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miércoles, 18 de enero de 2017

Las confesiones del criminal John Kerry

por Thierry Meyssan


La guerra contra Siria es la primera que se prolonga por más de 6 años en plena era numérica. Numerosos documentos que deberían haberse mantenido en secreto ya han sido publicados. Aunque han aparecido en diferentes países, de manera tal que la opinión publica no tiene conciencia de ello, esos documentos ya permiten en este momento reconstruir la secuencia de los acontecimientos. La publicación de una grabación de declaraciones que John Kerry hizo en privado, en septiembre de 2016, revela la política del Departamento de Estado y obliga a todos los observadores –incluyéndonos a nosotros– a revisar sus análisis anteriores.

La difusión en The Last Refuge de la grabación completa del encuentro que el secretario de Estado John Kerry sostuvo con miembros de la Coalición Nacional (oposición siria en el exterior) el 22 de septiembre de 2016, en los locales de la delegación de los Países Bajos ante la ONU [1], pone en tela de juicio todo lo que todos creían haber entendido sobre la posición de Estados Unidos hacia Siria.

Primeramente, creímos que si bien Washington había iniciado la operación conocida como «Primavera Árabe» para derrocar los regímenes laicos en beneficio de la Hermandad Musulmana, luego había dejado a sus aliados emprender solos la Segunda Guerra contra Siria, a partir de julio de 2012. Y que estos aliados perseguían sus propios objetivos –la recolonización, en el caso de Francia y Reino Unido; la conquista del gas, para Qatar; expansión del wahabismo y venganza posterior a la guerra civil libanesa, para Arabia Saudita; anexión del norte de Siria, para Turquía, según el modelo chipriota; etc.– porque se había renunciado al objetivo inicial. Pero John Kerry dice en esa grabación que Washington nunca dejó de tratar de derrocar la República Árabe Siria, lo cual implica que controló en cada etapa lo que hacían sus aliados. De hecho, durante los 4 últimos años, los yihadistas han sido dirigidos, armados y coordinados por el Allied LandCom, el mando de las fuerzas terrestres de la OTAN, con sede en la ciudad turca de Esmirna (Izmir).

En segundo lugar, John Kerry reconoce que Washington no podía ir más lejos por causa de 2 factores: el Derecho Internacional y la posición de Rusia. Entendámonos bien: Estados Unidos no dejó nunca de ir demasiado lejos. Destruyó la mayor parte la infraestructura siria vinculada a la industria del petróleo y el gas, usando como pretexto la lucha contra los yihadistas (lo cual corresponde al Derecho Internacional), pero lo hizo y sin invitación ni autorización del presidente Assad (lo cual viola el Derecho Internacional). Sin embargo, Estados Unidos no se atrevió a desplegar sus tropas en suelo sirio ni a combatir abiertamente, como lo hizo en Corea, en Vietnam y en Irak. Para eso, optó por poner a sus aliados en primera línea –aplicando el leadership from behind, o sea el «liderazgo desde atrás»– y apoyar, sin mucha discreción, grupos de mercenarios, como hizo en Nicaragua en los años 1980, aún exponiéndose a ser condenado por la Corte Internacional de Justicia –el tribunal interno de la ONU. Washington no quiere embarcarse en una guerra contra Rusia. Y esta última, que no se opuso a la destrucción de Yugoslavia y Libia, esta vez se levantó y rechazó la línea que supuestamente debía limitar su acción. Moscú está en condiciones de defender el Derecho con la fuerza si Washington se lanza abiertamente en una nueva guerra de conquista.



Tercero, John Kerry atestigua en esa grabación que Washington esperaba una victoria de Daesh (el Emirato Islámico) sobre la República Árabe Siria. Hasta ahora –basándonos en el informe del general Michael Flynn (fechado el 12 de agosto de 2012) y en el artículo de Robin Wright publicado en el New York Times el 28 de septiembre de 2013– habíamos entendido que el Pentágono aspiraba a crear un «Sunnistán» en territorios de Siria e Irak para cortar la ruta comercial terrestre de China hacia Occidente («Ruta de la Seda»). Pero Kerry confiesa que el plan iba mucho más lejos. Probablemente, Washington contaba con que Daesh tomara Damasco, de donde después debía expulsarlo Tel Aviv, con lo cual los yihadistas se replegarían hacia el «Sunnistán», cuyo control se les atribuiría. Siria habría quedado entonces dividida, con el sur bajo la ocupación de Israel, el este bajo control de Daesh y el norte para Turquía.

Esto permite entender por qué Washington proyectaba la imagen de que ya no controlaba nada, como si estuviese limitándose a permitir que sus aliados actuaran a su antojo: lo que hizo fue enrolar a Francia y Reino Unido en la guerra haciéndoles creer que podrían recolonizar el Levante, cuando en realidad tenía previsto dividir Siria sin ellos.



Cuarto, al reconocer que «apoyó» a Daesh, John Kerry admite que lo armó, con lo cual hace polvo la retórica de la «guerra contra el terrorismo».
 Sabíamos, desde el atentado del 22 de febrero de 2006 contra la mezquita al-Askari, en Samarra, Irak, que Daesh –inicialmente denominado «Emirato Islámico en Irak»– había sido creado por el director nacional de la inteligencia estadounidense, John Negroponte, y por el coronel James Steele –siguiendo el esquema de lo que ya habían hecho a principios de los años 1980 en Honduras– para acabar con la resistencia iraquí y desatar una guerra civil.
 Sabíamos, desde que el diario del PKK Ozgur Gundempublicó el acta de la reunión de planificación realizada en Amman el 1º de junio de 2014, que Estados Unidos organizó la ofensiva conjunta de Daesh contra la ciudad iraquí de Mosul y del gobierno regional del Kurdistán iraquí contra Kirkuk.
 Ahora sabemos con certeza que Washington nunca cesó su apoyo a Daesh.


Quinto, el conflicto entre el clan Allen/Clinton/Feltman/Petraeus y la administración Obama/Kerry lo habíamos interpretado como un desacuerdo sobre si había o no que apoyar a Daesh. Nada de eso. Ninguno de esos dos grupos tiene el menor escrúpulo en organizar y apoyar a los yihadistas más fanáticos. El desacuerdo reside única y exclusivamente en cuanto a recurrir a la guerra abierta –y el conflicto con Rusia que ello podría provocar– u optar por la acción secreta. El general Michael Flynn –actual consejero de seguridad nacional de Donald Trump– es el único que se opuso al yihadismo.

Si, dentro de algunos años, Estados Unidos se derrumbara, como sucedió con la URSS, esta grabación de John Kerry, podría servir de prueba acusatoria contra él y contra Barack Obama ante una jurisdicción internacional –pero no ante la Corte Penal Internacional, ya demasiado desacreditada.

Como ya reconoció la autenticidad de los fragmentos anteriormente publicados por el New York Times, Kerry no podría impugnar la autenticidad de la grabación íntegra. El apoyo a Daesh que Kerry expresa en esa grabación viola varias resoluciones de la ONU y prueba su responsabilidad personal, y la del aún presidente de Estados Unidos Barack Obama, en los crímenes contra la humanidad perpetrados por esa organización terrorista.

domingo, 30 de noviembre de 2014

Vulnerabilidades de Rusia ante las sanciones de Estados Unidos, la Unión Europea y la rapiña militar de la OTAN

por James Petras

La recuperación del poderío económico y militar de Rusia lograda bajo el mandato de Vladimir Putin se ve comprometida hoy por la guerra económica que le imponen Estados Unidos y la Unión Europea, observa el profesor James Petras. Esta confrontación obligará al poder ruso a cuestionar sus relaciones con el sistema oligárquico heredado de la era Yelsin, sistema que Putin reformó y controló en parte, pero en el que también se apoyó y que incluso preservó para sacar a Rusia del marasmo económico en que se hallaba. Frente a la agresión occidental, ese viejo sistema no basta. O Putin elimina el modelo oligárquico y abre una nueva fase innovadora de la economía rusa implicando a las fuerzas productivas, las diversas clases sociales –ricas en científicos y técnicos– con los dinámicos y prósperos mercados emergentes de Asia, o mantiene con el viejo sistema oligárquico un statu quo que lo llevaría a la derrota, analiza Petras.

El golpe de estado patrocinado por Estados Unidos y la Unión Europea en Ucrania por un lado, el intento de transformar a Ucrania de socio comercial histórico y estable de Rusia en uno más de la devastada economía de la Unión Europea, para que sirva además de plataforma de lanzamiento de misiles de la OTAN apuntando contra Rusia, así como las sanciones económicas posteriores lanzadas en contra de Rusia por el bloque (Estados Unidos-Unión Europea) por apoyar a la minoría étnica ucraniana de lengua rusa viviendo desde siglos en la región del Donbas y de Crimea, ilustran la peligrosa vulnerabilidad en la que se puede encontrar la economía y la seguridad del Estado ruso frente a la agresión occidental.
Para tener un panorama real y concreto de los esfuerzos necesarios que debe realizar Rusia para su viabilidad económica, para su seguridad en materia de defensa, para que Rusia pueda encontrar la solución a estos desafíos, se requiere entonces de un análisis crítico de las políticas y estructuras emergentes en Rusia después de la era post-soviética.


Saqueo como Privatización

Durante el último cuarto de siglo, varios billones de dólares de valor de la propiedad pública estatal en todos los sectores de la economía rusa fueron transferidos ilegalmente o fueron violentamente incautados por grupos mafiosos o gángsteriles oligarcas que actuaban a través de bandas armadas [grupos de poder], especialmente durante la fase del derrumbre del sistema comunista de la Unión Soviética a la fase de «transición al capitalismo» emergente, desapareciendo la Unión Soviética, apareciendo el nuevo Estado: la Federación de Repúblicas de Rusia.

De 1990 a 1999, más de 6 millones de ciudadanos rusos murieron prematuramente [o a fuego lento] a consecuencia del colapso catastrófico de la economía; la esperanza de vida para los hombres disminuyó de 67 años durante la era soviética a 55 años durante el período del presidente Borís Yeltsin. El PIB [producto interior bruto] de Rusia se redujo en sesenta por ciento (-60%) –una primicia histórica para un país que no estaba en guerra. Después de tomar violentamente el poder con el bombardeo del parlamento ruso, el régimen de Yelsin procedió a «priorizar» la privatización de la economía, la venta de la energía, de los recursos naturales, de la banca, los transportes y las comunicaciones a una décima parte o incluso menos que eso de su verdadero valor económico, esto fue vendido por nada a los compinches bien conectados y otras entidades extranjeras.

En esa época era costumbre ver matones armados, organizados por los mismos oligarcas arribistas “completando” el programa de privatización mediante agresiones, asesinatos y otras formas de violencia. Cientos de miles de pensionistas (jubilados) de edad avanzada fueron expulsados de sus casas y apartamentos en un vicioso comercio de superficies y terrenos por especuladores inmobiliarios violentos. Consultores y otros consejeros financieros académicos de Estados Unidos y de Europa «aconsejaban» a diversos oligarcas rivales y a los ministros del nuevo gobierno ruso como utilizar las mejores técnicas de mercado “eficientes” para saquear la economía, «aconsejando» pues, mientras tocaban lucrativas y cuantiosas comisiones generando así enormes fortunas para la gente «bien relacionada».

Mientras tanto, los niveles de vida se derrumbaron en esta nueva Rusia Federal, empobreciendo a las dos terceras partes de los hogares rusos, los suicidios se cuadruplicaron y las muertes por alcoholismo, adicción a las drogas, el VIH (SIDA) y las enfermedades venéreas se tornó incontrolable. La sífilis y la tuberculosis alcanzaron proporciones epidémicas –enfermedades totalmente controlados durante la era soviética– volvieron aparecer con furia a consecuencia del cierre de clínicas y hospitales públicos que no teniendo fondos dejaron de funcionar.



Documental sobre los acontecimientos de octubre de 1993, el bombardeo de la Casa Blanca en Moscú por Yeltsin.


Por supuesto, para los medios de comunicación occidentales, para la respetable prensa comercial haciendo uso del noble don de la libertad de expresión, celebraron el saqueo de Rusia como siendo una buena transición hacia la democracia y «elecciones libres en una economía de libre mercado». Ellos escribieron brillantes artículos donde alababan la inteligencia del nuevo poder político; el control de la economía por oligarcas mafiosos fue descrito como el reflejo de un aumento de la «democracia liberal». El Estado ruso pasó así, de la noche a la mañana, del rol de Superpotencia Mundial al de Estado abyecto, convirtiéndose en un régimen cliente, penetrado por las agencias de inteligencia occidentales e incapaz de gobernarse y hacer respetar los acuerdos y sus intereses frente a las potencias occidentales. Estados Unidos y la Unión Europea desplazaron rápidamente la influencia rusa-soviética de Europa del Este y rápidamente se hicieron con el control de las ex-empresas estatales, los medios de comunicación y las instituciones financieras [tanto de Rusia como del bloque socialista de Europa del este].


