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jueves, 5 de mayo de 2016

Las ONG al servicio de los criminales.






Fotografía del ministerio ruso de defensa© : 15/10/2015




El ministerio de defensa ruso a publicado fotografías por satélite del hospital Al-Quds de Alepo, supuestamente destruido por la aviación de la fuerza aérea siria el 27/4/2016.


Pero ese hospital ya estaba destruido por lo menos desde hace 7 meses.

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Fotografía del ministerio ruso de defensa© : 29/4/2016



El anuncio del supuesto bombardeo de ese hospital, lo había hecho médicos sin fronteras: una asociación humanitaria creada por Bernard Kouchner para los servicios secretos franceses durante la guerra de Biafra.
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lunes, 3 de agosto de 2015

Clinton, Juppé, Erdoğan, Daesh y el PKK

por Thierry Meyssan
La reanudación de la represión contra los kurdos en Turquía es consecuencia de la imposibilidad, ya demostrada, de concretar el plan Juppé-Wright, planteado en 2011. Aunque resultó fácil desplegar el Emirato Islámico (Daesh) en el desierto y en las provincias iraquíes de Ninive y al-Anbar, mayoritariamente sunnitas, ha resultado imposible controlar los poblados kurdos de Siria. Para realizar su sueño de crear un Kurdistán fuera de Turquía, el presidente turco Erdogan no tendrá más opción que la guerra civil.

Publicado en 2013, el plan Wright retoma elementos del plan del ex ministro francés Alain Juppé para Libia, Siria e Irak. Pero Robin Wright va más lejos, incluyendo proyectos para Arabia Saudita y Yemen.



Al llegar al poder en Ankara, en 2003, el partido islamista AKP modificó las prioridades estratégicas de Turquía. En vez de basarse en la correlación de fuerzas posterior a la invasión de Irak, Recep Tayyip Erdogan ambicionaba sacar a su país del aislamiento en que se hallaba desde la caída del Imperio Otomano. Basándose en los análisis de su consejero, el profesor Ahmet Davutoglu, Erdogan se pronunció por resolver los problemas con sus vecinos que llevaban un siglo pendientes y convertirse paulatinamente en un mediador regional al que sería imposible ignorar. Para eso, Turquía tenía que convertirse en un modelo político y establecer relaciones con sus socios árabes, sin renunciar a su alianza con Israel.

Iniciada con éxito, esa política –llamada de «cero problemas»– llevó a Ankara no sólo a dejar de sentir temor frente a Damasco y su respaldo al PKK, sino a pedirle que le ayudara a negociar una salida de la crisis con los kurdos. En octubre de 2006, el partido kurdo declaró una tregua unilateral e inició negociaciones con el gobierno del entonces primer ministro Erdogan. En mayo de 2008, Ankara organizó negociaciones indirectas entre Damasco y Tel Aviv, las primeras desde que Ehud Barack rechazara el plan del presidente estadounidense Bill Clinton y del entonces presidente de Siria, Hafez el-Assad, negociaciones a las que puso fin el actual presidente sirio Bachar al-Assad cuando Israel atacó Gaza, en diciembre de 2009.

Dándose cuenta de que la cuestión palestina hacía imposible mantener buenas relaciones con todos los Estados de la región al mismo tiempo, Ankara optó por apoyar a los palestinos ante Israel. Fue esa la época de los hechos de Davos y de la Flotilla de la Libertad. Al disponer entonces de un amplio respaldo popular, Ankara se acercó a Teherán y aceptó, en noviembre de 2010, participar en un mercado común Turquía-Irán-Irak-Siria. Se eliminó la exigencia de visas entre esos países, los derechos de aduana se redujeron considerablemente, se creó un consorcio para el manejo de pipelines y gasoductos y se instituyó una autoridad para administrar en común los recursos acuíferos. Todo aquello era tan atractivo que el Líbano y Jordania quisieron incorporarse a aquella estructura. Una paz duradera parecía posible en el Levante.

En 2011, cuando el Reino Unido y Francia se lanzaban en una doble guerra contra Libia y Siria, a pedido de Estados Unidos y bajo su control, Turquía –lógicamente– se opuso a ello. Iniciadas bajo el pretexto de proteger a la población civil, era demasiado evidente que se trataba de guerras con objetivos neocoloniales. Además, afectaban los intereses turcos ya que Libia era uno de los principales socios económicos de Turquía mientras que Siria estaba en camino de serlo, gracias al nuevo mercado común regional.

Fue entonces cuando todo cambió…


Cómo Francia hizo que Turquía cambiara de bando


Por iniciativa del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, en marzo de 2011, París propuso secretamente a Ankara apoyar la incorporación de Turquía a la Unión Europea y ayudarla a resolver su problema con los kurdos… si Turquía se sumaba a la guerra contra Libia y Siria. Viniendo de los franceses, aquella proposición era radicalmente nueva ya que el propio Alain Juppé se había opuesto firmemente a la entrada de Turquía en la Unión cuando encabezaba el partido gaullista y se hallaba entre los colaboradores del presidente Jacques Chirac. Pero, luego de ser condenado por corrupción en Francia, Juppé se exiló del otro lado del Atlántico en 2005 y trabajó como profesor en Quebec, mientras seguía un curso de formación en el Pentágono. Ya convertido al culto neoconservador, Juppé regresó a Francia, donde el entonces presidente Nicolas Sarkozy lo designó ministro de Defensa y, posteriormente, ministro de Relaciones Exteriores.

Retrospectivamente, el plan Juppé es revelador de las intenciones de Francia: opta por la creación de un Kurdistán en tierras de Irak y Siria, siguiendo el mapa que aparecería publicado –2 años después– en el New York Times. Trabajando en conjunto, el Emirato Islámico, el gobierno regional del Kurdistán iraquí y ex colaboradores de Saddam Hussein vinculados a la Hermandad Musulmana, han estado tratando de imponer ese mapa en el terreno. Ese documento, firmado conjuntamente por el entonces jefe de la diplomacia francesa Alain Juppé y su homólogo turco Ahmet Davutoglu, no deja lugar a dudas: Francia tenía intenciones de dotarse nuevamente de un imperio colonial en Siria. Disponía además de contactos dentro de los movimientos terroristas islamistas y preveía la creación del Emirato Islámico. Para garantizar la aplicación del plan Juppé, Qatar se comprometía a invertir masivamente en el este de Turquía, con la esperanza de que los kurdos de Turquía abandonasen el`PKK.

La existencia de este plan se ha mantenido en secreto hasta ahora. Si parlamentarios franceses o turcos lograran obtener legalmente una copia, eso bastaría ampliamente para llevar a Juppé y Davutoglu ante el Tribunal Penal Internacional por crimen contra la humanidad.

Al contrario de lo que muchos creen, existen profundas divisiones entre los kurdos. En Turquía y en Siria, el PKK, de origen marxista-leninista, siempre ha defendido una visión antiimperialista. En cambio, los kurdos de Irak, vinculados a Israel desde los tiempos de la guerra fría, siempre han sido aliados de Estados Unidos. Estos dos grupos ni siquiera hablan el mismo idioma y sus historias son muy diferentes.

Es probable que Estados Unidos, por su parte, haya incluido en la cesta de matrimonio la promesa de promover el modelo político turco a través del mundo árabe y también de ayudar al partido gobernante turco AKP a controlar los partidos políticos surgidos de la Hermandad Musulmana, para convertir a Turquía en centro del Medio Oriente. Lo cierto es que Recep Tayyip Erdogan respaldó –in extremis– el proyecto de la OTAN, que tomó el lugar del AfriCom [1] cuando el comandante de este último entró en rebelión [2].

De inmediato, Ankara movilizó en Libia a los habitantes de Misurata, mayoritariamente descendientes de soldados judíos del Imperio Otomano –los adghams– y de nómadas vendedores de esclavos negros –los muntasirs–, que en el pasado habían respaldado a los Jóvenes Turcos. Estos elementos formaron el único grupo significativo de libios que se animó a atacar Trípoli [3].

Simultáneamente, Ankara organizó en Estambul varias reuniones de la oposición siria, a partir de agosto de 2011. Finalmente, en octubre de ese año, la Hermandad Musulmana formó el Consejo Nacional Sirio, incluyendo en él algunos representantes de diferentes grupos políticos y minorías.


La OTAN renuncia a invadir Siria

Luego de comprobar la implicación de la OTAN en Libia, Ankara contaba lógicamente con una implicación idéntica de la alianza atlántica en Siria. Sin embargo, a pesar de numerosos atentados y de una campaña de propaganda internacional tremendamente larga e intensa, fue imposible sublevar a la población ni atribuir los crímenes masivos al presidente sirio Bachar al-Assad. Y, muy importante, Moscú y Pekín, que al parecer aprendieron la lección del caso libio, vetaron en 3 ocasiones los proyectos de resolución que supuestamente pretendían «proteger» a los sirios de su propio gobierno (presentados al Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2011, en febrero de 2012 y en julio del mismo año).

Así que Washington y Londres abandonaron la partida, aunque París y Ankara seguían empeñados en el plan inicial [4]. Francia y Turquía establecieron una estrecha colaboración, llegando incluso –en septiembre de 2012– a poner en marcha un intento de asesinato contra el ministro sirio de Exteriores Wallid al-Muallem y el presidente Bachar al-Assad.

El atentado realizado en Riad contra el príncipe Bandar ben Sultán, en represalia por el asesinato de los miembros del Consejo de Seguridad sirio –en julio de 2012–, dejó huérfano al movimiento yihadista internacional. El príncipe saudita sobrevivió a sus heridas, pero estuvo hospitalizado un año entero y ya nunca pudo volver a asumir plenamente el papel que había desempeñado a la cabeza de los yihadistas. Recep Tayyip Erdogan aprovechó esa coyuntura para tomar su lugar. Estableció vínculos personales con Yassin al-Qadi, el banquero de al-Qaeda, recibiéndolo personalmente –y en secreto– en Ankara y también supervisó los numerosos grupos yihadistas, inicialmente creados por los servicios secretos estadounidenses, británicos y franceses.

En enero de 2013, al intervenir militarmente en Mali, Francia se alejó de los yihadistas sirios dejando las operaciones armadas en Siria en manos de Turquía, aunque siempre mantuvo en el terreno algunos miembros de la Legión Extranjera. Poco después, Washington forzó el emir de Qatar, jeque Ahmad, a la abdicación reprochándole –por denuncia de Rusia– el uso de sus facilidades en contra de los intereses estadounidenses. Arabia Saudita asumió el financiamiento de la guerra contra Siria, incluso antes de la entronización del jeque Tamim como nuevo emir de Qatar.

