comunicaciones en el campo de batalla; aviónica [6]; guía de misiles; guerra electrónica e identificación de amigo o enemigo.

La polémica empresa texana fue una de las primeras de semiconductores en el mundo y se creó como una división de Motorola, de la que luego se separó para ser adquirida en 2006 por Blackstone (perteneciente a los Rothschild), el omnipotente Grupo Carlyle y TPG Capital.

El Grupo Carlyle ostenta la titularidad del nepotismo dinástico de los Bush, de Frank Carlucci (ex consejero de Seguridad Nacional y ex jefe del Pentágono), del ex primer ministro británico John Major, y cuyo representante en México es el polémico Luis Téllez Kuenzler, hoy a cargo de la bolsa, donde han sucedido varias interrupciones extrañas de las cotizaciones [7].

TPG Capital es una poderosa firma de inversiones con sede en Fort Worth (Texas) que preside el israelo-estadounidense David Bonderman, quien se excede en extravagancias como haber pagado 7 millones de dólares a los Rolling Stones para celebrar su cumpleaños número 60, en 2002.

Freescale Semiconductor se especializa en la «guerra electrónica» y su «tecnología furtiva» (cloak technology) usa estrategias de «contramedidas electrónicas basadas en radares» (ECM): 1) interferencia del radar; 2) modificaciones de los objetivos y 3) el cambio eléctrico de las propiedades del aire.

Según The Daily Beast, un ataque israelí contra Irán iría más lejos que los conocidos bombardeos de aviones y probablemente desplegaría una «guerra electrónica» contra todo el sistema eléctrico del país persa, contra su Internet, su red de telefonía móvil o celular y las frecuencias de emergencia para bomberos y policías.

The Daily Beast asevera que «Israel ha desarrollado un arma capaz de imitar la señal de mantenimiento de los teléfonos celulares», que «detiene eficazmente las transmisiones» [8]. En la pasada década, «Israel ha acumulado un amplio espectro de armas de alta tecnología de un valor multimillonario que le permitiría atascar, cegar y ensordecer las defensas de Teherán en caso de un bombardeo aéreo preventivo».

Más aún: existe una «nueva tecnología furtiva» que «torna a los aviones invisibles a los radares y los oculta a los ojos humanos», mientras el «camuflaje de alta tecnología» puede crear campos electromagnéticos, según expone el sitio web military.com [9].

China acusa a Estados Unidos de una escalada de ataques informáticos [10], al unísono de que Pekín y Washington aceleran la carrera armamentista en materia de «tecnología de ocultamiento» de los aviones invisibles.



Lee Hamilton, presidente del Wilson Center. Este ex congresista demócrata salvó al presidente Ronald Reagan del desastre en el momento del escándalo Irán-Contras. En el 2000, participó en la elaboración del concepto de «responsabilidad para proteger». También copresidió la comisión presidencial de investigación sobre los hechos del 11 de septiembre de 2001 que desvió la atención hacia los atentados para ocultar el golpe de Estado que se produjo aquel día en Estados Unidos. Y en 2006, copresidió la Comisión Baker-Hamilton que decidió poner en pausa el descomunal despliegue militar estadounidense en el Medio Oriente.


La poderosa empresa bélica británica BAE Systems –vinculada a la NSA National Security Agency, a Seguridad del Hogar y al tristemente célebre Wilson Center, expuesta en el pestilente escándalo «Al-Yamama», posee el programa «adaptiv», que tiene como objetivo «ocultar los vehículos motorizados», extensivo a barcos y helicópteros.

¿No será que detrás de la «caja negra» del vuelo MH 370 se encuentra la dupla financiera y lúgubre de Blackstone/BlackRock, propiedad de los Rothschild?


[1] “United States Patent n°8671381 B1”, 11 de marzo de 2014.

[2] «Rothschild hereda una patente de semiconductores al desaparecer el MH370», Russia Today, 22 marzo de 2014.

[3] «[BlackRock: el mayor inversionista del mundo detrás de la privatización de [la empresa petrolera mexicana] Pemex->http://www.jornada.unam.mx/2013/12/...]», de Alfredo Jalife-Rahme, La Jornada, 11 de diciembre de 2013.

[4] “Lessons From Blackstone for BlackRock”, de Jeffrey Goldfarb,The New York Times, 23 de enero de 2014.

[5] “Malaysia jet hidden by Electronic Weaponry? 20 EW defense-linked passengers”, de Deborah Dupre, Examiner, 9 de marzo de 2014.

[6] El término «aviónica» es una contracción de los términos «aviación» y «electrónica» que se utiliza para designar la aplicación de la electrónica en la aviación. Nota de Red Voltaire.