Los antiguos funcionarios comunistas y de izquierda e incluso ejecutivos nacionalistas fueron expulsados y sustituidos por políticos pro-OTAN dóciles y serviles al «libre mercado». Estados Unidos y la Unión Europea violaron todos los acuerdos históricos firmados por Gorbachov con Occidente: los regímenes de Europa del Este se convirtieron en miembros de la OTAN; Alemania Occidental anexó el este y las bases militares de la OTAN se ampliaron hasta las fronteras con Rusia.


Los pro-OTAN implantaron «think tanks» [1] suministrando propaganda e inteligencia anti-rusa en la sociedad. Cientos de organizaciones no gubernamentales [ONGs], financiadas por Estados Unidos, operando dentro de Rusia con propaganda y otros medios de instrumentalización para crear y fomentar una nueva raza de políticos «serviles» neo-liberales. En el Cáucaso soviético y el Extremo Oriente, Occidente fomentó movimientos sectarios separatistas y levantamientos armados, especialmente en Chechenia; Estados Unidos patronó dictadores lacayos útiles a su imperialismo, un buen ejemplo es el payaso títere neoliberal y corrupto, hablamos del presidente Saakashvili en la ex-República Soviética de Georgia.


De esta manera el Estado ruso fue colonizado y su gobernante putativo, es decir el presidente de Rusia en aquella época, Boris Yeltsin –a menudo completamente ebrio–, gobernaba por decreto y gracias a la corrupción ganaba la obediencia de los funcionarios públicos y administradores del país, desintegrando aún más al Estado y la sociedad rusa.


La década de Yeltsin es recordada por el pueblo ruso como siendo un verdadero desastre; en cambio ese mismo período es para Estados Unidos, la Unión Europea, para los oligarcas rusos y sus seguidores la Edad de Oro... del saqueo. Para la inmensa mayoría de rusos, fue una Edad Oscura, cuando la ciencia y la cultura rusa fueron destrozadas; toda una clase de científicos, artistas e ingenieros de alto nivel y rango mundial murieron de inanición, a «fuego lento» ya que sus paupérrimos ingresos de pensión los conducieron a la desesperación, precaridad, miseria y muerte.

Para Estados Unidos, la Unión Europea y los oligarcas esto fue la era de la «presa fácil»: el pillaje económico, cultural e intelectual, miles de millones de dólares de fortuna fueron a parar en los bolsillos de la mafia oligárquica; impunidad política, criminalidad desenfrenada y la sumisión del gobierno ruso a los dictados de Occidente. Los Acuerdos Internacionales con el Estado ruso se violaban incluso antes de que la tinta este seca. Era la época del mundo unipolar centrado en Estados Unidos, el «Nuevo Orden Mundial», donde Washington podría influir e invadir a los adversarios nacionalistas y a los aliados de Rusia con toda impunidad.


La «Época de Oro» de la dominación del mundo se convirtió en el indiscutible modelo «estándar» occidental, dicho modelo serviría para juzgar a Rusia después de la era Yeltsin. Cada decisión de política interior y exterior [de Estados Unidos y la Unión Europea], adoptada durante los años de gobierno de Putin, es decir entre 2000 y 2014, ha sido diseñada especialmente por Washington para juzgar a Rusia, en función de si [las nuevas políticas impulsadas por Putin] se ajustaban o desviaban de la década Yeltsin, década de pillaje y manipulación de Rusia sin que ésta de signos de respuesta en su defensa.


La Era Putin: reconstrucción económica del Estado ruso y la creciente beligerancia de Estados Unidos y la Unión Europea


La primera y principal tarea del presidente Putin fue la de hacer terminar el colapso en la que Rusia se encontraba sumergida. Con el tiempo, el Estado y la economía rusa se fueron recuperando y una cierta apariencia de orden y legalidad llegó a todo el país. La economía comenzó a recuperar y crecer; igual para el empleo, mejores salarios así como un mejor nivel de vida y de bienestar general se fue generalizando, la tasa de mortalidad dejó de crecer.
Comercio, inversión y transacciones financieras con Occidente se normalizaron –se frenó el pillaje que fue denunciado como siendo criminal y procesado ante la justicia. La recuperación de Rusia fue visto por Occidente (Unión Europea y Estados Unidos) con ambigüedad: Muchas personas legítimas y honestas en negocios, las multinacionales comerciales legales dieron la bienvenida al restablecimiento de la ley, del orden y el fin del gangsterismo en Rusia; en contraste, los políticos en Washington y Bruselas, así como los capitalistas buitres deWall Street y la City de Londres rápidamente condenaron a Putin que lo calificaron de «dictador emergente lleno de autoritarismo» y «estatismo», porque las nuevas autoridades rusas comenzaron a investigar a los oligarcas mafiosos por evasión de impuestos, lavado de dinero a gran escala, corrupción de funcionarios públicos e incluso por el asesinato de burócratas que se opusieron al antiguo orden legado por Yelsin.

El ascenso de Putin al poder coincidió con el auge [demanda] de los productos básicos [materias primas] en todo el mundo. El espectacular aumento del precio del petróleo, del gas ruso y otros metales (2003-2013) permitió a la economía rusa de crecer a un ritmo rápido, mientras que el Estado ruso aumentaba la regulación y control de su economía, entonces pudo comenzar a restaurar también sus fuerzas armadas.
El éxito de Putin para poner fin a las formas más salvajes de saqueo de la economía y el restablecimiento de la soberanía de Rusia le hizo popular entre el electorado: fue entonces repetidamente reelegido por una amplia y sólida mayoría popular en el país.
Como Rusia se fue distanciando de las políticas dominadoras y colonizadoras que Occidente le imponía, como Rusia fue cambiando a los funcionarios corruptos o vendidos y eliminando todas los vicios y prácticas corruptas de la era Yeltsin, Estados Unidos y la Unión Europea (UE) lanzaron una estrategia política hostil hacia Rusia de Putin, dicha estrategia diseñada con múltiples puntas de ataque, tenía como objetivo socavar la reputación y gobernanza del presidente Putin. Estados Unidos y la Unión Europea soñaban poder restaurar clones neoliberales al estilo Yeltsin, que sean dóciles y obedientes al poder Occidental para poder continuar con el saqueo.

Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) rusas financiadas por fundaciones estadounidenses que actuaban en realidad de manera encubierta para la CIA, lograron generar protestas callejeras masivas, esto para recrutar y fundar organizaciones electorales de oposición. Partidos políticos ultraliberales apoyados por Occidente compitieron sin éxito contra otros partidos locales en las elecciones nacionales en Rusia.
El Centro Carnegie una instituto financiado por Estados Unidos, conocido por ser un antro de la propaganda yanqui [2], produjo una extensa cantidad de folletos, revistas y otras publicaciones donde describía la política de Putin como «demoníacas», «autoritarias», de «persecución» contra los buenos oligárcas opositores y que Putin estaba planeando el regreso a una «economía de órden y mando estilo soviético».

Mientras Occidente trataba de restaurar la «Edad de Oro» del saqueo a través de otros sustitutos de manipulación interna, por otro lado proseguía con su agresiva política exterior destinada a eliminar a los aliados y socios comerciales de Rusia, especialmente en el Medio Oriente.
Estados Unidos invadió Irak, asesinó a Saddam Hussein y desmanteló el liderazgo del Partido Baas, poniendo en su lugar un régimen títere sectario pro-Washington, así eliminaron un aliado tradicional clave nacionalista de Moscú en la región.
Estados Unidos decretaró sanciones económicas contra Irán, un importante y lucrativo socio comercial petrolero de Rusia. Estados Unidos y la Unión Europea financian una insurgencia armada [terroristas islámicos] a gran escala para derrocar al presidente Bachar al-Assad en Siria, otro aliado importante de Rusia, y para privar a la Armada rusa de un puerto amigo en el Mediterráneo. Estados Unidos y la Unión Europea bombardearon a Libia, un importante socio petrólero y comercial de Rusia (y China), instalando allí un régimen cliente pro-occidental de tendencia islamista radical [Libia está actualmente sumergida en un total caos y anarquía, los grupos de fundamentalistas islámicos terroristas han tomado el poder con el apoyo de la OTAN, nota de la redacción].

La presión estadounidense contra Rusia se hizo sentir en el Cáucaso y en el Mar Negro, cuando el régimen de Georgia bajo la órbita de Washington invadió por sorpresa Osetia del Sur en 2008, un protectorado de Rusia, el ataque nocturno de Georgia mató a decenas de fuerzas de paz rusas y a cientos de civiles, este ataque fue repelido por una contraofensiva eficaz y aplastante por parte de Moscú.

En 2014, los ataques occidentales contra Rusia empezaron de nuevo, esta vez la estrategia es de aislar, cercar y eventualmente socavar cualquier posibilidad de un Estado independiente ruso [mediantes castigos económicos].
Estados Unidos financió entones un golpe de Estado cívico-militar en Ucrania para derrocar al gobierno elegido del presidente Viktor Yanukovitch, quien se había opuesto a la anexión [o incorporación] de Ucrania a la Unión Europea y su eventual afiliciación como miembro de la OTAN.
Washington impuso un nuevo régimen [fascista-neonazi] títere en Kiev, régimen profundamente hostil a Rusia y a los ciudadanos de origen étnico ruso-ucraniano en la región este del país donde son históricamente mayoría como en Crimea.
El no reconocimiento de Rusia a este golpe de Estado, el respaldo de Moscú a los ciudadanos rusos-ucranianos pero tambien ucrano-ucranianos que están a favor de un nuevo sistema político federalista y democrático [y que exigen eso al régimen fantoche de Kiev] en las regiones del este de Ucrania y Crimea sirvió de pretexto a Occidente para imponer sanciones comerciales contra Rusia, en un intento de socavar su industria, principalmente en los sectores del petróleo [energía], los bancos, los sectores manufactureros y paralizar así su economía.

Los estrategas imperialistas de Washington y Bruselas no respetaron y rompieron todos los acuerdos previos firmados con la Administración rusa del gobierno de Putin; por otro lado trataron de convencer y convertir a los oligarcas aliados cercanos de Putin para que se pongan encontra del presidente ruso, para ello amenazaron a dichos oligarcas de congelar, confiscar (pretextos no faltan cuando el dinero no es limpio o no declarado) sus tenencias, posesiones y otras fortunas personales colocadas en Occidente (generalmente fortunas invertidas en negocios en la Unión Europea) –especialmente sus cuentas bancarias, sus lavados de dinero y otras propiedades ocultas o bajo nombres de terceros. En lo que respecta a las empresas petroleras estatales rusas, que participaban conjuntamente con otras empresas petroleras multinacionales como lo son Chevron, Exxon y Total, fueron repentinamente aisladas de los mercados de capitales occidentales.

El impacto acumulativo de esta ola de sanciones de la ofensiva occidental –que ya tiene una década con estos objetivos– es decir el punto culminante buscado por Estados Unidos y la Unión Europea era provocar una recesión en Rusia, socavar su moneda (el rublo se redujo 23% en 2014), aumentar el costo de las importaciones rusas y causar el mayor daño posible a los consumidores locales .

La industria rusa, que depende de equipos y piezas extranjeras, así como las empresas petroleras rusas que dependen de la tecnología importada para efectuar la explotación de pozos de las reservas del Ártico se vieron afectadas por este embargo-bloqueo y guerra económica llena de sanciones impuestas por Occidente, todo esto a causa de la «intransigencia de Putin», quien se niega a doblegarse ante el dictado de Occidente.

A pesar de los éxitos a corto plazo de la guerra económica lanzada por Estados Unidos y la Unión Europea contra la economía rusa, la Administración Putin ha seguido siendo muy popular entre el electorado ruso, con índices de aprobación superior al 80%.

Las agrupaciones políticas rusas de oposición al presidente Putin, –es decir los grupos o líderes políticos pro-occidentales al interior de Rusia– han perdido toda credibilidad y sus panfletos acaban en la basura y sus discursos también pero en la basura de la historia.
Sin embargo, la política de sanciones occidentales y la política agresiva, es decir el cerco militar que la OTAN está implementando en las fronteras de Rusia, ha puesto a la luz las vulnerabilidades de Moscú.