Para gozar de ese apoyo, al igual que del respaldo de Israel, Recep Tayyip Erdogan comenzó a prometer a todo el mundo que Estados Unidos no se detendría ante los vetos de Rusia y China y que lanzaría la OTAN al asalto de Damasco. Aprovechando la confusión, Erdogan organizó el saqueo de Siria, desmantelando todas las fábricas de Alepo, capital económica de ese país, y robando su maquinaria. También organizó el robo de los tesoros arqueológicos sirios y hasta instauró un mercado internacional de piezas arqueológicas robadas en la ciudad de Antioquía, capital de la provincia turca de Hatay.

Al ver que seguía sin obtener los resultados que esperaba, Erdogan organizó, con ayuda del general francés Benoit Puga –jefe del estado mayor particular del presidente de Francia– una operación bajo bandera falsa [5] –el bombardeo químico en el cinturón agrícola de Damasco– para justificar la entrada en guerra de la OTAN. Pero Londres descubrió el engaño de inmediato y se negó a implicarse [6].

Turquía participó en la operación de limpieza étnica e intento de división territorial de Irak y Siria conocida como «plan Wright». La presencia de los servicios secretos turcos en las reuniones preparatorias del Emirato Islámico en Amman, la capital jordana, está debidamente demostrada por la publicación de un documento de esa reunión obtenido por el PKK. El hecho es que el «plan Wright» retoma el ya mencionado «plan Juppé», que había convencido a Turquía de entrar en guerra. Posteriormente, Erdogan asumió personalmente el mando del Emirato Islámico, garantizándole tanto el suministro de armamento como la venta del petróleo que los yihadistas roban en Irak y Siria.

Observando con angustia las conversaciones entre Washington y Teherán, el gobierno de Ankara se inquietó ante la conclusión de un acuerdo de paz que lo deja “al borde de la carretera”. Ante la proposición del presidente ruso, Vladimir Putin, el ahora presidente Erdogan aceptó participar en el proyecto de gasoductoTurkish Stream con el cual Rusia planea enfrentar el monopolio estadounidense y saltarse el embargo europeo. Después, haciendo de tripas corazón, Erdogan se fue a Teherán para reunirse con el presidente iraní Hassan Rohani, quien le aseguró que nada tenía que temer del acuerdo que estaba negociando con Estados Unidos. Pero al firmarse ese acuerdo, el 14 de julio de 2015, se hizo evidente que ese arreglo no dejaba espacio para Turquía en la región.

Y, como era de esperar, Recep Tayyip Erdogan recibió –el 24 de julio– un ultimátum del presidente Obama intimándolo
a renunciar inmediatamente al gasoducto ruso;
a poner fin a su apoyo al Emirato Islámico, del que Erdogan se ha convertido en el jefe ejecutivo utilizando como pantalla al califa Abu Bakr al-Baghdadi, y a entrar en guerra contra esa organización yihadista.
Para que Erdogan supiera que la advertencia iba en serio, Barack Obama le dijo que ya se había puesto de acuerdo con el Reino Unido sobre la posibilidad de sacar a Turquía de la OTAN, a pesar de tratarse de una medida que no está prevista en el Tratado del Atlántico Norte.

Después de deshacerse en excusas y de autorizar Estados Unidos a utilizar la base de Incirlik contra el Emirato Islámico, Erdogan se puso en contacto con el enviado especial estadounidense para la coalición internacional anti-Daesh, el general John Allen, cuya oposición al acuerdo con Irán es públicamente conocida. Erdogan y Allen se pusieron de acuerdo para interpretar las palabras del presidente Obama como una exhortación a la lucha contra el terrorismo y en esa categoría incluyeron al PKK. Sobrepasando el marco de sus funciones, el general Allen se comprometió a crear a lo largo de la frontera turco-siria una «no fly zone» (zona de exclusión aérea) de 90 kilómetros de profundidad en territorio sirio, supuestamente para proteger a los refugiados sirios pero en realidad para aplicar el «plan Juppé-Wright». El primer ministro turco Ahmet Davutoglu habló del apoyo estadounidense a ese proyecto ante las cámaras de la televisión A Haber mientras iniciaba los bombardeos aéreos contra el PKK.

El general John Allen ya había logrado anteriormente prolongar la guerra contra Siria en 2 ocasiones. En junio de 2012, conspiró con el general David Petraeus y con la secretaria de Estado Hillary Clinton para sabotear el acuerdo que Washington y Moscú habían concluido en Ginebra para favorecer la paz en el Medio Oriente. Aquel acuerdo estipulaba, entre otras cosas, el restablecimiento de la paz en Siria –aunque Damasco no había sido invitado a aquella conferencia– pero era inaceptable para los neoconservadores y los «halcones liberales» estadounidenses. El trío Clinton-Allen-Petraeus se apoyó en el nuevo presidente francés, Francois Hollande, y en su nuevo ministro de Relaciones Exteriores, Laurent Fabius, para convocar una conferencia de «Amigos de Siria» y rechazar el Comunicado de Ginebra. Al hallarse en plena campaña electoral, el presidente Obama no pudo castigar la traición de sus colaboradores. Pero inmediatamente después de su reelección, hizo arrestar a David Petraeus y a John Allen, a quien había hecho caer en una trampa de índole sexual. Al final, Petraeus fue el único condenado, Allen logró salir limpio y la señora Clinton –al igual que Alain Juppé en Francia– hoy prepara su próxima campaña electoral para competir por la presidencia de Estados Unidos.

El trío Clinton-Allen-Petraeus emprendió una segunda operación, en diciembre de 2014– con la que logró sabotear la Conferencia de Moscú. Prometiendo a la Hermandad Musulmana la puesta en práctica del «plan Juppé-Wright», convencieron a la Coalición Nacional Siria (oposición siria en el extranjero) para que rechazara toda conversación de paz. Este episodio demuestra, de paso, que el objetivo de la Coalición Nacional Siria no es obtener un cambio de régimen en Siria sino destruir ese país y acabar con su estructura como Estado.

Al enterarse de las promesas que el general Allen había hecho a Erdogan mientras que él volaba hacia África, el presidente Obama ordenó desmentir oficialmente el compromiso del general, reconoció el derecho de Ankara a combatir el PKK, pero denunció toda acción contra ese partido kurdo realizada fuera de las fronteras turcas. El presidente Erdogan convocó entonces una reunión del Consejo de la alianza atlántica para informar que Ankara se sumaba a las operaciones de la coalición antiterrorista y el inicio de su doble acción contra el Emirato Islámico y el PKK. El 29 de julio, la OTAN respondió fríamente que respaldaba la acción de Ankara, pero sin reconocerle ningún derecho a bombardear al PKK en Irak y en Siria sin que existiese un caso de «persecución», o sea en caso de comprobarse que el PKK haya utilizado bases en el exterior para lanzar ataques contra Turquía y replegar sus fuerzas hacia ellas.

Al mismo tiempo, el presidente Obama depuso a su enviado especial para Siria, Daniel Rubinstein, y lo reemplazó por Michael Ratney, simultáneamente especialista en Medio Oriente y en manejo de los medios de prensa. La prioridad de Ratney será vigilar estrechamente los movimientos del general Allen.

Turquía en guerra civil


Hasta el momento, las acciones de las fuerzas armadas turcas contra el PKK en Irak y en Siria no tienen ninguna justificación legal a la luz del derecho internacional. Los gobiernos de esos dos países han denunciado los bombardeos turcos como ataques perpetrados contra su territorio nacional. Desde el punto de vista estadounidense, el PKK y el Ejército Árabe Sirio –o sea, el ejército regular de la República Árabe Siria– son las dos únicas fuerzas terrestres eficaces contra el Emirato Islámico. El reinicio de la guerra contra la minoría kurda demuestra que el AKP pretende seguir adelante con la aplicación del «plan Juppé-Wright», incluso a pesar de que Francia y Qatar se han retirado parcialmente de la contienda.

Sin embargo, un elemento fundamental ha venido a modificar profundamente las condiciones del juego: Israel y Arabia Saudita, que hasta hace poco eran favorables a la creación de un Kurdistán y un Sunnistán en territorios pertenecientes a Irak y Siria, ahora se oponen a esa idea. Tel Aviv y Riad saben ahora que si tales entidades llegasen a surgir, no estarían bajo su control sino a las órdenes de una Turquía que ya no esconde sus pretensiones imperiales y que se convertiría de facto en un gigante regional.

En una de esas repentinas inversiones de situación que tanto se ven en el Medio Oriente, Israel y Arabia Saudita han llegado por consiguiente a un acuerdo para contrarrestar la locura del presidente Erdogan y respaldar al PKK por debajo de la mesa, a pesar de tratarse de una formación de tipo marxista. Por otro lado, Israel ya emprendió el acercamiento hacia enemigos tradicionales de Turquía, como la Grecia de Alexis Tsipras y el Chipre de Nikos Anastasiadis.

Que nadie se equivoque. Recep Tayyip Erdogan ha optado por la guerra civil como única salida política personal. Después de haber perdido las elecciones legislativas y logrado bloquear la creación de un nuevo gobierno, ahora trata de intimidar al pueblo de Turquía para convencer al partido MHP (nacionalista) de que debe apoyar al AKP (islamista) en la formación de un gobierno de coalición o para convocar nuevas elecciones y tratar de ganarlas.

La operación antiterrorista, supuestamente emprendida a la vez contra el Emirato Islámico y contra los kurdos, en realidad está dirigida exclusivamente contra el PKK y las YPG (unidades kurdas de autodefensa creadas en Siria a partir del PKK). Los bombardeos turcos supuestamente dirigidos contra el Emirato Islámico no han destruido nada. Simultáneamente, el presidente Erdogan ha iniciado una serie de acciones judiciales contra los líderes kurdos del HPD, Selahattin Demirtas y Figen Yuksekdag. La fiscalía acusa a Demirtas de haber llamado a la realización de actos de violencia contra los no kurdos –algo completamente descabellado– mientras que atribuye a Yuksekdag haber respaldado las YPG, o sea las milicias kurdas de la República Árabe Siria, que para el magistrado turco son una organización terrorista.

Pero la nueva guerra civil no será como la de los años 1980. Será mucho más amplia y sangrienta, porque Turquía ya no tiene ningún aliado exterior y, al mismo tiempo porque la política islamista ha divido la sociedad turca. Ya no será la guerra de las instituciones turcas respaldadas por la OTAN contra el PKK respaldado por Siria sino una verdadera fragmentación de la sociedad turca: islamistas contra laicos, tradicionalistas contra modernos, sunnitas contra alevíes y turcos contra kurdos.




[1] El AfriCom, con sede en Stuttgart, Alemania, es el Mando de las fuerzas armadas de Estados Unidos responsable de las operaciones militares estadounidenses en África. Nota de la Red Voltaire.