[7] «Carlyle Group».

[8] “Israel’s Secret Iran Attack Plan: Electronic Warfare” de Elie Lake,The Daily Beast, 16 de noviembre de 2011.

[9] “Invisible Planes: China, US Race for Cloaking Tech”, de Gene J. Koprowski, Fox News, 17 de diciembre de 2013.

[10] “China points finger at US as hacking attacks soar”, Shanghai Daily, 29 de marzo de 2014.

lunes, 20 de enero de 2014

Ginebra-2 y sus participantes

Ginebra-1 tuvo lugar a costa de los sirios. Con todos los que estaban enfrascados en una guerra que daban por buena, y ganada.
Estaban todos, menos los sirios.

Ginebra-2 va a tener lugar cuando la guerra está perdida. Cuando los mercenarios de todos los bandos que los han financiado se están entrematando, y cuando la popularidad del gobierno sirio está como nunca.

Si los terroristas dan ultimatums sobre la participación de Irán por algo será. Y sino, qué?

Promotores de la guerra y participantes:
EE.UU, Francia, Turquía, Alemania, Inglaterra...vamos, las estrellas de la Otan. Estos por un lado.
Por otro, Qatar y los HH.MM ( sí, los que ganaron en Egipto, y también tienen un secuaz en Ankara).
Y los terceros en discordia: Arabia Suadí e Israel. Éste último como verso libre que va exclusivamente a lo que le viene mejor. El comodín para unos, cuando el resto son los comodines para él.

Traducido al terreno:
El ELS ( Ejercito Libre Sirio), inexistente, y ya fulminado por los 4 costados. AKA los moderados.
ISIS ( Daesh en Arabe): radicales islámicos y asesinos.
Jabhat al Nusra: igual de radicales y criminales.
Ahí quedan las pistas.
Entre todos estos anteriores ahora se están masacrando a su estilo. Desde los más simple de ejecuciones en la calle, hasta auténticas batallas campales, pasando por los suicidas y coches bomba.




Alguien pretende pensar que esos son interlocutores validos en conversaciones para cerrar un conflicto?

Francia puteando al presidente Sirio.
Los asesinos amenazando que no van si va Iran.
Nadie quiere que vaya Irán, para hacer pensar que el conflicto es religioso.

Y alguien se podría preguntar el porqué deberían ir los que van?
Es un conflicto mundial, con lo cual, que vayan las potencias RADICALES del consejo de seguridad ( como siempre) que son las que más tienen que ver, porque los otros son mero payasos y títeres de sus ordenes.

En breve veremos los desarrollos, pero las sorpresas están a la orden del dia.



miércoles, 16 de octubre de 2013

Siria: ¿Y ahora qué?

por Zak

Desde la desactivación de la guerra preventiva del pacifista y nobel de la paz Obama, por Lavrov, poco se oye de Siria.
La prensa atlantista apenas habla. Se hacen reportajes colaterales. Pero ya no hay foco. Ya no es noticia.
Igual que en todos los conflictos imperiales, recientemente llamados primaveras o brotes verdes, cuando la jugada no ha funcionado, se da orden de silencio y listo.
Alguien podría poner la mano en el fuego y realmente decir lo que está ocurriendo sobre el terreno en todos los países en conflicto, y en concreto en Siria?

Ahora quedan en la memoria del personal, unos datos grandilocuentes, como todos los datos, que son los famosos 100.000 muertos y los dos años y medio de guerra.
Se habla de la muerte sin criterio. No es que la muerte lo tenga, pero los que mueren son unos u otros. No son los mismos. No es lo mismo meter en el saco de muertos, mercenarios, terroristas, agentes secretos, militares extranjeros, fuerzas especiales, suicidas redomados, que a sus víctimas: los civiles, los que les defienden, las fuerzas regulares del ejército, y las defensas nacionales.
NO es lo mismo, sin embargo, ahí queda la cifra. 100.000.

Si hay que hablar de cifras, habría que estar informado.  Sería necesario tener datos sobre el terreno. El observatorio inglés de los derechos humanos de Siria, parece que hace tiempo no existe. Y eso que fue la única fuente del imperio. El único tío que había en Londres para informar de acontecimientos a miles de kilómetros.

100.000 es mucho? es poco? Pero es una cifra redonda.
Cuando los supuestos ataques químicos sacaron cifras "exactas": 1249, o 1543, o 671. ¿Con un falso ataque se sacan datos exactos, pero con una realidad campante no se puede definir nada?