La vulnerabilidad rusa: Las limitaciones que Putin enfrenta para proseguir con la restauración de la soberanía de Rusia



Después del saqueo de la economía rusa tanto por la oligarquía moscovita nacional como occidental y la degradación salvaje en la que se encontraba la sociedad rusa, el presidente Putin emprendió una estrategia compleja.

En primer lugar, hizo una diferencia entre oligarcas, aquellos oligarcas que son «políticos» [o que hacen política para sus propios intereses] y oligarcas que son «económicos»: en estos últimos encontró muchos oligarcas ricachones que estaban dispuestos a cooperar con su gobierno [con el nuevo gobierno de Putin] en la reconstrucción de la economía rusa, y estaban dispuestos a seguir complacientemente las directivas impuestas por el presidente Putin y meter la mano al bolsillo para ello.

Estos oligarcas «económicos» comprometidos con Putin conservaron su enorme poder económico y recibieron muchos beneficios y ganancias por su contribución a la reconstrucción de la economía rusa, pero a cambio de esto abdicaron a tener algún poder político. A todos ellos, Putin permitió que estos oligarcas «económicos» conservaran sus imperios empresariales dudosamente adquiridos.
Por el contrario, los oligarcas que buscaban el poder político y financiaban a los políticos de la era Yeltsin estuvieron en la mira de la administración Putin –algunos fueron despojados de sus fortunas– y otros fueron procesados por delitos que van desde el lavado de dinero, evasión de impuestos, estafas y transferencia ilegal de fondos en el extranjero, e incluso perseguidos por la justicia por el asesinato de sus rivales.

El segundo lugar, la estrategia económica-política de Putin a principios de su mandato fue la de profundizar la cooperación de Rusia con los Estados y las economías occidentales, sobre la base de un intercambio recípocro en los mercados comerciales y no sólo en beneficio de una parte, porque durante la era Yelsin la apropiación de los recursos rusos fue acaparada por Occidente. Putin buscaba asegurar una mayor integración política-militar con Estados Unidos y la Unión Europea para asegurar las fronteras y zonas de influencia de Rusia.

Con esta finalidad, el presidente Putin permitió la circulación sobre las rutas del territorio ruso de los suministros expedidos y destinados para las bases militares de las fuerzas armadas de Estados Unidos y la Unión Europea que participaban en la invasión y ocupación de Afganistán. Tampoco se opuso a las sanciones de la Unión Europea y Estados Unidos contra Irán. Putin tampoco hizo mayor cosa cuando Estados Unidos invadió y ocupó Irak, a pesar de los estrechos lazos económicos permanentes entre Moscú y Bagdad. Por otro lado se unió a las 5 potencias que supervisan las conversaciones de «paz» en Palestina-Israel y se puso por un buen tiempo del lado de Washington e Israel. Incluso dio ingenuamente luz verde a los bombardeos de la OTAN en Libia, suponiendo que sería un asunto limitado, una intervención «humanitaria».

Como resultado de esta colusión [compañerismo] político y diplomático de Putin con la expansión militar de Washington y de la OTAN, el comercio de Rusia, la inversión y las finanzas con Occidente prosperaron. Empresas rusas levantaron préstamos en los mercados de capitales occidentales; los inversores extranjeros acudieron en masa a la bolsa de valores de Rusia y multinacionales formaron empresas mixtas con las empresas rusas. Las principales compañías de petróleo y gas florecieron. La economía rusa recuperó los niveles de vida de la era soviética; el gasto de los consumidores aumentó; el desempleo pasó de una cifra de dos dígitos a un solo dígito; sueldos y salarios atrasados se pagaron y centros de investigación, universidades, escuelas e instituciones culturales comenzaron a recuperarse.

En el tercer lugar de la estrategia de Putin viene la recuperación del Estado (renacionalización) del sector energético –petróleo y gas– un sector importante y estratégico para Moscú. Por compra y recompra directa de acciones y [de empresas], a través de auditorías financieras y la confiscación de los activos de los oligarcas mafiosos. Moscú volvió a tomar nuevamente el control de manera estatal del petróleo y gas ruso, esto fue una operación realizada con gran éxito. Estos sectores renacionalizado formaron empresas conjuntas con los gigantes petroleros occidentales y llevaron cuantiosas exportaciones de petróleo ruso en el transcurso del periódo de alta demanda mundial. Con el aumento de los precios del petróleo en la década de Putin, Rusia conoció un aumento de las importaciones impulsada por los consumidores rusos, importaciones de productos agrícolas, de joyería de lujo y autos ... Putin consolidó su posición política dentro de Rusia gracias al apoyo electoral popular y profundizó la «integración» de Rusia en los mercados occidentales.

La estrategia de expansión y de crecimiento económico de Putin estaba conectada exclusivamente hacia los mercados Occidentales, es decir la Unión Europea y Estados Unidos, no miraba hacia el este: Asia/China, ni tampoco miraba hacia el sur: América Latina.

Con este enfoque inicial del presidente ruso hacia «Occidente» enfoque táctico y exitoso en un principio, Putin comenzó a exponer sin querer las vulnerabilidades estratégicas de Rusia.

Las primeras señales evidentes de agresividad occidental fueron cuando estos lanzaron una campaña de apoyo a los oligarcas corruptos rusos, es decir una campaña anti-Putin, y los medios de comunicación comerciales de Occidente comenzaron a demonizar el sistema judicial ruso que procesaba y condenaba en justicia a un oligarca mafioso y gansteril como lo es Mijaíl Jodorkovski.
La segunda señal de agresividad de Occidente fue el apoyo financiero y político de Estados Unidos y de la Unión Europea a los neoliberales de la era Yeltsin, que comenzaron a competir polticamente contra los candidatos del partido Rusia Unida, el partido de Vladimir Putin... Se hizo evidente que el esfuerzo de Putin para restaurar la soberanía rusa entraba en conflicto con los planes de Occidente que busca mantener a Rusia como un Estado vasallo.
Occidente sigue añorando los años dorados de pillaje desenfrenado y de dominación de la economía rusa de la era Yeltsin y por eso detestan la era Putin, aquella de una Rusia independiente y dinámica, por tal razón tratan de desprestigiar constantemente al presidente de Rusia comparándolo a la extinta Unión Soviética y al KGB.

En 2010, Estados Unidos apoyó y empujó a uno de los presidentes-clientes que controla, el presidente georgiano Saakashvili de Georgia, para que invadiera militarmente Osetia del Sur, un protectorado [territorial] de Rusia. Esta fue la primera indicación o señal importante que la interacción de Putin con Occidente era también contraproducente. Las fronteras territoriales de Rusia, la de sus aliados y las zonas de influencia rusas se han transformado en objetivos codiciados por Occidente. Estados Unidos y la Unión Europea condenaron la respuesta defensiva de Rusia, incluso después que Moscú retirara sus tropas de Georgia y aplicarle una buena paliza.

La corta guerra de Rusia contra Georgia fue un ensayo militar de Occidente, una especie de ensayo bélico de varios disparos y bombas financiada, aprobada, planificada por Estados Unidos y la Unión Europea; otras veces estos tipos de intervenciones militares reciben el nombre de «revoluciones de color» y otras veces de «intervenciones humanitarias» de la OTAN.
Yugoslavia, país en los Balcanes, fue desmantelada como República Federal por los bombardeos de la OTAN y Ucrania ha experimentado estos últimos tiempos varias «revoluciones de color» para llegar hoy a una sangrienta guerra civil.
Washington y Bruselas han interpretado erroneamente las diversas medidas de conciliación propuestas por el presidente Putin como signos de debilidad de parte de Rusia y se han sentido con las manos libres y el permiso necesario para invadir [controlar] más territorios cerca de la frontera rusao o para derrocar a los gobiernos amigos de Rusia.

A mediados de la segunda década del nuevo siglo XXI, los Estados Unidos y la Unión Europea tomaron una importante decisión estratégica para debilitar la seguridad de Rusia y su soberanía económica: tomar el control de Ucrania, expulsar a Rusia de su base naval del Mar Negro en Crimea y convertir a Ucrania en un puesto de avanzada militar de la OTAN; por otro lado cortar los vínculos económicos de este de Ucrania [región étnicamete rusofona] con Rusia — especialmente el mercado estratégico de armamento militar ruso para con Ucrania.
Este golpe fue financiado por Occidente, mientras que las bandas armadas de extrema derecha y grupos de choque neonazis las proporcionaron los radicales de Ucrania [en colaboración con los servicios secretos occidentales]. La junta [gobernante neofascista] de Kiev organizó una guerra de conquista dirigida para eliminar a los anti-golpistas, a los federalistas, a las fuerzas pro-democracia en la región sureste [y este de Ucrania],en la rica región del Donbas con su mayoría étnica rusa y sus lazos [económicos] con la industria pesada a Rusia.

Cuando Putin reconoce finalmente el grave peligro para la seguridad nacional de Rusia, su gobierno respondió con la anexión de Crimea después de un referéndum popular y comenzó a ofrecer corredores y otras líneas de ayuda y de suministros para los federalistas asediados en el este de Ucrania que se oponen al régimen [neofascista] de Kiev.
Entonces Occidente comenzó aprovecharse de las vulnerabilidades de la economía rusa, vulnerabilidades que resultan del modelo de desarrollo económico de Putin, e impuso a Moscú una amplio lista de sanciones económicas destinadas a paralizar la economía de Rusia.


Las sanciones de Occidente 
y los puntos débiles de Rusia: 
Repensar el enfoque estratégico de Putin



La agresividad militar de Occidente y las sanciones contra Rusia han puesto a la vista varias vulnerabilidades o puntos débiles de la estrategia económica y política de Putin.
Estos incluyen:
Su dependencia exclusiva en los mercados occidentales conducida por los «oligarcas económicos» para promover su estrategia de crecimiento económico de Rusia;
Su aceptación de la mayoría de las privatizaciones de la era Yeltsin;
Su decisión de centrarse en el comercio con Occidente, ignorando el mercado de China;
Su aceptación de adoptar principalmente una estrategia de exportación de gas y petróleo en lugar de desarrollar una economía diversificada;
Su dependencia hacia sus aliados los oligarcas barones ladrones –sin experiencia real en el desarrollo de la industria, que no cuentan con verdaderas habilidades financieras ni técnicas, con escasa experiencia tecnológica, sin conocimientos en conceptos de marketing –para poder restaurar, renovar, innovar y ejecutar un sector manufacturero de avanzada. A diferencia de los chinos, los oligarcas rusos han sido totalmente dependientes de los mercados occidentales, sea para las finanzas [colocar sus millones en bancos en Occidente], sea para la tecnología y han hecho muy poco para desarrollar el mercado [interior] nacional ruso; nada han hecho para implementar la autofinanciación mediante la reinversión de sus utilidades o mejorar la productividad a través de la tecnología rusa y la investigación. Nada de esto han hecho los oligarcas.

Frente a las sanciones occidentales, el punto más débil de Putin para poder dar una respuesta contundente curiosamente son oligarcas-aliados, y este punto débil incapacita a Rusia en la formulación de una respuesta eficaz a la agresión occidental.
Estos oligarcas-aliados presionan a Putin para que ceda y acepte lo que Washington está exigiendo; al mismo tiempo suplican a los bancos occidentales para que sus cuentas y propiedades estén libres o exentas de las sanciones occidentales. Están desesperados por proteger sus bienes en Londres y Nueva York. En una palabra, están apurados y desesperados por que el presidente Putin llegue rápidamente a un acuerdo con la Junta [neofascista] de Kiev y abandone a los luchadores federalistas rusos-ucranianos que exiguen libertad y democracia en el sureste y este de Ucrania. Y presionan a Putin para ello.

Esto pone en relieve la contradicción dentro de la estrategia de Putin de trabajar con los oligarcas «económicos», que estuvieron de acuerdo desde un principio en no oponerse a Putin en Rusia, mientras que iban transferiendo sus riquezas masivamente a los bancos occidentales, invirtiendo sus millones en bienes raíces de lujo en Londres, París y Manhattan y creando vínculos, amistades y lealtades [con grupos de poder] fuera de Rusia.

En efecto, estos «oligarcas económicos» están hoy en día estrechamente vinculados a los enemigos políticos actuales de Rusia [los banqueros y otros grupos de poder occidentales que están lanzando las sanciones económicas contra Rusia actualmente].
Fue un éxito táctico de Putin en un principio el de aprovechar la «ayuda» de los oligarcas en su proyecto de crecimiento a través de la estabilidad pero paradójicamente esto se ha convertido hoy en una debilidad estratégica en la defensa del país contra las represalias económicas occidentales agobiantes.