[2] Inicialmente denominada «Amanecer de la Odisea», la operación militar contra Libia comenzó bajo las órdenes del general Carter Ham, comandante del AfriCom. Pero este general estadounidense protestó vehemente al ver que se asignaba a al-Qaeda el papel de fuerza terrestre para acabar con la Yamahiriya Árabe Libia, mientras que la coalición anti-Kadhafi decía limitarse únicamente a garantizar la protección de los civiles. Al general Carter Ham se le retiró entonces el mando de la operación militar contra Libia, que pasó a manos de la OTAN bajo la denominación «Protector Unificado».

[3] Después de obtener su independencia de facto, la población de Bengazi se negó a marchar sobre Trípoli. Los ya mencionados habitantes de Misurata estuvieron encabezados por los hombres de al-Qaeda.

[4] Para ser más precisos, París se retiró de la guerra en Siria en marzo de 2012, después de la caída del emirato islámico de Baba Amro y de la entrega a Francia de los miembros de la Legión Extranjera que allí habían caído prisioneros del Ejército Árabe Sirio. Pero, en mayo, el presidente Sarkozy no logró la reelección y su sucesor, Francois Hollande, reanudó la guerra en julio de ese año.

[5] Las operaciones «bajo bandera falsa» o «false flag» son operaciones de inteligencia organizadas de manera que el verdadero organizador pueda atribuir su autoría a otro país o adversario, frecuentemente con intenciones de utilizarla como pretexto o justificación para una represalia ulterior. Nota de la Red Voltaire.

[6] El primer ministro británico, David Cameron, escenificó con el jefe de la oposición un debate en la Cámara de los Comunes, donde ambos líderes “debatieron” leyendo un mismo guión escrito de antemano. El Reino Unido se las arregló así para retirarse del conflicto sirio sin tener que acusar públicamente a Turquía. Estados Unidos optó por la misma solución.

lunes, 28 de octubre de 2013

Suicidio saudita

por Thierry Meyssan

Arabia Saudita retomó el plan qatarí tendiente a derrocar el régimen laico en Siria pero Riad parece incapaz de adaptarse al brusco retroceso de Estados Unidos. No sólo rechaza el acuerdo ruso-estadounidense sino que incluso prosigue la guerra y está anunciando diversas represalias para «castigar» a Estados Unidos. En opinión de Thierry Meyssan, esa obstinación equivale a un suicidio colectivo de la familia Saud.

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Abandonada en Siria por Estados Unidos, ¿se suicidará Arabia Saudita a falta de lograr llevarse la victoria? Eso es lo que puede pensarse al ver los siguientes acontecimientos:

El 30 de septiembre pasado, el príncipe Bandar Ben Sultan viajó a Rusia, donde no sólo fue recibido por su homólogo, el jefe de los servicios secretos, sino por el presidente Vladimir Putin. Hay dos versiones de ese encuentro. Según los sauditas, Bandar se expresó en nombre del reino y de Estados Unidos. Propuso comprar armamento ruso por una suma ascendente a 15 000 millones de dólares si Moscú abandonaba Siria. Según los rusos, Bandar se expresó con arrogancia, amenazando con el envío de yihadistas que pondrían en crisis la celebración de los Juegos Olímpicos de invierno en Sochi si Moscú persistía en su respaldo al régimen laico de Damasco y proponiendo un verdadero soborno. Sea cual sea la verdad, lo cierto es que el presidente Putin vio las palabras del príncipe saudita como un insulto a Rusia.

El pasado 30 de septiembre, el príncipe Saud Al-Faisal estaba inscrito como orador en el orden del día del debate general de 68ª Asamblea General de la ONU. Sin embargo, furioso ante el acercamiento entre Irán y Estados Unidos, este otro príncipe saudita –que funge como ministro de Relaciones Exteriores– simplemente abandonó la sede de la ONU, sin excusarse siquiera. Tan grande era su cólera que incluso se negó a que el discurso que iba a pronunciar, ya preparado e impreso de antemano, fuese distribuido a las delegaciones de los demás países.

El 11 de octubre, el secretario general adjunto de la ONU y ex responsable del Departamento de Estado para el Medio Oriente, Jeffrey Feltman, recibía a una delegación libanesa. Al hablar, en nombre del secretario general de la ONU Ban Ki-moon, Feltman no encontró palabras lo suficientemente duras para criticar la política exterior de Arabia Saudita, basada en «rencores» e incapaz de adaptarse a un mundo cambiante.

El 18 de octubre, la Asamblea General de la ONU elegía –193 votos a favor y 176 en contra– a Arabia Saudita para ocupar un puesto de miembro no permanente en el Consejo de Seguridad por un periodo de 2 años, que comenzaría el 1º de enero de 2014. El embajador saudita Abdallah El-Muallemi se felicitaba entonces por esa victoria que, según él, era un reflejo de «la eficacia de la política saudita caracterizada por la moderación» (sic). Sin embargo, unas pocas horas más tarde el príncipe Saud Al-Faisal publicaba un comunicado –de tono nasserista– sobre la incapacidad del Consejo de Seguridad y la negativa del reino a ocupar el puesto en ese órgano. Aunque mencionó el tema de Siria como motivo principal de esa decisión, el ministro saudita se dio el lujo de denunciar también la cuestión palestina y el tema de las armas de destrucción masiva en el Medio Oriente, o sea de designar simultáneamente como enemigos de la paz a Irán e Israel. Dado el hecho que la crítica contra la política de la ONU en Siria equivale a una denuncia directa contra Rusia y China, que recurrieron por 3 veces a su derecho de veto, el comunicado saudita era un insulto a Pekín, cuando China es actualmente el principal comprador del petróleo saudita. Ese viraje, que provocó consternación en las Naciones Unidas, fue sin embargo ruidosamente saludado por Turquía y Francia, países que dicen compartir la «frustración» de Arabia Saudita sobre el tema de Siria.

El 21 de octubre, el Wall Street Journal revelaba que el príncipe Bandar Ben Sultan había invitado varios diplomáticos europeos acreditados en Riad a visitarlo en su domicilio, donde les narró el furor saudita ante el acercamiento entre Irán y Estados Unidos y el retroceso estadounidense en Siria. Ante sus atónitos interlocutores, el jefe de los servicios secretos sauditas anunció que el reino piensa vengarse retirando sus inversiones de Estados Unidos. Retomando el episodio del asiento en el Consejo de Seguridad, el Wall Street Journal precisó que –según el príncipe Bandar– el comunicado no estaba dirigido contra la actitud de Pekín sino contra Washington, precisión que resulta tanto más interesante cuanto que no corresponde a la situación.

Ante la incredulidad que suscitaron esas declaraciones y los comentarios conciliadores del Departamento de Estado, el príncipe saudita Turki Ben Faisal explicó a la agencia Reuters que su enemigo personal Bandar había hablado en nombre del reino y que esa nueva política no será objeto de revisión. Lo cual quiere decir que no existen divergencias al respecto entre las dos ramas rivales de la familia reinante en Arabia Saudita –los Sudairi y los Shuraim– sino una visión común que comparten los dos bandos.

En resumen, Arabia Saudita insultó a Rusia en julio pasado, insultó a China hace 2 semanas. Y ahora insulta a Estados Unidos. El reino anuncia que va a retirar sus inversiones de este último país, probablemente para volverse hacia Turquía y Francia, aunque ningún experto ve cómo pudiera ser eso posible. Ese comportamiento puede tener dos explicaciones: Riad finge cólera para que Washington pueda continuar la guerra en Siria sin responsabilizarse con ella o la familia Saud está cometiendo un suicidio político.

La primera hipótesis parece estar en contradicción con las palabras de Bandar ante los embajadores europeos. Si estuviese jugando a favor de Estados Unidos por debajo de la mesa, el jefe de los servicios secretos sauditas tendría especial cuidado en no ponerse a predicar revoluciones a sus aliados.

La segunda hipótesis recuerda el comportamiento de los camellos, animal preferido de los beduinos sauditas. Esos cuadrúpedos tienen la reputación de alimentar sus rencores durante largos años y de ser incapaces de vivir en paz mientras no hayan logrado concretar su venganza, sea cual sea el precio a pagar por ello.

Pero Riad parece haber olvidado que la supervivencia de Arabia Saudita está en juego desde que John O. Brennan fue nombrado director de la CIA, en marzo de 2013. Brennan, quien estuvo destacado en Arabia Saudita, es un resuelto adversario del dispositivo que sus predecesores montaron en el pasado con Riad: el yihadismo internacional. Brennan estima que si bien esos elementos hicieron un buen trabajo en su momento –en Afganistán, Yugoslavia y Chechenia–, hoy se han hecho demasiado numerosos e incontrolables. Lo que empezó siendo una banda de extremistas árabes enviados a combatir contra el Ejército Rojo se ha convertido con el tiempo en una constelación de grupos, presentes desde Marruecos hasta China, que hoy luchan más con la perspectiva de imponer el modelo de sociedad saudita que para vencer a los adversarios de Estados Unidos.

Ya en 2001, Estados Unidos había planeado liquidar al-Qaeda atribuyéndole los atentados del 11 de septiembre. Pero, con el asesinato oficial de Osama ben Laden en mayo de 2011, Washington prefirió rehabilitar esa red y la utilizó profusamente en Libia y en Siria. Sin al-Qaeda nunca hubiese sido posible el derrocamiento de Muammar el-Kadhafi, como ha quedado demostrado con la llegada de Abdelhakim Belhaj –ex número 2 de al-Qaeda en Libia– al cargo de gobernador militar de Trípoli. Según la visión de Brennan, es necesario reducir el yihadismo a su mínima expresión y conservarlo únicamente para su uso como fuerza de apoyo de la CIA en ciertas circunstancias.

El yihadismo no sólo es la única fuerza efectiva de Arabia Saudita, cuyo ejército se divide en dos unidades que obedecen cada una a uno de los clanes de la familia Saud, sino que además se ha convertido en la única razón de ser del reino en la medida en que Washington ya no necesita a Arabia Saudita para que le garantice el petróleo ni tampoco para que predique la causa de la paz con Israel. Lo anterior explica el regreso del Pentágono al viejo plan de los neoconservadores: «Expulsar de Arabia a los Saud», según el título de un PowerPoint proyectado en julio de 2002 a los miembros del Consejo Político del Departamento de Defensa. Ese proyecto prevé el desmantelamiento de Arabia Saudita en 5 zonas, 3 de las cuales estarían llamadas a convertirse en Estados independientes entre sí mientras que las otras 2 pasarían a formar parte de otros países.

Al optar por probar fuerza con Estados Unidos, la familia Saud no deja opción a los estadounidenses. Es poco probable que Washington permita que unos cuantos beduinos adinerados le digan lo que tiene que hacer, lo cual hace muy previsible que decida meterlos en cintura. En 1975, Washington no vaciló en ordenar el asesinato del rey Faisal. Esta vez, es muy probable que actúe de forma aún más radical.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

¿Guerra o paz en Siria?