Lo que acontece en Siria actualmente, es una masiva masacre de terroristas en todos los frentes. Grande significa que están cayendo a una media de centenas diarias. Y la proporción de población civil y militares versus terroristas aniquilados ya no es la del principio de esta locura de guerra mundial encubierta.
Por eso no se informa de nada.
Ahora mismo, las únicas víctimas ( merecidas) son todos los terroristas que se están quedando solos.
Ahora mismo, y desde hace bastante a los largo de este verano, los salafistas, yihadistas, y mercenarios de todos los paises imaginables, están cayendo.
El captagon les hace invulnerables a sus miedos, pero no a la reconquista del ejército.
Las operaciones emprendidas por el EAS( Ejército Arabe Sirio) están arrinconando a todas esas ratas y dejándolas sin armas, ni suministros. El remate es inmediato.

Ha quedado claro que la victoria diplomática de Lavrov, ha ayudado perfectamente a esta situación.
Siria se ha comprometido con el desmantelamiento de su arsenal químico obsoleto. Pero una vez desactivada la famosa linea roja del loco Obama, y cumpliendo lo que sea menester en cuanto a desmantelar arsenales, el EAS se dedica a lo que tiene como objetivo primordial: aniquilar a todos los terroristas.

La prensa ya no puede vender nada. Ha quedado tajantemente claro, que la lucha de Siria es contra el terrorismo de unas bandas armadas y financiadas desde "occidente". Es una guerra legítima contra el terrorismo.
Es la famosa guerra que lideraba EE.UU, pero al revés.
EEUU fomentando y armando el terrorismo, y los países soberanos defendiéndose de esa plaga.

Entre los amigos de Siria, Turquía, Qatar y Arabia saudita, reinaba la complacencia de que el negro de la casa blanca haría lo mismo que en Libia: bombardear y erradicar el gobierno y miles de civiles.
No ha sido así. Es más, ha salido mal, porque sólo pensaban en eso, y como pésimos jugadores de ajedrez no han visto ningún otro movimiento más allá de ese jaque.
Les queda la pataleta.
A todos esos que han armado y pagado, les obligan a no negociar. A boicotear cualquier solución pacífica. Esto es Ginebra 2.
Cuando se de G-2, igual no quede nada que negociar, sino a exigir, y no por los de fuera, sino por el gobierno sirio.

Siria, no sólo ha conseguido victorias diplomáticas y militares. Ha conseguido destapar y enseñar al mundo lo que supone no doblegarse. Ha indicado con el dedo que el terrorismo es ese cuyo objetivo es derrocar gobiernos.
Ha demostrado que con un apoyo popular del 70% hacia el gobierno se puede defender la soberanía.
Siria ha demostrado que la guerra que padece no es de un pueblo contra su gobierno, sino la guerra terrorista de muchos estados contra su soberanía. Estados exportadores de terroristas.

Pocos medios masivos analizan esta perspectiva, por eso, o no dicen nada, o se salen por la tangente hablando de los refugiados o de otros temas relacionados, pero nada de meterse en el meollo.
Ninguno habla de la victorias del EAS. Ninguno siquiera analiza la situación ante una perspectiva de que Siria gane esta guerra.
¿Se esperan ordenes?

Por mucho que digan, el eje Irán, Siria, Hezbollah apoyado por la diplomacia y poderío  ruso y chino ni se ha roto, ni siquiera resquebrajado.
Las cuentas no salen en esta guerra que quiere Israel, que quiere la democracia de los Saud, y el principado terrorista de Qatar.

Pueden seguir matando, y así lo harán hasta que mueran, pero esos necios terroristas son tan estúpidos que se llevarán a su paraíso a sus patrocinadores.

Ahora arrecia la crisis económica. EE.UU está en suspensión de pagos ( bueno, desde hace mucho tiempo). El estado federal está medio paralizado. Israel depende para cualquier guerra de EUU. Arabia Saudita más.
China atesora un porcentaje tan alto de bonos soberanos de EEUU que podría fulminar económicamente al imperio en cuestión de segundos.
Rusia no es la URSS. Sus armas son punteras igual que lo fueron antaño pero más. Sus recursos son enormes.
Ante este panorama, parece que es mejor callarse. Que hablen los jefes.
Viva la información, y el periodismo libre e independiente.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

En los próximos 8 días, es posible lograr la paz en Siria

Está claro que EEUU quiere la guerra sí o sí, aunque más que los estadounidenses en sí, sean los lobbies y multinacionales del petróleo y armamento, porque el % de los que civiles que no quieren la guerra hace pocos días estaba en el 85.