La decisión de Putin de aceptar las privatizaciones [gángsteres] de la era Yeltsin proporcionó una cierta estabilidad en el corto plazo, pero también provocó la huida masiva de capital privado ruso al extranjero en lugar que estos fondos permanecieran en el país para ser invertidos en proyectos destinados a asegurar una mayor autosuficiencia.
Hoy en día la capacidad del gobierno ruso para movilizar y convertir su economía en un motor de crecimiento para soportar la presión imperial de las sanciones económicas impuestas abusivamente a Rusia es mucho más débil porque la totalidad de la economía ya no está bajo un mayor control estatal.
Putin pasará por momentos difíciles, tratando de convencer a los propietarios privados de las principales industrias rusas de que deben hacer sacrificios –están demasiado acostumbrados a recibir favores, subvenciones y contratos gubernamentales. Además, como sus contrapartes financieras [socios o asociados] en Occidente hacen presión, apuran los rusos para los pagos de deudas y niegan al mismo tiempo nuevos créditos, las élites privadas rusas amenazan con declararse en quiebra o despedir trabajadores para reducir gastos o simplemente recortar la producción.

La creciente ola de intervenciones militares occidentales en las fronteras de Rusia, la larga lista de promesas incumplidas de Estados Unidos y la Unión Europea sobre la no incorporación de los países de Europa del Este al bloque militar de la OTAN, el bombardeo y destrucción de Yugoslavia en la década de los 90, todo esto debió haber demostrado y servido de ejemplo al presidente Putin para que darse cuenta de que ninguna cantidad de concesiones unilaterales hechas a favor de Occidente iba permitir que Rusia fuese aceptada o considerada como un buen socio.
Washington y Bruselas han estado siempre firmes en su estrategia para rodearla militarmente y mantener a Rusia como un Estado-cliente.

En lugar de seguir desarrollando exclusivamente relaciones con Occidente (es decir con el oeste de Europa (esencialmente la Unión Europea y Estados Unidos) y de ofrecer apoyo indirectamnte a las guerras estadounidenses de la OTAN, Rusia habría estado en una posición mucho mejor para resistir hoy las sanciones y amenazas militares actuales si hubiese diversificado y orientado su economía también hacia los mercados de Asia, especialmente hacia China, con su dinámico crecimiento económico y la expansión del mercado interno, la capacidad de inversión y la creciente competencia técnica.
Es evidente que la política exterior de China no ha tenido los mismos problemas que afronta Rusia; China no ha tenido agresiones militares cerca de sus fronteras y los aliados de China tampoco han sido atacados, ni invadidos, ni implicados en guerras, como lo han sido los aliados de Rusia.
A pesar que Rusia ha reaccionado ahora para aumentar los lazos económicos con Asia frente a las crecientes amenazas de la OTAN, una gran cantidad de tiempo y de resultados se han perdido en los últimos 15 años.
Tomará otra década para reorientar la economía rusa, con sus principales industrias todavía controladas en gran parte por los oligarcas mediocres y cleptócratas, vestigios de la época de Yeltsin.

Con el cierre de los mercados occidentales (europeos de la Unión Europea y de los Estados Unidos principalmente), Putin ha tenido que “volverse” hacia China y también hacia otros países de Asia y América Latina para encontrar nuevos mercados y socios económicos.
Pero su estrategia de crecimiento sigue dependiendo sbre todo de las exportaciones de petróleo y gas y hoy la mayor parte de los líderes empresariales de Rusia, managers, ejecutivos-dueños no son verdaderos empresarios emprendedores capaces de desarrollar nuevos productos innovadores y competitivos, de implantar nueva tecnología e insumos de Rusia y la capacidad para identificar nuevos mercados rentables. Esta generación de líderes empresariales rusos no construyó sus imperios o conglomerados económicos del «abajo hacia arriba» –sino que se apoderaron y saquearon los activos del sector público estatal, y su riqueza creció gracias a contratos con el Estado y la protección de este.
Moscú les pide ahora encontrar nuevos mercados alternativos en el extranjero, para innovar, competir y sustituir su dependencia de la maquinaria alemana.

La mayor parte de la «casta capitalista industrial» de Rusia no es de verdaderos empresarios. Son más bien como una banda de compinches coleccionistas adinerados que no saben que hacer con sus millones, orientados y seducidos exclusivamente por Occidente.
Sus orígenes son a menudo el sector mafioso-gansgteríl, como «señores de la guerra», «fuertes en negocios por la fuerza» y que desde un principio supieron muy bien como eliminar a sus rivales de los sorteos de bienes públicos y estatales de la década de los años 1990.
Si bien estos oligarcas han tratado de ganar respetabilidad después de consolidar sus imperios económicos gracias a los servicios de agencias de relaciones públicas contratadas para pulir sus imágenes y dotarse de consultores económicos para asesorarles sobre las inversiones, nunca demostraron ninguna capacidad para hacer crecer sus empresas o transformarlas en empresas competitivas.
En vez de ello, se mantuvieron totalmente dependientes del capital, la tecnología y las importaciones provenientes de Occidente y de las subvenciones de la administración de Putin, que ellos controlaban o beneficiaban.

Los llamados «capitalistas» rentistas rusos contrastan agudamente con los empresarios públicos y privados chinos dinámicos –que pidieron prestada la tecnología del extranjero, tomaron eso prestado de Estados Unidos, Japón, Taiwán y Alemania, adaptando y mejorando la tecnología y ahora están produciendo equipamiento altamente competitivo y avanzado. Cuando las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea entraron en vigor, la industria rusa resultó incapaz de sustituir la importación extranjera por la producción local y el presidente Putin tuvo que concertar acuerdos comerciales de importación con China y con otras fuentes para obtener los insumos que Rusia necesita.

El mayor defecto estratégico en la estrategia económica de Putin fue su decisión de concentrarse mayoritariamente en las exportaciones de gas y petróleo hacia el mercado de Occidente como su «motor de crecimiento». Esto dio lugar a la dependencia rusa de los altos precios de las exportaciones de materias primas y de productos energéticos hacia los mercados occidentales. Teniendo eso en la mente, Estados Unidos y la Unión Europea explotaron la vulnerabilidad de Rusia favoreciendo la caída del precio del petróleo y su dependencia de la tecnología occidental para la extracción de petróleo, así como la paralización de creación de empresas mixtas (rusas con occidentales).

La política de Putin se ha basado en una visión de integración económica con Occidente junto con una mayor cooperación de relaciones políticas con las potencias de la OTAN. Estos proyectos de Putin se han desmoronado ante la marcha de los acontecimientos:

La cooperación de Estados Unidos y la Unión Europea fue por su lado táctica y calculadora, dependiendo de las concesiones asimétricas hechas unilateralmente por parte de Rusia hacia ellos –especialmente la constante disposición de Rusia a sacrificar a sus aliados tradicionales en los Balcanes, Oriente Medio, norte de África y especialmente en el Cáucaso– únicamente para seguir manteniendo buenas relaciones con Estados Unidos y la Unión Europea.
En cuanto Rusia comenzó a hacer valer sus propios intereses, Occidente se volvió hostil y se dispuso a empezar una confrontación. Desde que Rusia se opuso al régimen golpista en Kiev, el objetivo principal de Occidente ha sido el derrocamiento de Putin en Rusia.
La ofensiva Occidental en curso contra Rusia actualmente no es una fase pasajera, o algo que se va a terminar pronto, no! Es el comienzo de una prolongada e intensificada confrontación económica y política.

Aunque Rusia es vulnerable, lo cierto es que dispone de los medios, de los recursos y de la capacidad para resistir, de defender y promover su seguridad nacional así como su economía.

¿Qué se debe hacer?



 En primer lugar y ante todo Rusia debe diversificar su economía; debe industrializar sus propias materias primas e inyectar grandes inversiones para sustituir las importaciones occidentales con productos manufacturados locales. Si bien el intercambio comercial firmado recientemente con China es un paso positivo, no deben repetirse los mismos errores cometidos con Occidente, es decir convertirse en un simple proveedor de energía (gas y petróleo) porque sería repetir el msmo patrón comercial que ha hecho con Estados Unidos y la Unión Europea.

 En segundo lugar, Rusia debe volver a nacionalizar su sistema bancario, el comercio exterior y las industrias estratégicas del país, eliminando todas las lealtades politico-económicas dudosas de cierta clase social, poniendo fin al comportamiento rentista de la clase actual con graves signos de disfunción «capitalista» privada. El gobierno de Putin debe pasar de la era de los oligarcas a la era de los tecnócratas; pasar de la era de pensionistas a la era de los empresarios (modernos, innovadores y buenos admistradores creativos); pasar de los especuladores que ganan su dinero en Rusia –pero lo invierten o lo gastan en Occidente– para crear en lo adelante empresas co-particitivas entre trabajadores-técnicos e inversores, en una palabra, debe profundizar el carácter nacional, público, y productivo de la economía.

Sobre los oligarcas que permanecen en Rusia, no podemos creer que sus simples declararaciones de lealtad hacia la administración del presidente Putin bastan para verlos como verdaderos y legítimos agentes económicos de los intereses rusos en el apís. Por lo general, los oligarcas han dejado de invertir en Rusia, transfirieron su riqueza y con ello han puesto en tela de juicio la autoridad legítima del Estado ruso en el extranjero, bajo la presión de las sanciones económicas occidentales.

Rusia necesita una nueva revolución económica y política –en la que el gobierno reconoce a Occidente como una grave amenaza imperial y pueda apoyarse sobre una clase obrera rusa organizada y capacitada, no en una banda de dudosos oligarcas.

La administración de Putin demostró tener la capacidad para sacar a Rusia del abismo donde se estaba sumergida en los años 1990 y ha sabido también inculcar la dignidad y la autoestima entre los rusos, tanto al interior del país como en el extranjero. También se ha enfrentado inteligentemente a la agresión de Occidente en Ucrania. A la luz de estos hechos, el presidente Putin tienen todo el interés de avanzar y comenzar a desmantelar el Estado cleptómano que todavía subsiste de la era Yeltsin en la economía rusa y debe comenzar a reindustrializar, diversificar y desarrollar la economía nacional rusa, con alta tecnología para gozar de una economía diversificada.
Pero sobre todo Rusia necesita crear nuevas formas democráticas populares de democracia para sustentar la transición a un Estado seguro, antiimperialista y soberano.
El presidente Putin cuenta con el respaldo de la gran mayoría del pueblo ruso; Putin cuenta con extraordinarios científicos y profesionales; Putin tiene aliados en China y entre los países del movimiento de los BRICS; y sobre todo, Putin tiene la voluntad y cuenta con el poder, con la bendición de la población [y la aprobación ética y moral] de «hacer lo correcto».

La pregunta sigue siendo si Putin tendrá éxito en esta nueva misión histórica, o si, por miedo o indecisión, Putin capitularía ante las amenazas agresivas de un Occidente decadente y peligroso.


viernes, 7 de noviembre de 2014

USS Liberty: Al-jazira contemporiza

Publicado hace pocos días este video es revelador.
Nada nuevo realmente sobre el ataque sobre el USS liberty que cometieron los judíos.
Ni siquiera las conexiones de la casa blanca con el lobby judío en EEUU.

Es revelador cuando lees entre lineas.
Y estas son:

 Lo publica al-jazeera

Cuando ya sabemos quién patrocina al-jazeera, surgen dudas. Al jazeera es Qatarí pero patrocinada por la CIA para los intereses de EEUU para romper el espíritu de los Arabes con propaganda.
Ha sido muy útil en la guerra de Irak y en Libia, pero Qatar y al jazeera han caído en desgracia por la guerra en Siria.
La pregunta es ¿ Hay algún interés de sacar este documental? ¿ Porqué? sabiendo que Qatar ha trabajado codo con codo con Tsahal y el mossad?

Fecha de publicación

Publicado en internet hace pocos días. Revisando los acontecimientos recientes tanto en EEUU como en Israel y Siria, esto no es casualidad.
Netanyahu la está liando parda tanto en Siria como en Gaza, con los asentamientos.
Incluso desde la ONU ya han afirmado que la "coalición" contra Daesh (ISIS, ISIL o EI) está causando víctimas mortales en la población civil Siria.
Turquía miembro de la OTAN es susceptible de ser acusado igual que Israel de crímenes de guerra por dejar pasar por sus fronteras hacia Siria terroristas e incluso curarlos en sus hospitales. Igual que Israel.
Además en Kobane ( Ain el arab) se está urdiendo una masacre kurda con los anteriormente mencionados implicados.