La guerra en Siria seguirá su curso. Y su curso es que acabará este año o a principios de 2014.
Las ratas siguen cayendo y cada vez más, y más cerca de su madriguera Turquía.

Aquí se ve claramente quienes juegan la partida.


El farol de Obama se ha quedado en nada. Se comerá sus palabras el nobel de la paz.
Sus perritos falderos le han largado. Parece que reina un poco de sensatez.
Igual está ganando tiempo, porque realmente está más sólo que la una. Ninguna coalición se ha formado en apoyo, ni la OTAn ha dicho esta boca es mía.
De hecho los únicos que apoyan una acción militar son los que ya desde el principio están involucrados en este conflicto: Israel, Turquía, Arabia Saudí, Qatar ( ahora mucho menos), Francia y EEUU.

Algo pasa cuando todos están mirando a sus parlamentos.
A parte de ganar tiempo, es que no tienen claro qué hacer con y en Siria. La linea roja se ha franqueado, sí según las promesas de Obama. Y?

Esto puede ser un buen y serio análisis periodístico, y no la mierda que se vende en los MSM.





Mientras tanto, la red arde y más freelancers por la verdad andan husmeando y sacando mierda a la propaganda del sistema belicoso





Además, los reportes locales, que no se publican en los MSM informan de otros 400 terroristas muertos a fecha de hoy 3/9.
Resulta repugnante ver como los MSM se centran en falacias y no informan.
No informan de que están cayendo como chinches, y tampoco informan de sus actos animales.

En definitiva, no queda más que la solución diplomática real. Ginebra -2 con todos los involucrados en esta guerra. Y sí, el Libano también debería estar, y sí, Hezbollah también si van a sentar a la mesa a criminales de guerra del calibre de Obama o Hollande, a pesar de que el primero es un gran defensor de la paz, no se puede negar la presencia de los que realmente luchan contra terroristas.

De hecho, Hezbollah está en máxima alerta, porque no se fían. Acaso es de extrañar cuando casualmente los Israelíes lanzan misiles balísticos como maniobras conjuntas con los yankis?
Lanzamientos detectados por los rusos, cuya intención podría ser probar las frecuencias de los sistemas anti misiles sirios.
Está claro que la opción militar a pesar de todo sigue ahí y que los militares intentan asegurar teorías que no habían sopesado.

Dos años y medio han pasado. Libia ha caído y en el olvido también. Siria no puede ser una segunda versión.
Eso pica a más de uno, pero así será salvo la locura de algunos que es infinita, y, ya sabemos que esos locos se parecen a saturno devorando a sus hijos.

jueves, 24 de enero de 2013

Les mensonges de la propagande de guerre française au Mali



por Mohamed Tahar Bensaada

Cocorico ! La France aura bien eu sa « tempête de désert ». Hollande a pris la « courageuse » décision d’envoyer les hélicoptères Gazelle des forces spéciales de l’armée de terre, des Mirage 2000D et des Rafale contre les colonnes des djihadistes qui menacent la sécurité de l’Europe.

Dans cette guerre, la France n’a pas besoin de justification supplémentaire, il suffit qu’elle ressasse la propagande rôdée désormais au fil des dernières guerres de l’Empire, elle intervient pour sauver le peuple malien et pour les droits de l’Homme. Les intérêts de la France, au premier rang desquels le contrôle des mines d’uranium du Niger voisin, ne viendraient qu’en second lieu. Comme d’habitude, les médias de l’hexagone ont rivalisé dans le rôle qui leur est dévolu : la fabrication de mensonges éhontés en vue de justifier une guerre de rapine et de domination néocoloniale. Retour sur les mensonges les plus grotesques.

Premier mensonge. Les apparences diplomatiques sont sauves. Le président français a justifié sa décision d’intervenir au Mali en prétextant l’appel à l’aide du gouvernement malien. En effet, le président intérimaire malien, Dioncounda traoré, a lancé un appel au secours à la France pour stopper l’avancée des rebelles d’Ansar Dine qui avaient pris le contrôle de la ville stratégique de Konna. Mais ce que le gouvernement et les médias français ont oublié de rappeler c’est que ce président malien ne dispose d’aucune légitimité pour appeler à l’intervention militaire d’une puissance étrangère sur le sol malien.

Il s’agit d’un président intérimaire désigné en concertation avec l’Union africaine et les Etats de l’Afrique de l’ouest pour retourner au plus vite à l’ordre constitutionnel après le coup d’Etat du capitaine Amadou Sanogo et en vue de préparer des élections. Aussi bien le commandement de l’armée malienne que de larges secteurs de la société civile et politique malienne, même s’ils sont attachés au recouvrement par leur pays de son intégrité territoriale et à son unité nationale, s’opposent légitimement à l’intervention étrangère dans des conditions qui n’assurent pas au Mali le contrôle des opérations et de la suite des évènements.

Second mensonge. Le gouvernement français justifie son opération Serval par le souci de contrer les rebelles d’Ansar Dine qui ont lancé la semaine dernière une offensive contre des localités situées au centre du pays en direction du sud. Ce faisant, le gouvernement français tente de donner à cette opération un caractère défensif. Rien n’est plus faux. Depuis que le nord du mali a échappé au contrôle du gouvernement central de Bamako pour tomber entre les mains du mouvement Ansar Dine et des autres mouvements djihadistes, on le sait, la France n’a pas cessé d’appeler à la guerre en poussant en avant les Etats de la CEDEAO pour donner un semblant de légitimité africaine à cette guerre néocoloniale.

Après avoir réussi à torpiller les efforts de médiation du gouvernement algérien en vue de trouver une solution politique à la crise et à arracher une résolution du conseil de sécurité de l’Onu autorisant le déploiement d’une force africaine mais dans le cadre d’un plan de résolution politique globale de la crise, la France a continué en coulisses à pousser le gouvernement malien et les autres gouvernements de l’Afrique de l’ouest à vider cette résolution onusienne de son contenu et à se préparer à la guerre.

De son côté, l’Algérie a réussi récemment à amener les deux principaux protagonistes du mouvement national touareg Ansar Dine et le MNLA à trouver un accord en vue de négocier une solution politique avec le gouvernement de Bamako. Des délégations de ce mouvement ont rencontré le ministre des affaires étrangères du Burkina Faso à Ouagadougou. Mais sous la pression française, le gouvernement malien a ignoré ces bons offices et a continué en secret à préparer l’offensive armée qui était planifiée entre l’été et l’automne 2013 comme en témoigne le recrutement tous azimuts et l’entraînement de mercenaires de tous les coins d’Afrique, étant entendu que les 3000 hommes de la CEDEAO n’allaient pas suffire à déloger les mouvements touareg de leurs positions. Le mouvement Ansar Dine n’avait plus d’autre choix que d’attendre que l’adversaire se prépare à son aise et qu’il se fasse écraser ou alors d’anticiper sur l’action de ses adversaires et lancer une offensive militaire pour rappeler à Bamako son existence et le forcer à négocier sérieusement.

La France a compris l’enjeu et a dû changer son plan initial. Au lieu d’attendre encore quelques mois le temps de préparer ses supplétifs africains pour la sale besogne, elle a dû intervenir directement. En apparence, Ansar Dine et ses alliés d’Aqmi et du Mujao ont mal calculé leur coup en provoquant cette intervention française prématurée qui pourrait leur coûter cher. Mais d’un autre côté, les masques sont tombés. La France est intervenue directement dans un conflit dont il n’est pas sûr qu’elle s’en sorte sans perdre beaucoup de plumes.

Troisième mensonge. Le gouvernement français prétend qu’il mène cette guerre contre les djihadistes qui contrôlent le nord du Mali et menacent désormais le territoire de la France et de l’Europe. En reprenant cet argument officiel, les médias français usent d’un mensonge grossier. D’abord, ils sont bien culotés de servir pareil argument à leurs téléspectateurs La France qui n’a pas hésité à armer et soutenir les djihadistes en Libye et qui n’hésite pas aujourd’hui à soutenir les djihadistes en Syrie se découvre subitement une âme laïque et démocratique au Mali ! La laïcité ici n’est qu’un cache-sexe servant à cacher de sordides desseins stratégiques et économiques.

Le mouvement Ansar Dine est avant tout un mouvement de libération touarègue. Ses membres fondateurs et ses cadres, à commencer par leur leader Iyad Agh Ghali, proviennent tous du mouvement de libération touareg qui a lutté les armes à la main durant les années 80 contre le gouvernement central de Bamako et qui ont déposé les armes dans le cadre des Accords d’Alger en 1991.

Que ce mouvement ait connu par la suite une évolution idéologique fondamentaliste est une chose que seul une islamophobie aveugle pourrait confondre avec le djihadisme terroriste dans lequel excellent des groupes comme Aqmi et le Mujao. Justifier une guerre au Mali au nom de la lutte contre le fondamentalisme d’Ansar Dine c’est comme si l’Etat italien justifiait dans les années 70 et 80 une mise hors-la loi du parti communiste italien sous prétexte que les groupes terroristes des Brigades rouges et de Prima Linea usaient de la même rhétorique marxiste-léniniste !

Quatrième mensonge. La propagande française met l’accent sur le fait qu’il n’y a pas de différence fondamentale entre Ansar Dine et les autres groupes djihadistes. La preuve c’est que Ansar Dine a gardé des contacts avec ces mouvements. Ansar Dine se défend en disant qu’il n’a rien à voir avec ces mouvements mais comme ils sont sur le même terrain, il est normal qu’il ait des contacts avec eux.

D’ailleurs, les services français entretiennent des contacts officiels sous la couverture du Quai d’Orsay avec ces groupes comme vient de le dévoiler un des chefs d’Aqmi au Mali, Abdelhamid Abou Zeid et ce, dans le but de libérer les otages français contre des rançons qui se sont avérées ces dernières années un mode bien commode de financer ces groupes terroristes dans leurs actions contre l’adversaire inavoué de la France dans la région : l’Algérie. Pire, rien n’interdit de penser que les services français regardent avec une certaine complaisance le jeu que certains protagonistes régionaux jouent avec les narcoterroristes du Mujao pour affaiblir l’encombrant voisin algérien…

Parmi les arguments servis pour justifier la soi-disant collusion d’Ansar Dine avec les groupes terroristes, la propagande française relayée malheureusement par certains médias algériens, il y a le fait qu’Ansar Dine refuse de combattre Aqmi et le Mujao en avançant que ce n’est pas son rôle à lui de les combattre, en tout cas pas avant la résolution du conflit avec Bamako et le retour de la paix et de la stabilité dans la région. Et dans ce cas, les djihadistes étrangers seront bien obligés de quitter le territoire malien de gré ou de force. Comme le rappelle à juste tire un porte-parole d’Ansar Dine, pourquoi les gouvernements occidentaux qui mettent aujourd’hui la pression son mouvement pour combattre Aqmi n’ont pas usé des mêmes pressions sur le régime du président malien déchu Amadou Toumani Touré dont la collusion avec les groupes narcoterroristes était avérée ?