Pero cabe una esperanza según Thierry Meyssan:

Desde la desaparición de la Unión Soviética, la ONU se ha convertido en una simple cámara de resonancia de la política de Estados Unidos, al extremo que Washington llama a sus aliados «la comunidad internacional». Pero el mundo de George W. Bush ya no existe. En momentos en que Estados Unidos amenaza a uno de sus miembros, las Naciones Unidas pueden jugar nuevamente un papel al servicio de la paz. Thierry Meyssan llama a cerrar la crisis siria de la misma manera que la crisis de Suez, llamando a una «reunión extraordinaria urgente» de la Asamblea General.

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La rebelión del Parlamento británico contra el proyecto colonial de David Cameron y el posterior traspaso del tema sirio al Congreso de Estados Unidos por parte de Barack Obama modifican profundamente la correlación internacional de fuerzas, aún en caso de que el Congreso estadounidense decidiese finalmente autorizar los bombardeos.

En la actual situación, todos los Estados recuperan su libertad de palabra. Únicamente Francia puede aún presionar a sus vasallos para favorecer una política belicista. Ni el Reino Unido, ni tampoco Estados Unidos están ahora en condiciones de hacerlo hasta el voto del Congreso.

Pero la mayoría de los Estados está consciente de las consecuencias, en forma de cadena o de fatal secuencia, que una intervención occidental puede provocar en el Medio Oriente. Tanto si respaldan a Siria como si quieren acabar con las instituciones de ese país, todos los miembros de esa mayoría de Estados no pueden hacer otra cosa que oponerse a un bombardeo, por muy «quirúrgico» que sea, contra Siria.

Se ha abierto, por lo tanto, una ventana de más de una semana para detener la guerra: la Asamblea General de la ONU puede tomar el asunto en sus manos y prohibir a sus miembros que ataquen Siria, ni siquiera con el pretexto de impedir el uso de armas de destrucción masiva a su gobierno.

A la luz del derecho, es el Consejo de Seguridad el que debería garantizar la defensa de la paz. Sin embargo, cuando el Consejo de Seguridad no logra ponerse de acuerdo porque sus miembros permanentes bloquean sus decisiones, la Asamblea General de la ONU puede tomar nota de dicha imposibilidad y decidir en su lugar. Ello implica que la Asamblea General de las Naciones Unidas puede adoptar una resolución que prohíba atacar Siria.

Según la nota publicada por el gobierno británico, la intervención de las grandes potencias sería legal si su objetivo fuese única y exclusivamente garantizar la defensa de la población civil impidiendo el uso de armas de destrucción masiva y si empleara medios que estuviesen en justa proporción con ese objetivo. Por supuesto, al igual que en Libia, sólo se trata de justificar la entrada en guerra para deslizarse después hacia la simple agresión. El señor Cameron nunca tuvo en realidad intenciones de limitarse al objetivo proclamado oficialmente.

Si el Consejo de Seguridad es incapaz de impedir esa acción por causa de un veto occidental, la Asamblea General de las Naciones Unidas sí puede hacerlo. En virtud de la resolución «Unión para mantener la paz» (377, V), adoptada a pedido del secretario de Estado de Estados Unidos Dean Acheson en el momento de la crisis de Corea, la Asamblea General de la ONU puede para ello reunirse en «sesión extraordinaria de urgencia» convocada a pedido de la mayoría de sus miembros.

Fue de esa manera como la Comunidad Internacional, encabezada entonces por la Unión Soviética y Estados Unidos, obligó a Francia, el Reino Unido e Israel a retirarse del Canal de Suez, invadido por esos países, en 1956.

Esa decisión no impedirá que Estados Unidos, Arabia Saudita y Turquía mantengan el flujo de armamento y de dinero que alimenta a yihadistas y mercenarios, pero ningún Estado podrá bombardear el territorio sirio.

Esa resolución tendría como efecto inmediato el de precipitar la realización de la Conferencia Ginebra 2 ya que privaría a los grupos armados de sus esperanzas de victoria militar. El tiempo estaría del lado de la Siria que se enfrenta a quienes la agreden.

Ya en este momento, Cuba ha señalado esa opción en una declaración de su ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla. Cuba subraya en esa declaración que el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, está en el deber moral de recoger él mismo las firmas necesarias para concretar la realización de la reunión extraordinaria de urgencia de la Asamblea General. Sería para el señor Ban Ki-moon una excelente ocasión de demostrarle a quienes lo ven como un peón de Estados Unidos que están equivocados. No obstante, sería probablemente más seguro poner esa tarea en manos del embajador Bashar Jaafari, en aras de desbloquear la situación.

La paz está al alcance de la mano.