Conexión directa EEUU-Israel

El video deja patente la relación que existe a pesar de todo entre esos dos estados terroristas.
Ni siquiera la muerte de su gente les importa y son capaces de por lo menos intentar taparlo a toda costa mientras esa relación no sufra.
Esa relación es mundialmente conocida, pero se vuelve a incidir en ella.

Obama y su actual administración

Aviso? Chantaje? El negro de la casa blanca del cual las malas lenguas dicen que está casado con un hombre llamado Michelle, acaba de perder el control del senado y el congreso.
No ha cumplido con su programa, no tiene una política clara y menos después de cepillarse a casi todo su gabinete incluída la sionista Clinton ( pero siempre hay back-ups) y los tiene.
El mensaje es claro: quienes patrocinan las campañas electorales y favorecen unos a otros son los de siempre: el lobby sionista.
Jugada de Israel con Qatar de intermediario? Muy plausible.
La situación de Obama es crítica, e implícitamente en el video se avisa a EEUU de doblegarse a Israel, porque las elecciones y el dinero lo controlan ellos.
Lo ponen muy claro. La casa blanca es sionista, y el que quiera estar allí, tiene que ceder.

Os dejo el video.


miércoles, 27 de agosto de 2014

Las mentiras de Obama

Hace tiempo gané la apuesta con un familiar:
Obama con su "yes we can" no cumpliría sus promesas, no cerraría Guantanamo y el mundo no iba a ser mejor.
Está claro que todos mienten para ganar votos, pero la agenda está escrita?

domingo, 2 de marzo de 2014

Moscú invierte los papeles en Kiev

por Thierry Meyssan

Mientras los dirigentes de la OTAN se regocijan por el golpe de Estado en Kiev, presentado a la opinión pública de Occidente como una nueva revolución, en el terreno se invierte la situación. Después de desplazar a un gobierno de delincuentes que buscaban el mejor postor entre Washington y Moscú, ahora son los agentes de Estados Unidos quienes se ven obligados –ya en el ejercicio del poder– a enfrentar los disturbios que anteriormente organizaron. El problema es que el país está arruinado y nadie, sea quien sea, podrá sacarlo rápidamente de la bancarrota. Y ahora Rusia puede defender sus intereses sin tener por ello que asumir las consecuencias de los 20 años de corrupción que antecedieron la nueva situación.


Durante los Juegos de Sochi, Rusia no reaccionó ante los acontecimientos ucranianos [1]. Mientras se producían los graves desórdenes registrados en Kiev y en otras capitales de provincias ucranianas, la prensa rusa siguió dedicando sus titulares a las hazañas de sus deportistas. El Kremlin consideraba, en efecto, que en cualquier momento los enemigos de Rusia podían tratar aún de convertir la fiesta deportiva en un baño de sangre.

Tal y como estaba previsto, para el momento de la clausura de los Juegos, el poder ya había cambiado de manos en Kiev. Ampliamente desinformada, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que se había producido una revolución proeuropea.


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Sin embargo, la divulgación de una conversación telefónica entre la secretaria de Estado adjunta, Victoria Nuland, y el embajador de Estados Unidos en Kiev, Geoffrey R. Pyatt, no deja lugar a dudas sobre la existencia del complot estadounidense [2]. A golpe de imágenes falsas, un gobierno de corruptos [3] fue presentado a la opinión como una banda de torturadores rusófilos [4]. Como en todas las demás «revoluciones de colores», misteriosos francotiradores posicionados en los techos dispararon contra la multitud y también contra la policía, y se responsabilizó al gobierno con esos hechos.

En medio de la confusión, la opinión pública occidental tuvo la impresión de que «el pueblo» se había apoderado de los palacios nacionales. La realidad es que, mientras los activistas –en su mayoría nazis– se batían en la plaza Maidan bajo los lentes de las cámaras de televisión, en otros lugares de la ciudad eran los politiqueros quienes penetraban discretamente en los palacios nacionales. Por ese lado, los europeos pueden dormir tranquilos: no fueron los nazis quienes se instalaron en el poder.

Los nazis ucranianos nada tienen que ver con la extrema derecha que se conoce en Europa occidental, por lo general abiertamente sionista (con excepción del Frente Nacional francés). Durante la guerra fría, los nazis ucranianos fueron incorporados a las redes stay-behindde la OTAN para sabotear la economía soviética. Posteriormente, Polonia [5] y Lituania se encargaron de arroparlos. Durante los pasados 3 meses de manifestaciones se les unieron islamistas tártaros especialmente traídos de regreso desde Siria, donde estaban en plena yihad [6]. Habitantes históricos de Crimea, a los que Stalin decidió dispersar por haberse unido a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, los tártaros viven hoy principalmente en Ucrania y Turquía. En la plaza Maidan demostraron la pericia adquirida en Siria: mutilando policías y sacándoles los ojos [7].

La revolución de la plaza Maidan sirve para enmascarar un golpe de Estado extremadamente clásico [8]. En presencia de «diplomáticos» estadounidenses, la Rada [parlamento ucraniano] violó la Constitución abrogándola sin referéndum. Destituyó, sin debate ni proceso, al presidente en ejercicio y puso los poderes legislativos y ejecutivos en manos del ex jefe de los servicios secretos, Alexander Turchinov.

Este nuevo dictador designó como primer ministro a Arseni Yatseniuk, lo cual coincide –¡Oh casualidad!– con los cálculos expresados desde mucho antes –en la conversación telefónica anteriormente mencionada– por la secretaria de Estado adjunta Victoria Nuland. El nuevo primer ministro conformó un gabinete que fue presentado a los manifestantes en la plaza Maidan. Estos últimos, ahora mucho más numerosos y en una proporción en la que los nazis ya vienen siendo sólo una tercera parte, abuchearon a varios de miembros del nuevo gabinete porque son judíos.

En Crimea, donde está basada la flota rusa del Mar Negro y la mayoría de la población es rusa, el parlamento regional, también presa de una «inspiración revolucionaria», derrocó el gobierno local (fiel a Kiev) y nombró uno nuevo (pro-ruso). Simultáneamente, hombres uniformados, pero sin bandera ni insignias, tomaron el control de los edificios oficiales y del aeropuerto, impidiendo así la posible llegada de fuerzas enviadas por el nuevo gobierno de Kiev.

En Kiev, la Rada denunciaba un acto de injerencia rusa y llamaba a que se respete el Memorándum de Budapest. En 1994, Estados Unidos, el Reino Unido y Rusia firmaron un acuerdo sobre el congelamiento de las fronteras de Ucrania a cambio de su renuncia al arma nuclear [9]. Para Moscú, sin embargo, ese acuerdo perdió toda vigencia desde que fue violado por Washington y Londres en el momento de la «revolución naranja» de 2004 [10] y, con más razón aún, con el golpe de Estado de la semana pasada.

¿Qué va a pasar ahora? El 25 de mayo tendrá lugar la elección del Parlamento Europeo y Kiev organiza una elección presidencial mientras que Crimea realizará un referéndum de autodeterminación. Cuando Crimea sea independiente podrá optar por reintegrarse a la Federación Rusa, de la que formó parte hasta 1954.

Por su parte, la Unión Europea tendrá que ver cómo se las arregla para responder a las esperanzas que tanto se esforzó por suscitar en Ucrania, y tendrá por lo tanto que pagar –no se sabe con qué fondos– al menos una parte de los 35 000 millones de deuda ucraniana. Por su parte, los nazis de la plaza Maidan no regresarán a la clandestinidad sino que van a exigir formar parte del gobierno.

Pero la historia no parará ahí porque todavía quedarán por resolver, para el Kremlin, los problemas de la parte oriental de Ucrania –con una numerosa población rusa y una importante industria de defensa– y también de Transnitria (la antigua Besarabia, que sirvió en el pasado de centro de investigación para la cohetería soviética). Este pequeño país, de población rusa, que no aparece en los mapas porque no es miembro de la ONU–, proclamó su independencia en el momento de la disolución de la URSS pero aún está considerado como parte de Moldavia. Resistió valientemente a la guerra que contra él desataron en 1992 Moldavia, la fuerza aérea rumana y los consejeros de la OTAN [11]. Logró conservar el modelo social soviético, adoptando a la vez instituciones democráticas, y hoy en día una «fuerza de paz» rusa garantiza su seguridad [12]. Como mínimo, una veintena de kilómetros cuadrados de territorio ucraniano podrían sublevarse y unirse a Transnitria, ofreciéndole así una salida al Mar Negro, pero Ucrania se vería entonces separada de su apéndice occidental. En el mejor de los casos, para unir territorialmente la península de Crimea con el territorio de Transnitria habría que tomar varios cientos de kilómetros de costa, incluyendo la ciudad de Odesa.

Por lo tanto, continuarán los desórdenes en Ucrania. Con la diferencia de que Estados Unidos y la Unión Europea se verán ahora en la situación del «cazador cazado» y será su turno de enfrentar el caos. Además de la pesada carga financiera, ¿cómo van a arreglárselas para controlar a sus victoriosos aliados nazis y yihadistas? La demostración de fuerza orquestada por Washington se halla ahora a punto de convertirse en un fiasco [13].


[1] «Después de Yugoslavia, ¿le ha llegado el turno a Ucrania?», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.

[2] «Conversación entre la secretaria de Estado adjunta y el embajador de Estados Unidos en Ucrania»,Oriental Review/Red Voltaire, 8 de febrero de 2014.

[3] «L’Ukraine brade son secteur énergétique aux Occidentaux», por Ivan Lizan, Однако, Red Voltaire, 2 de marzo de 2013.

[4] «Imágenes falsas en Ucrania», Red Voltaire, 6 de febrero de 2014.

[5] «Polonia, nueva cabeza de playa en el plan desestabilizador de la OTAN», por Andrew Korybko, Oriental Review, Red Voltaire, 28 de febrero de 2014.

[6] «Yihadistas dan servicio de seguridad a los manifestantes de Kiev», Red Voltaire, 4 de diciembre de 2013.

[7] «Евротвари выкололи глаз и отрубили руку пленному бойцу»,YouTube, 21 de febrero de 2014.

[8] «Golpe de Estado proestadounidense en Ucrania», Red Voltaire, 24 de febrero de 2014.

[9] “Memorandum on Security Assurances in connection with Ukraine’s accession to the Treaty on the Non-Proliferation of Nuclear Weapons”, Voltaire Network, 5 de diciembre de 1994.

[10] «Moscú y Washington se enfrentan en Ucrania», por Emilia Nazarenko; «Ucrania: la calle contra el pueblo», Red Voltaire, 24 y 29 de noviembre de 2004.

[11] «En 1992, Estados Unidos trató de aplastar militarmente la Transnistria», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 17 de abril de 2010.

[12] «Tiraspol, base avancée de l’armée russe?», por Arthur Lepic,Réseau Voltaire, 15 de agosto de 2007.

[13] «¿Puede Washington derrocar tres gobiernos a la vez?», por Thierry Meyssan, Al-Watan (Siria), Red Voltaire, 23 de febrero de 2014.

lunes, 17 de febrero de 2014

¿El sarín de quién?

por Seymour M. Hersh

En agosto y septiembre de 2013, Barack Obama, Francois Hollande y David Cameron acusaban al gobierno sirio de haber utilizado armas químicas cerca de Damasco causando la muerte de 1 400 opositores. Afirmando que Siria había violado «la línea roja», los tres dirigentes de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña anunciaban la preparación de una expedición militar punitiva contra el régimen acusado de haber usado armas químicas. Poco después, Londres se retiraba del plan de ataque, lo mismo hacía Washington y París se veía en la imposibilidad de seguir adelante sin el respaldo de sus socios. Al analizar los hechos, el conocido periodista estadounidense Seymour Hersh demuestra que el presidente Obama en realidad no sabía lo que había pasado en la periferia de Damasco y que mintió cuando dijo tener pruebas de la culpabilidad del gobierno sirio.
Seymour Hersh realizó este artículo excepcional a pedido del semanario The New Yorker, que finalmente lo rechazó. El autor lo propuso entonces alWashington Post, que también lo rechazó. Finalmente fue publicado en el Reino Unido por la London Review of Books.



Lejos de basarse en hechos comprobados por sus servicios de inteligencia, la convicción de Barack Obama sobre la culpabilidad del gobierno sirio en el ataque químico del 21 de agosto de 2013 era fruto de simples especulaciones.

Este otoño cuando Barack Obama trató de convencernos de que Bachar al-Assad era responsable de los ataques con armas químicas del 21 de agosto en los alrededores de Damasco, no contó toda la historia. En algunos casos, omitió importantes datos de inteligencia y en otros presentó suposiciones como hechos.