Que le programme et l’interprétation rigoriste de la Charia islamique d’Ansar Dine posent problème, sans doute. Mais ce sera une affaire interne à la société touarègue et malienne et ce n’est en tout cas pas l’affaire de la France et des gouvernements africains à sa botte. Si l’application de la Charia devait constituer un objet de casus belli, la France devrait entrer sans tarder en guerre contre les pétromonarchies du Golfe et bientôt contre les pays arabes dont la nouvelle constitution devrait s’inspirer explicitement de la Charia : Egypte, Tunisie, Libye et bientôt Syrie !

Non content de semer la confusion au sein de l’opinion publique et d’essayer de diaboliser coûte que coûte Ansar Dine parce qu’il ne s’inscrit pas dans leur stratégie néocoloniale, les services français cherchent à faire diversion via les sites franco-israéliens amis qui font passer Ansar Dine pour une création tantôt saoudienne tantôt qatarie, en laissant aux sites makhzéniens le loisir de vendre la thèse éculée qui voit dans le DRS algérien le nouveau démiurge de la géopolitique sahélo-saharienne.

Cinquième mensonge. Le gouvernement français a monté toute sa campagne diplomatique en direction de l’union africaine, l’union européenne et l’Onu en vue de justifier une guerre au Mali au nom de la défense de l’intégrité et de l’unité territoriale du Mali menacée par la déclaration d’indépendance unilatérale de l’Azawad proclamée par le MNLA. C’est peut-être le plus gros mensonge de cette guerre tant il est archi-connu que la France a toujours tenté de manipuler les mouvements séparatistes touarègues au Mali et au Niger pour faire chanter les gouvernements de Bamako et Niamey en vue de les amener à accepter ses conditions de « coopération » néocoloniales.

Il ne faut pas oublier que le mouvement séparatiste appelé MNLA a été créé dans la précipitation par Mohamed Ag Najem qui commandait un millier de mercenaires touarègues maliens au service du régime de Kadhafi et qui a été retourné par les services français quelques semaines avant la chute de Tripoli. Ag Najem aurait-il accepté de trahir Kadhafi et de retourner au Mali s’il n’avait pas eu les assurances de Paris pour pouvoir rentrer chez lui avec armes et bagages remplis d’or et de dollars pour jouer le nouveau rôle qui lui a été dévolu ?

C’est quand le MNLA a été chassé de ses positions conquises au nord par les combattants d’Ansar Dine et des autres groupes djihadistes que le gouvernement français a changé de fusil d’épaule et s’est mis à défendre hypocritement la thèse de l’intégrité territoriale du Mali. En fait, la diplomatie française est en train de réchauffer un vieux plan colonialiste visant à diviser l’Afrique et les Africains pour mieux régner.

Elle agite notamment l’épouvantail de l’islamisme pour faire passer la manipulation sordide des élites et des populations bambara au sud contre les tribus berbères et maures du nord qu’elle juge moins dociles et plus enclines à s’allier avec les nouveaux régimes qui sont en train d’émerger en Afrique du nord à la faveur des mouvements de contestation que les officines impérialistes cherchent à instrumentaliser et à dévoyer mais en vain. L’opposition entre populations musulmanes et populations chrétiennes et/ou animistes est en train de devenir un nouveau cheval de bataille idéologique impérial en Afrique comme l’illustre à merveille le laboratoire soudanais appelé à servir de modèle pour toute la région.

Sixième mensonge. Les médias français ont abreuvé les téléspectateurs d’images et de reportages bidon montrant des citoyens maliens dans la capitale qui applaudissent l’intervention française. Bien-sûr, il se trouvera toujours des Maliens qui se rappellent l’esclavage d’avant-hier des esclavagistes touarègues et maures et oublient l’esclavage moderne d’hier et d’aujourd’hui des colons et des capitalistes français mais la majorité des Maliens ne sont pas dupes du jeu de la France. Les médias français montrent ce qu’ils veulent montrer et s’imposent le silence sur les manifestations des patriotes maliens, réunis au sein de la COPAM (coordination des organisations patriotiques du Mali) qui ont appelé au lendemain de l’intervention française au départ du président malien qui n’a aucune légitimité démocratique.

Septième mensonge. Au lendemain de l’intervention française, les médias reprennent les communiqués triomphalistes du ministère français de la défense. Une centaine de djihadistes auraient été éliminés et leur avance vers le sud aurait été stoppée. Les pertes françaises sont minimisées. La perte d’un hélicoptère Gazelle a été attribuée au début à un crash. Mais voilà que les nouvelles moins rassurantes commencent à tomber. Ce n’est pas un hélicoptère mais deux qui ont été abattus dès le premier jour de l’opération. Le pilote d’un hélicoptère Gazelle, le lieutenant a été mortellement touché.

Mais le fait qui témoigne de la grossièreté des mensonges de guerre français est qu’on apprend au troisième jour de l’opération Serval que l’offensive des combattants d’Ansar Dine n’est pas totalement stoppée alors qu’on nous a assuré la veille qu’elle a été stoppée. Pire, le gouvernement français vient de renforcer son dispositif d’intervention militaire de manière spectaculaire et inquiétante comme s’il s’agissait d’une guerre contre une armée conventionnelle. A en croire le site spécialisé dans les questions militaires « Mer et marine » les forces françaises engagées actuellement au Mali proviennent du dispositif Epervier basé au Tchad et qui ne comprend pas moins que six Mirage 2000D, deux Mirage F1 CR, trois C135, un C130 Hercule et un C160 Transall. Et aux dernières nouvelles, on apprend l’engagement des Rafale ! La facture risque d’être très salée pour un Hollande qui cherchait à faire des économies mais surtout pour le peuple fra,çais appelé à se serrer encore plus la ceinture pour contribuer à cette guerre coloniale !

Mais comme un malheur n’arrive jamais seul. On apprend en même temps que l’opération d’un commando de la DGSE en vue de libérer un des leurs détenu par les miliciens du groupe Chabab en Somalie s’est soldée par un fiasco. L’otage aurait été tué et deux membres du commando de la DGSE éliminés. La propagande française voudrait faire croire que le commando de la DGSE a éliminé 17 djihadistes mais n’arrive pas à expliquer comment ils n’ont même pas pu récupérer les corps de leurs camarades tués. Les djihadistes somaliens ont même déclaré qu’ils détiennent un membre du commando français blessé mais vivant ! Ces déboires risquent d’annoncer d’autres conséquences beaucoup plus dramatiques pour les populations civiles du nord Mali et pour la vie des otages français eux-mêmes. Au lieu d’assurer sa sécurité et celle de ses ressortissants, la France est bien partie pour vivre quelques aventures que ne lui envieraient pas ses alliés de l’Otan qui lui ont promis jusqu’ici bien timidement leur soutien logistique. Tout cela pour l’uranium du Niger et les milliards de bénéfices d’AREVA et de SUEZ et leurs banquiers !

miércoles, 23 de enero de 2013

Mali: una guerra que puede esconder otra

por Thierry Meyssan


Préparée de longue date et annoncée par François Hollande six mois à l’avance, l’intervention française au Mali a été présentée comme une décision prise en urgence en réponse à des développements dramatiques. Cette mise en scène ne vise pas seulement à s’emparer de l’or et de l’uranium maliens, elle ouvre surtout la voie à une déstabilisation de l’Algérie.


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  • Depuis Nicolas Sarkozy avec Laurent Gbagbo, Mouammar el-Kadhafi et Bachar el-Assad, la diplomatie française pratique le baiser de Judas. Ici le président François Hollande venu à Alger embrasser son homologue Abdelaziz Bouteflika, le 19 décembre 2012. Trois semaines plus tard, il allumera la guerre au Mali pour enflammer l’Algérie.




  • « L’appétit vient en mangeant », dit le proverbe. Après avoir recolonisé la Côte d’Ivoire et la Libye, puis tenté de s’emparer de la Syrie, la France lorgne à nouveau sur le Mali pour prendre l’Algérie à revers.

    Durant l’attaque de la Libye, les Français et les Britanniques ont fait un large usage des islamistes pour combattre le pouvoir de Tripoli, les séparatistes de Cyrénaïque n’étant pas intéressés à renverser Mouammar el-Kadhafi une fois Benghazi indépendante. À la chute de la Jamahiriya, j’ai personnellement été témoin de la réception des dirigeants d’AQMI par des membres du Conseil national de transition à l’hôtel Corinthia, qui venait d’être sécurisé par un groupe britannique spécialisé venu exprès d’Irak. Il était évident que la prochaine cible du colonialisme occidental serait l’Algérie et qu’AQMI y jouerait un rôle, mais je ne voyais pas quel conflit pourrait être utilisé pour justifier une ingérence internationale.

    Paris a imaginé un scénario dans lequel la guerre pénètre en Algérie par le Mali.

    Peu avant la prise de Tripoli par l’OTAN, les Français parvinrent à soudoyer et à retourner des groupes Touaregs. Ils eurent le temps de les financer abondamment et de les armer, mais il était déjà bien tard pour qu’ils jouent un rôle sur le terrain. Une fois la guerre finie, ils retournèrent dans leur désert.

    Les Touaregs sont un peuple nomade vivant au Sahara central et sur les bordures du Sahel, soit un vaste espace partagé entre la Libye et l’Algérie, le Mali et le Niger. S’ils ont obtenu la protection des deux premiers Etats, ils ont au contraire été délaissés par les deux derniers. Par conséquent, depuis les années 60, ils n’ont cessé de remettre en question la souveraineté du Mali et du Niger sur leurs terres. Bien logiquement, les groupes armés par la France décidèrent d’utiliser leurs armes pour faire aboutir leurs revendications au Mali. Le Mouvement national pour la libération de l’Azawad (MNLA) prend le pouvoir dans presque tout le Nord-Mali où il habite. Cependant, un groupuscule d’islamistes touaregs, Ansar Dine, rattaché à AQMI, en profite pour imposer la charia dans quelques localités.

    Le 21 mars 2012, un étrange coup d’État est perpétré au Mali. Un mystérieux « Comité pour le redressement de la démocratie et la restauration de l’État » (CNRDRE) renverse le président Amadou Toumani Touré et déclare vouloir restaurer l’autorité malienne au Nord du pays. Il en résulte une grande confusion, les putschistes étant incapables d’expliquer en quoi leur acte améliorera la situation. Le renversement du président est d’autant plus bizarre qu’une élection présidentielle était prévue cinq semaines plus tard et que le président sortant ne se représentait pas. Le CNRDRE est composé par des officiers formés aux États-Unis. Il empêche la tenue de l’élection et transmet le pouvoir à un des candidats, en l’occurrence le francophile Dioncounda Traore. Ce tour de passe-passe est légalisé par la CEDEAO, dont le président n’est autre qu’Alassane Ouattara, mis au pouvoir un an plus tôt par l’armée française en Côte d’Ivoire.