Lo más significativo es que falló en reconocer algo que era conocido por la comunidad de inteligencia de Estados Unidos: que el ejército sirio no era el único protagonista en la guerra civil siria con acceso al gas sarín, el agente neurotóxico que un estudio de la ONU concluyó había sido utilizado -sin precisar la responsabilidad- en el ataque con cohetes.

En los meses previos al ataque, las agencias de inteligencia de Estados Unidos produjeron una serie de informes altamente secretos, que culminaron en una Orden de Operaciones formal -un documento de planificación que precede a una invasión terrestre- citando evidencia de que el Frente al-Nusra, grupo yihadista afiliado a al-Qaeda, había llegado a dominar la técnica de fabricación del gas sarín y que era capaz de producirlo en cantidades. Cuando se produjo el ataque al-Nusra debió haber sido uno de los sospechosos, pero la administración estadounidense seleccionó los datos de inteligencia para justificar un ataque contra Assad.

En la alocución televisiva sobre Siria que dirigió a la nación el 10 de septiembre de 2013 [1], Obama culpó firmemente al gobierno de Assad por el ataque con gas neurotóxico en el vecindario de Ghouta controlado por los rebeldes, y dejó en claro que estaba dispuesto a respaldar sus advertencias públicas hechas con anterioridad de que, cualquier uso de armas químicas cruzaría una “línea roja”:“El gobierno de Assad mató con gases a más de 1 000 personas”, dijo.


“Sabemos que el régimen de Assad es responsable (…) es por eso que, luego de una cuidadosa reflexión, he decidido que es interés de la seguridad nacional de Estados Unidos responder al uso de armas químicas con un ataque militar selectivo.”.

Obama iba a la guerra para concretar una amenaza hecha en público, pero lo hacía sin saber a ciencia cierta quién hizo qué en la madrugada del 21 de agosto.
La administración Obama había deformado la información disponible

Obama citó una lista de lo que parecían ser pruebas arduamente obtenidas de la culpabilidad de Assad:


“Sabemos que en los días previos al 21 de agosto, el personal de armas químicas de Assad se preparó para un ataque cerca de una zona donde mezclan el gas sarín. Distribuyeron máscaras antigases a sus tropas, luego dispararon cohetes desde una zona controlada por el régimen a 11 vecindarios que el régimen ha estado tratando de limpiar de fuerzas de oposición”.

La convicción de Obama fue confirmada en aquel momento por el jefe de su equipo, Denis McDonough, quien declaró al New York Times: “Nadie con quien he hablado duda de los datos de inteligencia” que conectan directamente a Assad y a su régimen con los ataques con gas sarín.

Pero en recientes entrevistas con oficiales de inteligencia y militares activos o ya retirados, comprobé la existencia de una fuerte preocupación, y a veces de cólera, sobre lo que percibieron en varias ocasiones como una manipulación deliberada de la información.

Un oficial de inteligencia de alto nivel, en un correo electrónico enviado a un colega, calificó las aseveraciones de la administración sobre la responsabilidad de Assad de“ardid”. El ataque, escribe, “no fue obra del régimen actual”.

Un ex alto funcionario de inteligencia me dijo que la administración Obama había alterado la información disponible -en términos de momento y secuencia- para que el presidente y sus asesores hicieran parecer la inteligencia recuperada después del ataque como si hubiese sido recogida y analizada en tiempo real, en el momento que el ataque estaba ocurriendo. La distorsión, dijo el oficial, le recordaba el incidente del Golfo de Tonkín en 1964, cuando el gobierno de Johnson invirtió la secuencia de las interceptaciones de la NSA [La hoy célebre National Security Agency. Nota de la Red Voltaire.] para justificar uno de los primeros bombardeos contra Vietnam del Norte. El mismo funcionario dijo que había una inmensa frustración dentro de la burocracia militar y de inteligencia: “Los muchachos levantan los brazos al cielo diciendo: “¿Cómo podemos ayudar a este tipo -Obama- si él y sus socios de la Casa Blanca van inventando la información sobre la marcha?””
La administración no tenía más información que el público

Las quejas se centran en lo que Washington no tenía: ningún aviso previo de la supuesta fuente del ataque. La comunidad de inteligencia militar produce desde hace años un resumen matutino de inteligencia altamente confidencial, conocido como el Morning Report, destinado al Secretario de Defensa y al jefe del Estado Mayor Conjunto, una copia también va al asesor de seguridad nacional y al director nacional de inteligencia. El Morning Report no incluye ninguna información política o económica, sino que proporciona un resumen de importantes acontecimientos militares en todo el mundo, con toda la inteligencia disponible sobre ellos. Un consultor de inteligencia me dijo que en algún momento después del ataque él mismo examinó los informes desde el 20 hasta el 23 de agosto. Durante dos días -20 y 21 de agosto- no hubo ninguna mención de Siria. El 22 de agosto el tema principal en el Morning Report era Egipto; un artículo posterior mencionaba un cambio interno en la estructura de mando de uno de los grupos rebeldes en Siria. Ese día, nada se observó sobre el uso de gas neurotóxico en Damasco. No fue sino hasta el 23 de agosto que el uso de sarín se convirtió en tema dominante, a pesar de que cientos de fotografías y vídeos de la masacre se difundieron viralmente en cuestión de horas en YouTube, Facebook y otros sitios de las redes sociales. En aquel momento, la administración no sabía más de lo que sabía el público.

El 21 de agosto Obama salió temprano de Washington para una agitada gira de conferencias de dos días en Nueva York y Pennsylvania. Según la oficina de prensa de Casa Blanca, fue informado más tarde ese día sobre el ataque y el creciente furor público y de los medios. La falta de inteligencia interna inmediata se hizo evidente el 22 de agosto cuando Jen Psaki, portavoz del Departamento de Estado, dijo a los periodistas:


“No podemos determinar de manera concluyente el uso [de armas químicas]. Pero estamos concentrados cada minuto y cada día, desde que estos acontecimientos sucedieron... en hacer todo lo que está a nuestro alcance por comprobar los hechos”.

Para el 27 de agosto el tono de la administración se había endurecido, cuando Jay Carney, secretario de prensa de Obama, dijo a la prensa -sin proporcionar ninguna información precisa- que cualquier sugerencia de que el gobierno sirio no era responsable “es tan absurda como las sugerencias de que el ataque mismo no ocurrió”.
No existía información sobre las intenciones sirias en los días previos al ataque

La ausencia de alerta inmediata dentro de la comunidad de inteligencia estadounidense demuestra que no había información de inteligencia sobre las intenciones de Siria en los días previos al ataque. Y hay por lo menos dos maneras de que Estados Unidos tuviese de antemano ese tipo de información. Las dos aparecen mencionadas en uno de los documentos estadounidenses de inteligencia altamente confidenciales publicados en los últimos meses por el ex contratista de la NSA Edward Snowden,.

El 29 de agosto, el Washington Post publicó fragmentos del presupuesto anual para todos los programas nacionales de inteligencia, agencia por agencia, proporcionados por Snowden. Luego de consultar con la administración Obama, el periódico decidió publicar sólo una pequeña parte del documento de 178 páginas, cuya clasificación está por encima de top secret, pero resumió y publicó un artículo que abordaba ciertas problemáticas.

Una de esos problemas era la ausencia de vigilancia sobre la oficina de Assad. El documento dice que la red mundial de escuchas electrónicas de la NSA fue “capaz de controlar las comunicaciones cifradas entre los funcionarios militares de alto rango al inicio de la guerra civil”. Pero fue “una vulnerabilidad que las fuerzas del presidente Bachar al-Assad, aparentemente detectaron más tarde”. En otras palabras, la NSA ya no tenía acceso a las conversaciones de la dirección militar de alto rango en Siria, que habría incluido las comunicaciones cruciales de Assad, como las órdenes para un ataque con gas neurotóxico. (En sus declaraciones públicas posteriores al 21 de agosto, la administración Obama nunca dijo tener información específica conectando personalmente al propio Assad con el ataque.)
Sensores NRO fueron sembrados cerca de todas las instalaciones de almacenamiento de armas químicas conocidas en Siria

El informe del Washington Post también proporciona la primera indicación sobre la existencia de un sistema [estadounidense] de sensores secretos dentro de Siria, sistema diseñado para proporcionar una alerta temprana sobre cualquier cambio en el estado del arsenal de armas químicas por parte del régimen. Los sensores son supervisados ​​por la Oficina Nacional de Reconocimiento (NRO, por sus siglas en inglés), la agencia que controla todos los satélites de inteligencia estadounidenses en órbita.

De acuerdo con el resumen del Washington Post, la NRO también se encarga de “recopilar los datos de los sensores colocados en el terreno” dentro de Siria. El ex funcionario de inteligencia, quien tenía un conocimiento directo del programa, me dijo que los sensores de la NRO se han implantado cerca de todos los sitios de almacenamiento de armas químicas conocidos en Siria. Esos sensores están diseñados para proporcionar un monitoreo constante del movimiento de ojivas químicas almacenadas por los militares.

Pero mucho más importante, en términos de alerta temprana, es la capacidad de los sensores para alertar a la inteligencia de Estados Unidos e Israel, cuando las ojivas están siendo cargadas con gas sarín. (Como país vecino, Israel siempre ha estado alerta de los cambios en el arsenal químico sirio, y colabora estrechamente con la inteligencia estadounidense en materia de alertas tempranas.)

Una ojiva química, una vez cargada con gas sarín, tiene una vida útil de unos pocos días -el agente neurotóxico comienza a corroer el cohete casi de inmediato. Es un arma de destrucción masiva que se usa o se pierde. “El ejército sirio no dispone de 3 días para preparar un ataque químico”, me dijo el ex funcionario de inteligencia.“Creamos el sistema de sensores para poder lanzar una alerta temprana, como una alarma aérea o una alarma de incendio. No se puede esperar 3 días para lanzar la alerta porque todos los involucrados estarían muertos. O se hace ahora o eres historia. No puedes pasar 3 días preparándote para disparar gas neurotóxico”.

Los sensores no detectaron ningún movimiento en los meses y días anteriores al 21 de agosto, dijo el ex funcionario. Por supuesto, es posible que el sarín se suministrara al ejército sirio por otros medios, pero la ausencia de alerta significa que Washington fue incapaz de monitorear los eventos en Ghouta Oriental en el momento que estaban ocurriendo.

Los sensores habían funcionado en el pasado, y la dirección siria lo sabía demasiado bien. En diciembre pasado, el sistema de sensores recogió muestras de lo que parecía ser la producción de sarín en un depósito de armas químicas. No estaba inmediatamente claro si el ejército sirio estaba haciendo un simulacro de producción de sarín como parte de un ejercicio (todos los ejércitos constantemente llevan a cabo ese tipo de ejercicios) o si realmente estaban preparando un ataque. En aquel momento, Obama advirtió públicamente a Siria que el uso de sarín era “totalmente inaceptable”, un mensaje similar también fue transmitido por vía diplomática. Posteriormente se determinó que se trataba de una serie de ejercicios, según el ex funcionario de inteligencia: “Si lo que los sensores detectaron en diciembre pasado fue tan importante que el presidente tuvo que llamar y decir “Ya basta", ¿por qué el presidente no emitió la misma advertencia 3 días antes del ataque con gas en agosto?”

Si pudiese hacerlo, la NSA vigilaría, por supuesto, la oficina de Assad durante todo el día, dijo el ex funcionario. Otras comunicaciones -de distintas unidades del ejército en combate en toda Siria- serían mucho menos importantes y no se analizarían en tiempo real.“Hay, literalmente, miles de frecuencias de radio tácticas utilizadas por las unidades de campo en Siria para las comunicaciones rutinarias banales”, dijo. “Se necesitaría un gran número de técnicos criptológos de la NSA para escucharlas -y la utilidad sería nula”, pero la “charla”se almacena habitualmente en los ordenadores. Cuando se percibió la magnitud de los acontecimientos del 21 de agosto, la NSA montó un esfuerzo integral para buscar cualquier vínculo con el ataque, buscando en el archivo completo de comunicaciones almacenadas. Se seleccionan entonces una o dos palabras claves y se emplea un filtro para encontrar las conversaciones relevantes.