    Le coup d’État accentue la division ethnique du pays. Les unités d’élite de l’armée malienne (formées aux USA) ayant un commandement touareg rejoignent la rébellion avec armes et bagages.

    Le 10 janvier, Ansar Dine —appuyé par d’autres groupes islamistes— attaque la ville de Konna. Il quitte donc le territoire touareg pour étendre la loi islamique au Sud du Mali. Le président de transition Dioncounda Traore décrète l’état d’urgence et appelle la France au secours. Paris intervient dans les heures qui suivent pour empêcher la prise de la capitale, Bamako. Prévoyant, l’Élysée avait pré-positionné au Mali des hommes du 1er Régiment parachutiste d’infanterie de marine (« la coloniale ») et du 13e Régiment de dragons parachutistes, des hélicoptères du COS, trois Mirage 2000D, deux Mirage F-1, trois C135, un C130 Hercule et un C160 Transall.

    En réalité, il est fort peu probable qu’Ansar Dine ait représenté une menace réelle, car la vraie force combattante, ce ne sont pas les islamistes, mais les nationalistes touaregs, lesquels n’ont aucune ambition au Sud du Mali.

    Pour conduire son intervention militaire, la France demande l’aide de nombreux États, dont l’Algérie. Alger est piégé : accepter de collaborer avec l’ancienne puissance coloniale ou prendre le risque d’un reflux des islamistes sur son sol. Après hésitation, il accepte d’ouvrir son espace aérien au transit français. Mais en définitive, un groupe islamiste non identifié attaque un site gazier de British Petroleum au Sud de l’Algérie en accusant Alger de complicité avec Paris dans l’affaire malienne. Une centaine de personnes sont prises en otages, mais pas seulement des Algériens et des Français. Le but est manifestement d’internationaliser le conflit en le transportant en Algérie.

    La technique d’ingérence française est une reprise de celle de l’administration Bush : utiliser des groupes islamistes pour créer des conflits, puis intervenir et s’installer sur place sous prétexte de résoudre les conflits. C’est pourquoi la rhétorique de François Hollande reprend celle de « la guerre au terrorisme », pourtant abandonnée à Washington. On retrouve dans ce jeu les protagonistes habituels : le Qatar a pris des parts dans de grandes sociétés françaises installées au Mali, et l’émir d’Ansar Dine est proche de l’Arabie saoudite.

    Le pyromane-pompier est aussi un apprenti sorcier. La France a décidé de renforcer son dispositif anti-terroriste, le plan Vigipirate. Paris ne craint pas une action des islamistes maliens sur le sol français, mais le reflux des jihadistes de Syrie. En effet, durant deux ans, la DCRI a favorisé le recrutement de jeunes musulmans français pour se battre avec l’ASL contre l’État syrien. Du fait de la débandade de l’ASL, ces jihadistes reviennent actuellement au pays natal où ils pourraient être tentés, par solidarité avec Ansar Dine, d’utiliser les techniques terroristes qu’on leur a appris en Syrie.

    martes, 22 de enero de 2013

    ¡Arde Mali, arde!, el Afganistán africano

    por: Pepe Escobar


    LONDRES – Hay que adorar el sonido de un caza jet Mirage 2000 francés por la mañana. Huele como… un delicioso desayuno neocolonial en salsa Hollandesa. Digamos salsa de cenagal.
    Aparentemente, es perfectamente obvio. Mali tiene 15,8 millones de habitantes – con un ingreso interno bruto per cápita de solo unos 1.000 dólares por año y una expectativa de vida de solo 51 años – en un territorio el doble del de Francia (un PIB per cápita de 35.000 y más). Ahora, casi dos tercios de ese territorio están ocupados por grupos islamistas fuertemente armados. ¿Qué nos espera? Bombas, baby, bombas.
    De modo que demos la bienvenida a la más reciente guerra africana; Mirages franceses estacionados en Chad, y helicópteros Gazelle más algunos Rafales basados en Francia bombardeando a malignos yihadistas islamistas en el norte de Mali. Los negocios van bien; el presidente Hollande de Francia pasó el martes pasado en Abu Dhabi cerrando la venta de hasta 60 Rafales a ese parangón de la democracia en el Golfo, los Emiratos Árabes Unidos (EAU).
    El antes afofado Hollande –quien ahora goza de la reconversión de su imagen en la de un “resuelto”, “determinado”, tipo duro– ha pregonado hábilmente todo eso como la incineración de islamistas en la sabana antes de que emprendan un vuelo sin retorno Bamako-París para bombardear la Torre Eiffel.
    Ha habido Fuerzas Especiales francesas en el terreno en Mali desde principios de 2012.
    El MNLA (Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad), dirigido por tuaregs, dice ahora a través de uno de sus dirigentes, que está “dispuesto a ayudar” a la antigua potencia colonial, presentándose como más conocedor de la cultura y del terreno que futuras fuerzas de intervención de la CEDEAO (acrónimo en francés de Comunidad Económica de Estados de África Occidental).
    Los salafistas-yihadistas en Mali tienen un inmenso problema: escogieron el campo de batalla equivocado. Si fuera Siria, hubieran sido inundados de armas, bases logísticas, un “observatorio” basado en Londres, horas de videos en YouTube y un apoyo diplomático total de los sospechosos habituales de EE.UU., Gran Bretaña, Turquía, las petromonarquías del Golfo y –oui, monsieur– la propia Francia.
    En su lugar, fueron criticados severamente por el Consejo de Seguridad de la ONU –más rápido que una colección de héroes de Marvel– que, como es debido, autorizó una guerra en su contra. Sus vecinos africanos occidentales –parte del bloque regional CEDEAO– recibieron un plazo (hasta fines de noviembre) para presentar un plan de guerra. Estando en África, no pasó nada – y los islamistas siguieron avanzando hasta que hace una semana París decidió aplicar un poco de salsa Hollandesa.
    Ni siquiera un estadio de fútbol repleto de los mejores chamanes africanos occidentales puede exorcizar a un grupo de países dispares –e empobrecidos– para que organicen a corto plazo un ejército intervencionista, incluso si la aventura es pagada totalmente por Occidente como el ejército dirigido por Uganda que combate contra al-Shabaab en Somalia.
    Para colmo de males, no es ningún paseo. Los salafistas-yihadistas están bien provistos, por cortesía del auge del contrabando de cocaína de Suramérica a Europa pasando por Mali, más el tráfico de seres humanos. Según la Oficina de Control de Drogas de la ONU, un 60% de la cocaína de Europa pasa por Mali. A los precios en la calle en París, eso representa más de 11.000 millones de dólares.


    Turbulencia futura

    El general Carter Ham, comandante del AFRICOM del Pentágono, ha estado advirtiendo durante meses de una importante crisis. Hablemos de una profecía que se auto realiza. Pero lo que en realidad está sucediendo es lo que el New York Times extrañamente describe como esos “vastos y turbulentos trozos del Sahara”.
    Todo comenzó con un golpe militar en marzo de 2012, solo un mes antes de que Mali realizara una elección presidencial, derrocando al entonces presidente Amadou Toumani Touré. Los conspiradores del golpe lo justificaron como una reacción ante la incompetencia del gobierno en la lucha contra los tuareg.
    El líder del golpe fue un cierto capitán Amadou Haya Sanogo, quien por casualidad había tenido relaciones muy cómodas con el Pentágono; eso incluyó sus cuatro meses de curso básico de entrenamiento como oficial de infantería en Fort Benning, Georgia, en 2010. Esencialmente, Sanogo también fue acicalado por AFRICOM, bajo un proyecto regional que mezcló el programa de Cooperación en el Contraterrorismo Trans-Sahara del Departamento de Estado y la Operación Libertad Duradera del Pentágono. Sobra decir que en todo este asunto de la “libertad” ha sido el proverbial “aliado seguro” –como en socio en el contraterrorismo– combatiendo (por lo menos teóricamente) a al Qaida en el Magreb Islámico (AQIM).
    Durante los últimos años, el juego de Washington ha elevado los giros en 180 grados al nivel de un arte de calidad. Durante el segundo gobierno de George W. Bush, las Fuerzas Especiales estuvieron muy activas codo a codo con los tuaregs y los argelinos. Durante el primer gobierno de Obama, comenzaron a respaldar al gobierno de Mali contra los tuaregs.
    Un público confiado podrá estudiar minuciosamente los periódicos de Rupert Murdoch –por ejemplo el Times de Londres– y su así llamado corresponsal de defensa estará pontificando a su gusto sobre Mali sin hablar una palabra sobre la repercusión de la guerra en Libia.
    Muamar Gadafi siempre apoyó la lucha por la independencia de los tuaregs; desde los años sesenta la agenda del NMLA ha sido liberar Azawad (el norte de Mali) del gobierno central en Bamako.
    Después del golpe de marzo de 2012, el NMLA parecía tomar la delantera. Colocó su propia bandera sobre una serie de edificios gubernamentales, y el 5 de abril anunció la creación de un nuevo, independiente, país tuareg. La “comunidad internacional” los despreció, solo para que unos meses después el NMLA fuera marginado para todos los efectos prácticos, incluso en su propia región por otros tres grupos –islamistas–Ansar ed-Dine (“Defensores de la Fe”); el Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental (MUJAO); y al Qaida en el Magreb Islámico (AQIM).

    Los protagonistas
    El NMLA es un movimiento secular tuareg, creado en octubre de 2011. Afirma que la liberación de Azawad permitirá mejor integración –y desarrollo– para todos los pueblos en la región. Sus principales combatientes son tuaregs que fueron miembros del ejército de Gadafi. Pero también hay rebeldes que no han dejado las armas después de la rebelión tuareg de 2007-2008, y algunos que desertaron del ejército maliense. Los que volvieron a Mali después de la ejecución de Gadafi por rebeldes de la OTAN en Libia se llevaron muchísimas armas. Pero la mayor parte de las armas pesadas terminaron en manos de los propios rebeldes de la OTAN, los islamistas apoyados por Occidente.
    AQIM es la filial norteafricana de al Qaida, que son leales al “El Doctor”, Ayman al-Zawahiri. Sus dos personajes cruciales son Abu Zaid y Mokhtar Belmokhtar, ex miembros del grupo ultra duro de islamistas argelinos Grupo Salafista por la Prédica y el Combate
    (SGPC). Belmokhtar ya fue un yihadista en el Afganistán de los años ochenta.
    Abu Zaid posa como una especie de “Gerónimo” norteafricano, algo como un Osama bin Laden, con la indispensable bandera negra y una Kalashnikov estratégicamente posicionada, colocadas prominentemente en sus videos. El líder histórico, sin embargo, es Belmokhtar. El problema es que Belmokhtar, conocido por la inteligencia francesa como “El Inatrapable”, se ha unido recientemente al MUJAO.
    Los combatientes del MUJAO son todos ex AQIM. En junio de 2012, el MUJAO expulsó al NMLA y se apoderó de la ciudad de Gao, donde aplicó de inmediato los peores aspectos de la ley Sharía. La base del MUJAO que ha sido bombardeada esta semana por los Rafales franceses. Uno de sus portavoces ha amenazado, como se debe, “en nombre de Alá” con responder atacando “el corazón de Francia”.
    Finalmente, Ansar ed-Dine es un grupo islamista tuareg, establecido el año pasado y dirigido por Iyad ag Ghali, ex dirigente del NMLA que se exilió en Libia. Adoptó el salafismo debido a proselitistas –inevitablemente– paquistaníes activos en el Norte de África, luego pasó un tiempo valioso con numerosos emires de AQIM. Es interesante señalar que en 2007 el presidente Touré nombró a Ghali como cónsul en Jedda, en Arabia Saudí. Fue debidamente expulsado en 2010 porque se acercó demasiado a islamistas radicales.