“Lo qué pasó aquí es que los vagos de la inteligencia de la NSA comenzaron con un hecho -el uso de sarín- y llegaron a encontrar la charla que pudiera tener algo que ver con eso”, dijo el ex funcionario. “Eso no conduce a una evaluación de alta fiabilidad, a menos que se empiece con la seguridad absoluta de que Bachar al-Assad dio la orden y se comience entonces a buscar algo que respalde esa creencia”. El proceso de selección fue similar al utilizado para justificar la guerra contra Irak.
Ningún periodista crítico fue invitado

La Casa Blanca necesitó 9 días para encontrar sus argumentos contra el gobierno sirio. El 30 de agosto se invitó un selecto grupo de periodistas de Washington (no fue invitado al menos el reportero a menudo crítico, Jonathan Landay, corresponsal de seguridad nacional delMcClatchy Newspapers) y se les entregó un documento cuidadosamente etiquetado como una "evaluación del gobierno”, en vez de una evaluación de la comunidad de inteligencia. Lo que se exponía en aquel documento eran esencialmente factores políticos para respaldar la argumentación de la administración [estadounidense] contra el gobierno de Assad. Pero era más específico de lo que sería Obama más tarde en su discurso del 10 de septiembre: la inteligencia estadounidense, afirmaba, sabía que Siria había comenzado la “preparación de municiones químicas” 3 días antes del ataque.

En un agresivo discurso pronunciado más tarde ese mismo día, John Kerry proporcionó más detalles. Dijo que el “personal de armas químicas” de Siria “estaba en el terreno, en la zona, haciendo los preparativos” antes del 18 de agosto. “Sabemos que a los elementos del régimen sirio se les dijo que se prepararan para el ataque, que se pusieran las máscaras antigases y que tomaran las precauciones asociadas con las armas químicas.”

La evaluación de la administración y los comentarios de Kerry hacían pensar que la administración había estado siguiendo la pista del ataque con gas sarín en el momento en que estaba sucediendo. Es esa versión falsa pero no impugnada, la que recibió amplia difusión en aquel momento.
El número de muertos fluctúa considerablemente

Una reacción imprevista llegó en forma de quejas del Ejército Sirio Libre y de otros, sobre la ausencia de aviso.“Es increíble que no hayan hecho nada para advertir a la gente o tratar de detener al régimen antes del crimen”, le dijo a Foreing Policy, Razan Zaituneh, miembro de la oposición, que vivía en una de las ciudades afectadas por el gas sarín.

El Daily Mail fue más contundente:


“Informes de inteligencia dicen que funcionarios estadounidenses sabían sobre el ataque con gas neurotóxico en Siria 3 días antes de que este acto matara a más de 1 400 personas –incluyendo más de 400 niños.”

El número de muertes atribuibles al ataque varió considerablemente, desde por lo menos 1 429, como anunció inicialmente la administración Obama, a cifras mucho más bajas. Un grupo de derechos humanos sirio informó de 502 muertes; la asociación Médicos Sin Fronteras los situó en 355 y un reporte francés enumera 281 muertes conocidas.

La cifra sorprendentemente precisa de Estados Unidos, según informó más tarde el Wall Street Journal, no se basaba en un recuento de cadáveres reales sino en una extrapolación de los analistas de la CIA, que escanearon más de cien vídeos de YouTube de Ghouta Oriental utilizando un sistema informático y buscaron imágenes de los muertos. Dicho de otra manera, era poco más que una conjetura.
La prensa estadounidense casi no menciona la modificación de la versión inicial

Cinco días más tarde, un portavoz de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional respondió a las quejas. En una declaración a la Associated Press se dijo que los datos de inteligencia sobre las anteriores afirmaciones de la administración no se conocían en el momento del ataque sino que se obtuvieron sólo después:


“Seamos claros, Estados Unidos no observó en tiempo real cuando este horrible ataque se llevó a cabo. La comunidad de inteligencia pudo reunir y analizar la información después de los hechos y determinar que elementos del régimen de Assad de hecho habían dado pasos para preparar el uso de armas químicas.”

Pero la prensa estadounidense ya tenía su historia y el cambio de versión recibió escasa atención. El 31 de agosto, el Washington Post, basándose en la evaluación del gobierno, había informado vívidamente en su primera plana que la inteligencia estadounidense había podido grabar “cada paso” del ataque del ejército sirio en tiempo real, “desde los intensos preparativos para el lanzamiento de los cohetes hasta las evaluaciones posteriores a la acción por parte de funcionarios sirios”. El Washington Post no publicó la corrección de la AP y la Casa Blanca mantuvo el control de la narrativa.
La conclusión de Obama fue apresurada

Así que, el 10 de septiembre, cuando Obama dijo que su gobierno sabía que el personal de armas químicas de Assad había preparado el ataque con antelación, no estaba basando su declaración en una observación previa de lo que iba sucediendo sino en comunicaciones analizadas días después del 21 de agosto.

El ex funcionario de inteligencia explicó que la búsqueda de la charla relevante condujo al ejercicio detectado en diciembre [de 2012], en el que, como Obama dijo más tarde al público, el ejército sirio movilizó personal de armas químicas y máscaras antigases fueron distribuidas a sus tropas.

La evaluación de la Casa Blanca y el discurso de Obama no fueron descripciones de los acontecimientos concretos que terminaron con el ataque el 21 de agosto sino el relato de la secuencia que los militares sirios habrían seguido para cualquier ataque químico. “Armaron una historia de fondo”, dijo el ex funcionario, “y hay un montón de piezas y partes diferentes. El patrón que utilizaron se remonta a diciembre”.

Es posible, desde luego, que Obama no estuviese al tanto de que este recuento se obtuvo de un análisis del protocolo del ejército sirio para llevar a cabo un ataque con gas, en vez de utilizar evidencias directas. De cualquier forma, Obama había hecho un juicio apresurado.
Evidencia potencial desplazada y posiblemente manipulada

La prensa haría lo mismo. El informe de la ONU del 16 de septiembre [2], que confirmaba el uso de sarín, fue cuidadoso en señalar que el acceso de sus investigadores a los puntos atacados, 5 días después del ataque con gas, se había desarrollado bajo control de las fuerzas rebeldes. El informe de la ONU advierte:


“Al igual que en otros sitios, los puntos han sido muy transitados por otras personas antes de la llegada de la misión (...) Mientras estuvimos en esos lugares, llegaron individuos acarreando otras municiones sospechosas, indicando que la evidencia potencial estaba siendo movida y posiblemente manipulada.”

Sin embargo, el New York Times utilizó ese informe, al igual que lo hicieron funcionarios estadounidenses y británicos, para afirmar que proporcionaba evidencia crucial que respaldaba las afirmaciones de la administración. Un anexo del informe de la ONU reprodujo fotografías de YouTube de algunas municiones recuperadas, incluyendo un cohete cuyas características“coinciden” con las características de un cohete de 330 mm. El New York Times escribió que la presencia de esos cohetes demostraba esencialmente que el gobierno sirio fue el responsable del ataque “porque las armas en cuestión no habían sido previamente documentadas o reportadas [como armas] en poder de la insurgencia”.
Análisis de trayectoria «completamente descabellados»

Theodore Postol, profesor de tecnología y seguridad nacional en el MIT, revisó las fotos de la ONU con un grupo de sus colegas y llegó a la conclusión de que el cohete de gran calibre era una munición improvisada que fue muy probablemente fabricada localmente [3]. Me dijo que era "algo que se podía producir en un taller mecánico de modesta capacidad”. El cohete de las fotos, agregó, no coincide con las especificaciones de un cohete similar, pero más pequeño, que se sabe forma parte del arsenal sirio.

El New York Times, de nuevo basándose en los datos del informe de la ONU, también analizó la trayectoria de vuelo de 2 de los cohetes usados que se creía que contenían sarín. Y llegó a la conclusión de que el ángulo de tiro “indica directamente” que el disparo se hizo desde una base del ejército sirio a más de 9 kilómetros del punto de impacto.

Postol, quien se ha desempeñado como asesor científico del jefe de operaciones navales en el Pentágono, dijo que las afirmaciones efectuadas en el New York Timesy en otros medios “no se basaron en observaciones reales”. Él llegó a la conclusión de que los análisis de la trayectoria de vuelo en particular, fueron, como él mismo dijo en un correo electrónico, “totalmente descabellados”, ya que un estudio minucioso del alcance de los cohetes improvisados demostró que era “improbable” que fuera de más allá de 2 kilómetros.

Dos semanas después del 21 de agosto, Postol y un colega, Richard M. Lloyd, publicaron un análisis donde estimaron correctamente que los cohetes implicados llevaban una carga de gas sarín mucho mayor que lo estimado previamente. El New York Times informó detalladamente sobre ese análisis, describiendo a Postol y Lloyd como “reconocidos expertos en armas”. El estudio posterior de Postol y Lloyd sobre las trayectorias y el rango de vuelo de los cohetes, que contradecían reportes anteriores del New York Times, fue enviado por correo electrónico la semana pasada a ese diario, que hasta ahora sigue sin publicar nada al respecto.
La Casa Blanca no tenía ninguna prueba directa que implicara al ejército ni al gobierno sirios

La tergiversación de la Casa Blanca de lo que sabía sobre el ataque fue similar a su disposición a ignorar los datos de inteligencia que podían contradecir su narración. Esa información se refería al Frente al-Nusra, grupo rebelde islamista clasificado por Estados Unidos y la ONU como organización terrorista. Al-Nusra es conocido por haber llevado a cabo decenas de atentados suicidas contra los cristianos y otras sectas musulmanas no sunitas dentro de Siria, y por haber atacado a su supuesto aliado en la guerra civil, el Ejército Libre Sirio (ELS). Su objetivo declarado es derrocar el régimen de Assad e instaurar lasharia. (El 25 de septiembre al-Nusra se unió a otros grupos rebeldes islamistas para repudiar el ELS y otra facción secular, la Coalición Nacional Siria.) [4]

La avalancha de interés estadounidense en al-Nusra y el gas sarín surgió de una serie de ataques con armas químicas en pequeña escala, en marzo y abril. En aquel momento, el gobierno sirio y los rebeldes insistieron cada uno en que el otro era el responsable. La ONU finalmente llegó a la conclusión de que 4 ataques químicos se habían llevado a cabo, pero no asignó responsabilidades. Un funcionario de la Casa Blanca dijo a la prensa a finales de abril que la comunidad de inteligencia había evaluado“con distintos grados de confiabilidad” que el gobierno sirio era responsable de los ataques. Assad había cruzado la “línea roja” de Obama.

La evaluación de abril llegó a los titulares, pero algunas advertencias importantes se perdieron en el camino. El funcionario no identificado que estuvo en el contacto con la prensa reconoció que las evaluaciones de la comunidad de inteligencia “no son suficientes por sí mismas”. Dijo:


“Queremos investigar más allá de esas evaluaciones de inteligencia para recabar los hechos para que podamos establecer un conjunto de información creíble y corroborada que luego puede guiar nuestra toma de decisiones.”

En otras palabras, la Casa Blanca no tenía evidencia directa de la participación del ejército sirio o del gobierno, hecho sólo ocasionalmente señalado en la cobertura de la prensa. El duro discurso de Obama hizo efecto en el público y el Congreso, que ven a Assad como un asesino despiadado.

Dos meses más tarde, un comunicado de la Casa Blanca anunció un cambio en la evaluación de la culpabilidad de Siria y declaró que la comunidad de inteligencia tenía ahora “alto grado de confianza” en que el gobierno de Assad era responsable de por lo menos 150 muertes por ataques con gas sarín. Se generaron más titulares y se le dijo a la prensa que Obama, en respuesta a la nueva información de inteligencia, había ordenado un incremento de la ayuda no letal a la oposición siria. Pero una vez más hubo advertencias significativas. Los nuevos datos de inteligencia incluyeron un informe de que las autoridades sirias habían planeado y ejecutado los ataques. No se proporcionaron detalles, ni se identificaron las fuentes. La declaración de la Casa Blanca dijo que el análisis de laboratorio había confirmado el uso de gas sarín, pero también dijo que un hallazgo positivo del agente neurotóxico “no nos dice cómo o dónde fueron expuestos los individuos ni quienes fueron los responsables de la diseminación”. La Casa Blanca adicionalmente declaró:


“No tenemos ninguna información corroborada confiable que indique que la oposición en Siria ha adquirido o utilizado armas químicas.”

Esa declaración contradijo la evidencia que estaba llegando en aquel momento a las agencias de inteligencia de Estados Unidos.
Al-Nusra y su uso de gas sarín

Desde finales de mayo, me dijo el consultor de inteligencia, la CIA ya había informado a la administración Obama sobre el Frente al-Nusra y su trabajo con el gas sarín, y había enviado informes alarmantes de que otro grupo fundamentalista sunita activo en Siria, al-Qaeda en Irak (AQI), también conocía la ciencia de la producción de gas sarín.