    Denme ‘un poco más terrorismo’
    Nadie en Occidente pregunta por qué el golpe militar, amistoso hacia el Pentágono, en la capital terminó con casi dos tercios de Mali en manos de islamistas que impusieron la ley Sharía dura en Azawad – especialmente en Gao, Timbuktu y Kidal, un horripilante catálogo de ejecuciones sumarias, amputaciones, lapidaciones y la destrucción de lugares sagrados en Timbuktu. ¿Cómo es posible que la última rebelión tuareg haya terminado por ser secuestrada por unos pocos cientos de islamistas de la línea dura? Es inútil hacer la pregunta a los drones de EE.UU.
    La retórica oficial del gobierno “dirigido desde atrás” de Obama 2.0 es, en cierto sentido, futurista; los bombardeos franceses “podrían movilizar yihadistas en todo el mundo y llevar a –qué iba a ser– ataques contra Occidente. Una vez más la buena Guerra Global contra el Terror (GWOT) termina por ser la serpiente que muerde su propia cola.
    No hay modo de comprender Mali sin examinar lo que ha estado haciendo Argelia. El periódico argelino El Khabar solo rozó la superficie, señalando que “de rehusar categóricamente una intervención – diciendo a la gente en la región que sería peligrosa, Argel pasó a “abrir los cielos argelinos a los Mirages franceses.
    La Secretaria de Estado Hillary Clinton estuvo en Argelia en octubre pasado, tratando de organizar algo que pareciera un ejército de intervención africano occidental. Hollande, estuvo en diciembre. Oh, sí, cada vez la cosa se pone más interesante.
    Volvámonos por lo tanto al profesor Jeremy Keenan, de la Escuela de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) en la Universidad de Londres, y autor de The Dark Sahara (Pluto Press, 2009) y del próximo The Dying Sahara (Pluto Press, 2013).
    Escribiendo en la edición de enero de New African, Keenan señala: “Libia fue el catalizador de la rebelión Azawad, no su causa subyacente. Más bien, la catástrofe que se desarrolla ahora en Mali es el resultado inevitable de cómo la ‘Guerra Global contra el Terror’ ha sido insertada en el Sahara-Sahel por EE.UU., en colaboración con agentes de la inteligencia argelina, desde 2002”.

    Resumiendo, Bush y el régimen en Argel necesitaban ambos, como señala Keenan, “un poco más terrorismo” en la región. Argel lo quería como un medio para conseguir más armas de alta tecnología. Y Bush –y los neoconservadores que lo respaldaban– querían lanzar el frente sahariano de la GWOT, como en la militarización de África como la máxima estrategia para controlar más recursos energéticos, especialmente petróleo, ganando así la competencia con masivas inversiones chinas. Es la lógica subyacente que llegó a la creación de AFRICOM en 2008.

    Los servicios de inteligencia argelinos, Washington y los europeos utilizaron debidamente AQIM, infiltrando su dirigencia para extraer ese “poco más de terrorismo”. Mientras tanto la inteligencia argelina configuró efectivamente a los tuaregs como “terroristas”, el pretexto perfecto para La Iniciativa de Contraterrorismo Trans-Sahara de Bush, así como la Operación Flintlock del Pentágono – un ejercicio militar trans-sahariano.

    Los tuaregs siempre pusieron los pelos de punta a los argelinos, que ni siquiera podían imaginar el éxito de un movimiento nacionalista tuareg en el norte de Mali. Después de todo, Argelia siempre vio toda la región como su propio patio trasero.
    Los tuaregs –la población indígena del Sahara central y del Sahel– son casi 3 millones. Más de 800.000 viven en Mali, después viene Níger, con menores concentraciones en Argelia,
    Burkina Faso y Libia. Ha habido no menos de cinco rebeliones de los tuaregs en Mali desde la independencia en 1960, más otras tres en Níger, y mucha turbulencia en Argelia.
    El análisis de Keenan es absolutamente correcto al identificar lo que sucedió durante todo 2012 mientras los argelinos destruían meticulosamente la credibilidad y el impulso político del NMLA. Seguid los pasos del dinero: tanto Iyad ag Ghaly de Ansar ed-Dine como Sultan Ould Badi de MUJAO se llevan muy bien con la DRS, la agencia de inteligencia argelina. Ambos grupos tenían solo unos pocos miembros al principio.
    Luego vino un tsunami de combatientes de AQIM. Es la única explicación por la cual el NMLA, después de solo unos pocos meses, fue neutralizado política y militarmente en su propio patio trasero.



    Reunid a los habituales combatientes por la libertad

    La posición de “dirección desde atrás” de Washington es ilustrada por esta conferencia de prensa del Departamento de Estado. Esencialmente, el gobierno en Bamako pidió que los franceses se ensuciaran un poco las manos.
    Y ahí estamos.
    No exactamente. Cualquiera que piense que todo el problema de Mali se resume en “bombardear a al Qaida debe estar viviendo en la luna. Para comenzar, utilizar a islamistas de la línea dura para sofocar un movimiento indígena de independencia proviene directamente del guión histórico de la CIA y el Pentágono.
    Además, Mali es crucial para AFRICOM y la visión general de MENA (Medio Oriente-Norte de África) del Pentágono. Meses antes del 11-S tuve el privilegio de cruzar de un lado a otro Mali por carretera –y por el río Níger– y pasar un tiempo, especialmente en Mopti y Timbuktu, con los impresionantes tuaregs, que me brindaron un curso concentrado sobre África Noroccidental. Vi a predicadores wahabíes y paquistaníes por doquier. Vi cómo los tuaregs eran progresivamente desplazados. Vi un Afganistán en gestación. Y no fue muy difícil seguir la ruta del dinero sorbiendo té en el Sahara. Mali limita con Argelia, Mauritania, Burkina Faso, Senegal, la Costa de Marfil y Guinea. El espectacular delta interior del Níger está en Mali central – al sur del Sahara. Mali desborda de oro, uranio, bauxita, hierro, manganeso, estaño y cobre. ¡Y Ductistán hace señas! Hay mucho petróleo sin explorar en el norte de Mali.

    Ya en febrero de 2008, el vicealmirante Robert T. Moeller decía que la misión de AFRICOM era proteger “el libre flujo de recursos naturales de África al mercado global”; sí, hizo la conexión crucial con China, declarada culpable de “desafiar intereses de EE.UU.”
    Los aviones espía de AFRICOM han estado “observando” Mali, Mauritania y el Sahara durante meses, teóricamente a la busca de combatientes de AQIM; toda la operación es supervisada por Fuerzas Especiales de EE.UU., parte de la clasificada operación Creek Sand, basada en la próxima Burkina Faso. No avistaréis ningún estadounidense; son –qué iba a ser– contratistas que no llevan uniformes militares.

    El mes pasado, en la Universidad Brown, el general Carter Ham, comandante de AFRICOM, dio una vez más un fuerte impulso a la “misión de promover los intereses de seguridad de EE.UU. en toda África”. Ahora bien, todo tiene que ver con la –actualizada– Estrategia Nacional de Seguridad de EE.UU. en África, firmada por Obama en junio de 2012. Los objetivos (convenientemente vagos) de esta estrategia son “fortalecer las instituciones democráticas”; alentar “el crecimiento económico, el comercio y la inversión”; “hacer progresar la paz y la seguridad”, y “promover la oportunidad y el desarrollo”.
    En la práctica, es la militarización occidental (con la “dirección desde atrás” de Washington) contra el continuo impulso de seducción e inversión de China en África. En Mali, el escenario ideal para Washington sería un remix de Sudan; como la reciente partición de Sudán en Norte y Sur, que creó un dolor de cabeza logístico adicional para Beijing ¿por qué no hacer una partición de Mali para explotar mejor sus riquezas naturales? A propósito, Mali era conocido como Sudan Occidental hasta su independencia en 1960.
    Una guerra “multinacional” en Mali ya estaba en las cartas del Pentágono a principios de diciembre.
    Lo hermoso del asunto es que incluso con un ejército por encargo “multinacional” financiado por Occidente, apoyado por el Pentágono, a punto de entrar en acción, los que están derramando la letal salsa Hollandesa son los franceses (no hay nada que supere a una ex colonia “con problemas” para abrir el apetito de sus antiguos amos). El Pentágono puede seguir utilizando sus discretos aviones espía P-3 y drones Global Hawk basados en Europa, y después transportar tropas africanas occidentales y darles cobertura aérea. Pero todo en secreto, y muy confidencial.

    El señor Cenagal ya ha alzado su horrenda cabeza en tiempo récord, incluso antes de que los 1.400 (y suma y sigue) soldados franceses en el terreno lanzaran su ofensiva.
    Un equipo de comando de MUJAO (y no AQIM, como han informado), dirigido por el “inatrapable” Belmokhtar, atacó un campo de gas en medio del desierto Sahara argelino, más de 1.000 kilómetros al sur de Argel pero a solo 100 km de la frontera libia, donde capturó a un grupo de rehenes occidentales (y algunos japoneses); una operación de rescate lanzada el miércoles por Fuerzas Especiales argelinas fue, por decir poco, un gigantesco lío, con la muerte confirmada hasta ahora de por lo menos siete rehenes extranjeros y 23 argelinos.
    El campo de gas es explotado por BP, Statoil y Sonatrach. MUJAO ha denunciado –¿qué más?– la nueva “cruzada” francesa y el hecho de que jets de combate franceses ahora dominan el espacio aéreo argelino.
    En cuanto a repercusiones, esto es solo la entrada. Y no se limitará a Mali. Convulsionará a Argelia y pronto a Níger, la fuente de más de un tercio del uranio en las plantas de energía nuclear de Francia, y todo el Sahara-Sahel.
    Por lo tanto este nuevo, creciente mega-Afganistán en África será bueno para los intereses neocoloniales de Francia (a pesar de que Hollande insiste en que solo se trata de “paz”); bueno para AFRICOM; un estímulo para esos yihadistas conocidos anteriormente como rebeldes de la OTAN; y ciertamente bueno para la interminable Guerra Global contra el Terror (GWOT), debidamente rebautizada como “operaciones militares cinéticas”.
    Django, desencadenado, se sentiría totalmente en su casa. En cuando al Oscar a la Mejor Canción, va al continuo de Bush-Obama: No hay negocio como el negocio del terror. Con subtítulos en francés, bien sur.

    jueves, 31 de mayo de 2012

    Houla: Rusia y China avisan


    La Russie et la Chine sifflent (déjà) la fin de la récréation à François Hollande – et à d’autres…

    por: Louis Denghien




    Guennadi Gatilov : le vice-ministre russe des Affaires étrangères a laissé François Hollande faire le Mitterrand quelques dizaines de minutes

    Eh bien, François Hollande va devoir trouver un nouveau sujet de conversation avec Vladimir Poutine, vendredi. Le nouveau président de gauche (formatée atlantiste) n’avait pas exclu, voici 24 heures, de faire participer la France à une intervention militaire contre la Syrie, « comme en Libye », pourvu que celle-ci soit autorisée par l’ONU. Mais le président français et BHL n’auront pas attendu longtemps la mise au point du meneur de jeu russe. Mardi soir, quelques dizaines de minutes après l’intervention de Hollande, comme pour calmer les excités occidentaux croyant leur heure revenue à la faveur du drame – toujours pas éclairci – de Houla, le vice-ministre russe des Affaires étrangères Guennadi Gatilov a averti que la Russie ne laisserait pas le Conseil de sécurité autoriser une telle intervention : Moscou « est catégoriquement opposée à toute intervention extérieure dans le conflit syrien qui ne ferait qu’aggraver la situation avec des conséquences incalculables pour la Syrie et le reste de la région« .

    Décidément, dans le monde où nos vivons, seul le bon sens est révolutionnaire ! La mise au point de Gatilov intervient trois jours avant la visite à Paris de Vladimir Poutine, que Hollande comptait bien convaincre de baisser la garde sur la Syrie et de troquer, en quelque sorte, Bachar al-Assad contre des promesses de garanties quant aux intérêts locaux russes.

    Un bonheur n’arrivant jamais seul, le porte-parole du ministère chinois des Affaires étrangères, Liu Weimin, a annoncé quasi-simultanément que Pékin s’opposerait, elle aussi, à toute intervention militaire, et que pour le reste, la Chine « ne soutient aucun changement forcé de régime« . Et Liu Weimin a donné une illustration concrète de cette position en indiquant qu’il n’était évidemment pas question pour le autorités de son pays d’expulser l’ambassadeur syrien à Pékin.

    Nous sommes contents, mais pas vraiment surpris

    Tout ceci à vrai dire n’est surprenant que pour les présentateurs illettrés et formatés des journaux d’ »information » français : nous avons écrit ici que la Russie et Chine n’avaient pas, depuis des mois, pris les positions que l’on sait sur la crise syrienne pour en changer subitement à cause d’une nouvelle offensive diplomatico-médiatique d’ampleur des bellicistes de l’Ouest. Sur la Syrie, Poutine joue une partie de la nouvelle crédibilité internationale russe, et la sienne propre. Il était donc totalement exclu qu’il « bouge » sur le sujet.

    Du reste les interrogations formulées à haute voix par Sergueï Lavrov et d’autres pontes de la diplomatie russe sur les circonstances et les responsabilités des tueries de Houla constituaient déjà une indication que Moscou avait flairé sinon un montage, du moins une manipulation de grande ampleur de l’opinion internationale à des fins déstabilisatrices et bellicistes. Certes, après Houla, la Russie, avec la Chine, avait accepté de signer une déclaration du Conseil de sécurité incriminant l’usage par le gouvernement syrien d’armes lourdes. Mais Guennadi Gatilov l’a bien précisé : il s’agissait juste d’envoyer au gouvernement syrien un « signal assez fort » pour qu’il modère autant que possible ses réactions militaires aux attaques des groupes armés. Cette déclaration votée à l’unanimité des 15 membres du Conseil « représente une réaction suffisante » pour reprendre les mots du haut-responsable russe.

    François Hollande prend là sa première leçon de realpolitik. Comme son mentor Obama, il va devoir en rabattre. Bien sûr, le président français va essayer, avant Obama mais comme lui, de convaincre le président russe d’au moins lâcher Bachar, quitte à trouver une formule de gouvernement de transition assurant une représentation minimum de l’ancienne équipe dirigeante. Mais; et là encore au risque de nous répéter, il est plus que douteux que Poutine se laisse convaincre : le départ forcé de Bachar signerait évidemment le début d’un processus de décomposition du pouvoir syrien, accéléré par tout ce que le pays compte de bandes armées islamistes. Ce serait la fin, dans un chaos sanglant, de la Syrie souveraine, peut-être très vite la prise du pouvoir par des factions qui considèrent la Russie comme une ennemie et vendraient le pays à la Turquie ou à l’OTAN.

    C’est bien pourquoi tout ce qu’on a entendu depuis Houla ressort à l’intimidation verbale, aux manoeuvres obliques, mais ne peut se transformer en action diplomatique et militaire effective.François Hollande, comme Barack Obama, n’aura pas « sa » Libye – ni son Irak, lui qui a érigé François Mitterrand en modèle.

    martes, 8 de mayo de 2012

    Hollande: otro globalista de la Bilderberg

    A estas alturas, pensar que un signo es distinto del otro es llevarse a engaño.
    En la historia más reciente de la democracia española, uno no sabe quién ha hecho más daño: los socialistas o los populares. Felipe o Aznar. En Francia les pasa los mismo. Miterrand? Chirac? Sarkozy? o Hollande?

    Pensar que Hollande va a cambiar algo es por lo menos de ilusos. Acaso Obama con sus discursos ha mejorado algo del legado de Bush Jr? Todo lo contrario.



    The mass media is promulgating the notion that the election of Socialist French President Francois Hollande represents some kind of massive sea change and is a direct challenge to the European Union, and yet Hollande’s past and the people he surrounds himself with confirms the fact that he is merely another committed globalist and an enthusiastic supporter of the dictatorial EU’s sovereignty-stripping ethos.


    “In the whole of Europe it’s time for change,” Hollande told cheering crowds who gathered to hear his victory speech in Paris early Monday,” reports the L.A. Times.

    “Observers agree that Mr Hollande’s election represents a sea-change in the governance of the eurozone and the management of the single currency crisis,”reports Sky News.

    However, any suggestion that Hollande’s defeat of Nicolas Sarkozy represents some kind of major challenge to the European Union and its efforts, in close coordination with the IMF and Goldman Sachs, to exploit the debt crisis for its own political ends, is clearly wide of the mark.

    Hollande is merely another creature of the establishment and an enthusiastic pro-European superstate globalist. He supported the 1992 Maastricht Treaty, the document which outlined the introduction of the euro single currency and was itself based on a 1955 Bilderberg blueprint. Hollande also supported the European Constitution in a 2005 referendum despite most of his socialist allies voting against it.

    Hollande is the former spokesman for ex-French President Lionel Jospin, another committed globalist who attended the Bilderberg Group meeting in 1996.

    He is also a former aide to the last Socialist President in France, Francois Mitterand, a 33rd degree Freemason who commissioned the pyramid at the Louvre to be made out of 666 glass panels – another down to earth “man of the people”. Alongside German Chancellor and Bohemian Grove attendee Helmut Kohl, Mitterand fathered the Maastricht Treaty. According to Bilderberg sleuth Daniel Estulin, Bilderberg were largely responsible for Mitterand’s presidential victory in in 1981.



    Hollande’s “special adviser” is none other than Manuel Valls, a former Freemason and 2008 Bilderberg attendee who openly supports the establishment of a European federal superstate at the expense of national sovereignty. Valls has publicly called for the European Commission to control national budgets of EU member nations.

    When confronted about his Bilderberg connection by We Are Change Paris, Valls attempted to deflect the question by accusing the videographers of denying the Holocaust.

    Despite all the media bluster about a “sea change” in France and Hollande representing a threat to the European Union’s political agenda, expect him to be yet another dutiful water carrier for the elite as he taxes the middle class out of existence while continuing to sacrifice French national sovereignty on the altar of the EU superstate.

    With Nicolas Sarkozy beginning to prove himself an irritant to the political class in Brussels and moving to amend the terms of the globalists’ cherished Maastricht Treaty, Hollande is being sold by the establishment as a breath of fresh air yet will almost undoubtedly prove to harbor to same stench of anti-democratic authoritarianism that pervades the entire European Union.

    Sarkozy arrasó en Israel



    MONDAY, MAY 7, 2012 AT 8:35AM GILAD ATZMON
    Nicolas Sarkozy lost French presidential election runoff to socialist candidate François Hollande who won 51.9% of votes. In Israel however, Sarkozy is a real winner. According to Ynet,92.8% of French Jewish citizens living in Israel voted for Sarkozy. The man with the yarmulka (in the left) won the Jews' hearts but lost his own people.

    Sarkozy may want to spend the next 2-3 days reading La Parabole d'Esther. Anatomie du Peuple Élu, so he understands this discrepancy..
              
     


    El pequeño Napoleón ha perdido Francia, pero ha ganado en Israel. Era lógico con todo lo que ha hecho por el estado judío. Era lógico también por todo su historial sionista.
    Pero cuando te dedicas a unos intereses que no son los de tu pueblo, es lo que pasa.
    Obvió a Francia y a los franceses. Iba de emperador, cuando no deja de ser un enano pretencioso. Igual que Aznar, quería formar parte de la historia como un gran jefe de estado. Lo mismo aplica a Bush  Jr.
    Meras marionetas de un sistema que no deja de considerarlos marionetas y desechables.
    Ahora en Francia ha ganado Hollande. Frustrado y cabreado porque en su día fue su pareja la que se adelantó como candidata, ahora recobra un poco de temple con un discurso socialista.
    Su programa electoral de corte social queda muy bien de cara a la galería. La familia socialista europea hace tiempo que está vendida al sistema. Las declaraciones de Hollande sobre Libia y Siria demuestran que a nivel de política internacional no hay mucho cambio.
    Habrá que ver si cumple con su programa, rompe con Merkel y ese eje diabólica bendecido por el FMI y el BCE.
    Vamos a darle los famosos 100 dias a ver si es verdad lo que promete que quiere hacer.
    A Rajoy no le han hecho falta ni 50 dias para ver cómo mentía.