En aquel momento, al-Nusra estaba operando en zonas cercanas a Damasco, incluyendo la Ghouta Oriental. Un documento de inteligencia emitido a mediados del verano mencionaba extensamente a Ziyaad Tariq Ahmed, experto en armas químicas anteriormente al servicio de los militares iraquíes, de quien se decía que se había trasladado a Siria y que estaba operando en la Ghouta Oriental. El asesor me dijo que Tariq había sido identificado “como un elemento de al-Nusra con un historial de fabricar gas mostaza en Irak e implicado en la fabricación y uso de sarín”. El ejército de Estados Unidos lo considera un blanco de alto perfil.
Al-Nusra era capaz de obtener gas sarín y utilizarlo

El 20 de junio un cable altamente confidencial de 4 páginas resumiendo lo que se había podido saber acerca de las capacidades de al-Nusra en materia de gases neurotóxicos fue transmitido a David R. Shedd, director adjunto de la Agencia de Inteligencia de Defensa. “Lo que se informó a Shedd era extenso y exhaustivo”, dijo el consultor. “No era un montón de “creemos que””. Me dijo que el cable no hizo ninguna valoración de si los rebeldes o el ejército sirio habían iniciado los ataques en marzo y abril, pero sí confirmó los informes anteriores de que al-Nusra era capaz de obtener y utilizar el gas sarín. También se obtuvo -con ayuda de un agente israelí- una muestra del sarín que había sido utilizado.

Según el consultor, aquella muestra no volvió a mencionarse nunca más en los cables.
Las fuerzas rebeldes podían atacar a las tropas estadounidenses con gas sarín

Independientemente de aquellas evaluaciones, el Estado Mayor Conjunto, previendo que las tropas estadounidenses podían recibir la orden de entrar en Siria para apoderarse del arsenal de agentes químicos del gobierno, pidió un análisis de todas las fuentes potenciales de amenaza. “La Orden de Operaciones (Op Order) proporciona lo que va a servir de base en la ejecución de una misión militar, si se ordena realizarla”, explicó el ex funcionario de inteligencia.


“Esto incluye la posible necesidad de enviar soldados estadounidenses a una instalación química siria para que no cayese en manos de los rebeldes.
Si los rebeldes yihadistas fuesen a invadir el lugar, se suponía que Assad no nos atacaría porque estaríamos protegiendo las sustancias químicas para que no cayesen en manos de los rebeldes.
Todas las Op Orders incluyen datos de inteligencia sobre las posibles amenazas. Tuvimos técnicos analistas de la Agencia Central de Inteligencia [CIA], la Agencia de Inteligencia de Defensa [DIA], la gente de armas y personal de I&W [Indicios y Alarmas] trabajando en aquel problema (...)
Y llegaron a la conclusión de que las fuerzas rebeldes eran capaces de atacar a una fuerza estadounidense con gas sarín porque eran capaces de producir ese gas letal.
El análisis se basó en datos de reconocimiento y datos de inteligencia de origen humano, así como en la intención manifestada y en la capacidad técnica de los rebeldes.”

Hay pruebas de que en el verano algunos miembros del Estado Mayor Conjunto estaban preocupados ante la posibilidad de una invasión terrestre contra Siria, así como por el aparente deseo de Obama de dar apoyo no letal a las facciones rebeldes.

En julio, el general Martin Dempsey, jefe del Estado Mayor Conjunto, presentó una sombría evaluación, diciéndole al Comité de Servicios Armados del Senado en un testimonio público, que se necesitarían “miles de miembros de las fuerzas especiales y de otras fuerzas terrestres para incautar el ampliamente disperso arsenal de armas químicas de Siria, junto con “cientos de aviones, barcos, submarinos y otros agentes””. Estimados del Pentágono hablaban de 70 000 hombres, en parte porque las fuerzas estadounidenses tendrían que vigilar también los arsenales coheteriles de Siria ya que el acceso a grandes volúmenes de productos químicos para hacer gas sarín sin los medios para lanzarlos sería de poco valor para una fuerza rebelde. En carta al senador Carl Levin, el general Dempsey advirtió que la decisión de apoderarse del arsenal sirio podía tener consecuencias no deseadas:


“Hemos aprendido en los últimos 10 años, sin embargo, que no basta simplemente alterar el equilibrio de poder militar sin la cuidadosa evaluación de lo que hace falta para preservar un Estado que funcione (...) Si las instituciones del régimen colapsan en ausencia de una oposición viable, podríamos provocar involuntariamente la llegada de extremistas al poder o que se pierda el control de las armas químicas que queremos controlar.”

La CIA se negó a hacer comentarios para este artículo. Los voceros de la DIA y de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional dijeron que no estaban al tanto del informe de Shedd y, cuando les comunicamos las coordenadas específicas del documento, dijeron que no lograban encontrarlo. Shawn Turner, director de asuntos públicos de la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, dijo que ninguna agencia de inteligencia estadounidense, incluida la DIA, “ha evaluado que el Frente al-Nusra haya logrado desarrollar una capacidad técnica para la fabricación de sarín”.
«El Frente al Nusra es (…) el más eficaz y está ganando fuerza»

Funcionarios de asuntos públicos de la administración no están tan preocupados por el potencial militar de al-Nusra como lo ha estado Shedd en sus declaraciones públicas. A finales de julio, en el Foro Anual de Seguridad de Aspen, en Colorado, Shedd hizo un alarmante recuento de las fuerzas de al-Nusra. En la grabación de su presentación, Shedd dice: “He contado no menos de 1 200 grupos diferentes en la oposición.” “Y dentro de la oposición, el Frente al-Nusra es (...) el más eficaz y está ganando fuerza.” Esto, dijo, “es muy preocupante para nosotros. Estoy muy preocupado de que si no se controla, los elementos más radicales” -también citó a al-Qaeda en Irak- “tomarán el control”. La guerra civil, prosiguió, “sólo puede empeorar con el tiempo (...) la violencia por venir es aún inconmensurable”.

Shedd no habló de las armas químicas en su discurso. No podía hacerlo porque los informes que su oficina recibió eran altamente clasificados.

Una serie de despachos secretos provenientes de Siria informaban durante el verano que miembros del ESL se quejaban ante los agentes de inteligencia estadounidenses sobre los repetidos ataques de los combatientes de al-Nusra y de al-Qaeda contra sus fuerzas. Los informes, según los consultores de inteligencia que los leen, presentaban pruebas de que al ESL “le preocupan más los locos que Assad”. El ESL se compone en gran parte de desertores del ejército sirio. El gobierno de Obama, comprometido con el fin del régimen de Assad y con su continuo apoyo a los rebeldes, ha tratado en sus declaraciones públicas posteriores al ataque de restar importancia a la influencia de las facciones salafistas y wahabitas. A principios de septiembre, John Kerry asombró en una audiencia ante el Congreso con una afirmación repentina de que al-Nusra y otros grupos islamistas eran protagonistas menores en la oposición siria. Y luego se retractó.

En sus declaracones públicas y privadas posteriores al 21 de agosto, la administración desestimó la inteligencia disponible sobre el posible acceso de al-Nusra al gas sarín y siguió afirmando que sólo el gobierno de Assad estaba en posesión de armas químicas. Ese fue el mensaje transmitido en las diferentes sesiones secretas con los miembros del Congreso en los días posteriores al ataque, cuando Obama estaba buscando apoyo para su planeada ofensiva con misiles contra instalaciones militares sirias. Un legislador con más de dos décadas de experiencia en asuntos militares me dijo que él salió de una de esas sesiones informativas convencido de que “sólo el gobierno de Assad estaba en posesión del gas sarín y no los rebeldes”.

Del mismo modo, tras la publicación del informe de la ONU el 16 de septiembre, confirmando que el gas sarín fue utilizado el 21 de agosto, Samantha Power, la embajadora de Estados Unidos en la ONU, dijo en una conferencia de prensa: “Es muy importante tener en cuenta que sólo el régimen [Assad] posee sarín y no tenemos ninguna evidencia de que la oposición cuenta con sarín.”

No se sabe si la información altamente clasificada sobre al-Nusra fue puesta a disposición de la oficina de Power, pero su comentario es un reflejo de la actitud que se extendió a través de la administración.

“La suposición inmediata fue que Assad lo había hecho”, me dijo el ex funcionario de inteligencia.


“El nuevo director de la CIA, [John] Brennan, se abalanzó sobre esa conclusión (...) conduce hasta la Casa Blanca y dice: “¡Miren lo que traigo!”
Todo fue verbal, ellos sólo agitaron la camisa ensangrentada. Había una enorme presión política para llevar a Obama (...) a ayudar a los rebeldes y existía la ilusión de que esto [vincular a Assad con el ataque con sarín] forzaría la mano de Obama: “Este es el telegrama Zimmermann de la rebelión siria y ahora Obama puede reaccionar”. Voluntarismo a ultranza por el grupo de Samantha Power dentro de la administración.
Desafortunadamente, algunos miembros del Estado Mayor Conjunto, que fueron alertados de que Obama iba a atacar, no estaban tan seguros de que eso fuese nada bueno.”
La idea de un ataque estadounidense con misiles contra Siria nunca convenció a la opinión pública

La proposición de ataque estadounidense con misiles contra Siria nunca obtuvo el apoyo del público y Obama dio un rápido giro hacia la ONU y la propuesta de Rusia para el desmantelamiento de las armas químicas de Siria. Cualquier posibilidad de acción militar se evitó definitivamente el 26 de septiembre, cuando la administración Obama se unió a Rusia en la aprobación de un proyecto de resolución de la ONU llamando al gobierno de Assad a deshacerse de su arsenal químico.

El retroceso de Obama trajo alivio a muchos oficiales militares de alto rango. (Un asesor de alto nivel de operaciones especiales me dijo que el mal concebido ataque estadounidense con misiles sobre aeródromos militares sirios y emplazamientos de misiles, como en un principio estaba previsto por la Casa Blanca, habría sido“como proporcionar apoyo aéreo a favor de al-Nusra”.)

La distorsión por parte de administración de los hechos que rodearon el ataque con gas sarín plantea una pregunta inevitable: ¿conocemos realmente toda la historia de la voluntad de Obama de alejarse de su amenaza de bombardear Siria por haber cruzado la “línea roja”?

Obama había dicho tener argumentos sólidos. Pero de repente prefirió llevar el asunto al Congreso y luego aceptar la oferta de Assad de renunciar a sus armas químicas. Parece posible que en algún momento Obama se haya visto directamente ante información contradictoria, ante evidencia lo suficientemente convincente como para llevarlo a cancelar su plan de ataque y a enfrentar las críticas que seguramente vendrían de los republicanos.
Las fuerzas rebeldes como al-Nusra también tendrían que desarmarse

La resolución de la ONU, adoptada el 27 de septiembre por el Consejo de Seguridad, maneja indirectamente la idea de que las fuerzas rebeldes, como al-Nusra, también estarían obligadas a desarmarse:


“ninguna de las partes en Siria debe emplear, desarrollar, producir, adquirir, almacenar, conservar o transferir armas [químicas].”

La resolución también pide la inmediata notificación al Consejo de Seguridad en caso de que cualquier “actor no estatal” adquiera armas químicas. Ningún grupo aparece citado por su nombre.

Mientras que régimen sirio continúa el proceso de eliminación de su arsenal químico, la ironía es que, después de que el arsenal de agentes precursores de Assad sea destruido, al-Nusra y sus aliados islamistas podrían terminar como la única facción dentro de Siria con acceso a los ingredientes que permiten la fabricación de gas sarín, un arma estratégica única en la zona de guerra. Puede que haya más que negociar.
Seymour M. Hersh




Artículo original publicado en la London Review of Books, vol. 35 no 24, el 19 de diciembre de 2013, p. 9–12.
Traducido del inglés por Marvin Najarro



[1] [1] «Discurso de Barack Obama a la Nación sobre Siria]», por Barack Obama, Red Voltaire, 10 de septiembre de 2013.

[2] “Report of the investigation into the alleged use of chemical weapons in the Syrian Arab Republic, concerning the incident which occurred in the Ghouta area of Damascus on 21 August 2013”,Voltaire Network, 16 de septiembre de 2013.

[3] [3] «Los errores de Estados Unidos sobre la masacre de la Ghoutta», Red Voltaire, 18 de enero de 2014.

[4] NdlR: El autor define el ESL y la Coalición Nacional Siria (CNS) como laicos porque sus instancias no se definen a sí mismas en el plano religioso. Pero ninguno de los dos se ha declarado nunca favorable a un Estado laico en el sentido latino de ese término, o sea un Estado que no interviene en la esfera religiosa. Hasta fines de 2012, las unidades de al-Qaeda estuvieron luchando en Siria bajo la etiqueta del ESL mientras que la CNS se halla bajo control de Arabia Saudita.